Cosío Villegas, Orfila Reynal y la edición como intervención político-cultural (Editar desde la izquierda, primera parte)

Es evidente que la historia de la edición admite muy diversos enfoques capaces de enriquecer el conocimiento acerca de distintos aspectos de la materia, desde los datos que puede aportar una mirada positivista, hasta los estudios sobre la recepción de determinados catálogos o la evolución de la forma de los libros en tanto que objetos a lo largo de un período determinado. Incluso es más que probable que la complementariedad de diferentes disciplinas aplicadas a la historia de la edición sea el único modo de ofrecer una imagen más o menos completa y poliédrica de una disciplina, la edición, que es intrínsecamente poliédrica.

Frente a los estudios centrados en la morfología del libro o en la figura y trayectoria de editores singulares y más allá de algunos estudios sobre determinados géneros editoriales (y particularmente la edición de quiosco, por ejemplo), abordar la incidencia cultural, social y política conjunta de varios editores en un mismo espacio lingüístico constituye una mirada poco frecuente, y en buena medida este es el caso del libro de Gustavo Sorá Editar desde la izquierda en Americana Latina, subtitulado «La agitada historia del Fondo de Cultura Económica y de Siglo XXI», publicado originalmente en Buenos Aires por Siglo Veitiuno Editores en diciembre de 2017 y encuadrado en la colección dirigida por Carlos Altamirano Metamorfosis.

Sorá toma como punto de partida la trayectoria de dos de las editoriales latinoamericanas de ensayo más y mejor conocidas y se centra en particular en la evolución profesional de los dos personajes que mejor las encarnan, Daniel Cosío Villegas (1898-1976) y Arnaldo Orfila Reynal (1897-1998), pero atiende también a secundarios que permanecían en la sombra, y en particular Norberto Frontini y Laurette Sejourné. De hecho, ya previamente el propio Sorá había hecho alguna contribución importante a ese conocimiento, en particular en el estudio aquí revisado como tercer capítulo «Misión de la edición para una cultura en crisis, el FCE y el americanismo en tierra Firme» (en Carlos Altamirano, dir., Historia de los intelectuales en América Latina), pero aun así no el disfrute de la obra de Sorá presupone el conocimiento por parte del lector de las historias de estas editoriales y su argumentación va continuamente pautada, en paralelo y entrecruzándose con él, por el relato del nacimiento, auge y disolución de la identidad más característica de estas empresas, indudable y estrechamente emparentadas.

Después de haberlo caracterizado como de «estudio sociológico y antropológico»,  advierte el autor de Editar desde la izquierda en América Latina ya en la introducción, acaso como explicación del subtítulo:

[N]o se busquen aquí totalidades esquivas como las historias del FCE y Siglo XXI quizá ni siquiera sobre la trayectoria de Daniel Cosío Villegas y Arnaldo Orfila Reynal (más específicamente en el segundo caso). Orfila y aquellas editoriales no son metas, sino medios para otros fines de conocimiento.

Gustavo Sorá (La Plata, 1966).

Tal vez hay en este pasaje algo de captatio benevolentiae, pues, aunque no sea el objetivo principal de Sorá, lo cierto es que el lector sale con una idea bastante completa de la historia de ambas editoriales. Los antecedentes biográficos de los dos hilos conductores de este libro, Cosío Villegas y Orfila Reynal, sirven para emparentarlos en enfoque común acerca de la emancipación cultural y política de América Latina respecto a las tradiciones (monopolísticas, colonizadoras) francesa, española y estadounidense, en la que los dos editores cuentan además desde muy temprano con importantes complicidades a lo largo y ancho del continente. La creación del Fondo de Cultura es interpretada sobre todo como un modo de crear una cultura latinoamericana propia y compartida, genuina e independiente de las dominantes, de articular una empresa capaz de satisfacer los intereses de unos lectores que para un editor español, por ejemplo, sólo constituían una ampliación de su lector potencial natural (el peninsular). Consecuentemente, Sorá atiende al sesgo político que tiene, lo pretenda o no, toda iniciativa de publicar unos determinados textos y de dirigirlos a un determinado contexto (en detrimento de otros; siempre).

Es evidente que el carácter «de izquierda» o «de derechas» de una labor editorial no va intrínsecamente ligada a la ideología o la militancia de quien la lidera, como demuestra entre muchos otros casos el del falangista Luis de Caralt en España, que dio a conocer a algunos de los novelistas británicos y estadounidenses más rompedores y críticos con el statu quo (Upton Sinclair, Steinbeck, Hemingway, Sinclair Lewis, Faulkner, Kerouac…). Incluso en el caso del ensayo, no costaría encontrar a autores representativos de un pensamiento marcadamente izquierdosos o incluso revolucionarios en los catálogos de grandes multinacionales cuya política comercial difícilmente podrá definirse como escorada a babor. La cuestión es, evidentemente, más sutil.

La interpretación que hace Sorá de las trayectorias y los catálogos tanto de FCE como de Siglo XXI es eminentemente política, en el sentido de atender en particular a los temas preferentes de los textos publicados, a su orientación y propósitos de intervención, a qué sectores pretende llegar y cómo se propone hacerlo. Resulta del máximo interés y novedoso en el ámbito de la edición en lengua española este tipo de interpretaciones —tan atentas a la incidencia e interdependencia de la edición con la política— de la historia editorial, que en el presente estudio adopta por un lado una mirada amplia y por otro sigue el hilo conductor de un proyecto de gran calibre.

En buena medida, en los momentos germinales del Fondo de Cultura Económica confluyen intelectuales de muy diversa procedencia geográfica, y en menor medida social, que propician esa mirada amplia y panamericana, y de la inicial intención de facilitar a los estudiantes de grados superiores las herramientas intelectuales para desarrollarse profesionalmente pronto se pasa a una ampliación de esas herramientas por el amplio espectro de las humanidades, incluida la creación literaria de ficción. Sin duda, en este proceso más importante es el empuje de Orfila Reynal que la buena intención de Cosío Villegas, y su capacidad organizativa le lleva a un primer intento hacia 1947 de aunar esfuerzos con Antoni López Llausàs, quien el año anterior acababa de poner en marcha Edhasa (Ediciones y Distribuciones Hispano Americana S. A.) y contaba ya con el catálogo de Emecé, para «combatir también por el mercado editorial español, caracterizado por su desleal competición con sus pares latinoamericanos».

Sin embargo, es precisamente ese carácter de forjador de puentes entre países (y mercados) de Orfila Reynal lo que subraya y destaca Sorá, poniendo de manifiesto también el «reparto» tácito de mercados con las dos grandes editoriales argentinas, Losada y Sudamericana, y la búsqueda de complicidades para una lucha conjunta contra el imperialismo cultural (y económico).  Cuando mediados los sesenta Orfila Reynal es groseramente apartado del Fondo, en lo que el autor ve una respuesta «a que se lo veía como el centro de una enorme red de intelectuales que estaban intentando operar para enfrentar a las formas del imperialismo cultural», no hace sino intensificar esa misma labor a través de Siglo XXI, con mayor libertad entonces si cabe.

El proyecto de Sorá se enfrenta además a un contexto muy complejo, la tensión entre la —hasta cierto punto— unidad cultural americana y la —indudable—fragmentación de sus mercados, que la creación de sucursales sólo resuelve muy parcialmente, y cuyo fracaso más sonado quizá sea el intento por parte de Orfila de poner un pie en la España franquista. Las sugerencias e ideas se disparan en todas direcciones tras la lectura de Editar desde la izquierda; por ejemplo, acerca del papel (en esa articulación de voluntades afines) de otros proyectos de línea editorial cercana, como es el caso de Era, creada por hijos de republicanos españoles exiliados en México. Pero eso es una cuestión que quizá merece una mirada aparte.

Gustavo Sorá, Editar desde la izquierda en América Latina. La agitada historia del Fondo de Cultura Económica y de Siglo XXI, Buenos Aires, Siglo XXI Editores (colección Metamorfosis), 2017.

Fuentes adicionales:

Fabian Bosoer, «La vuelta al libro…», Clarín (Buenos Aires), 30 de diciembre de 2017.

Gustavo Sorá, «Misión de la edición para una cultura en crisis. El Fondo de Cultura Económica y el americanismo en Tierra Firme», en Carlos Altamirano, dir., Historia de los intelectuales en América Latina II. Los avatares de la “ciudad letrada” en el siglo XX, Buenos Aires, Katz Editores, pp. 537-66.

Gustavo Sorá, semblanzas de las editoriales «Fondo de Cultura Económica» y «Siglo XXI» en el portal Editores y Editoriales Iberoamericanos (siglos XIX-XXI)-EDI-RED.

s.f., «FCE y Siglo XXI: Una historia de emancipación» (entrevista), Río Negro (Buenos Aires), 8 de enero de 2018.

Nova, ejemplo de edición gallega en Buenos Aires

La Editorial Nova nace en Buenos Aires en 1942 por iniciativa de Arturo Cuadrado Moure (1904-1998) y Luis Seoane (1910-1979), dos amigos gallegos con una larga experiencia en el mundo del libro. Surge asociada a la Imprenta López (de la calle Perú, 666), que por aquellos años se ocupaba también del grueso de las ediciones de la editorial Emecé, de donde procedían ambos.

Arturo Cuadrado había entrado en el mundo de la letra impresa asociado con Xohán Xesús González (1895-1936) mediante la fundación en 1927 de la barraca-librería Niké (en la compostelana rúa Calderería), especializada en literatura marxista y caracterizada por el hecho de que los clientes pagaban por cada libro lo que considerasen que éste valía. Punto de reunión de escritores y artistas que con el tiempo cobrarían importancia en la cultura gallega (Feliciano Rolán, Anxel Fole, Eugenio Granell, etc.), allí se inició Cuadrado en la edición de libros, así como, con Anxel Fole (1903-1986) y Luis Seoane (1910-1979), en la  revista de poesía Resol. Hojilla volandera del Pueblo (primera etapa: mayo de 1932-1936), que se distribuía gratuitamente por Santiago de Compostela. Durante la guerra amplió su experiencia en el mundo de la letra impresa con colaboraciones en diversas cabeceras (la barcelonesa Nova Galizia, El combatiente del Este) y con la publicación de su poemario Aviones (Valencia, Edicones Resol, 1937; muy raro).

Arturo Cuadrado

Por su parte, Seoane se había iniciado como ilustrador de revistas y libros en compañía de Cuadrado y se había dado a conocer en la galería Amigos del Arte de Santiago de Compostela, antes de exiliarse, vía Francia, a su natal Buenos Aires.

Desde el momento del reencuentro de Cuadrado y Seoane en Buenos Aires, se suceden las empresas conjuntas de estos dos activistas culturales. Cuando Mariano Medina del Río y Carlos Menéndez Braun fundan Emecé (1939), cuentan con Seoane y Cuadrado como directores de algunas colecciones (Dorna y Hórreo), además de diseñar Seoane muchísimas cubiertas e interiores de libros. En las páginas de la revista fundada por de Artruro Serrano Plaja y Lorenzo Varela De mar a mar (diciembre de 1942-junio de 1943) aparecen tanto ilustraciones de Seoane como textos de crítica literaria y artística de Arturo Cuadrado, aunque esta revista es recordada sobre todo por haber publicado en su numero inicial “De cómo vino al mundo Félix Muriel”, germen de la obra maestra que escribiría Rafael Dieste (1899-1981) a instancias precisamente de Luis Seoane. Con Lorenzo Varela (1916-1978) forman el trío fundador y director de Correo Literario (15 de noviembre de 1943- 1 de septiembre de 1945), donde coinciden las firmas de Picasso, Rafael Alberti, León Felipe, Arturo Souto y Rafael Dieste con las de Ernesto Sábato, Jorge Luis Borges o Pablo Neruda, entre otros muchos, y en cuyo número del 15 de agosto de 1944 publicará Julio Cortázar uno de sus primeros relatos (“Bruja”). Posteriormente aún crearían otros interesantes proyectos, como la prestigiosísima revista Cabalgata (1946-1948), para la que cuentan con el apoyo del editor catalán Joan Merli (1901-1995) y en la que publican por ejemplo a Gómez de la Serna, Alfonso Reyes, Corpus Barga y Américo Castro, o las exquisitas Ediciones Botella al Mar (creada en 1946 y donde en 1948 apareció la primera obra literaria de Seoane, Tres hojas de ruda y un ajo verde o las narraciones de un vagabundo, con prólogo de Varela; aún hoy sigue en activo con Alejandrina Devéscovi al mando) y Ediciones Hombre al Agua.

La editorial Nova nace cuando Seoane y Cuadrado abandonan al unísomo la editorial Emecé, y se inscribe en un proyecto amplio y compartido de divulgación de la cultura gallega que ya había tenido su primera expresión importante en las colecciones creadas en el seno de Emecé, y que progresivamente va abriéndose a un amplio espectro de la literatura hispánica, y particularmente argentina. Sin embargo, lo que caracteriza esta empresa, como casi todo lo que toca Seoane, y lo que al mismo tiempo le da un valor añadido que la distingue, es el cuidado puesto en el libro como objeto, la búsqueda de la belleza más allá del texto (sobrecubiertas ilustradas, maquetas esmeradas, viñetas decorativas, grabados, láminas…), y tratándose de un artista como Seoane suele encontrarla. De hecho, Nova constituye en cierto modo un cruce de caminos entre españoles e hispanoamericamos, pero también entre escritores y todo tipo de valiosos artistas gráficos (pintores, diseñadores, grabadores, etc.).

De izquierda a derecha, Isaac Díaz Pardo, Luis Seoane y Eduardo Blanco Amor en Buenos Aires.

Por otra parte, Nova sale a la luz con una estructura de colecciones muy meditada, que poco a poco va ampliándose para abarcar desde la poesía hasta el ensayo (Vida del Espíritu, con Keirkegaard, Heidegger y Husserl entre otros autores insignes; El Árbol de la Ciencia, La Marcha del Progreso, Imaginación, Biblioteca Histórica, Grandes Vidas, donde en 1947 apareció el volumen que el periodista y escritor español Clemente Cimorra dedicó a Galdós…).

La primera de las colecciones en aparecer es Pomba (que luego españolizó su nombre, Paloma), dirigida por Cuadrado, que tenía unas características formales que la hacían clara heredera de Dorna (dedicada a la poesía y a la narrativa y con una maqueta muy sobria y elegante). Como su predecesora, solía incluir ilustraciones de Seoane. Allí aparecen Aprendizaje de la soledad  (1943), del escritor y cineasta argentino Ulyses Petit de Murat (1907-1983), Versos de guerra y paz, (1945), del exiliado español Arturo Serrano Plaja (quien en 1943 había traducido a Balzac para Nova), Los peces turbados (1945), que Arturo Cuadrado firma como Venancio Viera, La cabellera oscura (1945), de la escritora uruguaya Clara Silva (1902-1976), precedido de un prólogo del crítico y editor Guillermo de Torre,  Maretazos (1945), del poeta santanderino Jesús Cancio, por entonces en cárceles franquistas, prologado por Cipriano de Rivas Cherif y reproducciones de cuadros originales de José Gutiérrez Solana, El viento en la bandera (1945), del escritor y crítico de arte argentino Cayetano Córova Iturburu, Anillo de sal (1946), del poeta argentino Vicente Barbieri (1903-1956), Playa sola 1946), el primer poemario del argentino Alberto Girri (1919-1991), precedido de un estudio introductorio de Lorenzo Varela…

 

En la colección Mar Dulce, dedicada muy principalmente a temas americanos, destaca la edición de Luis M. Beudizzone de El libro de los Mayas. Popol Vuh o el libro del consejo (1944), y se publican en ella, por ejemplo, Las Calaveras y Otros grabados (1943), del artista mexicano José Guadaluope Posada (1852-1913), creador de la muy célebre Catrina, Amazonia. Leyendas Nángatú (1943), Leyendas de Tucumán (1944), profusamente ilustradas por Seoane, Juan Moreira (1886) (1944), de Gutiérrez Podestá, Los caudillos del años veinte (1944), compendio de biografías seleccionadas por Emma Felce y León Benarós, El alejaidinho Antonio Francisco Lisboa (1944), del escritor brasileño Newton Freitas, Mates burilados. Arte vernacular peruano (1945), de José Sabogal, Pancho Fierro. Estampas del pintor peruano (1945), también de Sabogal, Garibaldi en América (1946), de Newton Freitas (1909-1996) o Fausto. Impresiones del gaucho Anastasio el Pollo en la representación de esta ópera (1946), de Estanislao del Campo (1834-1888) y prologado por Jorge Luis Borges… Pese a tratarse de libros de ilustradores o profusamente ilustrados, la colección (en un formato de 20 x 12) mantenía una identidad muy firme gracias a la encuadernación y al diseño de las sobrecubiertas obra de Seoane, que se cuentan entre sus mejores y más eficaces diseños para Nova y que dotaba a la colección de una imagen muy reconocible.

Otra colección muy destacable es Camino de Santiago, dirigida al alimón por Cuadrado y Seoane, que estaba destinada a los grandes temas y autores de la cultura gallega, y en ella aparecieron obras de Concepción Arenal (Cuadros de la guerra, 1943), Rodríguez del Padrón (una antología con ilustraciones de Manuel Colmeiro en 1943), Martín Sarmiento (Estudio sobre el origen y la formación de la lengua gallega, 1943), Jesús Rodríguez López (Supresticiones de Galicia y preocupaciones vulgares, 1943),  Manuel Murguía (Don Diego Gelmírez, 1943)…

Sin embargo, la primera edición de Historias e invenciones de Félix Muriel bastaría para reservar un lugar de honor a la colección Camino de Santiago y a Nova en la historia editorial. En el mítico café Tortoni se reunía en tertulia una amalgama de escritores y artistas gallegos y argentinos, entre ellos Seoane, Varela, Colmeiro, Julio Cortázar, Ernesto Sábato,  y también los médicos Xosé Núñez Búa, Gumersindo Sánchez Guisande, así como Rafael Dieste, que por aquel entonces era director editorial de la Editorial Atlántida. Luis Soane, que como se ha mencionado ya acababa de publicar a Dieste en De mar a mar en diciembre de 1942 “De cómo vino al mundo Félix Muriel”, y que en el seno de Emecé le había publicado la reedición del poemario Rojo farol amante (1940) para la colección Dorna, le solicitó algún libro de relatos que pudiera entregar en el plazo de tan sólo dos meses. Así lo contó la esposa de Dieste, Carmen Muñoz: “Necesitamos un libro tuyo para una colección de narraciones que vamos a iniciar. El plazo de entrega es de dos meses”. Pese a las risas que despertó entre los contertulios esta disparatada premura, de ello saldría, aquel mismo mes de junio, uno de los mejores libros de cuentos de la literatura española como quinto número de la colección, con once dibujos a toda página de Luis Seoane.

 

El proceso de creación fue bastante singular, además, pues al término de su jornada laboral en Atlántida Dieste dictaba a su esposa el relato que leería el sábado en el Tortoni, y progresivamente el libro fue completándose. Acaso por la cercanía de la publicación en la revista, esta primera edición no incorporó el relato germinal (“De cómo vino al mundo Félix Muriel”), como tampoco lo hizo la de Alianza de 1974, sino que lo incorporó al libro por primera vez Estelle Irizarry en su edición para Cátedra.

Siempre de izquierda a derecha: de pie, el científico y escritor Xosé Otero Espasandín (1900-1987), Rafael Dieste, el doctor Antonio Baltar y Luis Seoane; sentadas, Mireya Dieste, Carmen Muñoz y Maruxa Fernández. Buenos Aires, 1943. Fotografía procedente de la publicación galleguista A Nosa Terra.

El profesor Juan Rodríguez escribió acerca de la rocambolesca historia de esa primera edición del libro:

Ilustrado por el propio Seoane, fue

Rafael Dieste.

generosamente reseñado por los compañeros de exilio republicano y prácticamente ignorado por la crítica argentina; tan solo a partir de su publicación en España fue ampliamente reconocido como una de las obras maestras de la literatura en lengua española del siglo XX.

 

Fuentes:

Daniel Domínguez, “Un maravillado mirar”, Escuela de los domingos, 18 de septiembre de 2011.

Daniel Domínguez, “Cuando fuimos Félix Muriel”, Escuela de los domingos, 15 de octubre de 2011.

Noemí de Haro García, Grabadores contra el franquismo, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2010.

Estelle Irizarry

Estelle Irizarry, Introducción a Rafael Dieste, Historias e invenciones de Félix Muriel, Madrid, Cátedra (Letras Hispánicas 233), 1985.

Antonio Lago Carvallo y Nicanor Gómez Villegas, eds., Un viaje de ida y vuelta. La edición española e iberoamericana. (1936-1975), Madrid, Siruela (El Ojo del Tiempo 9), 2006.

César Antonio Molina, Medio siglo de prensa literaria española (1900-1950), Madrid, Ediciones Endymion (Textos Universitarios), 1990.

Juan Rodríguez, “Historias e invenciones de Félix Muriel, de Rafael Dieste”, Quimera, 252 (enero de 2005), pp. 35-37.

Salvador Rodríguez, “Los gallegos del boom. Artistas e intelectuales de Galicia tuvieron un papel decisivo en la eclosión literaria latinoamericana“, Grupo Li Po, 21 de marzo de 2013.

Graciana Vázquez Villanueva, “Política de Lectura y política editorial como programa político de los republicanos españoles en Buenos Aires (1936-1950). El caso de Luis Seoane”.