La primera editorial que le tomó el pelo a la censura franquista

Cuando al término de la guerra civil española, Aymà crea la combativa editorial Alcides, poco podía imaginar que con el tiempo acabaría por publicar una obra tan sobresaliente como la dirigida por el prestigioso historiador Ferran Soldevila (1894-1971) Un segle de vida catalana 1814-1930, ni que acabaría por tener como director a Joan Oliver (1899-1986), que justo en ese momento se encontraba en Francia a punto de iniciar un largo periplo que le llevaría a exiliarse durante varios años en Chile.

La editorial Alcides la crea formalmente el 15 de mayo de 1939, con sede en la calle Pau Claris, un grupo formado por Jaume Aymà i Ayala (1882-1964), su hijo  Jaume Aymà i Mayol (1911-1989), que con esta iniciativa se estrenaban en el mundo editorial tras un intento frustrado durante la guerra y después de colaborar el primero con la Editorial Pedagógica, y tres de los hombres que habían sido responsables de la Associació Protectora de la Ensenyança Catalana, y por consiguiente también de su ya mencionada editorial (la Pedagócica), los geógrafos Tomàs Iduarte i Aragonés y Josep Parunella i Eulàlia (1889-1980) y el doctor en medicina Josep Girona i Cuyàs.

Una de las copias de la escritura de la fundación de Alcides.

Si, pese a la brevedad de esta primera etapa de la editorial, su nombre ha quedado en un lugar destacado en las historias del libro es porque a ella se debe, en un episodio bastante azaroso, el primer libro en catalán autorizado por la censura franquista, gracias a un astuto ardid. El libro en cuestión, Mes de Maria Eucarístic, de Lluís G. Otzet, es un volumen de 237 páginas, con ilustraciones de Josep Lisbona, del que en la imprenta Vídua de Ramon Tobella se tiraron 125 ejemplares que, según se indica en una estampilla adjunta, se trata de una «Edición particular. Prohibida la venta de este ejemplar bajo ningún concepto». La autorización para publicarlo, solicitada por  Jaume Aymà, pudo hacerse sin pasar por Madrid porque se presentó como un recordatorio de comunión, y, puesto que la censura barcelonesa estaba facultada para autorizar obras e impresos de hasta 16 páginas, debieron de pensar que un recordatorio de comunión no debía de exceder esa extensión, aunque en este caso se trata de un impreso inusualmente extenso para tratarse de un recordatorio.  Seguramente contribuyó también a obtener la autorización para publicar en catalán el hecho de que el autor era un sacerdote (había sido rector de Súria) fallecido en enero de 1939 en Vic como consecuencia de los bombardeos (franquistas, eso sí).  El nihil obstat lo firmó el obispo Gabriel Solà Brunet, que llegaría a ser máximo responsable de la catedral de Barcelona.

Oscar Samsó, en su imprescindible estudio sobre la edición clandestina en Cataluña durante el franquismo, reconstruye el origen de esta primera edición de Alcides del siguiente modo:

Desde la imprenta de la Vídua de Ramon Tobella de la calle del Carme 19, donde se imprimió, llaman a Jaume Aymà, hijo, para que se ocupara de la corrección del catalán. Entonces se planteó quién figuraría como editor, y convinieron en que se podría hacer con el nombre de Alcides.

Así pues, cuando hacía apenas un mes que se había constituido Alcides, ya aparecía un título con su nombre, pero lo que en realidad se proponía el grupo fundador era poner en pie una colección dedicada a los clásicos españoles e italianos, la Biblioteca de Clásicos Alcides, de la que apenas pudieron sacar unos pocos títulos.

Jordi Aymà menciona entre las publicaciones de Alcides una edición de Laura o el sello rojo, de Alfred de Vigny (muy probablemente en la traducción de Emili Vallès i Vidal) y un Calendario instructivo para 1940, y anteriores a estas fueron las de un Rinconete y Cortadillo, de Cervantes, precedido de un prólogo de Jaume Aymà i Mayol, y una edición de Juan Ruiz de Alarcón, así como una compilación de canciones navideñas con textos de autores tan diversos como Santa Teresa, Lope de Vega, Góngora, Eugeni d´Ors y Sebastià Sánchez Juan, entre otros, ilustrada por D´Ivori (Joan Vila Pujol, 1890-1947).

En 1940, los problemas económicos y la escasa implicación de los socios hizo que la editorial cesara su actividad, justo en el momento en que Jaume Aymà i Mayol se da de alta como editor en la Cámara Oficial del Libro para fundar sucesivamente Atlàntida (1940), también de corta vida, y posteriormente, con su padre Jaume Aymà y Mayol, la Editorial Aymà, S.L. (1941), que subsumió las colecciones creadas por Atlántida y consiguió despegar sobre todo gracias al extraordinario éxito que obtuvo en 1942 al arriesgarse con Lo que el viento se llevó, de Margaret Mitchell (1900-1949), de la que, dada su descomunal extensión,  hicieron una tirada de 12.000 ejemplares, que se agotó a los pocos días.

Sin embargo, Alcides no llegó a disolverse, lo que permitió que varias décadas después, en 1962, cuando la censura con respecto a la edición en catalán ya se había relajado bastante, se la pudieran ceder al abogado y activista cultural catalanista Pere Puig Quintana (1907-1981), quien ya tenía una cierta experiencia en el ámbito editorial como cofundador de la Revista d´Igualada (1929-1930), que contó con alguna colaboración esporádica de Xavier Benguerel (1905-1990), y sobre todo como creador, con Maurici Serrahima (1902-1979) y Félix Millet i Maristany (1903-1967), de la Benéfica Minerva, empresa gracias a la cual se publicaron algunas obras bibliográficamente importantes en los años cuarenta y cincuenta (la traducción de la Odisea de Carles Riba, la del miltoniano El paradís perdut de Josep M. Boix i Selva, L expansió de l´art català al món, de Sebastià Gasch…)  y financió también las investigaciones que cuajaron en la magna Historia de España (1952-1957) de Ferran Soldevila, que incorpora ilustraciones del editor Joan Sales (1912-1983).

Xavier Benguerel.

Puig Quintana dio un vuelco completo a lo que habían sido las primeras ediciones de Alcides, y lo único que mantuvo fue la voluntad de poner el sello al servicio de la edición en catalán, para lo que contó además con la colaboración de un director al que la propuesta de dirigir Alcides le llegó en el momento idóneo, Joan Oliver, quien por entonces estaba agobiado con el ambiente que se había ido creando en la editorial Montaner y Simón de González Porto, como le cuenta en carta del 19 de marzo de 1961 a su amigo Benguerel:

Puig i Quintana está dando los últimos toques a la editorial Alcides, donde parece que voy a tener un sitio. Esta es la única esperanza que me queda, hoy por hoy. En Montaner y Simón la atmósfera se enrarece cada vez más, y cualquier día explotará todo. ¡No lo puedo aguantar más!

Pero esta segunda etapa, que tampoco fue muy feliz para Oliver, fue ya otra historia.

Joan Oliver.

Fuentes:

Jordi Aymà, «Jaume Aymà i Ayala, editor», Anuari Trilcat, 1 (2001), pp. 163-173.

Lluís Busquets i Grabulosa, ed., Xavier Benguerel/Joan Oliver. Epistolari, Barcelona, Proa, 1999.

Galderich, «El primer llibre català del franquisme: Mes de María Eucaristic (1939), de Mn. Lluís G. Otzet», Piscolabis & Librorum, 11 de junio de 2015.

Abert Manent, «Llibres en català amb data de 1939», Serra d´Or, n. 272 (mayo de 1982), pp. 341-342, recogido en Del Noucentisme a l´exili, Sobre la cultura catalana del nou-cents, Barcelona, Publicacions de l´Abadia de Montserrat, 1997, pp. 239-244.

Albert Manent y Joan Crexell, Bibliografia catalana dels anys difícils (1939-1943), Barcelona, Publicacions de la Abadia de Montserrat, 1988.

Samsó, Joan, La cultura catalana entre la clandestinitat i la repressa pública, Barcelona, Publicacions de l´Abadia de Montserrat, vol II (Biblioteca Abad Oliva 147), 1995.

Manuel Andújar, agente literario oficioso de Clemente Airó en España

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Manuel Andújar.

Si bien hay pocas dudas de que Clemente Airó (Clemente Arveras Oria, 1918- 1975) llegó a convertirse en uno de los principales adalides de la edición literaria en Colombia, no por ello se atenuó su intención de ver publicada su propia obra narrativa en el país que le vio nacer: Para ello contó además con la colaboración inestimable de Manuel Andújar (Manuel Culebra Muñoz, 1913-1994), quien, a su regreso a España en 1967, gracias a los contactos que había ido estableciendo en sus empleos en el Fondo de Cultura Económica, en González Porto y en Alianza Editorial, se convirtió en un activísimo difusor de la obra de los escritores exiliados como consecuencia del resultado de la guerra civil española, ya fuera mediante su actividad como crítico literario, ya –sobre todo– aprovechando su posición de privilegio como bisagra entre los creadores exiliados y los editores del interior.

A finales de los años sesenta, Clemente Airó había ido publicando ya el grueso de su obra narrativa en Colombia, desde la inicial Yugo de niebla (1948) hasta Cinco… y siete. Cuentos de una misma historia (1967), pero era muy consciente de que en el ámbito hispánico esas ediciones en Espiral apenas tenían ninguna repercusión, más allá del elogio de algunos compañeros de exilio y del aprecio de algunos críticos importantes en el ámbito académico (como es el caso de Marra-López en Narrativa española fuera de España, 1963).

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Dibujo de Judith Márquez para el libro de Airó Cardos como flores (1955).

Antes de 1964 Airó había estado en tratos con Carlos Barral para la publicación de Yugo de niebla, pero no llegaron a buen puerto, según contó al crítico literario y poeta Joaquín Marco. El primer intento serio llevado a cabo por Andújar para dar a conocer en España la obra de Airó se produjo en el marco de su colaboración con Valira, la colección de la Editorial Andorra, para la que gestionó también los contactos con, por lo menos, Manuel Lamana, José Ramón Arana y Simón de Otaola. Aun cuando este primer intento fracasó, al parecer debido a las propias dificultades de la Editorial Andorra de Jaume Aymà, Andújar no se arredró y la de Airó –de la que siempre se destacada el arraigo a la realidad social colombiana, en comparación con la de otros exiliados republicanos españoles–, fue una de las que con mayor tesón defendió Andújar.

En una carta ampliamente citada por Blas Medina Ávila, Andújar expone de un modo muy claro qué respuesta hay que dar a la crucial pregunta que Francisco Ayala se había planteado en 1948 desde su exilio bonaerense: «Para quién escribimos nosotros». Escribe Andújar a su corresponsal bogotano:

Como es natural, me complace ponerme aquí a tu disposición para la novela La ciudad y el viento [Espiral, 1961]. Comprendo tu actitud, esos avatares, por inhibición, de la obra, tu legítimo deseo de que lectores y críticos la conozcan y valoren en España, aparte de la nueva repercusión que en Colombia y en otros países iberoamericanos alcanzaría… [26 de octubre de 1970].

Como no podía ser de otro modo, Andújar era muy consciente de que Barcelona se había convertido en una plataforma que daba patente de calidad –aun cuando en algunos casos efímera– a un buen número de escritores radicados o cuyo origen estaba en Hispanoamérica, y entre los colombianos, junto al caso de Gabriel García Márquez (1927-2014), destacaba el de Eduardo Caballero Calderón (1910-1993) ganador del Premio Nadal con El buen salvaje (1966). También demuestra Andújar un muy buen conocimiento de las corrientes y tendencias editoriales al informar a Airó de que se marca como principales objetivos la colección El Puente, que desde Buenos Aires dirige el también exiliado Guillermo de Torre para Edhasa, la editorial Andorra (que venía dedicando amplio espacio a la literatura del exilio) y Helios (donde el propio Andújar publicaría en 1971 el libro de relatos Los lugares vacíos).

Sin embargo, la voluntad de Clemente Airó (como la de tantos otros exiliados, por otra parte) respondía a la intención más amplia de establecer puentes de comunicación entre las literaturas en lengua española –por ejemplo mediante la revista que dirigía en Bogotá, Espiral–, propósito ante el que detectaba un cierto desinterés por parte de los escritores del interior del que se quejaba ya en abril de 1964 en carta a Joaquín Marco: «La posición firme de Espiral es la unión de la geografía de nuestro idioma –por lo menos en literatura– para hacer frente al desprecio de otras lenguas», a lo que Marco apostilla: «Tenía razón Clemente Airó cuando se lamentaba del escaso interés por parte de los escritores españoles del interior de figurar en revistas o aventuras literarias. De hecho, no existían suficientes puentes».

Sin éxito en estas gestiones iniciales, Airó vuelve a la carga en enero de 1973, cuando en carta a Andújar insiste en la particular situación de los escritores exiliados (considerados extranjeros tanto en su país de origen como en su tierra de acogida):

Mi posición de exiliado empecinado no es la más indicada para que a uno le «pongan bolas» por estas latitudes. Uno está al final de la cola, y ese final rara vez tiene «chance». Tú muy bien sabes de esto, has sido compañero de exilio. Si se trata de una lista de novelistas para editar, pues yo por acá no entro o quedo de último por ser español. Y si se trata por allá, España, pues nadie me conoce. Hace falta tener muchos arrestos para seguir escribiendo, pero no desmayo, y algún que otro pequeño pellizco voy logrando. [carta a Andújar del 19 de enero de 1973]

Manuel Andújar (1913-1994)

Manuel Andújar.

Tres meses más tarde escribe de nuevo a su amigo para solicitarle que emprenda gestiones para la novela que acaba de concluir, La rueda del molino, de la que Andújar propone cambiar el título por el de Todo nunca es todo, y habla de ella al crítico y profesor Santos Sanz Villanueva y al director de la editorial Novelas y Cuentos Manuel Cerezales (1909-2005), pero le propone a Airó además que la presente a algún premio literario, y menciona específicamente el Premio Nadal.

Según el fallo de este certamen, en la convocatoria de 1973, con el título Todo nunca es todo, la obra de Clemente Airó pasó una primera criba (con un voto), pero ya entonces destacaron con cinco votos las novelas de José Antonio García Blázquez, Gabriel G. Badell y Aquilino Duque (ganó Blázquez con El rito y fue finalista Aquilino Duque con El mono azul).

La misma obra, con el título La rueda del molino, obtuvo una mención honorífica en la convocatoria de 1974 del Premio Puente Colgante (convocado por los ayuntamientos de Getxo y Portugalete y dotado con 250.000 pesetas), al igual que las obras presentadas por Antonio Petit Caro, Ricardo Laustalet y Juan Antonio Fernández Serrano, y se llevó el premio grande el crítico literario del periódico Unidad Santiago Aizarna con Los zamuros.

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Manuel Caballero Bonald.

Andújar recurrió también al consejo de la agente literaria Carmen Balcells, de la que fue cliente durante un breve tiempo, para intentar colocar esa novela de Airó en Seix Barral o en Plaza & Janés, pero también sin resultados tangibles. Del mismo modo, se la propuso a Francisco García Pavón (de Taurus), a Aymà, a Fernando Gutiérrez (por entonces en Noguer), a José Vergés (de Destino) y pareció encarrilar la publicación cuando consiguió que la leyera José Manuel Caballero Bonald, por entonces en Júcar, sobre quien le comunica:

Acabo de hablar con J. M. Caballero Bonald, que en breve te escribirá… Me complace adelantarte su concepto de que se trata de obra valiosa y digna (y que era justa la apreciación que yo le había dado), así como que piensa incluirla en su programa editorial para publicación, probablemente, a fines de este año o principios del próximo. Ya te lo concretará él. En consecuencia, queda invalidada cualquier otra presunta gestión. ¡Afortunadamente y con mis más cordiales felicitaciones! [carta a Clemente Airó, de 2 de abril de 1975].

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Firma de Manuel Andújar.

Tan avanzadas estaban las gestiones con Caballero Bonald, que, como recoge Fernando Larraz, cuando en enero de 1975 Airó viaja a España se anuncia en la prensa la próxima recuperación en España de La ciudad y el viento y la primera edición de Todo nunca es todo. Sin embargo, por un lado la salida ese año de Caballero Bonald de Júcar, y por otro y sobre todo la muerte de Airó en julio de 1975 acabaron por desbaratar el largamente ansiado contacto entre el autor y sus lectores. Aun así, tanto Andújar y Caballero Bonald como su viuda, Solita Bello, siguieron insistiendo sin descanso.

Finalmente, en 1982, Todo nunca es todo se publicó en Plaza & Janés; concretamente, sin embargo, en la sucursal de esta empresa en Bogotá y en la colección Narrativa colombiana, junto a Marco Tulio Aguilera Garramuño, Germán Arciniegas, Rodrigo Parra Sandoval, Plinio Apuleyo Mendoza…

Fuentes:

Fernando Larraz, «La “operación retorno” de la narrativa en el exilio en la prensa diaria del Franquismo (1966- 1975). Los casos de ABC, Informaciones y Pueblo», Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica, vol. 29, pp. 171-195.

Antonio Mancheño Ferreras, «Cartas siguen siendo cartas (un espigueo en la correspondencia de Manuel Andújar)», en Manuel Aznar Soler, ed., El exilio literario español de 1939. Actas del Primer Congreso Internacional, Sant Cugat del Vallès, Cop d´Idees-Gexel, 1998, vol. I, pp. 504-515.

Joaquín Marco, «Entre España y América», en Joaquín Marco y Jordi Gracia, eds, La llegada de los bárbaros. La recepción de la literatura hispanoamericana en España, 1960-1981, Barcelona, Edhasa (El Puente), 2004, pp. 19-40.

Blas Medina Ávila, Manuel Andújar, su correspondencia, fe de vida y de obra, Facultad de Filología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia, 2014.

Lecturas enriquecidas de textos teatrales (la colección Voz Imagen)

A Claudia Ortego yTeresa Santa María.

A lo largo del siglo XX, y sobre todo en su segunda mitad, hubo en España unas cuantas colecciones importantes de literatura dramática, que se añadían además a revistas como Primer Acto, Yorick o Pipirijaina como canales de los que disponían los dramaturgos españoles para dar a conocer sus obras teatrales, y los aficionados para conocerlas, mantenerse al corriente de lo que se estaba haciendo en este ámbito y, además, para acceder a traducciones de teatro extranjero.

Entre estas colecciones dedicadas específicamente a los textos dramáticos, destacan la veterana colección Teatro de la editorial Escelicer, que entre 1951 y 1975, se distribuía sobre todo en librerías especializadas y en quioscos, y Teatro Selecto de la misma editorial (Alejandro Casona, García Lorca, Jardiel Poncela, Miguel Mihura, Edgar Neville, Valle-Inclán); o la espléndida El Mirlo Blanco, de la editorial Taurus, que bajo la dirección de José Monleón publicó a Fernando Arrabal, Max Aub, Buero Vallejo, Miguel Mihura o Alfonso Sastre, entre otros dramaturgos de análoga importancia, precedidos de estudios introductorios que a menudo se han convertido en canónicos o puntos de referencia, o los Libros de Teatro de la Editorial Cuadernos para el Diáologo (Edicusa) que, dirigida por Miguel Bilbatúa y Álvaro del Amo, descubrió al lector español autores como John Arden, Günter Grass, Martin Walser, Llorenç Villalonga, Joan Brossa o Eduardo Blanco-Amor, entre algunos otros.

Una de las colecciones más innovadoras en este ámbito, mejor concebidas, diseñadas y programadas fue sin duda la serie de Teatro de Voz Imagen, de la barcelonesa editorial Aymà, que en la misma colección convivía con otras series dedicadas al Cine, la Radio y la Televisión.

Voz Imagen nace después de que Jaume Aymà i Mayol (1911-1989), que había creado en 1941 la editorial con su padre Jaume Aymà i Ayala (1882-1964), la abandonara para crear primero Delós-Aymà (1962-1968) y posteriormente, una vez ya muerto Aymà i Ayala, la Editorial Andorra (1966-1971).

Tras diversos cambios de nombre (Ediciones Aymà, Aymà Editor, Aymà Editores), en 1951 se había establecido como sociedad limitada, pero diversos cambios en el porcentaje de las participaciones hicieron que en julio de 1962 Aymà i Ayala abandonara la editorial, y poco después, en febrero de 1963, lo hiciera también su hijo. La editorial, que sin embargo mantuvo el nombre –propiciando que los historiadores a menudo hayan sido víctimas de la confusión– , pasó a controlarla el industrial y mecenas Joan Baptista Cendrós (1916-1986), a quien Joan de Sagarra se refería como “el floidman” porque debía buena parte de su fortuna a la creación de la en su época muy conocida marca de productos de afeitado Floïd.

Al frente de la editorial como director literario Cendrós puso a un “hombre de la casa”, el poeta Joan Oliver (1899-1986), que tenía por entonces una larga experiencia ya como editor (antes de la guerra, en La Mirada; en el exilio chileno, en El Pi de les Tres Branques, y a su regreso, tras el preceptivo paso por prisión, en Montaner y Simón y en la propia Aymà como director de la colección en catalán El Club dels Novel·listes).

Joan Oliver (1899-1986).

 

Voz Imagen, dirigida por uno de los hombres de teatro más influyentes en la historia del teatro español, Ricardo Doménech (1938-2010),  se dio a conocer en 1963 con una asombrosa edición de El concierto de San Ovidio, de Antonio Buero Vallejo (1916-2000) –casi simultánea a la de Escelicer en su colección Alfil–, que se publica con unas características que definen ya lo que serán las entregas siguientes. Con un formato de 18 x 13, el texto de Buero va precedido de un muy buen estudio de Jean-Paul Borel y profusamente ilustrado con imágenes en blanco y negro del montaje de la obra.

Un repaso a los 25 números publicados en esta colección a lo largo de su existencia (1963-1978) da una idea bastante ajustada de lo que era el canon teatral de la época a ojos de la crítica literaria más informada (casi nunca coincidente con los del público), así como de los estrenos estéticamente más importantes e innovadores de la escena española (ver Anexo al final). El hecho de incorporar como material gráfico láminas con fotografías de los estrenos, cosa que cuando resultó imposible hacer se justificó mediante una nota del editor (caso de Max Aub), condicionaba de un modo notable la selección de títulos, pero ofrecía a cambio una propuesta de lectura enriquecida de los textos. De todos modos la lista de títulos resulta muy ilustrativa. Por un lado, en primer lugar cabe descartar que sea casual el hecho de que la colección se abra con obras de Antonio Buero Vallejo, lo cual es significativo de la posición que ocupaba en la historia teatral española en el siglo XX desde que en 1949 estrenara Historia de una escalera y al año siguiente José Janés la publicara en la espléndida colección El Manantial que no Cesa.

Tampoco debe de serlo que sólo haya dos dramaturgo de los que se publica más de una obra: Federico García Lorca (1898-1936), el más reiteradamente publicado, y Arthur Miller (1915-2005), pues da idea también de la significación de estos autores en los ambientes teatrales de esos años, y son elecciones que, desde el punto de vista político, van trazando un perfil inequívocamente izquierdista de la colección.

Arthur Miller (1915-2005) con su esposa Norma Jean Baker (1926-1962); es decir, Marilyn Monroe.

No es muy difícil percibir una cierta línea ideológica en los autores y obras seleccionadas, incluso en el caso de lo que puede interpretarse como recuperación de textos de autores cuya dramaturgia era poco visible (Gorki, Unamuno), y muy evidente en la selección de escritores españoles exiliados como consecuencia del resultado de la guerra civil española (Alberti, Aub), representantes en buena medida de la misma línea de teatro que representaba García Lorca y que antes de llegar a eclosionar se había visto cercenada por la guerra civil. Desde el punto de vista estético, también es muy perceptible la coincidencia entre el teatro de crítica social, la propuesta de renovación de la escena española y el interés por el rigor que defendía en aquellos mismos años la revista Primer Acto.

El autor Federico García Lorca, la actriz Margarita Xirgu y el director Cipriano Rivas Cherif en el estreno en Valencia de Doña Rosita la soltera (1935).

Junto a ello, algunas curiosidades, como el hecho de publicar la única traducción que se le conoce al escritor republicano José  Corrales Egea (colaborador de las revistas Cuadernos para el Diálogo, Ruedo Ibérico, Ínsula y Triunfo), o por lo menos la única traducción que firmó con su nombre, mientras se encontraba en París. En cualquier caso, tras la desaparición de Voz Imagen no salió en España ninguna colección teatral equiparable, ni en cuanto al catálogo de títulos, ni en cuanto a su concepción general y diseño.

 

Anexo: Serie Teatro de la colección Voz Imagen (Aymà)

1.Antonio Buero Vallejo, El concierto de San Ovido. Parábola en tres actos, prólogo de Jean Paul Botrel, 1963.

2. Federico García Lorca, La casa de Bernarda Alba, con un prólogo de Domingo Pérez Minik y observaciones y notas de dirección de J. A. Bardem, 1964. (4º ed: 1973.).

3. Miguel de Unamuno, El otro, con textos críticos de A. Colodrón, José Sanchís Sinisterra y J. M. Azpeitia, 1964.

4. Máximo Gorki, Los hijos del sol, traducción directa del ruso por Victoriano Imbert, con un ensayo de J. M. de Quinto y textos de J. C. Jaubert y Antoine Vitez, 1964.

5. Samuel Beckett, La última cinta. Acto sin palabras, con textos de Ricardo Doménech y Ángel Fernández Santos y entrevistas a Trino Martíínez Trives y a Josefina Sánchez-Pedreño, 1965.

6. Friedrich Dürrenmatt, Frank V: comedia de una banca privada, traducción directa del alemán de Feliu Formosa, prólogo y notas de Julio Diamante, 1965.

7. Joan Oliver, Bodas de cobre, comedia en tres actos y un epílogo, con textos de Joaquim Molas y Jordi. Carbonell, 1965.

8. Arthur Miller, Después de la caída, con palabras preliminares del autor y ensayos de F. García Pavón y Juan Cesarabea. Un montaje de la obra, por Adolfo Marsillach. Mensaje internacional de Arthur Miller, 1965.

9. Bertolt Brecht, La óperra de perra gorda, con textos de Alfonso Sastre y Feliu Formosa, 1965.

10. Manuel de Pedrolo, Hombres y yo, traducción directa del catalán de José Corredor Matheos, con un prólogo de José Monleón, 1966.

11. Max Frich, Andorra, traducción directa del alemán por Julio Diamante y Elena Sáez, prólogo de Julio Diamante, 1966.

12. Heinar Kipphardt, El caso Oppenheimer, traducción directa de Adolfo Lozano Borroy, con un prólogo de Eduardo Haro Tecglen, septiembre de 1966.

13. Alfred Jarry, Ubú, rey, traducción de José Corrales Egea, con textos de José Corrales Egea y Roger Shattuck, 1967.

Nota del editor: Resultaba sencillamente insólito que no hubiera a mano, en lengua castellana, una traducción de esta obra impar, que marcó un jalón en la historia del drama contemporáneo. Se acepten las razones que se quiera —en primer término, la complejidad de verter a otro idioma una obra tan genuinamente francesa—, lo cierto es, en fin, que esta ausencia queda hoy subsanada.

14. Max Aub, Morir por cerrar los ojos, con un ensayo de Ricardo Doménech, 1967.

Nota del editor: La obra publicada en este volumen no ha sido estrenada; por ello no hemos podido acompañarla con fotografías como es norma de nuestra colección.

15, Arthut Miller, Inicidente en Vichy, con textos de Luis F. Rebello y Jorge Enjuto, 1968.

16. Salvador Espriu, Primera historia de Esther, traducción de Santos Hernández (con la colaboración de Maria Aurèlia Capmant y Carme Serrallonga y supervisadsa por el autor); con textos de Ricardo Doménech y Santos Hernández, 1968.

17. Molière, El Tartufo. Versión de Enrique Llovet, con textos de Enrique Llovet y Adolfo Marsillach, 1970.

18. Harold Pinter, Retorno al hogar, con textos de F. M. Lorda Alaiz, J. J. López Ibor y J. López Saancho, 1970.

19. Federico García Lorca, Bodas de sangre, introducción de José Monleón y otros textos, 1971.

20. Federico García Lorca, Yerma, prólogo de José Monleón, 1973.

21. G. Berto, Anónimo veneciano, traducción de David Casanueva (¿Francesc Parcerisas? Véase comentario del mismo), febrero de 1974.

22. Federico García Lorca, Mariana Pineda, con textos de Antonina Rodrigo y José Monleón, 1976.

23. Federico García Lorca, Doña Rosita la soltera o El lenguaje de las flores, con textos de José Monleón y Antonina Rodrigo, 1976.

24. Rafael Alberti, El adefesio (Fábula del Amor y las Viejas en tres actos), con textos de José Monleón y José L. Alonso, 1977.

25. Antonio Buero Vallejo, La doble historia del doctor Valmy, edición de Luis Iglesias Feijóo, 1978.

 

Fuentes:

Jordi Arbonés y Matthew Tree, Epistolari, edición de Josefina Caball, Lleida, Punctum-Grup d´Estudi de la Traducció Catalana Contemporánia (Visions 3), 2013.

Jordi Aymà, “Jaume Aymà i Mayol, editor“, Anuari Trilcat, 1 (2001), pp. 163-173.

Juan Ballester, diversas entradas del blog Aquellas colecciones teatrales.

César Oliva y Francisco Torres Monreal, Historia básica del arte escénico, Madrid, Cátedra, 2005.

Mariano de Paco, “Ediciones de textos teatrales desde 1939”, El Kiosko Teatral, núm. 41.

Francisco Ruiz Ramón, Historia del teatro español. Siglo XX, Madrid, Cátedra, 1977.

La Editorial Andorra en su primera época (1967-1972)

El librero Pere-Miquel Fonolleda (de la Llibreria La Puça) divide acertadamente la historia de la extraordinaria y bilingüe Editorial Andorra en tres etapas:

Caricatura de G.K. Chesterton

1. Desde su fundación por el mecenas Bartomeu Rebés i Duran y el editor Jaume Aymà i Mayol el 27 de noviembre de 1967 hasta 1972, cuando Aymà abandona el proyecto y debe cerrar, cómo no, por problemas económicos. En esta etapa, en palabras de Fenolleda, Editorial Andorra constituye “una Cruz Roja cultural, porque su tarea editorial se centraba en editar a autores exiliados a causa de la dictadura fascista en España: Aub, Ayala, Chacel, Sender…, camuflados entre Sant Francesc d´Assís [de Chesterton] y algún evangelio esporádico”. En este período se inicia como una editorial muy activa publica una cincuentena de títulos, y viene a añadirse a la labor de las dos únicas editoriales existentes por entonces en Andorra (Casal i Vall, célebre por editar a Simenon, y Convivium Romaticòrum), para superarlas con creces en cuanto a rigor y ambición culturales.

2. Desde 1978 hasta 1999, en que Rebés retoma el proyecto pero publica un solo título al año y se centra en la historia de Andorra.

3. De 1997 en adelante, cuando, fallecido ya el fundador, su hijo Xavier Rebés D´Areny-Plandolit toma las riendas de la editorial, amplía el espectro de títulos de temática andorrana y crea colecciones tan interesantes como Hedra (dedicada a nuevos poetas), Poesia Errant (en colaboración con la también andorrana Límits Editorial) o Contes de Sant Jordi.

Según palabras del alma máter y fundador en el acto de inauguración, inicialmente la Editorial Andorra “no tiene otro objetivo que no sea prestar un buen servicio a las letras y la cultura catalana, sin descuidar el libro español y francés”, pero lo cierto es que, junto a algunos libros de temática religiosa y otros que buscan no incomodar a las autoridades, el peso que adquieren en su catálogo las obras de los exiliados españoles es más que notable desde el primer momento, así como el tratamiento de temas un tanto delicados. Una de las colecciones más emblemáticas y conocidas, Colección Andorra, se abre en 1968 con Las buenas intenciones, de Max Aub (encuadernadas en tela y con una sobrecubierta ilustrada) y prosigue con los dos volúmenes de Bizancio (1968), de Ramón J. Sender, a los que puede añadirse Campo del Moro, de Aub (número 7). Los primeros números de la impresionante colección Valira (en rústica con solapas), son títulos también de escritores españoles exiliados: Segundo Serrano Poncela (El hombre de la cruz verde, 1970), Manuel Andújar (Vísperas, 1970), Rosa Chacel (La sinrazón, 1970), Ramón Gómez de la Serna (La Nardo, 1970), y más adelante se añadirá en el octavo número el interesantísimo escritor afincado en México Simón de Otaola (Los tordos en el pirul, 1972), conocido sobre todo como autor de La librería de Arana. A todos los escritores exiliados mencionados hasta aquí pueden añadirse, fuera de colección, los tres volúmenes de las Crónica del alba de Sender o el Llibre d´Andorra de Lluís Capdevila.

Al interés de estos títulos y autores se añade, en el caso de la colección Valira, los prólogos y materiales que los acompañan, y que a menudo se han convertido en textos de referencia sobre esos autores y obras. Escribieron prólogos para esta colección críticos, historiadores de la literatura y escritores de la importancia de Julio Gómez de la Serna, Rafael Conte, Andrés Amorós o José R. Marra-López, entre otros.

Miquel Saperas

Entre las muchas joyas de esta etapa de la editorial se cuenta también el breve volumen de poesías del prolífico Miquel Saperas (1898-1978), precedido de un prólogo de Sebastià Gasch y acompañado de ilustraciones de Alfred Opisso, Circ, y el estreno de la colección Ahir-Demà con La defenestració de Xènius, de Guillem Díaz-Plaja, o la presencia de una novela de Jean Cassou (Las matanzas de París) o la publicación del Memento Mori de la hoy prestigiosa Muriel Spark (Muriel Sarah Camberg, 1918-2006) o de dos libros del tan mal conocido trotamundos Manuel Grimalt (la novela Nadie escribe la historia de la próxima aurora y los relatos de La última noche de la Isla)…

Max Aub

Si bien Manuel Aznar Soler ha descrito la Editorial Andorra como “un ejemplo de cómo intentar liberarse de la censura franquista”, lo cierto es que sabemos que, por lo menos en algunos casos, particularmente en el de las obras de Max Aub, estas obras se publicaron en ediciones censuradas, y probablemente la explicación se halla en el hecho de que, si bien la sede de la editorial estaba en el piso superior de la vivienda de Bartomeu Rebés en Andorra la Vella, de la impresión, almacenaje y distribución se ocupaba Jaume Aymà desde Barcelona.

También entre los colaboradores encontramos algunos nombres de primer nivel, además de los ya mencionados. Maria de Quadres, por ejemplo, reunió parte de las traducciones al catalán que antes de la guerra la había publicado Josep Janés y, a partir de este cañamazo, publicó un volumen de Obra selecta del premio Nobel Rabindranath Tagore (que incluye El Jardiner, Ocells perduts, La lluna nova, Present d´enamorat, Trànsit, Gitanjali y La collita). Ramón Folch i Camarassa es el autor de la traducción catalana de El senyor president, de Miguel Ángel Asturias, cuya publicación coincidió con la concesión del Nobel, y que se publicó con un prólogo de Lluís Capdevila y un frontispicio de Abel Vallmitjana, así como de la traducción al catalán de La república moderna, de Pierre Mendès-France.

Jaume Fuster tradujo un volumen de la serie de Anne y Serge Golon (Angélica y el terror, 1972). Manuel Vázquez Montalbán dirigió la muy efímera colección Ver, Oír y No Callar, para la que prologó el único libro publicado, y además contribuyó con un cómic gestado en las páginas de la revista Triunfo (La educación de Palmira).

Tampoco es un detalle menor que de los aspectos gráficos e incluso del diseño de algunas portadas se ocupara Filograf, el taller montado por Ricard Giralt-Miracle cuando se independizó de Seix Barral. Posteriormente se ocuparía de ello Arts Gràficas Bobalà, de Lleida.

En esta impresionante, intensa y breve primera etapa, Ediciones Andorra construye un catálogo de una solidez e importancia indiscutible, sin apenas estridencias ni notas discordantes, más allá de la muy lógica búsqueda de un cierto equilibrio entre riesgo literario y comercialidad, que no fue suficiente para mantener saneada la empresa. No hay duda de que el formado por Bartomeu Rebés y Jaume Aymà fue un tándem afortunado y que dejó un legado progesista y luminoso.

Dado que el catálogo habla por sí solo, bastará con echarle una somera lectura a su reconstrucción (que combina la ordenación por colecciónes con la cronológica).

Catálogo de ediciones Andorra en su primera etapa (1967-1972)

Miquel Saperas, Circ, prólogo de Sebastià Gasch, ilustraciones de Alfred Opisso, 1967.

Gilbert Keith Chesterton, Sant Francesc d´Assís (Colecció Meritxell 1), presentación de Miquel Saperas, traducción de Josep Delclòs Mollera, 1967.

Rabindranath Tagore, Obra selecta (Mritxell 2), presentación de Joaquim Ventalló, traducción de María de Quadres, 1968.

Miguel Ángel Asturias, El senyor President (Meritxell 3), prólogo de Lluís Capdevila, traducción de Ramon Folch i Camarasa, 1968.

Miquel Saperas, Carles de Viana, 1968.

Guillem Díaz-Plaja, La defenestració de Xènius (Colección Ahir-Demà 1), 1967.

Lluís Capdevila, L´alba dels primers camins (Ahir-Demà 2), 1968.

Pierre Mendès-France, La república moderna (Ahir-Demà 3), traducció de Ramon Folch i Camarasa, 1968.

Miquel Saperas, El mestre Enric Morera (Ahir-Demà 4), 1969.

Daniel-Rops, Història sagrada dels meus fillols, presentación de Artur Llopis, traducción de Osvald Cardona, 1968.

Daniel-Rops, L´Evangeli dels meus fillols, presentación de Artur Llopis, traducciñíon de Osvald Cardona, 1968.

Daniel-Rops, Historia sagrada de mis ahijados, presentación de Artur Llopis, traducción de Esteban Miquela y Fernando Gutiérrez, 1968

Daniel-Rops, El Evangelio de mis ahijados, presentación de Artur Llopis,  traducción de Esteban Miquela y Fernando Gutiérrez, 1968.

Max Aub, Las buenas intenciones (Colección Andorra 1), 1968.

Ramón J. Sender, Bizancio I (Andorra 2), 1968.

Ramón J. Sender, Bizancio II (Andorra 2), 1968.

Jean Cassou, Las matanzas de París (Andorra 3), traducción de Julio Gómez de la Serna, 1969.

Muriel Spark, Memento mori (Andorra 4), traducción de J. B. Cuyas Boira, 1969.

Herman Melville, Tahipí. Paraíso en los Mares del Sur (Andorra 5), traducción de J. M. Millàs Raurell, 1969.

Gilbert Cesbron, Muchachos de cabellos grises (Andorra 6), traducción de Francisco Farreres, 1969.

Max Aub, Campo del Moro (Andorra 7), prólogo de Joaquín Marco, 1969.

Guido Artom, Napoleón ha muerto en Rusia, traducción de Mercedes Lloret Compte, 1969.

Manuel Grimalt, Nadie escribe la historia de la próxima aurora, 1969.

Manuel Grimalt, La última noche de la Isla, (Colección Alfójar 1), 1969.

Laurence Pernoud, Espero un infant, traducción de Jorgina Miserachs, 1969.

Octavi Fullat, La domesticació del sexe. Intent d´educació sexual, 1969.

Ramón J. Sender, Crónica del alba I, 1969.

Ramón J. Sender, Crónica del alba II, 1969.

Ramón J. Sender, Crónica del alba IIII, 1969.

Anne & Serge Golon, Angélica se rebela, traducción de Manuel Planas, 1969

Anne & Serge Golon, Angélica y su amor, traducción de Manuel Planas, 1969.

Anne & Serge Golon, Angélica y el Nuevo Mundo, traducción de Julio Gómez de la Serna, 1970.

Anne & Serge Golon, La tentación de Angélica, traducción de Julio Gómez de la Serna, 1972.

Anne & Serge Golon, Angélica y el terror, traducción de Jaime Fuster, 1972.

Lluís Capdevila, Llibre d´Andorra. 1970.

Ricard Figuerola i Sants, Vida i miracles de la petita empresa, 1970.

Segundo Serrano Poncela, El hombre de la cruz verde (Colección Valira 1), prólogo de José Domingo (“La obra narrativa de Segundo Serrano Poncela”), 1970.

Manuel Andújar, Vísperas (Valira 2), prólogo de Rafael Conte (“El realismo simbólico de Manuel Andújar”), 1970.

Rosa Chacel, La sinrazón (Valira 3), prólogo de Julián Marías (“Azar, destino y carácter de Rosa Chacel”), 1970.

Francisco Ayala, Los usurpadores (Valira 4), prólogo de Andrés Amorós, poema de Max Aub y apéndices de Hugo Rodríguez-Alcalá, 1970.

Ramón Gómez de la Serna, La Nardo (Valira 5), prólogo de Julio Gómez de la Serna (“La Nardo, madrileña perenne”), 1970.

Francisco Umbral, Las europeas (Valira 6), prólogo de José Domingo (“La novela erótica de Francisco Umbral”), 1970.

Eduardo Zamacois, El misterio de un hombre pequeñito (Valira 7), prólogo de Federico Carlos Sáinz de Robles, 1970.

Otaola (Simón de Otaola), Los tordos en el pirul (Valira 8), prólogo de José R. Marra-López (“Retrato de un escritor desconocido”), 1972.

Benito Pérez Galdós, El audaz (Valira 9), prólogo de Alberto Mínguez, 1972.

Federico Carlos Sáinz de Robles, Antología de la novela corta I. Dieciocho años de novela española, 1907-1925 (Valira 10/I), Federico Carlos Sáinz de Robles, 1972.

Federico Carlos Sáinz de Robles, Antología de la novela corta II. Dieciocho años de novela española, 1907-1925 (Valira 10/II), Federico Carlos Sáinz de Robles, 1972.

Víctor Hugo, Los miserables. Época primera, traducción de H. G. Simón, 1971.

Víctor Hugo, Los miserables. Época segunda, traducción de H. G. Simón, 1971.

Maurice Druon, El rey de hierro (Colección Los Reyes Malditos), traducción de Raimundo Aliaga Rincón, 1972.

Maurice Druon, La reina estrangulada (Colección Los Reyes Malditos), traducción de Raimundo Aliaga Rincón, 1972.

Maurice Druon, Los venenos de la corona (Colección Los Reyes Malditos), traducción de Raimundo Aliaga Rincón, 1972.

Luis Dávila, Política y deporte (Colección Ver, Oír y No Callar 1), prólogo de Manuel Vázquez Montalbán, 1972.

Nuria Pompeia (dibujos) y Manolo V el Empecinado (Manuel Vázquez Montalbán), La educación de Palmira, epílogo de Sixto Cámara (seudónimo de Vázquez Montalbán), 1972.

Fuentes:

Web de la Editorial Andorra.

AA.VV., Del mil nou-cents seixanta-set al dos mil set. Celebrant quaranta anys d´Editorial Andorra, Andorra la Vella, Editorial Andorra, 2008.

Manuel Aznar Soler, “Exilio republicano de 1939 y patrimonio literario. De la Colección Patria y Ausencia (1952) a la Biblioteca del Exilio (2000)”, en Laberintos del exilio. Diecisiete estudios sobre la obra literaria de Max Aub, Sevilla, Renacimiento (Biblioteca del Exilio. Anexos 3), 2003, pp. 92-126.

Pere-Miquel Fonolleda Pérez, Editorials i societat a Andorra, 1945-1994, i relacions amb Catalunya sota el règim franquista, prólogo de Josep Maria Solé i Sabaté y preámbuilo de Pere Canturri Muntanyà, Biblioteca Andorra, 2006.

Fina Font Ruana, “Editorial Andorra: Present, passat i futur”, Ex Libris Casa Bauró. Fulls de bibliografía, núm. 2 (2003), pp. 29-33.

Javier Lluch Prats, “Propuestas para una reautorización de Max Aub: Campo del Moro y Las buenas intenciones”, Laberintos, núm 1 (2001), pp. 33-51.

José Carlos Mainer, “El lento regreso: textos y contextos de la colección El Puente (1963-1968)”, en Manuel Aznar Soler, ed., El exilio literario español de 1939. Actas del Primer Congreso Internacional, Sant Cugat del Vallès, Asscociació d´Idees- Gexel (Serpa Pinto 1), vol I, pp. 395-415.

Àlvar Valls, “Aproximació al fet literari a Andorra”, en Eliseu Trenc Ballester, ed., Els Pirineus, Catalunya i Andorra (Actes del Tercer Col·loqui Interancional de la Associació Francesa de Catalanística), Barcelona, Abadia de Montserrat, 2006, pp. 125-138.