Diálogos interculturales: International Editors’ Co.

La importancia, trascendencia y visibilidad de la agencia literaria de Carmen Balcells ha hecho que a veces pareciera que antes de ella no hubiera nada en el ámbito de la gestión de derechos de autor en España. Y no sólo está un poco desenfocada la imagen de que en el ámbito de la lengua española el de agente literario ha sido siempre una profesión muy predominantemente ejercida por mujeres, sino que resulta engañoso considerar a Balcells (1930-2015) la primera, aunque eso no suponga menoscabar su importancia y trascendencia.

En un artículo publicado originalmente en su libro La otra cara de Jano (Ampersand, 2015) y más recientemente en la revista Trama & Texturas (núm. 42, 2020), el profesor José Luis de Diego ya puso de manifiesto hasta qué punto (pese al entusiasmo de Xavi Ayén en Aquellos años del boom) era imprescindible relativizar la importancia de la agencia Carmen Balcells en aquello que más visibilidad le dio, la gestación del boom latinoamericano, pero también es innegable que la labor de esta agencia contribuyó de un modo definitivo y muy exitoso a despertar el interés de ciertos editores europeos y estadounidenses por la literatura latinoamericana.

El matrimonio Lifezis (Cortesía IECO)

En realidad, se trataba de algo no muy distinto a lo que, unos años antes y quizás en menor escala, agentes como el rumano Vintilia Horia (1915-1992) en la agencia A.C.E.R. (Argentina-Colombia-España-Rumanía) desde 1956 o el húngaro Férenc Oliver Brachfeld (1908-1967) habían hecho con la literatura centroeuropea y en particular con la húngara en la década anterior. Resultaría bastante arduo y quizás incluso imposible dar razón de la enorme presencia de autores como Jenö Heltai (1871-1957), Fryges Karinthy (1887-1938), Lajos Zilahy (1891-1974), Andor Németh (1891-1953), Sándor Márai (1900-1989) o Férenc Körmendi (1900-1972) en el mercado librero español de los años cincuenta y principios de los sesenta sin aludir a la inmensa actividad estos dos hombres de letras y agentes literarios. Y basta con espigar los catálogos de editoriales españolas como Funambulista, Minúscula o incluso Salamandra para advertir hasta qué punto fue una labor fructífera, oportuna y trascendente.

Al otro lado del Atlántico, en Argentina, se había creado ya en 1939 International Editors’ Co., cuya labor en la difusión continuada de los que acabarían por convertirse en clásicos incontrovertibles de la literatura en lengua alemana (de Franz Werfel y Thomas Mann a Beltoltd Brecht y Erich Maria Remarque, de Vicky Baum o Stefan Zweig a Max Horkheimer, T.W. Adorno o Jürgen Habermas, pasando por Arthur Schnitzler, Sigmund Freud y Herman Hesse entre otros muchos) fue también trascendental en la inmediata postguerra.

Edición argentina de una de las traducciones de Anna Lifezis.

La agencia International Editors’ Co. (pronto conocida como IECO) la fundan al poco de llegar a Buenos Aires el matrimonio vienés formado por el abogado de origen judío Hugo Lifczis (que simplifica su nombre a Lifezis) y la editora teatral y traductora del ruso Anna Sherman, que habían llegado a la capital argentina huyendo del auge y expansión del nazismo, que les había puesto incluso en riesgo físico. A su llegada, y tras comprobar la enorme cantidad de libros traducidos del alemán que se encuentran en las librerías bonaerenses, se marcan como primer objetivo proteger los derechos de autor de muchos de sus amigos austríacos, para lo que tuvieron que pugnar con la falta de costumbre que existía en este sentido en el mercado editorial del país de pagar regalías a los autores (y en particular a los extranjeros). Zweig, Mann, Freud, Schnitzler y Baum se cuentan entre sus primeros representados, aunque se centran sobre todo en derechos teatrales y de guiones cinematográficos (para lo que, con muy buen tino, abrirán también una sede en Estados Unidos).

Una de las primeras empleadas a la que contrataron fue la luego celebérrima y reputada historiadora Hebe Clementi, que ha descrito del siguiente modo las oficinas de la agencia del matrimonio Lifezis:

La oficina estaba en su propia casa, un departamento grande en Tucumán y Montevideo. Tenía las paredes tapiadas con fotografías de Max Brod, Stefan Zweig, Joseph Roth, Shalom Ash, Leo Perutz, Franz Molnar, Vicky Baum, Leon Feuchtwanger, Arthur Schnitzler, y había más. Había fotos de escritores, músicos, actores, y estaban todas dedicadas. La tarea era ofrecer libros, artículos, argumentos de obras de teatro o cinematográficos, operetas: era como abrir un mundo nuevo, una cultura diferente. Llegaban también cantidades de libros que mandaba, desde Estados Unidos, el doctor [austríaco Franz] Horch [(1901-1951)], alguien que hacía allá el mismo trabajo que Lifezis quería hacer aquí.

Aspecto de una de las paredes de la sede actual de IECO en Barcelona.

Más trascendencia tendría sin embargo la incorporación a la agencia, precisamente para sustituir a Clementi, del emigrante croata Nicolás Costa, que había llegado a Argentina en 1948 y se sumó al proyecto de los Lifezis a finales de los años cincuenta (¿1958?), pues cuando llegó el momento fue quien dio continuidad a la agencia.

Edición española de una traducción de Anna Lifezis.

Y ese momento llegó con el cambio de década, cuando los Lifezis viajaron a España por cuestiones de salud y José Manuel Lara Hernández (1914-2003), que durante años había publicado con enorme éxito a Vicky Baum, les ayudó a encontrar piso para establecerse en Barcelona. Así pues, no tardaron en abrir una nueva sede de la agencia, que durante un tiempo tuvo su sede en el número 35 de la Vía Laietana (muy cerca de la catedral). Curiosamente, ese mismo año 1960 se creaba en la Ciudad Condal la agencia literaria de Carmen Balcells, poco después de trasladarse Horia a París y asociada muy brevemente con la esposa de Carlos Barral, Yvonne. Y apenas un año antes había llegado a la ciudad la alemana Ute Körner (1939-2008), quien, al igual que Isabel Monteagudo, que se incorporó en 1966 siendo aún estudiante, no tardaría en convertirse en uno de los puntales de la sede española de IECO.

Todo cambió con la muerte de Hugo Lifezis en 1970, pues Anna Sherman, que con distintos nombres (Annie R. Lifczis, Annie Rennei) tenía a sus espaldas una obra muy notable ya como traductora (Franz Werfel, Leo Perutz, Schnitzler, Brecht…), decidió regresar a su país natal, y fue entonces (con Körner actuando ya como editora en Bruguera antes de fundar una agencia con su propio nombre), cuando Isabel Monteagudo tomó las riendas de la empresa, sin que ello le impidiera implicarse muy activamente en los años siguientes en proyectos tan rupturistas y alentadores como la creación de la librería Xoc o en la gestación del pionero colectivo feminista LaSal Edicions de les Dones.

Desde entonces, International Editors’ Co., una agencia marcadamente femenina y feminista en su gestión y modo de funcionar, ha ido ampliando su radio de acción, incorporando en su catálogo de representados a nombres indiscutibles, como los de J.D. Salinger, Peter Sloterdijk, Scott Fitzgerald, Auden, Günter Grass, Dos Passos, Gore Vidal, Michael Ondaatje o el popularísimo J. R. Tolkien. Y Augusto Monterroso, Javier Tomeo y Ramon J. Sender abrieron el camino a la representación directa desde Barcelona de grandes autores en lengua española (Bárbara Jacobs, Rigoberta Menchú y Juan José Flores, entre ellos). Por otra parte, absorbieron otra de las agencias literarias españolas de más larga trayectoria, la creada por el también traductor Julio F[ernández] Yáñez, a cuyo frente se encontraba Montse Yáñez, y fueron una de las pioneras a la hora de promover la cooperación entre agencias, que cristalizó en 2006 con la creación de ADAL (Asociación de Agencias Literarias). En ello tuvo buena parte de responsabilidad también Maru de Montserrat, quien, tras curtirse en la editorial Edhasa, entró en la agencia en 1998 y progresivamente fue poniéndose al volante del proyecto para actualizarlo procurando al tiempo que no pierda identidad.

El equipo de IECO en la despedida de Rosa Bertran (sentada); a su izquierda (también sentada), Isabel Monteagudo; y a la espalda de ésta, Maru de Montserrat.

Fuentes:

Web de International Editors’ Co.

Gabriela Adamo, Valeria Añón y Laura Wulichzer, redactoras, La extraducción en la Argentina Venta de derechos de autor para otras lenguas Un estado de la cuestión 2002-2009, investigación realizada por la Fundación Teoría y Práctica de las Artes por encargo de la Dirección General de Comercio Exterior y la Dirección General de Industrias Creativas y el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, 2009.

Elisa Martín Mayo, Los agentes literarios en España, ISSUU.

Carmen Sesto y María Inés Rodríguez Aguilar, Hebe Clementi. Una vida. Trayectoria intelectual y política, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2004.

LaSal Edicions de les Dones, pionera del feminismo postfranquista

¿Cuántos proyectos editoriales no se habrán gestado en un bar? Lo curioso y meritorio es que algunos de ellos incluso llegaron a hacerse realidad, como es el caso de la editorial feminista LaSal Edicions de les Dones.

Aunque registrada oficialmente en 1978, los orígenes de esta iniciativa editorial se remontan al 6 de julio de 1977, cuando en el número 8 de la barcelonesa calle Riereta (en el barrio del Raval) abre las puertas un peculiar establecimiento gestionado por mujeres y que Katia Almerini —que lo contextualiza con una ajustada panorámica del feminismo barcelonés inmediatamente posterior a la muerte del dictador—, ha descrito como «una experiencia híbrida a medio camino entre el bar, el centro cultural y el espacio de reflexión feminista». Teatro (el Teatrí de les Dones), performances, pases de cine (Boy meets Girl, de Eugènia Balcells), conciertos y recitales (Txiky con Anna Subirana y Teresa, la Titi, el grupo La Traca) y exposiciones de arte pictórico fueron la sal de unos tiempos un poco sosos que no tardarían en amenizar también, en una onda parecida, la Tribuna Feminista de la editorial Debate.

Apenas había transcurrido un año desde su inauguración cuando la activista Mari Chordá, Mariló Fernández, Isabel Martínez y la luego importante agente literaria Isabel Monteagudo se rascaron el bolsillo y un poco más allá para poder abrir casi justo enfrente (en Riereta, 13) una librería y editorial, LaSal Edicions de les Dones, un proyecto al que una vez empezó a andar se unieron la poeta mallorquina Maria Bauçà, Mª José Quevedo, Carme Cases, la poetisa Montserrat Abelló (1918-2014), la escritora y traductora catalana nacida en Chile Mireia Bofill, Mercè Fernàndez, Isabel Segura y Goya Vivas.

Los propósitos y ambiciones quedaron claramente establecidos en lo que puede considerarse poco menos que un manifiesto fundacional:

Somos una editorial feminista: LaSal Edicions de les Dones. Publicaremos libros escritos por mujeres que sean expresión de las mujeres. En este sentido, queremos recuperar textos de autoras ya reconocidas por otras publicaciones, pero olvidadas en su creación literaria más íntima. También iremos sacando a la luz, en la medida en que lleguen a nuestras manos, los textos de tantas mujeres que se expresan silenciosamente, sin posibilidades de ser conocidas y leídas. Sacaremos novela, ensayo, actualidad, testimonio, cuento, poesía, libros gráficos, y mantendremos una periodicidad de publicación.

En buena medida gracias al éxito de la Agenda de les Dones, que empezó a publicarse ese mismo año 1978 (y lo hizo hasta 1990, con una segunda etapa entre 1996 y 2009), añadido al apoyo y las colaboraciones desinteresadas, se pudo dar continuidad a la iniciativa. Uno de los primeros libros publicados fue La bolchevique enamorada, de la activista marxista Aleksandra Kolontái (1872-1952), una edición de 170 páginas encuadernada en rústica de la traducción firmada por Vasilisa Malyguina publicada en 1928 por Ediciones Oriente (y reeditada en laSal por lo menos en dos ocasiones), a la que siguió el libro de artista Quadern del cos i l’aigua, con poemas de Mari Chordá e ilustraciones de la pionera del cómic español Montse Clavé (que ese mismo año había ilustrado el Cuaderno feminista. Introducción al self-help, de Leonor Taboada, publicado por Fontanella).

De 1979 es el ensayo de la periodista alemana y directora de la revista Emma Alice Schwarcer La pequeña diferencia y sus grandes consecuencias. Las mujeres hablan de sí mismas. Comienzo de una liberación y la novela Pan de boda, de Nuria Amat, y del año siguiente el poemario con el que Rosa Fabregat había ganado el Premio Vila de Martorell 1978, Estelles, así como Poemas encintos, de Carmen Ruiz y una traducción de Mari Chordá de La Celina, de la escritora, periodista y acrtiz feminista (e hija de un brigadista internacional) Christianne Rochefort (1917-1998).

Se creó enseguida un sistema de suscripción, de poco más de mil pesetas, que se reembolsaba con libros, y eso aseguró además la continuidad de las ediciones, que se distribuían en varios apartados o colecciones: la muy popular Agenda, Poesía, Narrativa, Ensayo, Cuadernos Inacabados y una interesantísima colección de Clàssiques Catalanes, dirigida por Isabel Segura, en la que aparecieron, entre otros títulos (hasta un total de catorce), L’Abisme/L’Huracà (1983), de Carme Monturiol i Puig (1892-1966); La infanticida i altres textos (1984), de Victor Català (Caterina Albert, 1869-1966); Del mon (1983), de Dolors Monserdà de Macià (1845-1919); Cartes a l’Anna Murià, 1939-1956 (1985), de Mercè Rodoreda (1908-1983); Contraclaror. Antologia poètica (1985), de Clementina Arderiu (1889-1976), seleccionada y precedida de un prólogo de Maria Mercè Marçal (1952-1998); Contes (1985), de Rosa Leveroni (1910-1985), con una introducción de Helena Valentí (1940-1990); Les aigües roges (1986), de Maria Teresa Vernet (1907-1974), con introducción de Maria Campillo; Paradisos oceànics (1988), de Aurora Bertrana (1892-1974), con prólogo de Maria Aurèlia Capmany (1918-1991)…

A partir de principios de los años ochenta, otra colección muy combativa fueron los Cuadernos Inacabados, en los que se publicó El no de las niñas. Feminario antropológico (1981), de Martha I[sabel] Moia —a quien sin duda recordarán los lectores de los diarios de Alejandra Pizarnik—, y, bastante más adelante, El arquetipo viril protagonista de la historia: ejercicio de lectora no androcénrica, de Amparo Moreno. Esta peculiar colección no tardó en encontrar quien le diera continuidad, la editorial madrileña Horas y Horas (otra interesante iniciativa del grupo de trabajo de la Librería de Mujeres, Lola Pérez López, Elena Lasheras Pérez y Ana Domínguez Loschi, creada con el arranque de la década de 1990).

A mediados de los años ochenta, tanto la editorial como la librería se trasladaron a una zona más céntrica, en la calle València (al número 226), y en 1988, coincidiendo con la primera década de LaSal, cuando las libreras feministas se encontraban en un proceso de asociación que cristalizó en la Asociación de Librerías de Mujeres, a ojos del común de los lectores tuvieron visibilidad con la convocatoria del Primer Premio de Narrativa de Mujeres Una Palabra Otra, en cuya primera edición un jurado formado por Maria José Obiols, Dolors Ollé, Soledad Puértolas y Elena Soriano, otorgaron el galardón a Carmen Gómez Ojeda por La novela que Marien no terminó, que se le entregó en un acto presidido por Rosa Montero y cuya publicación recayó en LaSal. En las siguientes convocatorias fueron premiadas Teresa Pámies (por Cómo nos fregaron, Dora, en 1989), publicada también por LaSal, y Elisabeth Bertran (por Nadie sabe, en 1990).

Otro ejemplo de la colaboración entre colectivos feministas en esos años es la edición de 1789-1793. La voz de las mujeres en la Revolución Francesa. Cuadernos de quejas y otros textos, con una introducción de Isabel Alonso y Mila Belinchón y un prólogo de Paule Maie-Duhet, traducido por Antònia Pallach i Estela, que se publicó gracias a la cooperación entre LaSal, el Institut Valencià de la Dona y las Éditions des Femmes Antoinette Fouque.

Sin embargo, con el inicio de la década de los noventa, tanto la librería como la editorial tuvieron que echar el cierra —por razones de insostenibilidad económica, como no podía ser de otra manera— si bien hay quienes interpretan el nacimiento poco después de la Llibreria Pròleg (que abrió el 22 de mayo de 1991 en la calle Sant Pere Més Alt, 46) como la continuidad natural del espacio que ocupaba laSal, entre otras cosas porque entre el colectivo de jóvenes feministas que la pusieron en marcha se cuenta Núria Monrós (hija de Àngels Grases, muy vinculada en su momento al grupo de laSal).

Fuentes:

AA.VV., «Racons i raconets: laSal, bar-biblioteca feminista», Ca La Dona, núm. 53 (junio de 206), pp. 20-21.

Katia Almerini, «La Sal, bar-biblioteca feminista en Barcelona. Empoderamiento femenino y cultura visual», Boletín de Arte (Departamento de Historia del Arte, Universidad de Málaga), núm. 35 (2014), pp. 83- 100.

Centre de Documentació de Ca La Dona, Dossier Els llibres de laSal i les nostres lectures, 9 de abril de 2014. 

Rosa María Piñol, «Cierra laSal, única editorial feminista que existía en España», La Vanguardia, 10 de marzo de 1990, p.

Xoc, la librería como dinamizadora de barrio

A los amantes del aigua de València

 

Que las librerías no son meros comercios dispensadores de libros y que pueden incluso ser algo más que un lugar donde obtener recomendaciones adecuadas para lectores intensivos y fieles es una verdad incontrovertible pese a que la idea de «crear comunidad» pueda hacer que parezca cosa reciente.

Salida del metro en Vilapicina.

En uno de los barrios obreros más característicos de Barcelona, Vilapicina i la Torre Llobeta (uno de los trece que conformarían el distrito de Nou Barris), se abría en 1972 una librería cuya vocación combativa y asociativa quedó clara desde el primer momento, la Xoc (choque).

Su cabeza visible fue Conxa Torrent i Murall, que lo contó del siguiente modo:

Un grupo de amigos […] con el proyecto de acercar la cultura a los barrios me lo proponen […]. Gente joven, con ganas de ofrecer conocimientos, sobre todo en ciencias sociales, a lugares de la periferia urbana, que en aquella eépoca quedaban totalmente al margen de los circuitos de inquietudes culturales y sociales que empezaban a manifestarse abiertamente en el centro [de Barcelona]. En aquellos momentos me había quedado sin empleo, empezaba estudios de sociología, y la propuesta me pareció muy interesante. […] Los libros eran el arma, la librería el medio y el barrio el objetivo del trabajo.

En ese grupo inicial que dio el primer empujón se encontraba por ejemplo Isabel Monteagudo, que por entonces ya trabajaba en International Editors (IECO) y muy poco después impulsaría también LaSal Edicions Les Dones, pero la presencia constante en la librería, ubicada en el número 325 del passeig Fabra i Puig, fue Torrent, más adelante con el apoyo de Toni Munné.

Màrius Serra.

Uno de los más devotos clientes, el escritor Màrius Serra (que presentó todos sus libros en la Xoc mientras esta estuvo abierta), ha evocado (y reivindicado) en varias ocasiones ese local, atiborrado de libros por todas partes (pero también inicialmente de juguetes y discos), y el ambiente que en él se generó, sobre todo en los años ochenta, mediante presentaciones de libros, exposiciones de arte gráfico y fotografía, lecturas poéticas, coloquios, debates, e incluso se convirtió en uno de los principales impulsores de lo que sería la asociación de vecinos del barrio, liderando los primeros estudios rigurosos acerca de los equipamientos existentes en la zona y aglutinando a quienes estaban interesados en formar parte de ella.

En ese contexto de los años setenta previos a la muerte del dictador, uno de los aspectos chocantes era la predilección de la librería por los títulos en catalán, e incluso el hecho de que todo en la librería estuviera escrito en esta lengua y fuera el medio de expresión habitual, echando así por tierra el prejuicio de que el catalán era el vehículo de comunicación solo de la burguesía y/o que no existía una clase obrera catalanoparlante. En una entrevista publicada en la revista Via fora!! la propia Conxa Torrent explicaba la reacción de sus convecinos del siguiente modo:

Afortunadamente, por parte de la gente corriente del barrio, el modo de proceder de Xoc fue recibido con  absoluta normalidad, aunque pudiera sorprender. Las únicas reacciones contrarias llegaron por parte de gente adepta al régimen y de dogmáticos españolistas, incluso de izquierdas, muchos de ellos apelando a un supuesto internacionalismo.

Por otra parte, en un momento en que aún era habitual la prohibición de mostrar en escaparates determinados libros publicados en catalán, eso, añadido al hecho de que la librería se convirtió a menudo en almacén de material impreso «subversivo», la convirtió no sólo en uno de los objetivos de la policía, sino también de los grupos ultranazionalistas. Tampoco podía ser ajeno a ello que, como hacían otros comercios en barrios y pueblos menos expuestos o susceptibles de generar ese tipo de reacciones, la Xoc había establecido por costumbre mantener abierto los 12 de octubre, conocida sucesivamente como Día de la Raza, Día de la Hispanidad y Fiesta Nacional de España.

Pasada la transición, en el paso de la década de los setenta a los ochenta, la Xoc fue pionera en Barcelona en añadir a la librería un minúsculo servicio de bar, en el que cada viernes se servía una muy popular «aigua de València», y que en su caso tenía todo el sentido como ampliación y acondicionamiento a las funciones de lugar de reunión y tertulia que había adoptado desde el principio.

Así lo describía Màrius Serra, en un artículo muy intencionadamente titulado ‒por contraste con la contemporánea gauche divine‒ «La “gauche humaine”»:

Jamás un espacio tan reducido albergó tantas especies de espacios a la vez: un vestíbulo con revistas, un aparador temático, tres mesas de café aptas para todo tipo de discusiones, otra inundada por las novedades editoriales, rodeada en tres de sus cuatro lados por altas estanterías con libros de fondo, una pared y media capaces de acoger fotografías o dibujos o tapices o pinturas para exposiciones sin ínfulas ni inflación de precios, un rincón de libro infantil rodeado de expositores y una barra con tres taburetes en la que cada viernes se servía auia de València.

Avel·lí Artís-Gener.

Como no podía ser de otra manera, a medida que avanzaba la década la viabilidad económica de una librería de estas características y en ese contexto se hizo cada vez más difícil, por lo que finalmente, acabó por cerrar en septiembre de 2007, según las cuentas siempre fiables de Serra, «treinta y cinco años, tres meses y ocho días» después de haberse puesto en funcionamiento. De aquí que pasara a ser conocida como la librería con bebidas.

Entre los hitos de la librería Serra suele evocar el momento en que allí, tras la presentación de L’home del sac, Tísner (Avel·lí Artís-Gener, 1912-2000) le propuso ser su sustituto como creador de los crucigramas de La Vanguardia, pero a este podría añadirse, por ejemplo, el primer homenaje al joven militante del Partit Comunista d´Espanya (internacional), el PCE(i), Jordi Martínez de Foix i Llorenç, Lino, (1957-1978), en cuya memoria se publicó en el año 2003 un libro-dossier preparado por su familia y editado por la Xoc y la papelería La Tinta, así como numerosas exposiciones (como es el caso de la pintora Luisa Fortes) o visitantes de tanto fuste como Maria Mercè Marçal o Joan Brossa; «En estas tres décadas y un lustro de precaria economía Conxa ha montado mil y un saraos», escribe Serra en el ya citado artículo.

Fuentes:

Àngels, «Conversa amb Conxa Torrent i Murall», Via fora!!, núm. 51, volum VI (verano de 1996), pp. 54-60.

Màrius Serra, «La “gauche humaine”», La Vanguardia, 6 de septiembre de 2007.

Màrius Serra, «Hoy llega la gripe E», La Vanguardia, 12 de octubre de 2009.

Màrius Serra, «Els llibres són tímids si no tenen qui els prescrigui», Ara, 24 de abril de 2016.

Joan Josep Isern, «El dia que Tísner va nomenar el seu sucesor», Núvol, 29 de mayo de 2012.