La editora catalano-mexicana Neus Espresate Xirau y su generación

Neus Espresate Xirau, nacida en Canfranc (Huesca) el 5 de enero de 1934 y fallecida en la Ciudad de México el 21 de febrero de 2017, perteneció a una generación de intelectuales nacidos en España, trasladados a América siendo aún niños y que tuvieron una formación bastante peculiar.

tomasespresate

Tomàs Espresate.

En los años treinta, su padre, Tomàs Espresate Pons (1904-1994) había sido un destacado líder socialista en la provincia de Huesca y al estallar la guerra civil española se trasladó a Barcelona, donde quedaron sus hijos cuando, al caer Barcelona en manos franquistas, Tomàs cruzó la frontera y se trasladó inicialmente a París, donde trabajó en el SERE (Servicio de Evacuación de Refugiados Españoles). En el verano de 1940, con las tropas franquistas a un paso de la capital francesa, Tomàs Espresate se trasladó a Marsella, desde donde intentó salir hacia México con su esposa, cosa que no logró hasta la primavera de 1942, y desembarcó del Nyassa el 22 de mayo de ese año. Antes de que pudieran reunirse con él sus hijos, Jordi, Francesc (Quico) y Neus, que llegó con doce años, había creado una empresa de comercio textil y, en colaboración con el zaragozano Enrique Naval (1901-1958) –quien en Argentina había puesto en pie con Epifanio Madrid la editorial Bajel, que entre otras cosas publicó De un momento a otro, de Alberti–, crearon la empresa Crédito Editorial y posteriormente la Librería Madero, a la que años más tarde añadirían una pequeña imprenta en la que reside el origen de las Ediciones Era.

Tras unos años de escolarización en centros educativos franquistas, Neus Espresate forma su personalidad en México inicialmente en el ámbito de los centros creados por exiliado españoles desde 1939 con el propósito de que los hijos de los republicanos españoles pudieran seguir su educación hasta el momento de regresar a su país de origen, cosa que se suponía que podrían hacer en cuanto las fuerzas aliadas acabaran con las dictaduras fascistas en Europa. En consecuencia, la formación de estos niños, aun siendo hispanomexicana, daba mucha importancia a la geografía, la historia, la literatura y en general la cultura españolas, lo que posteriormente los singularizó entre sus compañeros universitarios.

En la Imprenta Madero confluyen en los años cincuenta los hermanos Jordi y Francesc Espresate (1932-2013) con Vicente Rojo (Barcelona, 1932) y José Hernández Azorín. Se trata de un núcleo de jóvenes nacidos en España, próximos al socialismo y comprometidos con el antifranquismo, que en 1960 pondrían en pie las Ediciones Era, en compañía además de otros hijos de exiliados republicanos como Nuria Galipienzo, Pili Alonso, Adolfo (Fito) Sánchez Rebolledo o el abogado Carlos Fernández del Real.

Jomi García Ascot

Jomi García Ascot

Por aquel entonces habían podido seguir muy de cerca las primeras iniciativas editoriales de sus compañeros generacionales, como las revistas promovidas por universitarios que habían abandonado España de niños tales como Clavileño (1948), de Luis Rius, Arturo Souto Alabarce, Inocencio Burgos, etc.; Presencia (1948-1950), editada por Enrique Echeverría, Jomí García Ascot y Roberto Riuz; Hoja (1948), en cuyas Ediciones de la revista aparecieron los primeros libros de Tomás Segovia (1927-2011) y Enrique de Rivas (n. 1931) o Segrel (1951), que publicó también el libro Canciones de vela (1951), de Luis Rius (1930-1984). No es extraño, pues, que ya en los primeros años de su andadura Ediciones Era contribuyera a dar a conocer la poesía de Jomi García Ascot (Un otoño en el aire,1964), Luis Rius (Canciones de amor y sombra,1965) y Tomás Segovia (Historias y poemas, 1968) y un poco más adelante tuviera también el acierto de publicar la importante Historia documental del cine mexicano (1978), de Emilio García Riera.

Eran los años también en que sus compañeros hispanomexicanos estaban empezando a forjarse un nombre en el mundo editorial, con Joaquín Díez Canedo (1917-1999) a la cabeza con su independiente Editorial Joaquín Mortiz, creada en 1962, pero también, sobre todo en la órbita del FCE, Tomás Segovia (1927-2011) como excelente traductor literario, Juan Almela Castell (1934-2014), conocido como poeta Gerardo Deniz, que hizo labores de edición y corrección, o José de la Colina (n.1934), que hizo también trabajos de corrección y traducciones para González Porto, el Fondo y Era, Francisco González Aramburu, también corrector y traductor… Sin embargo, más importante aún como aglutinadora de estos intelectuales hispanomexicanos fue la iniciativa del Movimiento Español 1959 (ME/59), que había reunido poco antes de la fundación de la editorial a Vicente Rojo, Luis Rius, García Ascot, Xavier de Oteyza, Jordi Espresate, José de la Colina, Manuel Duran, Martí Soler, José Pascual Buxó y Elena Aub entre otros muchos, y entre cuyos propósitos estuvo el de publicar libros con la intención de distribuirlos en España.

Max Aub, J. Díez-Canedo, Alí Chumacero, Agustín Yáñez y Ricardo Martínez.

Max Aub, J. Díez-Canedo, Alí Chumacero, Agustín Yáñez y Ricardo Martínez.

Ediciones Era nace como una editorial de izquierdas firmemente arraigada a México, a su realidad social y política, con la que se compromete desde el primer momento, y lo hace abriéndose a la obra de los nuevos creadores en lengua española en un sentido muy amplio y a aquellos ensayos del ámbito de las ciencias humanas que, más por reticencias ideológicas que por cuestiones de rigor o de calidad, muy difícilmente podían encontrar su espacio en las grandes editoriales del momento. Aun así, los temas españoles y en particular los derivados de la guerra civil tienen una presencia mayor que en cualquier otra editorial de su tiempo (con la salvedad de Ruedo Ibérico).

neusespresate

Neus Espresate.

Ya las circunstancias que rodearon la aparición del primer libro de Ediciones Era, con la que estrenaba la colección Ancho Mundo, es significativo e ilustrativo tanto del momento histórico como del perfil ideológico de la editorial y de su firme apuesta por un tipo de literatura estrechamente vinculada con el reportaje periodístico: La batalla de Cuba. Fisonomía de Cuba, un volumen en cuya primera parte lo constituye un amplio ensayo a modo de reportaje del historiador Fernando Benítez (1912-2000) y la segunda es una breve semblanza de la Cuba prerrevolucionaria escrita por el catedrático Enrique González Pedrero (n. 1930), quien ya había abordado el mismo tema en La revolución cubana (UNAM, 1959) y quien entre 1955 y 1957 había adquirido experiencia como secretario de redacción de la revista del Fondo Económico de Cultura El Trimestre Económico, fundada en 1934 por Daniel Cosío Villegas y Eduardo Villaseñor y por aquel entonces dirigida por Víctor L. Urquidi y Javier Márquez. En cuanto al aspecto de La batalla de Cuba, Vicente Rojo se ocupó tanto del diseño como de la reproducción de las numerosas imágenes fotográficas a color como del mapa a color que incluye y de diversas tablas.

Max Aub, Juan Goytisolo y Vicente Rojo.

Max Aub, Juan Goytisolo y Vicente Rojo.

En una intensa entrevista de Guillermo Sánchez Cervantes, publicada en Gatopardo, Neus Espresate ponía de manifiesto la importancia que tuvieron las colaboraciones en los pasos iniciales de Era, y en particular la ayuda recibida de Benítez y del editor de origen argentino Arnaldo Orfila. El vínculo con Benítez procedía del hecho de que, a la muerte del diseñador gráfico también exiliado Miguel Prieto (1907-1956), Rojo fue al hombre a quien recurrió Benítez para que le sustituyera como dirección gráfica de los prestigiosos suplementos México en la Cultura y luego La Cultura en México, que tenían como colaboradores más o menos asiduos a muchos otros hispanomexicanos (Tomás Segovia, Gerardo Deniz, García Riera, Núria Parés, Manuel Duran, Ramon Xirau, Francisca Perujo, Agustí Bartra…), así como a autores que no tardarían en estrenarse en Era: Mosiváis, Monterroso, José Revueltas, Poniatowska, José Emilio Pacheco…

La mención de algunos títulos es indicativa de las intenciones y los caminos que pretendía transitar el equipo fundador de Ediciones Era. También de 1960 es por ejemplo la traducción de Francisco Álvarez Iraola de Sudáfrica: la tragedia del apartheid, de Norman Phillips, asimismo con ilustraciones fotográficas, y de esos primeros años 3b4ae-sierradeteruel1945algunos títulos permiten aquilatar el equilibrio que en ERA va construyéndose entre el compromiso político –en el que marca un hito la creación de la revista Cuadernos Políticos (1974-1990), donde se darán a conocer los grandes politólogos y ensayistas latinoamericanos de izquierda– y la nueva literatura de alta exigencia estética: el libro que recopilaba las entrevistas llevadas a cabo por Elena Poniatowska que ningún periódico se atrevía a publicar, Palabras cruzadas (1961);  México. Pintura Activa (1961), de Luis Cardozo y Aragón, en la espléndida colección Imágenes; España heroica. Diez bocetos de la guerra española (1961), del general republicano Vicente Rojo, padre del diseñador de la casa; Franco, Hitler y los Estados Unidos (1962), de E. N. Dzelepy; Aura (1962), de Carlos Fuentes; Breve historia de Coyoacán (1962), de Salvador Novo; El único camino (1962), de Dolores Ibárruri; El cine mexicano (1963), del Emilio García Riera (Ibiza, 1931-México D.F., 2002); Cuentos del Sur y Diario de México (1963), del chileno Manuel Rojas, El coronel no tiene quien le escriba (1963), de García Márquez…, así como un curioso libro de Frédéric Rossif Madeleine Chapsal titulado Morir en Madrid (1963), montado a partir de fotogramas de la película documental dirigida por Rossif para la que se sirvió de numerosas películas de época y que en 1965 fue nominada al Oscar al mejor documental (el 1967 obtuvo el BAFTA en la misma categoría). Ahí está el precedente de otra obra importante basada en guiones cinematográficos vinculados a la guerra civil, Sierra de Teruel (1968), de André Malraux, que Era publicó en traducción y con prólogo de Max Aub en una espléndida colección dedicada al cine.

amorysombraTambién es orientativo ver a qué editoriales compraron en sus principios más derechos los jóvenes creadores de ERA para editar las correspondientes traducciones: Gallimard, Edizioni Avanti, Pantheon Books, Julliard, Libraire François Maspero, Monthly Review, New Left Books… Que en Era se publicara la obra de algunos exiliados republicanos, como por ejemplo Menesteos, marinero de abril (1965), de María Teresa León, la Poesía española contemporánea, de Max Aub (1969) o Las ideas estéticas de Marx (1965) y Estética y marxismo (1970), de Adolfo Sánchez Vázquez, encaja perfectamente en el propósito expresado por la propia directora de la editorial, Neus Espresate –a quien se ha caracterizado como «la heredera de esa generación de grandes exiliados»– de dar a conocer desde México lo que no se podía publicar en España, y particularmente lo que hacía referencia a la guerra civil, y procurar luego introducirlo en la Península.

cardozayaragonAun así, como ha escrito Carlos Monsiváis, uno de los autores más arraigados en ERA, lo que singulariza a Era es la concepción latinoamericana de su postura ante la realidad:

En los años sesenta Ediciones Era comienza y el proyecto es y parece distinto porque, además de todo, el momento de América Latina es eléctrico, y Era surge como proyecto latinoamericano. Se cree en el cambio (que la mayoría adjetiva: cambio revolucionario), se observa con detalle lo que ocurre en Cuba… se vive con pasión las teorías de la dependencia, y por vez primera desde los treintas, la izquierda cultural está a la vanguardia, una izquierda desestalinizada, crítica, alejada del lenguaje torrencialmente histíorico de Vicente Lombardo Toledano […] Era publica entonces lo que las editoriales oficiales y la mayoría de las privadas no admiten, temas como el castrismo, la presencia de las transnacionales, el nuevo colonialismo….

Neus Espresate, quien tenía claro que no es fácil describir su trayectoria, porque «nos hemos cuidado de no definir: la mejor definición es conocer nuestros libros», desde el primer momento «La propuesta era entre publicar los libros que queríamos y los necesarios. Afortunadamente, esas dos intenciones se han ido conjugando hasta el momento [1994]».

Aun así, según la evaluación que se hizo en la Universidad Autónoma de México al decidir nombrarla doctora honoris causa:

La política editorial de ERA durante la gestión de su directora fue documentar y difundir los acontecimientos sociales más relevantes de la historia contemporánea de México y América Latina, al abrir un espacio al pensamiento crítico para expresarse, como lo demuestran los testimonios de sus autores y colaboradores más cercanos.

63c95-logo-erahorizontal

Fuentes:

AA.VV., “Entrevista con Neus Espresate y Vicente Rojo”, en Ediciones Era. 35 años, Guadalajara, Universidad de Guadalajara, 1995, pp. 61-83.

Elena Aub, Historia del ME/59. Una última ilusión, México, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes-Instituto Nacional de Antropología e Historia (Palabras del Exilio 5), 1992.

exilio2agenManuel Aznar Soler y José Ramón López García, El exilio republicano de 1939 y la segunda generación, Sevilla, Gexel-Remacimiento (Biblioteca del Exilio. Anejos XV), 2011.

Colegio Académico de la UAM, «Acta de la Sesión 329», 2 de diciembre de 2010.

Teresa Férriz Roure, «Fernando Benítez, la prensa cultural mexicana y el exilio repubilcano», Arrabal, núm. 1, pp. 235-241.

Antonio Lago Carballo y Nicanor Gómez Villegas, Un viaje de ida y vuelta. La edición española e iberoamericana (1936-1975), Madrid, Siruela (El Ojo del Tiempo 9), 2006.

Elena Poniatowska, «Los españoles de antes», La Jornada, 28 de junio de 2015.

José Carlos Reyes Pérez, «El sueño mayor de hacer libros»: Era. Cultura escrita en español y la difusión de las ciencias sociales a través de una editorial, tesis presentada en el Centro de Investigación y Docencia Económicas, agosto de 2016.

Javier Rico Moreno, «El exilio español en México. Reencuentro y proeza en tinta y papel», Texturas, núm. 24 (septiembre 2014), pp. 91-108.

Guillermo Sánchez Cervantes, «Neus Espresate y los inicios de Ediciones Era», Gatopardo, 2011.

Una alianza de editores combativos: Era, Lom, Trilce y Txalaparta

Corría el año de 1998, cuando empezó a gestarse una iniciativa de colaboración internacional entre editoriales independientes que desempeñó un papel destacado en el asentamiento en la lengua española del término bibliodiversidad. En mayo de ese año establecían acuerdos de colaboración, y sobre todo de búsqueda de espacios de cooperación, las Ediciones Era (México), Lom Ediciones (Chile), Txalaparta (Euskal Herria) y Trilce (Uruguay), que con el paso del tiempo llevaron a cabo coediciones, así como la coordinación de actividades culturales y de publicaciones.

Lógicamente, había detrás una coincidencia en la concepción de la función que debe desempeñar el editor y una conciencia común de los retos a los que se enfrentaba la edición independiente a finales del siglo xx, en un escenario en que las grandes corporaciones de la comunicación habían ido ganando terreno. Una primera coincidencia evidente, a simple vista, era la edad muy similar que por entonces tenían estas editoriales, con la salvedad de Ediciones Era, la más veterana, creada en 1960 por los hermanos Quico, Jordi y Neus Espresate, Vicente Rojo y José Azorín.

Editorial Trilce, 1994.

La inmediatamente menor, Trilce (cuyo nombre remite al título del célebre poemario del peruano César Vallejo), se creó en 1985 y en sus primeros años se decantó principalmente por la narrativa (novela y cuento), pero poco a poco fue dedicando mayor atención al ensayo en un sentido muy amplio (cultural, político, económico, filosófico), así como a la poesía (André Breton, Jorge Palma, Fernando Aínsa) y al teatro (Molière, Beckett, Koltès). Entre sus primeros títulos se contaban, por ejemplo, Son cuentos chinos (1986), de Luisa Futoransky,  La rebelión de los niños (1987), de Cristina Peri Rossi, con prólogo de Julio Cortázar, Anticonfesiones de un cristiano (1988), de Luis Pérez Aguirre, una amplia antología de literatura erótica (Cuentos de nunca acabar, 1988), que reunía obra de Fernando Butazzi, Eladio Rodríguez Barilari, Alfredo Zitarrosa, Elena Rojas, Elvio Gandolfo, Juan Capagorry, Teresa Porzecanski, Miguel Ángel Campodonico. Mario Benedetti, Silvia Lago, Víctor Cunha y Juan Carlos Mondragón, o Recuerdos olvidados (1988), de Benedetti.

Lom Ediciones, 1998.

Lom (que en lengua yagán significa “sol”) se funda en 1990 (cinco años después que Trilce), con el objetivo principal de recuperar la memoria histórica, en un sentido amplio, del Chile de finales del siglo xx. Apoyándose en un amplio y prestigioso comité editorial (Mario Garcés, Tomás Moulián, Hernán Soto, Ximena Valdés, Verónica Zóndek, etc.), entre los primeros títulos que publicó se cuentan Tahuashando. Lectura mestiza de César Vallejo (1991), de Jorge Guzmán; Gigantes con pies de barro. Análisis del sistema de partidos en Chile (1992), de Claudio Quiróz, o Antihistoria de un luchador, libro de Mónica Echevarría dedicado a la figura del activista y dirigente sindical Clotario Blest (Clotario Leopoldo Blest Riffo, 1899-1990), a los que más adelante se añadiría una pléyade de obras literarias importantes de Federico García Lorca (Romancero gitano, 1998), Augusto Monterroso (Llorar orillas del Mapuche, 1999), César Aira (La serpiente, 2001, y Un episodio en la vida del pintor viajero, 2002), Mijail Bulgakov (Morfina, 2002; Corazón de perro, 2004, y Relatos satíricos, 2014), Mia Couto (Ángeles borrachos, 2005), Georges Perec (una nueva traducción, de Gloria Casanueva y Hernán Soto, de W o el recuerdo de la infancia, 2005), León Tolstói (Hadzi Murak, 2006), Walter Benjamín (La dialéctica del suspenso, 2009)…, además de alguna perla sobre el mundo de la edición y la lectura como es ¿La muerte del libro? (2011), de Roger Chartier.

Un poco más complejos son los primeros años de Txalaparta (nombre del tradicional instrumento de percusión vasco), que si bien se crea dos años después que Trilce (en 1987), se refunda tres años después del nacimiento de Lom (es decir, en 1993).

Su origen está en Altaffaylla, una sociedad cultural creada en 1985 y destinada sobre todo a la publicación de libros de tema navarro, de la que algunos éxitos (particularmente el del libro colectivo De la esperanza al terror. Navarra 1936) llevaron al escritor José Mari Esparza a unirse a Juanjo Marco para crear una editorial más ambiciosa y profesionalizada.

Txalaparta arrancó con una serie de ensayos muy rompedores y combativos, como es el caso de ETA, historia política de una lucha armada (1988), de Luigi Bruni, Herrera, prisión de guerra (1990), de Anjel Rekalde o Hacia la libertad de Irlanda (1991), del presidente del Sinn Féin Gerry Adams, pero también con algunas novelas, como Sofía de los presagios (1991), de la nicaragüense Gioconda Belli.

Desde entonces ha desarrollado una enorme actividad que ha cristalizado en los formidables catálogos de colecciones como Txoi (“esperar”), dedicada al libro infantil ilustrado, Axuri Beltza (“oveja negra”), literatura juvenil, Rabel, centrada en el ámbito de la música, Klasikoak (John Reed, Jesús Galíndez, Baroja), y sobre todo, quizá las más conocidas, Gebara, donde ha publicado en español a autores como Chomsky y Edawrd Said, entre otros, y Amaiur (“madre tierra”), donde ha aparecido la versión en euskera del exitoso Made in Galiza, de Sechu Sende, un buen puñado de traducciones al español de la escritora de origen caribeño Jamaica Kincaid (n. 1949), así como traducciones al euskera de obras de Chuck Palahniuk, Hanif Kureishi, Yasar Kemal, George Orwell, Charles Bukowski, Ray Bradbury, Irene Nemirovsky, si bien sin duda los lectores duros de novela negra la conocen sobre todo por las impactantes novelas de Paco Ignacio Taibo (entre las que se cuentan las dedicadas a la entrañable Olga Lavanderos Sintiendo que el campo de batalla, 1997, y Que todo es imposible,1998).

Ya se habrán advertido ciertos lazos de parentesco entre estos catálogos (con los que también está hermanado el de Era), pero por supuesto no acaban tampoco aquí las coincidencias. Txalaparta define del siguiente modo sus objetivos:

dar a conocer la realidad cultural y social de Euskal Herria, mantener la memoria histórica, defender la diversidad, promover la solidaridad de los pueblos y acercar a sus lectores otras realidades del mundo, por medio de la literatura, el ensayo o la biografía.

Y, de hecho, con muy ligeras variaciones (apenas un cambio de topónimo, en realidad) esta explicación bien podría valer para caracterizar a los cuatro miembros de Editores Independientes (y en alguna medida también L´Alliance des Éditeurs Indépendents, a la que pertenecen).

Iniciativas como una muy bien seleccionada colección de libros de bolsillo (similar a la célebre Enlace barcelonesa, si bien en este caso el mayor peso lo lleva Era), o un política de coediciones, en que a veces se alían dos, tres o las cuatro editoriales, ha dado como resultado un excelente catálogo en que figuran Elena Poniatowska, Isaac Babel, Pushkin, José Revueltas, Roy Berocay y Hugo Achugar, entre otros autores que no siempre han tenido la proyección que merecen.

Otra coincidencia la constituyen las iniciativas y estrategias destinadas a facilitar el acceso a la lectura y la búsqueda de una fidelización de los lectores, que a estas alturas han podido hacerse una clara idea de los diversos proyectos como para saber si están interesados y dispuestos a dar su apoyo. En el caso de Txalaparta, su Club de Lectores, nacido inicialmente como un servicio de libros a domicilio, ha crecido para incluir ofertas de otras editoriales independientes, sobre todo vascas, con descuentos del 20 % y sin gastos por suscripción. En el caso de  Lom se trata de la Comunidad de Lectores, con un planteamiento similar pero con una cuota de suscripción (a partir de una revista da acceso a un libro mensual). Esta misma filosofía inspiradora se manifiesta, en el caso de Trilce,en su servicio –destinado sobre todo a investigadores y estudiosos– de libros de sus autores que se ofrecen de forma gratuita en pdf con la única petición de ser informados de ello (y, obviamente, siempre que se descarguen sin ánimo de lucro).

Como consignan en su presentación estos Editores Independientes:

En el punto de partida de Editores Independientes hay varios denominadores comunes. Principalmente, una concepción editorial con un fuerte carácter cultural, la convicción de que la inteligencia y la crítica son indispensables en cualquier sociedad y de que los libros valiosos deben apoyarse por encima de su desempeño en el mercado.

Visto con cierta perspectiva, es realmente meritorio el camino recorrido por esta alianza de editores combativos.

Txalaparta, 2003.

 

Fuentes:

Web Alliance des Éditeurs Indépendants.

Web Editores Independientes.

Web Ediciones Era.

Web Ediciones Trilce.

Web Lom Ediciones.

Web Txalaparta.

“L´Alliance des éditeurs indépendents”, La voix des Libraires, n. 29 [noviembre de 2003).

Anna Damnieli “Edición independiente: estrategias para la diversidad”, en Carlos Moneta,

ed., El jardín de los senderos que se encuentran: Políticas públicas y diversidad cultural en el Mercosur, Montevideo, Unesco, 2006.

Itsaso Millán, “Txalaparta cumple veinte años“, procedente de Diario de Noticias, consultado en la entrada del 7 de diciembre de 2008 en Gerinda Bai.

Nuevas Generaciones, edición antifranquista

A Manuel Ortuño, siempre tramando.

 

Francisco M. Ortas.

Soldado y medio, de Francisco Martínez Ortas, fue el único libro que llegó a publicar una iniciativa editorial tan interesante como efímera, nacida en el seno del Movimiento Español 1959 (ME/59), que el hispanomexicano Emilio García Riera definió certeramente como el “último intento de los refugiados en México de actuar directamente contra Franco”.

Francisco Martínez Ortas (Jaén, 1919-Barcelona, 1992), sitúa la acción de esa novela en la batalla del Ebro, en la que había participado activamente, y por lo que al término de la guerra civil pasó tres años en campos de refugiados en Francia, tras los cuales decidió regresar a España, donde fue encuadrado en un batallón de trabajo (experiencia que queda de algún modo reflejada en su novela El último faraón, sobre la construcción del Valle de los Caídos). En los años cuarenta y cincuenta trabajó en Barcelona como guionista cinematográfico, al tiempo que iniciaba una carrera literaria jalonada por algunos premios menores (el Ondas, el Ciudad de Murcia), hasta que entró en contacto con Carlos Barral, a quien pasó una copia de Soldado y medio. A Barral debió de interesarle la obra, pero comprendió enseguida que esa novela no tenía ninguna posibilidad de pasar por censura, así que se la remitió a París a Juan Goytisolo por si conseguía publicarla en Gallimard. Mientras tanto, Martínez Ortas se trasladó en 1959 a Londres, donde empezó a trabajar para la BBC.

Jomi García Ascot

Jomí García Ascot.

En esas mismas fechas, en México, y en parte alentado por la revolución cubana, nacía un movimiento que aunaba a jóvenes de muy diversas tendencias políticas para contribuir a la lucha contra el franquismo con los medios a su alcance. Como cabía esperar, entre sus miembros son muy abundantes los exiliados, o hijos de exiliados republicanos: por poner algunos ejemplos: José de la Colina, Octavi Alberola Surinyach, Vicente Rojo, Ruy Renau, Luis Rius, Jomí García Ascot, María Luisa Elío, Federico Álvarez, Manuel Duran,  Martí Soler, Arturo Souto, José Pascual Buxó, Xavier de Oteyza, Jorge Espresate, Juan Espinasa, Elena Aub.

Rosario Castellanos.

El detonante de que grupos de todo el espectro político, desde nacionalistas catalanes y vascos hasta libertarios, socialistas y comunistas aunaran esfuerzos fue una estupidez cometida por el entonces embajador oficioso del gobierno franquista en México, Manuel Oñós de Plandolit, a quien no se le ocurrió mejor idea que intentar conmemorar por todo lo alto, en México, la insurrección que desembocó en la guerra civil. Tan pronto como se supo del proyecto, la fachada de la sede de la representación oficiosa (el gobierno mexicano no reconocía el gobierno Franco como legítimo), apareció llena de pintadas alusivas y el acto acabó por suspenderse.

Elena Aub, que se ha ocupado por extenso del ME/59 en Historia del ME/59. Una última ilusión, escribe:

Nos reuníamos en asambleas multitudinarias en el viejo caserón del Ateneo, en la calle Morelos. Cuando ya estuvimos más organizados, el Ateneo fue nuestra sede cotidiana, punto de reunión fijo, y las comisiones de trabajo y la junta directiva se seguían reuniendo en casa de unos y otros, donde mejor les acomodase.

Después de tres asambleas, el 21 de agosto de 1959 se constituyeron secretariados de la primera junta, en las que figuraban García Ascot (secretario general), Mariluz Conde (finanzas), Fernando Medrano (organización y control), Federico Álvarez (propaganda), Xavier de Oteyza (relaciones públicas), Manolo Meda (relaciones exteriores), Julián Zugazagoitia (relaciones con España) y Justo Somonte (actividades) y se firmó una Declaración de Principios muy inclusiva.

De izquierda a derecha, de pie: Jomi García Ascot, José Luis González de León, Luis Buñuel, Gabriel Ramírez, Armando Bartra y José de la Colina; agachados: Salvador Elizondo y Emilio García Riera.

De nuevo en palabras de Elena Aub:

Editamos un boletín, organizamos un cine-club, programas de radio los domingos, un grupo de teatro, actos de solidaridad, bailes y excursiones, conferencias sobre España y muchos actos de protesta en la calle. Se tomaron las oficinas oficiosas de la embajada y se destruyeron sus ficheros, cuando se supo del fusilamiento de Julián Grimau.

Reunimos dinero suficiente para ayudar en España. Primero sólo a las familias de los presos, luego a las agrupaciones antifranquistas también. El acto de solidaridad más importante fue el que se hizo a favor de la libertad de Luis Goytisolo en el cine Versalles.

Rosario Castellanos, Juan Rulfo, Luis Cardoza, Luisa Josefina Hernández, Carlos Fuentes…, la solidaridad mexicana con el proyecto fue enorme y entusiasta, y ya el 21 de diciembre, la convocatoria de una manifestación ante la embajada estadounidense en protesta por la visita del presidente Eisenhower a Madrid, fue un gran éxito (entre otros, allí estuvieron León Felipe, José Luis de la Loma y Daniel Tapia, en representación de la generación “no tan joven”).  El mencionado acto a favor de Goytisolo se celebró el 6 de marzo de 1960, y participaron en él Max Aub, Mariano Granados, Juan Rejano, Antoni Maria Sbert, Daniel Tapia y José de la Colina.

Max Aub, Juan Goytisolo y Vicente Rojo.

Max Aub, Juan Goytisolo y Vicente Rojo.

“Y a pesar del boicot del periódico Excélsior –escribe Manuel Aznar Soler–, que se negó a publicar el anuncio del acto y que manifestó abiertamente su desprecio por el sentido político antifranquista del acto, constituyó un notable éxito de público y obtuvo un notable impacto en los medios de comunicación mexicanos.” La repercusión de la detención de Goytisolo fue también enorme en Francia, por ejemplo, y entre los firmantes de la carta de protesta se cuentan los nombres de Louis Aragon, Jean Genet, Picasso, Charles Chaplin, Giulio Einaudi, Blas de Otero…

En el ámbito propiamente de la edición, en diciembre de 1959 vio la luz la Hoja de Información del Movimiento Español 1959 (en cierto modo paralela al Boletín de Información de la Unión de Intelectuales Españoles de la primera generación del exilio), en cuyo primer número, junto a la ya aludida “Declaración de principios”, aparecía un texto importante de García Ascot, “Tradición y traición”.

Luisa Josefina Hernández.

El proyecto de crear una editorial (que se llamaría Nuevas Generaciones) se debe a una sugerencia de Antoni Sbert a la Junta Directiva del ME/59 el 11 de mayo de 1960, y un borrador de la junta explica los objetivos: “la editorial la fundamos con la idea de 1) conseguir fondos para nuestra lucha, y 2) publicar todas aquellas novelas o poemas, ensayos, etcétera, que no pudieran pasar la prueba de la censura en España.

Noticia más concreta del proyecto puede encontrarse en una interesante carta de Max Aub al historiador español exiliado en París Manuel Tuñón de Lara:

El Movimiento del 59 piensa tener una importante actividad editorial –como comprenderás mi influencia no es ajena a esta decisión–, piensan publicar primero una antología gráfica y literaria de nuestra guerra. Ahí no hay problema. Luego piensan republicar las traducciones españolas de La esperanza, Los grandes cementerios bajo la luna y El testamento español, libros que ninguno de los componentes del Movimiento ha leído en español y de los que, hace veinte años, no hay un solo ejemplar en las librerías de México. Ahora bien, como quieren hacer las cosas en serio, quieren saber –a la mayor urgencia– en qué condiciones están los derechos de traducción (Bernanos, Plon; Koestler, Albin Michel; Malraux, Gallimard).

Max Aub y su hija Elena.

En el ya citado borrador de la Junta Directiva, se menciona además como “próximo a salir el volumen de poemas de José Agustín Goytisolo titulado Claridad, que ya se encuentra en prensa”. El caso es que nunca llegó a salir de ahí, y el único libro que llegó a publicar Nuevas Generaciones fue el de Martínez Ortas, precedido de un prólogo de Max Aub. (“Yo hubiera preferido que me lo prologara Ramón J. Sender –declaró años después Ortas–, pero me dijeron que Aub era más conocido en México”) y cuyo colofón lo fecha el 23 de mayo de 1961.

La edición en Marte.

Todo parece indicar que el talón de Aquiles de este proyecto lo constituyó la distribución, pese a las generosas condiciones que ofrecían a los posibles interesados, y Elena Aub explica el fracaso sin paliativos en los siguientes términos: Habíamos confiado en una venta relámpago de los dos mil ejemplares editados, sobre todo de los doscientos en edición de lujo. No conseguimos ni cubrir gastos”, pese a que todo el trabajo editorial fue llevado a cabo por animosos  voluntarios. Sin embargo, al poco de aparecer Soldado y medio, se publicaba una traducción en inglés, y en 1977 la recuperó Tomás Salvador en sus Ediciones Marte (en la colección Novela y Documento) con el título Bajo dos banderas.

La carrera literaria de Martínez Ortas prosiguió con Cincuenta céntimos (publicada en España en 1963 por Júcar, y en Gran Bretaña por Neville Spearman, en traducción de Christopher Martin, y en Italia por Baldini & Castoldi), la ya mencionada El último faraón (en Weidenfeld & Nicholson) y Flores, abejas zánganos. El fenómeno hippie (Marte, 1974), entre algunas otras. Pero las ediciones del Movimiento Español 1959 no remontaron el vuelo tras ese fracaso, atribuible en buena medida al amateurismo y la falta de experiencia.

Aun así, contrastando la descripción de los objetivos que hace Elena Aub (“nos sentíamos representantes, editores formales de la nueva generación de escritores que tropezaban con la censura franquista” y deseaban hacer llegar sus libros a todos los exiliados y a la Península) con los que declararon en su momento Neus Espresate y Tomás Rojo (publicar en México lo que no se podía publicar en España, y particularmente lo que hacía referencia a la guerra civil, y procurar luego introducirlo en España), el parentesco entre los dos proyectos es más que evidente, y en cierto modo Ediciones Era recogió, cuando menos inicialmente, el testigo de las Nuevas Generaciones.

 

Fuentes:

AA.VV., “Entrevista con Neus Espresate y Vicente Rojo”, en Ediciones Era. 35 años, Guadalajara, Universidad de Guadalajara, 1995, pp. 61-83.

Elena Aub, Historia del ME/59. Una última ilusión, México, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes-Instituto Nacional de Antropología e Historia (Palabras del Exilio 5), 1992.

Manuel Aznar Soler, “Movimiento Español 1959: literatura y política de la segunda generación del exilio”, en Manuel Aznar Soler y Joé Ramón López García, El exilio republicano de 1939 y la segunda generación, Sevilla, Gexel-Remacimiento (Biblioteca del Exilio. Anejos XV), 2011, pp. 143-198.

Ángel Carmona Ristol, “A un soldado desconocido. Bajo dos banderas”, La Vanguardia, 24 de noviembre de 1977, p. 52.

Antonio Lago Carballo y Nicanor Gómez Villegas, Un viaje de ida y vuelta. La edición española e iberoamericana (1936-1975), Madrid, Siruela (El Ojo del Tiempo 9), 2006.

, Eduardo Mateo Gambarte, “El movimiento español de 1959, Estudios de Ciencias Sociales, núm. 6 (1993), pp. 107-116.

Carlos Mendo, “Entrevista a Francisco M. Ortas”, El País, 4 de abril de 1987.

Lluis Monferrer, Odisea en Albión. Los republicanos españoles exiliados en Gran Bretaña, 1936-1977, Madrid, Ediciones de la Torre, 2007.

 

De la Librería Madero a Ediciones Era

A Juan Miguel de Mora, ex brigadista,

excelente escritor y tertuliano de primera.

Ediciones Era quizá sea una de las editoriales independientes mexicanas más conocidas y reputadas internacionalmente, pero sus inicios en 1960 poco podían hacerlo presagiar. Uno de los impulsores de esa iniciativa, el pintor y diseñador gráfico Vicente Rojo (Barcelona, 1932), que llegó a México en 1949, ha dejado testimonio de las circunstancias en que nació la editorial:

En 1959 propuse a José [Hernández] Azorín y los hermanos [Neus, Jordi y Francisco] Espresate, mis amigos y colaboradores en la imprenta Madero (Ciudad de México), la creación de una pequeña editorial cuyos libros se pudiesen imprimir en los tiempos en que las máquinas estaban inactivas. El proyecto contó con el apoyo entusiasta de don Tomás Espresate, quien puso una sola condición: que la editorial estuviera compuesta por jóvenes (ninguno de nosotros contaba aún con treinta años).

Max Aub, Juan Goytisolo y Vicente Rojo.

Max Aub, Juan Goytisolo y Vicente Rojo.

El grupo iniciador de la editorial, pues, estaba compuesto por jóvenes militantes de las Juventudes Socialistas Unificadas, una organización política surgida en los meses previos al inicio de la guerra civil española como resultado de la fusión de la Unión de Juventudes Comunistas de España (PCE) y las Juventudes Socialistas de España (PSOE), y con el tiempo a su alrededor crearon un grupo de colaboradores entre los que abundaban los exiliados o hijos de exiliados (Pili Alonso, Fernández del Real, Nuria Galizpiendo, Adolfo Sánchez Rebolledo…). Casi desde el primer momento, Ediciones Era se posicionó como una de las editoriales jóvenes más interesantes, pero nada de ello hubiera sido posible sin el estímulo (y la financiación, en forma de un crédito de 100.000 pesos) de un personaje tan fascinante como  Tomás Espresate Pons (Portbou, 1904-México, 1994), a quien sus hijos Jordi y Neus Espresate Xirau editaron Las guerras del avi. Recuerdos (1904-1994), publicado en Veracruz en 2012.

Antes de la guerra civil, Tomás Espresate había iniciado una ascendente carrera política (al tiempo que se desempeñaba como agente de aduanas), en el seno del PSOE y del sindicato UGT, y ya no abandonó su compromiso político. Al entrar las tropas franquistas en Barcelona, a donde le había llevado un agitado periplo, pasó a Francia por Portbou,  y de ahí a París, donde trabajó para el Servicio de Evacuación de Refugiados Españoles hasta que la amenaza de las tropas nazis le llevó ya en 1940 a Marsella. Cuando finalmente se embarcó en el Nyassa con destino a México, en 1942, dejaba atrás a sus hijos, que proseguían su escolarización en la Barcelona ocupada.

Recién llegado a la capital mexicana, Espresate empieza a trabajar en el Comité Técnico de Ayuda a los Refugiados Españoles, pero al mismo tiempo crea una empresa de exportación de productos textiles (Comercial Espresate). Sus inicios en el mundo de los libros casi coinciden con el momento en que por fin consigue reunirse con sus hijos. En 1946, se asocia con Enrique Naval (Zaragoza, 1901- México 1958), abogado que durante la guerra había sido secretario general del Ministerio de Instrucción Públicay responsable de los servicios de propaganda. Naval (que al término de la guerra pasó por el campo de refugiados de Saint Cyprien) tenía además una cierta experiencia en el mundo editorial, pues con Epifanio Madrid habían puesto en marcha la fugaz editorial Bajel. Juntos, Naval y Espresate crean Crédito Editorial, que dura apenas dos años.

Sin embargo, la empresa que le vale a Tomás Espresate un lugar de honor en la historia de los libros e incluso en la historia cultural de México, la mítica Librería Madero, abre sus puertas a mediados del siglo XX en la calle Madero, 12, especializándose en libros antiguos, raros y lujosos, y al cabo de tres años amplía su radio de acción con la creación de la Imprenta Madero, que empezó a funcionar con una sola máquina de 50 x 70 en la calle Amberes (posteriormente, al ampliar el negocio con tres máquinas más, se trasladaría a Aniceto Ortega). En la Imprenta Madero, además Vicente Rojo, José Azorín y Tomás y Jordi Espresate se formó un nutrido grupo de profesionales de las artes gráficas, como Hipólito Galván, Roberto Muñoz, Antonio González,Carlos Maldonado, Pilar Ríos, Candelaria Montiel o Efraín Morales. Carlos Monsiváis evocó el ambiente de la Imprenta Madero en los años iniciales de Era en los siguientes términos:

Un local no muy amplio en las cercanías de la avenida Universidad, la Imprenta Madero que edita entre otras maravillas, el Boletín de la URSS, los trabajadores, los escritores que se suceden unos a otros, y en un despacho Vicente Rojo, Neus Espresate y José Azorín discuten, revisan pruebas, y examinan con orgullo autocrítico (angustia optimista) sus primeras portadas.

Neus Espresate Xirau (Canfrac, 1934).

La importancia de la Madero como punto de innovación en el ámbito de las artes gráficas mexicanas fue hasta tal punto importante, que en el seno de esta innovadora imprenta surge y toma su nombre de ella un muy nutrido grupo de diseñadores y profesionales a los que caracteriza el haberse formado y experimentado en contacto directo con el trabajo a pie de imprenta y que tuvo una influencia más que notable en las décadas posteriores (Santiago Robles Bonfil, Adolfo Falcón, Rafael López Castro, Bernardo Recamier, Germán Montalvo, Efraín Herrera, Peggy Espinosa, María Figueroa…).

Entierro en México de Emilio Prados. Puede reconocerse a León Felipe en primer término, a Max Aub tras él y a Juan Rejano (el tercero a la derecha).

Por su parte, la librería se convirtió desde el primer momento en punto de importantes tertulias sobre los más diversos temas, por las que desfilaron toda una pléyade de intelectuales españoles exiliados en el Distrito Federal, como el poeta malagueño José Moreno Villa (1887-1955), la escritora y diputada feminista Margarita Nelken (1894-1968) o el escritor del exilio republicano por excelencia, León Felipe (Felipe Camino Galicia de la Rosa, 1884-1968), pero también de otros más jóvenes, como los cineastas Luis Buñuel (1900-1983) y Carlos Velo (1909-1988), entre otros mucho, y llegado el momento, también de los creadores de Ediciones Era. La Madero se planteó ya desde el principio como un punto de reunión y de intercambio para personas con unos intereses comunes, y trasladaba a México la inveterada costumbre peninsular de las tertulias que invadió también los cafés. Posteriormente la regentaron, en su larga historia, la editora catalana Ana María Cama (cuñada de Vicente Rojo) y a partir de 1988 Enrique Fuentes Castilla.

MacbethYa en 1954 la Madero, para conmemorar el fin de año y destinada a los clientes y amigos más habituales, hizo una pequeña tirada no venal de una obra importante, la paráfrasis shakesperiana que León Felipe tituló Macbeth o el asesino del sueño (de la que Alejandro Finisterre hizo otra edición en 1974). Se trata de un pequeño volumen (31 x 20 cm) de tan sólo 46 páginas y encuadernado en rústica con solapas, en el que destaca de un modo muy particular la labor de Vicente Rojo, autor de la impactante portada a dos tintas. Y a éste seguirían otros, como Aurora encadenada, poemas españoles de ira y esperanza, del poeta hispnomexicano Gabriel García Narezo en 1955, 26 poemas seleccionados por Vicente Rojo (Machado, López Velarde, Juan Ramón Jiménez, Gabriela Mistral, Lorca, Neruda, León Felipe, César Vallejo, Alberti, Borges, Prados, Alí Chumacero, Rosario Castellanos, Blas de Otero, Celaya…) en 1956, una recopilación de Poesías de Gil Vicente en 1957 (también con portada de Rojo) o el Diccionario de ideas de Massimo Bontempelli, en traducción de José Emilio Pacheco, en 1962.

Esta costumbre que se convirtió en tradición, coincide precisamente en el tiempo con la incorporación a la imprenta de Vicente Rojo, en 1954, quien se ocupaba inicialmente de la selección tipográfica (con marcada preferencia por las Bodoni y las Egipcias), y que formó un tándem muy productivo con José Azorín. Sin embargo, la idea de quienes pusieron en pie las Ediciones Era iba mucho más allá de la publicación anual o ocasional.

Con dos libros del excelente historiador y ensayista Fernando Benítez (1912-2000), a quien Rojo había conocido en sus iniciales aventuras en suplementos culturales, se pusieron a andar las dos primeras colecciones de Era (Ancho Mundo y Biblioteca Era), pero, centrada en temas filosóficos, económicos y sociales, y en humanidades en un sentido amplio, Era destacó también muy pronto como descubridora de los grandes autores literarios de su tiempo, de Rosario Castellanos (1925-1974) a Carlos Monsiváis (1938-2010) o del recientemente fallecido José Emilio Pacheco (1939-2014) a la recientemente galardonada con el Premio Cervantes Elena Poniatowska  (n. 1932).

Ediciones Era se posicionó desde su nacimiento en octubre de 1960 como un proyecto claramente social y políticamente combativo, como una editorial de izquierda, y que ocasionalmente puso de manifiesto sus raíces intelectuales con la publicación de obras del exilio republicano español, como es el caso de Menesteos, marinero de abril (1965), de María Teresa León, la Poesía española contemporánea, de Max Aub (1969), quien además hizo importantes trabajos editoriales para la casa, el guión de André Malraux de Sierra de Teruel con prólogo del propio Aub, o particularmente Las ideas estéticas de Marx (1965) y Estética y marxismo (1970), de Sánchez Vázquez, obras todas ellas que encajan perfectamente en el propósito expresado por la propia directora de la editorial, Neus Espresate, de publicar en México lo que no se podía publicar en España, y más en concreto lo que hacía referencia a la guerra civil, y procurar luego introducirlo en la Península. También los hispanomexicanos, que compartían formación y circunstancias con los fundadores de la editorial encontraron allí su oportunidad, pues en Era pudieron dar a conocer sus primeras obras autores luego tan importantes como Jomi García Ascot (Un otoño en el aire,1964), Luis Rius (Canciones de amor y sombra,1965) o Tomás Segovia (Historias y poemas, 1968).

En su siempre recomendable libro sobre la edición catalana en México, Teresa Férriz recoge una sucinta y potente cita de Víctor Ronquillo que caracteriza en pocas palabras la importancia que con el tiempo adquiría ese proyecto:

ERA es una editoral a la que los lectores debemos uno de los catálogos más ricos e influyentes, y que incluye la obra de los más prestigiados autores contemporáneos en ediciones logradas, no sólo con esmero editorial, sino también con talento artístico.

 Fuentes:

AA.VV., “Entrevista con Neus Espresate y Vicente Rojo”, Ediciones Era, 35 años, Guadalajara, Universidad de Guadalajara, 1995, pp. 61-83.

Neus Espresate y Vicente Rojo en las oficinas de ERA.

Valeria Añón, “Editorial Era y Joaquín Mortiz, de los comienzos al catálogo”, Actas del Primer Coloquio Argentino de Estudios sobre el Libro y la Edición, 2012 Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales (UNLP – CONICET) Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación.Universidad Nacional de La Plata.

Adolfo Castañón, “Enrique Fuentes, un librero anticuario”, Letras Libres, octubre de 2008.

Teresa Férriz Roure, La edición catalana en México, Guadalajara, El Colegio de Jalisco, 1998. La cita de Victor Ronquillo procede originalmente de “Editores en México. Nace un libro”, Memoria de Papel, México, año 4, núm. 9 (marzo de 1994), pp. 4-42.

Antonio Lago Carballo y Nicanor Gómez Villegas, Un viaje de ida y vuelta. La edición española e iberoamericana (1936-1975), Madrid, Siruela, 2006.

André Malraux, Sierra de Teruel (Era, 1968).

Abdón Mateos, “Tomás Espresate“, en Cátedra del Exilio.

Elena Poniatowska, “Doctorado honoris causa de la UAM a Neus Espresate”, La Jornada, 8 de marzo de 2011.

Claudio H. Vargas, “Alabanza de una empresa. Los primeros cincuenta años de Era”, Crisol Plural, 2 de octubre de 2011.