El traductor y agente literario Olivér Brachfeld de su puño y letra

En más de una ocasión se ha analizado la quizá desproporcionada presencia de la literatura húngara en el mercado literario español, en la que tuvo sin duda influencia el hecho de que en 1999 Hungría fuera el país invitado en la Feria de Frankfurt, y que como consecuencia de ello sea creara un fondo para subvencionar la traducción de obras en húngaro a otras lenguas. Sin embargo, ya entonces la presencia de la literatura húngara tenía una historia bastante larga en la que ocupan lugares preferente el periodista, escritor y traductor Andréás (o Andrés) Révész Speier (1896-1970), el psicólogo, traductor y agente literario Ferenc Olivér Brachfeld (1908-1967) y la traductora y activista cultural Judit Xantus Szarvas (1952-2003), cuyo relevo ha tomado afortunadamente Adan Kovacsics, de ninguno de los cuales se conoce una cantidad de información proporcional a su importancia e influencia.

Ferenc Oliver Brachfeld.

Ferenc Oliver Brachfeld.

Sin embargo, del riquísimo epistolario de Ferenc Oliver Brachfeld, conservado en el Arxiu Nacional de Catalunya y quizá no suficientemente explotado por los investigadores, pueden extraerse muchos datos, en algunos casos de detalle, de cierta relevancia y, al parecer, muy poco conocidos. Es posible que en ciertos ámbitos se haya interpretado a veces que Carmen Balcells (1930-2015) fue la primera agente que operó en España, cosa que por lo menos en el sentido cronológico es errónea si se tiene en cuenta por ejemplo el caso del escritor rumano Vintilia Horia (1915-1992) y la creación de la agencia literaria A.C.E.R. (Argentina-Colombia-España-Rumanía), con la colaboración del editor de origen argentino Francisco Pérez González y el colombiano Rafael Gutiérrez Girardot (1928-2005). Otro ejemplo es el de Ferenc Olivér Brachfeld, de cuya agencia literaria dejó una colorista descripción Pere Carbonell i Fita (1916-2016) en Tres nadals empresonats, 1939-1943:

Fue ella [Maria Bages] quien dio nombre a la agencia literaria que creó el marido y en la que yo empecé a trabajar como secretario.[…] Los ayudaba en las labores del despacho y salía a la calle a visitar a los editores para ofrecerles los derechos de publicación de las obras de autores extranjeros que Brachfeld representaba. También me especialicé en sacarles dinero a quienes habían publicado obras de los representados o habían encargado traducciones. […] Los Brachfeld vivían, con el padre de Maria, en el piso de los Bages de toda la vida, en la calle Riera Alta. El comedor nos servía de despacho. A la hora de comer, para disponer la mesa, había que retirar previamente los papeles y los libros amontonados. En ese comedor polivalente me presentaron, el día de mi debut, a un buen amigo de la familia, el poeta y editor Josep Janés i Olivé.

José Janés.

Es imposible, por ejemplo, aquilatar el calado de la relación entre Olivér Brachfeld y el escritor Eugenio d’Ors (1881-1954) en la inmediata posguerra, sin recurrir al epistolario conservado de Brachfeld, que se inicia en 1941, cuando el primero le anuncia el envío de dos ejemplares de una reedición de Guillermo Tell a través del editor Josep Janés, que por entonces viajaba con frecuencia entre Barcelona y Madrid. No tardó Olivér Brachfeld en convertirse en agente de D’Ors para sus traducciones a otras lenguas.

Más interesante es sin embargo el diálogo mantenido en otoño de 1942 acerca de un proyecto del mencionado Janés de dedicar un número de la colección Las Quintaesencias a Eugenio d’Ors y encargar la selección de títulos y prólogo a Olivér Brachfeld, quien el 25 de octubre de 1942 ya tenía casi terminado el texto introductorio. Sin embargo, como es bien sabido, este número no llegó a incluirse en la colección de las Ediciones de la Gacela janesiana.

Por su parte, D’Ors elogia por carta tanto la traducción como el prólogo que Olivér Brachfeld hizo en 1942 de Viaje en torno a mi cráneo, del húngaro Frigyes Karinthy (1887-1938), para la Editorial Argos, pero lo interesante en este caso es obtener constancia de que Olivér Brachfeld actuaba de agente literario de la obra de Karinthy, pues dice en un pasaje de una carta fechada el 13 de octubre de 1942 que lo «celebraría en cuanto representante de la viuda del autor». Ya en 1941 Janés había publicado en su minúscula colección Grano de Arena el cuento de Karinthy «El marido escribe», y más tarde, en 1945, fue el propio Olivér Brachfeld quien le publicaría, en su efímera editorial Victoria, Viaje a Faremidó: El último viaje de Gulliver. En 1949 y 1955 José Janés Editor reimprimió Viaje en torno a mi cráneo, hasta que en 1961 este mismo título se recuperó en Plaza & Janés y en 2007 en Círculo de Lectores.

Espigando este mismo epistolario pueden identificarse algunos otros autores representados por la agencia que Brachfeld había organizado con su esposa (y traductora ocasional) Maria Bages González. Es el caso, por ejemplo, del durante un tiempo vendidísimo escritor húngaro Lajos Zilahy (1891-1974), quien hasta 1947 no se establecería en Estados Unidos pero ya desde los años treinta era ampliamente conocido en España gracias a novelas como Primavera mortal (Apolo, 1935) o las bastante reeditada comedia dramática en tres actos Aquella noche (Argentores, 1935). Más adelante, ya en los años cuarenta y cincuenta, José Janés convirtió a Zilahy en uno de los puntales de su catálogo y lo convirtió en un autor omnipresente en las librerías españolas.

Otro dato interesante o cuanto menos curioso de este rico epistolario es la preferencia que expresa Olivér Brachfeld hacia la editorial Destino a la hora de vender derechos de traducción, y sobre todo el motivo: A diferencia de lo que ocurre con otras editoriales, que sospecha que hacen sobretiradas y declaran haber impreso menos ejemplares de los que en realidad ponen en circulación, en el caso del impresor de Destino tiene modo de obtener información fiable acerca de las tiradas reales, cabe suponer que por medio de alguno de los empleados de la imprenta.

Ferenc Oliver Brachfeld.

Ferenc Oliver Brachfeld.

En una carta del 26 de junio al geógrafo francés Pierre Deffontaines (1894-1978), entre 1939 y 1964 director del Instituto Francés de Barcelona, menciona como otra de sus representadas a la escritora noruega Sigrid Undset (1889-1942), a quien Janés publicó La edad feliz (1942) en Ánfora; La pastora de porcelana (1942) en Grano de Arena; La orquídea blanca (1947) en Los Escritores de Ahora; y Kristina Lavrandsdatter (1959) en La Pléyade, además de un volumen en Los Clásicos del Siglo XX que incorpora Olav Andunssson. A la muerte de Janés la obra de Undset fue recuperada en los sesenta por Aguilar y ya desde finales del siglo XX por Ediciones Encuentro. Mayor precisión incluso aparece como de pasada en una carta dirigida a Eugenio d’Ors y fechada el 8 de julio de 1943, donde Olivér Brachfeld especifica que viene representando a Undset (que había obtenido el Premio Nobel de Literatura en 1928), desde 1935.

André Maurois.

André Maurois.

Otro de los grandes autores representados por el agente húngaro era el escritor francés André Maurois (Émile Herzog, 1885-1967), a quien la ocupación nazi de París convirtió en un autor proscrito y le complicó mucho las cosas, pues sus libros, obviamente, desaparecieron de las librerías francesas. Y, aun así, paradójicamente, Bernard Grasset (1881-1955) seguía vendiendo sus derechos sin que el escritor, por ley, se pudiera beneficiar lo más mínimo de ello; con la retranca añadida de que Maurois era uno de los socios minoritarios de Grasset. (El otro gran editor en Francia de Maurois, Gallimard, por lo menos creó una bolsa para poder pagarle cuando esto fuera posible.)

Sin embargo, el caso de los derechos de Maurois es un asunto ya tratado en este mismo blog. En cualquier caso, lo que es evidente es que el epistolario de Ferenc Olivér Brachfeld está aún pendiente de que alguien lo analice con detenimiento y saque a la luz los numerosísimos datos que contiene acerca de los pequeños detalles acerca de la historia editorial española en una época de la que no abundan las fuentes. Quizá constituya incluso la base para reconstruir el catálogo de autores representados por esta pionera agencia literaria barcelonesa.

Fuentes:

Fons Férenc Oliver Brachfeld del Arxiu Nacional de Catalunya.

Agnes Baló, Iniciativas privadas para la difusión del patrimonio húngaro en Catalunya, trabajo de fin de máster en Gestió del Patrimoni Cultural en l’Àmbit Local, Universitat de Girona, 2010-2011.

Ipoli Az, «Los libros que no fueron… o en busca del libro perdido (hasta el 14 de octubre). Los 9 libros fantasmales de la literatura húngara en español», Celdas de papel, 11 de junio de 2012.

Carbonell i Fita, Pere, Tres nadals empresonats, 1939-1943, Barcelona, Publicacions de l´Abadia de Montserrat (Biblioteca Serra d´Or 234), 1999.

Eva Cserháti, «De Kubala a Kertész. Más de cien años de traducción de la literatura húngara en España (1887-2007)», en Vasos comunicantes, núm. 41 (invierno 2008-2009), pp. 51-56.

Manuel Llanas y Ramon Pinyol, «L’activitat de Ferenc Oliver Brachfeld a Catalunya: algunes notícies», Actes del Catorzè Col·loqui Internacional de Llengua i Literatura Catalanes Budapest  2006, Barcelona, Publicacions de lAbadia de Montserrat, 2009, vol, I, pp. 295-307.

 

Sándor Márai como personaje literario (y el filón de la novela húngara)

“Siempre fui consciente de la superioridad literaria de Németh. Él era un artista, yo sólo un periodista”

Arthur Koestler

Sándor Márai (1900-1989).

El extraordinario escritor Sándor Márai (1900-1989) aparece como personaje en –por lo menos– dos muy buenas novelas húngaras de las que existe traducción al español.

La primera de estas novelas es Viaje en torno a mi cráneo, obra pionera en el empleo del monólogo interior y el fluir de la conciencia escrita en 1937 por el antaño famoso Frigyes Karinthy (1887-1938), notable narrador, dramaturgo y traductor que debe la posteridad en particular a su teoría de los seis grados de separación. De esta novela, Férenc Oliver Brachfeld publicó en 1941 una traducción en Argos, que posteriormente apareció en las colecciones El Manantial que no Cesa, de José Janés, en 1949 y Lauro de Plaza & Janés en 1961 y Galaxia Gutenberg recuperó en 2007 como número 48 de su Serie Narrativa.

Edición en la colección El Manantial que no Cesa,  José Janés, 1949.

Sin embargo, Sándor Márai –quien dijera que “sin cafés no hay literatura”– tiene mayor presencia en la espléndida novela Reservado para una tertulia, obra de un escritor húngaro pendiente aún de recuperar, pese a los diversos libros suyos que circulan en Europa, sobre todo en traducciones al francés: Andor (o Endre, o André) Németh (1891-1953).

Andor Németh (1891-1953).

Hubo una breve época (en los años cuarenta) en la que Németh tuvo una presencia notable en las librerías españolas, donde le acompañaban además un buen número de compatriotas (Lajos Zilahy, Jenö Heltai, Férenc Kormendi o los propios Márai y Karinthy), gracias sobre todo a la labor de Ferenc Oliver Brachfeld (1908-1967) como divulgador en España de la literatura húngara, pero fue en particular en su vertiente como biógrafo que Németh alcanzó reconocimiento.

Así, en 1941 aparecía en la editorial Tartessos su Metternich y su tiempo (en traducción firmada por Javier Carballo), y al año siguiente, sin  pie editorial, una traducción de Oliver Brachfeld de Napoleón (en una colección llamada Historia y salida de la Imprenta Atlántida), a la que seguiría María Teresa de Austria (en la editorial Apolo, de nuevo en traducción de Oliver Brachfeld, en 1952). Intercalada en esta sucesión de biografías había aparecido en agosto de 1948 la novela en clave Reservado para una tertulia como número 48 de la colección El Manantial que no Cesa de José Janés.

La vida de Németh es una de las muchas marcadas por los avatares de la historia política y militar europea. Nacido en una familia judía, fue una de las firmas de la prestigiosa revista Nyugat (que el narrador aparece leyendo en Reservado para una tertulia). A raíz de la primera guerra mundial conoció los campos de concentración franceses (Noirmourtier), y de su historia (la de los presos en Francia por el simple hecho de ser húngaros) ha quedado una intensa recreación literaria en Monasterio Negro,* de Aladár Kuncz (1885-1931), quien por cierto aparece episódicamente como personaje en Reservado para una tertulia.

Aladár Kuncz (1885-1931).

Tras la disolución del Imperio Austrohúngaro, Németh se estableció durante unos años en Viena (1919-1926), con una obra aún menor a sus espaldas (algunas piezas de teatro y textos de crítica literaria y poemas de influencia simbolista) pero ya como una de las figuras importantes de la literatura de vanguardia que se expresaba en las revistas literarias de entreguerras. Posteriormente pasó unos años de lo que suele llamarse “exilio interior” en Budapest (1927-1939), la etapa literariamente más brillante, en la que aparecen sus obras ensayísticas sobre La comuna de París en 1871 (1932), María Teresa de Austria (1938) o Metternich (1939) y traduce además a grandes narradores franceses (Victor Hugo, Dumas, Zola, Balzac, Malraux, Maurois), del mismo modo que en los años sucesivos traduciría a escritores como Stefan Zweig, Theodore Dreiser, Somerset Maugham, Sinclair Lewis, Ernst Hemingway…

Jean Vigneau Editeur, 1947 (traducción de Victor Hinz).

Con el ascenso del nazismo, Németh emprendió un exilio en Marsella, Cassis-sur-mer y Montauban (1939-1947), y con el tiempo Francia se convertiría, hasta el día de hoy, en el puente de las traducciones de su obra a otras lenguas. Allí publica uno de sus libros más famosos, Kafka ou le mystère juif (1947), pero el mismo año de su publicación regresa a Budapest, donde vive otra breve etapa con el viento en las velas, hasta que la presión comunista lo lleva a desaparecer de la vida pública. Fallece el 13 de noviembre de 1953, dejando una obra muy diversa en cuanto a géneros, con curiosidades como una obra escrita a cuatro manos con Arthur Koestler (aparecida póstumamente en francés en 1996 como Au chat qui louche en Calmann-Lévy) y una notable cantidad de manuscritos que todavía no han visto la luz ni siquiera en húngaro y que se conservan en el Museo de la Literatura Húngara (Petófi Iroldami Múzeum) de Budapest.

Tras años inédita, la novela policíaca de Koestler-Németh, la publicó Calmann-Lévy en 1996.

Reservado para una tertulia, aparecida inicialmente por entregas entre 1938 y 1939 en el periódico Az Ujság y luego en volumen en 1942, es una novela en clave cuyo escenario principal es el café Beleznai, y entre los tertulianos, además del propio Németh, figuran el mencionado Karinthy (que de hecho es sobre quien pivota la tertulia), el filósofo y crítico literario Georg Lukács y Sándor Márai en su momento de mayor fama, que aparece con el nombre de Mihályfi-Messer y que resulta además muy bien retratado en sus intervenciones por sus propias y no muy alentadoras palabras acerca del momento literario:

La era de las experimentaciones, de las extravagancias ha pasado; superada la época de las formas de vida individuales, nos acercamos a pasos agigantados hacia la sociedad íntegra de los ideales de vida colectivos, unitarios. El intelectual que está obligado a darse cuenta hasta de cómo crece la hierba, hace bien en acomodarse oportunamente a esa formidable metamorfosis. Hoy día, todo representante del espíritu debe ser serio, consciente de su deber y hasta pedante como un maître d´hôtel.[…] La humanidad ya está harta de libertades; amanece la era de las dictaduras, que tampoco será más que una transición hacia la segunda Edad Media del género humano.

Y, realmente, el retrato colectivo de la tertulia del Beleznai que hace Németh es tanto un acercamiento de la psicología de cada uno de los personajes (en ocasiones sorprendente, y en el caso de la del propio Németh quizá incluso un poco cruel), como sobre todo y más interesante, constituye una foto fija de un ambiente intelectual en un momento en que la clase a la que pertenecía el grueso de los escritores, la burguesía, como salvaguarda de la gran tradición literaria, se veía amenazada tanto por el auge del totalitarismo nazifascista como por el empuje de los movimientos políticos de raíz marxista.

Placa dedicada a Németh en la estación ferroviaria de Celldömöllki.

Interés añadido de la novela lo constituye el capítulo titulado “Intermedio”, ocupado por una breve pieza en la que el narrador hace una transposición en forma de parábola mediante personajes más o menos mitológicos, de lo que acontece en el Beleznai, en lo que supone una estructura de cajas chinas que pone en cuestión la capacidad de la literatura para recrear fielmente la vida (como suele atribuirse a la probablemente mal llamada “novela burguesa”), y la consecuencia de ello es que el lector se encuentra con un relato dentro de un relato que, a su vez, es una transposición de personajes y acontecimientos reales.

Resulta un poco asombroso que una cultura relativamente minoritaria como la húngara haya dado al mundo una pléyade tan extensa, diversa y heterogénea de excelentes escritores de esos que a veces los pequeños editores en lengua española logran convertir en masivos por puras y simples razones interés humano y calidad literaria de sus obras. Valgan como ejemplos Sándor Petöfi, Károly Pap, Lajos Zilahy, Aladár Kuncz, Sándor Márai, Magda Szabó, Gyula Illyés, Péter Esterházy, Péter Nádas o el premio Nobel Imre Kertész. Es evidente que con un público potencial tan limitado como los 13 millones de hablantes de magiar (aproximadamente el mismo que de griego, kurdo o  serbio), la vitalidad de la literatura húngara se sustenta precisamente, por lo menos en parte, en la militancia cultural de esos hablantes y en particular de una burguesía dispuesta a mantener vivo el mercado y la industria editorial necesaria, así como en la capacidad de esa industria para interesar lo suficiente a los editores de otras culturas en las obras de estos autores como para que inviertan en traducirlos y publicarlos.

Lo intrigante es saber qué nos depara esa ingente cantidad de manuscritos de autores húngaros que, debido a la trompicada vida política de su país, aún permanecen inéditos… ¿Alguien duda que quedan joyas por descubrir?

*De Monasterio Negro hay una traducción al español de Andrés Revesz y otra con traducción y notas de Eva Cserháti y Antonio Manuel Fuentes Gaviño e introducción de Ricardo Menéndez Salmon, publicada en Oviedo por KRK en 2012.

Andor Németh, Reservado para una tertulia, traducción y nota previa de Férenc Oliver Brachfeld, Barcelona, José Janés Editor (El Manantial que no Cesa 90), 1948.

Fuentes:

Javier Aparicio Maydeu, “De letras húngaras”, Libros. El Periódico de Catalunya, 3 de diciembre de 1999, p. 6, recogido en Lecturas de ficción contemporánea. De Kafka a Ishiguro, Madrid, Cátedra, 2008, pp. 525-526.

Eszter Oszbán, “Sin cafés no hay literatura“, Literatura Húngara on line.

Niño Vampiro, “Viaje en torno a mi cráneo, de Frigyes Karinthy“, en El Niño Vampiro Lee, 1 de junio de 2012,