Una cata en la relación de Henry Miller con su editor Maurice Girodias

La primera novela que Henry Miller (1891-1980) publicó, gracias al préstamo que Anaïs Nin (1903-1977) obtuvo del psicoanalista y escritor Otto Rank (1884-1939), apareció en París –con una sobrecubierta en la que quedaba claro que su venta estaba prohibida en Estados Unidos y en Gran Bretaña–, con el sello de Obelisk Press, acerca de cuyo fundador y primer propietario, el escritor neoyorquino no tenía una impresión del todo favorable, según le escribe a su amigo Lawrence Durrell en agosto de 1936:

El director de Obelisk Press es Jack Kahane [1887-1939] –338, Rue St. Honoré, París–. Le he hablado de usted. Pero le voy a decir algo de él: no publica nada a menos que pueda causar sensación, a menos que pueda ser prohibido en Inglaterra o en los Estados Unidos. Ésa es la estrategia actual. Está intentando hacerse con [la editorial] Albatross (confidencial) y, si lo consigue, tal vez cambie de política. No tiene sentido enviarle un manuscrito si no se sabe con seguridad que van a rechazarlo los ingleses y los americanos. Tampoco tiene mucho gusto, para decir la verdad. Mi relación con él es puramente accidental.

Henry Miller y Lawrence Durrell.

El epistolario Miller-Durrell está salpicado de observaciones en el mismo sentido, «Él también escribe, ¿sabe?, con el nombre de Cecil Barr, una mierda asquerosa» (8 de marzo de 1937) o «Kahane es bastante tacaño, al estilo de Manchester, pero siempre le puedo convencer en el bar donde suelo encontrarlo […] Es un tipo realmente imposible, estúpido donde los haya, pero sin embargo “listo”, en el aspecto comercial» (5 de abril de 1937). Aun así, además de Trópico de Cáncer (1934), Primavera negra (1936) y Trópico de Capricornio, de Miller, Kahane publicó en su parisina editorial Obelisk a otros escritores en lengua inglesa importantes, como Richard Aldington (1892-1962), Cyril Connolly (1903-1974), Frank Harris (1855-1931), James Joyce (1882-1941) o Anaïs Nin (1903-1977), así como El libro negro (1938), de Lawrence Durrell.

Maurice Girodias.

Sin embargo, el grueso de las siguientes obras de Miller, que no tuvieron problemas de censura (The Cosmololgical Eye, 1939; The Wisdom of the Heart, 1941, Una pesadilla con aire acondicionado, 1945, etc.), los publicó la editorial neoyorquina New Directions, fundada en 1936 por el poeta James Laughlin (1914-1997), que ya había incluido a Miller en su antología fundacional New Directions in Prose & Poetry (1936), junto a William Carlos Williams (1883-1963), E.E. Cumings (1894-1962), Ezra Pound (1885-1972) y Wallace Stevens (1879-1955), entre otros.

Tras la muerte de Kahane en los albores de la segunda guerra mundial, fue su hijo Maurice, conocido como Maurice Girodias (1919-1990), quien tomó el mando de Obelisk Press y dio continuidad a la empresa, así que a él debe atribuirse la edición de las obras de Miller Sexus (1949) y posteriormente, en la editorial Olympia que él mismo creó, Plexus (1953) y Días tranquilos en Clichy (1965), esta última en una edición con fotografías de Brassaï (Gyula Halász, 1899-1984), si bien buena parte de la bibliografía milleriana, la menos problemática con respecto a la censura, fue apareciendo regularmente bajo el sello de Laughlin.

James Laughlin.

El adalid de la recuperación de la obra completa del Marqués de Sade (1740-1814), el primer editor en francés de La desobediencia civil de Henry David Thoreau (1817-1862), de la primera biografía de Le Pétómane (Joseph Pujol, 1857-1945), así como de autores tan diversos –o quizá no tanto– como Victor Hugo (1802-1885), André Breton (1896-1966), Georges Bataille (1897-1962) y Salvador Dalí (1904-1989) Jean-Jacques Pauvert (1926-2014) dedica en sus memorias (La travesía del libro) algunos comentarios a medio camino entre el escepticismo y el reconocimiento a la defensa que Girodias llevó a cabo de la libertad de expresión, y en particular a la persecución a la que fueron sometidas las ediciones francesas tanto de Trópico de Capricornio como de Sexus, al hilo del clima de creciente censura de libros que fue gestándose en Francia en cuanto concluyó la segunda guerra mundial:

Comunistas, socialistas y MRP [Mouvement Républicain Populaire] velaban estrictamente por la moral y la defensa de los espíritus débiles (mujeres, adolescentes, deficientes mentales). En septiembre de 1946, el Cártel de Acción Moral –dirigido por Daniel Parker– puso una denuncia exigiendo una investigación judicial sobre Trópico de Cáncer y Trópico de Capricornio de Henry Miller. La espeluznante ley de 1949 se estaba gestando.

La persecución contra la obra de Miller la reanudó en 1949 el mencionado Cártel ultraconservador, y tras la prohibición el 6 de marzo de Sexus en francés, el 12 de diciembre de ese mismo año se prohibía su publicación y comercialización en Francia en cualquier lengua. En un capítulo dedicado específicamente al editor de Miller («Maurice Girodias – Trato de integrarme (un poco) en el sistema»), Pauvert recurre al libro sobre La depuración de Herbert Lotman para recordar los orígenes de Girodias y el hecho de que durante la ocupación nazi publicara en sus Éditions du Chêne guías turísticas destinadas a los soldados alemanes, para más adelante contar pormenorizadamente el conflicto que les enfrentó a raíz de la versión inglesa que Girodias puso a la venta de La historia de O, la polémica novela de la primera mujer que formó parte del comité editorial de Gallimard, Dominique Aury (1907-1998), que la firmó como Anne Desclos. A tenor de ello, no es extraño que luego se refiera a la fama de «taimado» del editor de Miller.

Henry Miller.

Del epistolario entre Durrell y Miller se desprende que a ambos –y a sus libros– los trató Girodias bastante bien e incluso les ayudó, pero aquí y allá asoman juicios poco complacientes. «Sí, Kahane estuvo muy amable –escribe Durrell a finales de noviembre de 1947–. Nos prestó unas cincuenta libras y lo pasamos en grande […], pero desgraciadamente es como su padre: hermético, lobuno y extraño; de momento tiene el encanto de la juventud, pero me parece que el futuro se presenta negro». Miller incluso se toma las trastadas que le hizo Girodias con cierta filosofía: «La policía parisina ha secuestrado la versión francesa (no expurgada) de Sexus. Girodias sacó una expurgada, para el público, pero sin mi conocimiento ni mi consentimiento. Más leña al fuego. Nada de lágrimas» (3 de julio de 1950), mientras que Durrell informa con la mayor frialdad a Miller unos años después: «Mary [Mollo] me ha enviado Plexus desde París, pero debido a un error de imprenta, el primer tomo y el segundo tomo tienen la cubierta distinta pero el mismo contenido» (20 de noviembre de 1953), acaso porque estaban habituados a estas meteduras de pata debidas a la atención de Girodias o en cualquier caso porque no les sorprendían. Pero es en una carta de madurez (del 7 de noviembre de 1960), cuando Durrell hace un suculento  juicio general sobre los editores de la época:

A pesar de las palabras amables que les dedicas a los editores, yo creo que las excepciones son raras: [Heinz] Ledig, [Giangiacomo] Feltrinelli, Alan Pringle. Pero los que son honestos no tienen ni gusto ni inteligencia; Ledig se morderá las uñas cuando vea que le devuelven a [Georg] Groddeck al almacén: ¡le costó un año decir que no! Y en cuanto a los otros, ¿te hace feliz que las ganancias de tus libros sirvan para sufragar los gastos de Girodias en un club nocturno? Están completamente locos, yo creo.

En cualquier caso, hay ciertos aspectos que no deben olvidarse para juzgar ponderadamente el legado de Girodias, y George Steiner las expone con mucha claridad en un texto incluido en Lenguaje y silencio. Ensayos sobre la literatura, el lenguaje y lo inhumano:

Sus recuerdos y sus polémicas [de Girodias en Olympia reader] constituyen una lectura ingrata (tiende al lloriqueo); pero sus publicaciones dan muestras de brío y brillantez. La obra de Henry Miller cuenta en la historia y en la configuración de la prosa norteamericana. El Watt de Samuel Beckett apareció en Olympia, así como algunos textos de Jean Genet (aunque no las obras de teatro ni lo mejor de su producción). Fanny Hill [de John Cleland] y en menor medida Candy [de Terry Southern] son epopeyas burlescas del orgasmo, obras que deleitan a cualquier persona en su sano juicio. Me parece que se ha exagerado el valor  de El libro negro de Lawrence Durrell, pero tiene partidarios muy respetables. El propio Girodias probablemente consideraría a El almuerzo desnudo [de William Burroughs] como el pináculo de su perspicacia. No estoy de acuerdo.[…] [D]e lo que no cabe duda es de la sinceridad de la empresa de Girodias, ni de los riesgos que afrontó.

 

Fuentes:

Lawrence Durrell-Henry Miller, Correspondencia privada, prólogo de George Wickes, traducción de Matilde Horne, Buenos Aires, Editorial Sudamericana,

Ian S. Mc Niven, ed., Cartas Durrell-Miller, 1935-1980, prólogo de Alfred Perlès, traducción de María Faidella Martí, Barcelona, Edhasa (Testimonio), 1991.

Jean-Jacques Pauvert, La travesía del libro. Memorias, traducción de María José Furió Sancho, Madrid, Trama Editorial, 2011.

George Steiner, «Palabras en la noche 1965», en Lenguaje y silencio. Ensayos sobre la literatura, el lenguaje y lo inhumano, traducción de Miguel Ultorio, Barcelona, Gedisa, 2003.