Páginas Libres y la edición anarquista en Tolosa

Como es bien sabido, en la inmediata postguerra española Tolosa se convirtió en ciudad de acogida de numerosos anarquistas españoles y, según escribió Emma Torrent:

La labor de escritores y editorialistas fue muy importante en el Toulouse de los años posteriores a la Guerra Civil española. La actividad de los escritores conllevaba el trabajo de las editoriales. Escritores y editoriales formaban un perfecto tándem de proyectos e intereses. En cuanto a los escritores, cabe diferenciar los que ya eran conocidos en el ámbito del exilio republicano español en Francia como Federica Montseny [1905-1994] o Federico Urales [1864-1942], de los que se dan a conocer en el exilio, como Juan Mateu [1929-2009].

Un período particularmente fructífero en este sentido es el comprendido entre el momento de la liberación de Tolosa de manos de los nazis alemanes (producida el 20 de agosto de 1944) y el inicio de la década de 1950, pues en esos años aparecen en la ciudad, además de las estrictamente políticas, las publicaciones culturales periódicas España popular (1944-1945),  El Patriota del Sud-Oeste (1944-1945), Tiempos Nuevos (1944-1946),  Armas y Letras (1945-1948), Impulso (1945),  Nuestra Bandera (1945), Universo (1946-1948), La Novela Española (1947), M. U. R. (1946-1947), L’Espagne Républicaine (1948) y Letras españolas (1948), además del boletín bibliográfico de la Librairie des Éditions Espagnoles, de Antonio Soriano (1913-2005), Lee.

Esta prolífica actividad cultural del núcleo anarquista tolosano, que se expresó también mediante la creación de salas de arte como la Galería Antonio Alos, grupos teatrales como Iberia o más adelante Amigos del Teatro Español,  y en muy diversas asociaciones, cristalizó en algunas empresas editoriales que publicaron también libros y folletos, como fue el caso de Ediciones Ideas, Ediciones Tierra y Libertad, Editorial Cultura Obrera o las Páginas Libres de Fernando Pintado, que tenían su sede en la calle Conservatoire, número 6, y cuyo nombre tal vez aluda a la obra del mismo título que le valió al prosista peruano Manuel González Prada (1844-1918) ser excomulgado por la Iglesia católica.

Pese a los numerosos datos que se desconocen acerca de la biografía de Fernando Pintado (entre ellos las fechas de su nacimiento [¿1888?] y muerte), en el momento en que puso en marcha Páginas Libres contaba ya con una amplia experiencia en el mundo editorial que se remontaba, por lo menos a 1913.

Fernando Pintado.

A finales de ese año había puesto en pie en Barcelona, junto con Ángel Samblancat (1885-1963), el semanario y luego diario Los Miserables (1913-1915) subtitulado sucesivamente «Eco de los que sufren hambre y sed de justicia», «Diario de extrema izquierda», «Diario republicano de extrema izquierda» y «Periódico republicano independiente», en cuyo comité de redacción figuraron Mateo Santos (¿1891/1892?-¿1964?), Plató Peig (1884-1927), Gorkiano (Joan Salvat-Papasseit, 1894-1924), Lluís Capdevila (1893-1980) y Amichatis (Josep Amich i Bert, 1888-1965), entre otros, y tuvo colaboradores del calibre de Pablo Iglesias (1850-1925), Marcel·lí Domingo (1884-1939), José Nakens (1841-1926), Vicente Blasco Ibáñez (1867-1928) o Miguel de Unamuno (1864-1936).  En una novela escrita en el exilio (Perico en Las Ramblas) recordaría el propio Pintado acerca de Los Miserables:

Sin maquinaria propia, sin talleres adecuados y con escasos medios económicos, a fuerza de ingenio y de sacrificios de toda naturaleza lograba su director poner en circulación tres o cuatro mil ejemplares cada semana, cuyos lectores eran, al parecer, sobre todo obreros y estudiantes universitarios.

La redacción de Solidaridad Obrera en 1923. El segundo por la derecha es Pintado.

Ya este primer proyecto convirtió a Pintado en un habitual de las cárceles españolas, condenado por delitos de injurias al rey, delitos de lesa patria, atentados contra la opinión o delitos de prensa, pero no se arrugó. Inició la década de 1920 figurando como gerente del periódico La Tarde (1921) y posteriormente dirigió la revista madrileña Carteles y el Diario de la Nueva España, antes de crear la empresa Prensa Roja, uno de los conglomerados editoriales más importantes de su tiempo. En la colección de Prensa Roja Siluetas (1923-1924), inspirada en las Vidas de hombres ilustres de Romain Rolland, publicaron Samblancat, Felipe Aláiz (1887-1959) y unos jóvenes Arturo Perucho (1902-1956) y César González-Ruano (1903-1965), mientras que en la cincuentena de títulos de la colección de narrativa breve La Novela Roja ─no confundir con la de 1931 de Ceferino Avecilla─, que se estrenó con La inquisición de Sevilla, de Blasco Ibáñez, aparecieron los nombres de Federica Montseny, Federico Urales, César Falcón (1892-1970), Valentín de Pedro (1896-1966), Francesc Pi i Margall (1824-1901), Ángel Marsá (1900-1988), El Noi del Sucre (Salvador Seguí, 1886-1923), Ángel Pestaña (1886-1937), etc., junto a algunas traducciones de Máximo Gorki, Andreiev o Tolstoi, y a estas colecciones hay que añadir aún en el seno de Prensa Roja la muy extensa y divulgada Biblioteca para Obreros.

De nuevo en Barcelona, antes de la guerra civil dirigiría Pintado las Ediciones de La Rambla y los dos únicos números aparecidos de la revista anunciada como quincenal Reportajes ( en realidad, de enero y diciembre de 1935).

Concluida la guerra, Pintado pasó un tiempo indeterminado en un campo de concentración francés, antes de poder crear en Tolosa Páginas Libres, en muchos de cuyos títulos no aparece consignada la fecha de aparición, cosa que dificulta la reconstrucción de un catálogo en el que alternaban las grandes figuras del pensamiento político internacional (caso de Kropotkin) con algunos autores importantes del anarquismo español.

Tal vez sea de 1945, por ejemplo, la traducción de Los espectros de Leonid Andreiev (1871-1919), y es muy probable que también se cuenten entre las primeras publicaciones Rosarito, de Valle-Inclán, y La cardenala, reflejos de la vida crapulosa de los cardenales de la Iglesia romana, de un incógnito Tito Fóscolo, que en apariencia debían iniciar, respectivamente, las colecciones Novelas Célebres, Novelas Españolas y Novela. De Felipe Aláiz se publican en Páginas Libres Azaña: combatiente en la paz, pacifista en la guerra, Indalecio Prieto, padrino de Negrin y campeón anticomunista y La zarpa de Stalin en Europa, probablemente de mediada la década de los cuarenta los tres títulos (¿1947-1948?). Parece de las mismas fechas, aproximadamente, Historia de un crimen, ni Franco ni monarquía, de Restituto Mogrovejo (1891-1949) y suele aceptarse como fecha de impresión 1947 en el caso de la obra del propio Pintado Zarpazos, prologada por Salvador Cánovas Cervantes (conocido por sus detractores como Nini, porque «ni Cánovas ni Cervantes»), que recoge artículos previamente publicados en la revista CNT (de la que era Pintado era además administrador), entre 1946 y 1947. Del mismo modo que suele fecharse en 1948 su ya mencionada novela breve acerca del entramado de corrupción política de principios de siglo Perico en las Ramblas, que se publicó precedida de un prólogo de Samblancat.

También suelen fecharse en 1948 De Franco a Negrín pasando por el Partido Comunista: historia de la revolución española, de  Cánovas Cervantes, que al año siguiente partiría con destino a Venezuela, donde murió en 1949, así como A caballo del Ande, crónica del universo occidental, de Samblancat, y Cuatro cartas a [Eusebio] Carbó [1883-1958], de José García Pradas (1910-1988). Es muy probable que, también de Cánovas Cervantes, Durruti y Acaso. La CNT y la Revolución de julio sea un poco anterior.

Es sumamente difícil fechar algunos otros títulos, como Anselmo Lorenzo, el hombre y la obra, de Federica Montseny, del que en 1962 se publicaría en Espoir la traducción al francés, así como el clásico del anticlericalismo La religión al alcance de todos, del acaudalado ateo excomulgado Rogelio H[erques] Ibarreta (1843-1888), del que aparecieron por lo menos cuatro volúmenes: La religión al alcance de todos, La Biblia y la Iglesia, La Iglesia de Roma y Dios y el alma.

Como es fácil suponer, se trataba de publicaciones formalmente muy modestas, de aproximadamente 20 x 30 cm, que solían rondar las cuarenta páginas y encuadernadas de un modo más bien tosco: con cartulina o papel ligeramente satinado y con  los pliegos unidos mediante una grapa. Su precio oscilaba de los veinte a los, más excepcionalmente, los cincuenta. Sin embargo, sobre todo tras el fin de la segunda guerra mundial, es posible aventurar que estos libros cumplirían una interesante función social (¿política?) de aglutinadores y cohesionadores del núcleo de anarquistas exiliados, mientras aguardaban y confiaban en que, mediante la solidaridad internacional, se acabara de una vez por todas (del mismo modo que se había hecho con la italiana y con la alemana), con la dictadura española establecida en 1939 en la Península como consecuencia del resultado de la guerra civil.

Fuentes:

Pueden consultarse ejemplares de Páginas Libres en la Fundación de Estudios Libertarios Anselmo Lorenzo.

Alicia Alted Vigil y Manuel Aznar Soler, ed., Literatura y cultura del exilio español en Francia, Salamanca- Bellaterra, Aemic-Gexel (Serpa Pinto 2), 1998.

Manuel Aznar Soler y José-Ramón López García, Diccionario biobibliográfico de los escritores, editoriales y revistas del exilio republicano de 1939, 4 vols., Sevilla, Renacimiento (Biblioteca del Exilio), 2016.

José Antonio Ríos Carratarlá, Hojas volanderas. Periodistas y escritores en tiempos de la República, Sevilla, Renacimiento, 2014.

Gonzalo Santonja, La novela revolucionaria de quiosco, 1905-1939, Madrid, La Productora de Ediciones-El Museo Universal, 1993.

Emma Torrent, «Publicaciones y labor teatral del exilio anarquista de 1939 en Toulouse», en Manuel Aznar Soler, ed., Escritores, editoriales y revistas del exilio republicano de 1939, Sevilla, Gexel-Renacimiento (Biblioteca del Exilio. Anejos IX), 2006, pp. 1.129-1.135.

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Cecilia G. de Guilarte: De reportera de la CNT a autora de novela rosa (y editora frustrada)

Cecilia G. de Guilarte.

La trayectoria biográfica de la polifacética Cecilia G[arcía]. de Guilarte (1915-1989) resulta bastante singular ya por su misma precocidad (tanto literaria como en cuanto a la militancia en las Juventudes Libertarias). Publicó en Barcelona un primer reportaje inspirado en el viaje transoceánico del Plus Ultra con tan solo once años, a los diecisiete vio en las páginas del periódico de la CNT tinerfeña En Marcha una serie de artículos sobre «La lucha de clases en Italia», hasta que finalmente abandonó su empleo en la Papelera Española de Tolosa, donde trabajaba también su padre, para marchar a Madrid. Allí empezó a trabajar en el periódico Ahora y en la prestigiosa  «Revista Gráfica y Literaria de la Actualidad Española y Mundial» Estampa, que contó entre sus colaboradores con nombres tan notables como los de los artistas gráficos Rafael de Penagos, Salvador Bartolozzi y K-Hito (Ricardo García López), los fotógrafos Antonio Calbache, Campúa (José Demaría Vázquez) y Agustí Centelles y los escritores Josefina Carabías, Andrés Caranque de Ríos, Matilde Muñoz o Eduardo de Ontañón.

Paralelamente, inicia una carrera como narradora sirviéndose de esquemas o modelos cercanos a los de la novela sentimental y folletinesca, con un lenguaje directo y claro creando unos argumentos breves, sencillos, mediante los cuales comunicar aspectos del pensamiento anarquista. Estos rasgos encajan perfectamente (quizás incluso los condicionaran) con los de la colección que desde 1925 estaban llevando adelante Federico Urales (Juan Montseny, 1864-1942), Soledad Gustavo (Teresa Mañé, 1865-1939) y Federica Montseny Mañé (1905-1994): La Novela Ideal, entre cuyas peculiaridades no menores respecto de otras colecciones anarquistas de la época estaba el retribuir tanto los textos como las ilustraciones de cubierta. Como resultado de esta ¿coincidencia?, no es raro que en enero de 1935 la novela Locos o vencidos, apareciera, como número 389, en esta colección, y firmado como Cecilia García. Y a esta seguiría en febrero del año siguiente, en las mismas condiciones, Mujeres (número 497) y, como número 13 de la colección La Novela Vasca, por esas mismas fechas aparecen los dos relatos «Rosa del rosal cortada» y «Los claros ojos de Ignacio», donde el componente ideológico y de crítica social es menos acusado, lo cual podría explicar el cambio de colección, pues en 1935 en La Novela Vasca habían aparecido como primeros números el relato semiautobiográfico del polifacético medico Victoriano Juaristi Sagarzazu (1880-1949) Caminos de Navarra, el relato de Antonio Arabolaza El boticario de Ibarrola, así como Ana Mari, de Bernabé Orogorzi, dirigente de Euzko Abertzale Ekintza (Acción Nacionalista Vasca) que poco después pasaría a dirigir el periódico Ereintza.

Germán Bleiberg.

Sin embargo, el gran salto a la fama de Cecilia G. de Guilarte se produce durante la guerra civil española, que la sorprende en Guipúzcoa y se incorpora al grupo anarquista Los Temerarios, al tiempo que empieza a forjarse fama como una de sus más destacadas corresponsales de la contienda a través de las páginas del donostiarra Frente Popular y de El Liberal. Caída Guipúzcoa, viaja a Vizcaya, donde escribe para CNT Norte (órgano oficial del comité regional del Norte), donde coincide por ejemplo con Germán Bleiberg (1915-1990), hasta que esta cabecera es temporalmente clausurada como consecuencia de sus tensiones con el Gobierno Vasco, y Cecilia empieza a escribir para La lucha de clases. En palabras de Karolina Almagia, (sospechosamente parecidas a las de la contracubierta  de Cecilia G. de Guilarte, reporter de la CNT):

Cecilia fue una mujer que no huyó del peligro y permaneció en medio de la batalla de Irun, en las calles de Bilbo durante los trágicos sucesos del 4 de enero de 1937 (cuando, tras un bombardeo que causó varios muertos, la muchedumbre penetró en las cárceles de la ciudad y causó una matanza entre los presos franquistas), en las posiciones del batallón Isaac Puente en Cimadevilla o en la ofensiva del general Mola.

Guilarte, en el centro de la imagen, al fondo, en una trinchera.

Al término de la guerra, la audaz corresponsal pudo pasar a Francia, donde colaboró en el periódico republicano de Bayona Le Sud-Ouest, hasta que finalmente pudo embarcarse con destino a México. Un puesto de redactora-jefe en la revista femenina El Hogar fue una de sus primeras ocupaciones en la capital mexicana (entre 1941 y 1949), pero en aquellos primeros años se dedicó también a la escritura de breves novelas rosas que le publicó en 1942 la editorial Delly, Camino del corazón, El milagro de la vida y Orgullo de casta, y que ella misma definió retrospectivamente como «Novelas para cambiarlas por pan, sentimentalonas y rosas». Declaró acerca de aquel trabajo:

Escribí tres novelas para ellos… Fíjate que les llevé una y me dijeron: «hay que quitarle cien páginas». Yo cogí cien páginas de cualquier sitio y las quité. Es que era una manera de ganar dinero, pero yo no tenía ilusión de dedicarme a la novela rosa…

En su libro Voces del exilio. Mujeres españolas en México, 1939-1950, Pilar Domínguez Prats rescata unas declaraciones acerca de esos primeros años de exilio en las que Guilarte revela la existencia de un proyecto de crear en la inmediata posguerra unan editorial en México en colaboración con quien en 1936 fuera secretario de la Agrupación de Periodistas de Madrid y uno de los pioneros de la radio en Unión Radio, Rafael Torres Endrina (1897-1945), asociados con quien fuera abogado fiscal del Tribunal Supermo y, durante la guerra, del Tribunal Popular de Murcia, José Gomis Soler (1900-1971), que era además un reputado arabista y había colaborado con diversas publicaciones periódicas ya en tiempos de la Segunda República (el semanario Tiempo, Crónica Ilustrada, Humanismo, Clarín, El Telegrama del Rif, El Sol…) y que en 1952 publicaría en la colección Ideas, Letras y Vida, de la Compañía General de Ediciones, una novela reportaje situada en la guerra civil, Cruces sin Cristo.

Del mismo modo que José Bergamín obtuvo financiación del Servicio de Evacuación de Refugiados Españoles (SERE) para poder poner en marcha su selecta editorial Séneca, que no hay duda de que con sus ediciones contribuyó a la dignificación de la cultura republicana española, según contaba Cecilia G. de Guilarte la intención de esta empresa editorial que ella lideraba era obtener una ayuda de 15.000 pesos de la Junta de Auxilio a los Republicanos Españoles (JARE) para dedicarse a:

La edición de una serie de publicaciones semanales (novelas cortas, teatro, episodios históricos, biografías) de precio barato y fácil divulgación y venta… Además, emplearíamos a muchos escritores y periodistas exiliados, a quienes sería posible ayudar encargándoles originales, traducciones…

Guilarte en México.

La idea parece bien orientada, y además coherente con la necesidad de proporcionar fuentes de ingreso a los refugiados republicanos, pero, por falta de financiación, no pudo hacerse realidad. Cecilia de Guilarte prosiguió su carrera como escritora todo terreno, con colaboraciones en radio, como editorialista y creadora del suplemento de cultura de la cadena de periódicos Healy de Sonora, como jefa del Departamento de Extensión Universitaria y directora de la revista Universidad de Sonora, dejando su amplia obra periodística en cabeceras del exilio vasco (Guernika, Euzko-Gogoa, el Boletín del Instituto Americano de Estudios Vascos, Euzko-Deya), así como una obra literaria no condicionada por la necesidad económica, en la que alternan la novela ─Nació en España (Míjares, 1944)─, el teatro ─La trampa (Costa-Amic, 1958)─, el ensayo biográfico ─Sor Juana Inés de la Cruz. Claro en la Selva (Ekin, 1958) y El Padre Hidalgo, libertador (Universidad de Sonora, 1958)─, antes de su regreso definitivo a su Tolosa natal en 1964, con el que se iniciaría una nueva etapa en la que las colaboraciones periodísticas se conjugarían con el éxito literario (Premio Ancla de Oro ese mismo año, mención de honor en el Premio Gabriel Miró del Ayuntamiento de Alicante en 1969, Premio Águilas por Cualquiera que os dé muerte en 1969…) y con la publicación de inéditos que ha proseguido hasta bien entrado el siglo XXI (Los nudos del quipu, por ejemplo, se publicó por primera vez en la Biblioteca del Exilio en 2015).

Se hace difícil pensar, ante una trayectoria semejante, que si se lo hubiera propuesto Cecilia G. de Guilarte no hubiera podido sacar adelante una colección como la que había proyectado y que probablemente hubiera constituido una ayuda para los intelectuales españoles.

Carnet de periodista expedido por Euzko Deya a nombre de Cecilia G. de Guilarte.

Fuentes:

Karolina Almagia, «Cecilia G. de Guilarte, anarquista y corresponsal de guerra», Gara, 30 de marzo de 2008.

Anónimo, «Cecilia G. de Guilarte. Profesora universitaria y reportera anarcosindicalista», CNT Puerto Real (Cádiz), s/f.

Manuel Aznar Soler, «Cecilia G. de Guiliarte», en Manuel Aznar Soler y José Ramón López García, eds., Diccionario biobibliográfico de los escritores, editoriales y revistas del exilio republicano de 1939, Sevilla, Biblioteca del Exilio, 2016, vol. 3, pp. 7-10.

Blanca Gimeno Escudero El discurso femenino en la obra literaria de Cecilia G. Guilarte, tesis doctoral presentada en la Universidad de Valladolid, 2013.

Cary Parker (dirección y edición) y Mónica Jato (guión y producción), Un barco cargado de… memoria, Independent, 2012. Film.

Mónica Jato, Holly Pike y Ana María Izaskun Ruiz García, Un barco cargado de… (blog).

Julen Lezamiz y Ana Urrutia, «Cecilia G. de Guilarte: de corresponsal en la guerra civil a escritora en el exilio», Revista Internacional de Ciencias Humanas 4 (1025), pp. 137-141.

Pilar Rodríguez Prats, Voces del exilio. Mujeres españolas en México, 1939-1950, Madrid, Universidad Complutense, 1994.

Guillermo Tabernilla y Julen Lezamiz, Cecilia G. de Guilarte, reporter de la CNT. Sus crónicas de guerra, Bilbao, Asociación Sancho de Beurko (Monografías de la guerra civil en Euzkadi 5), 2007.