Día del Libro, 1938: Guerra de cifras durante la guerra civil española

La de 1938 fue, lógicamente, una de las celebraciones del Día del Libro singulares, pero como tantas otras estuvo acompañada por su correspondiente polémica acerca de cuáles habían sido los libros más vendidos.

Entre estas singularidades destacan por ejemplo las fechas en que se celebró. Del mismo modo que en 1937 se había desplazado inicialmente a mayo, y posteriormente, como consecuencia de los conocidos precisamente como Hechos de Mayo, a principios de junio, en 1938 se desarrolló a mediados de año, inicialmente restringido al día 15, si bien posteriormente prolongado al día siguiente, mientras que numerosos actos relacionados con el libro (conferencias, exposiciones, recitales…) se extendieron entre los días 13 y 19 de junio.

Otra de las singularidades, muy probablemente vinculada con el avance de las tropas franquistas que habían ido generando miles de desplazados a tierras aún republicanas, así como al traslado del gobierno español de Valencia a Barcelona (31 de octubre de 1937) y de empresas editoriales como Hora de España y Nuestro Pueblo, es el hecho de que aumentara muy notablemente la circulación de libros publicados en lengua española y consiguientemente el porcentaje que supusieron en el global de las ventas durante estas jornadas.

Cartel de la Fira del Llibre de 1937.Y una tercera singularidad: por parte de las autoridades catalanas, uno de los objetivos más importantes y urgentes de esa feria era obtener libros para el Servei de Biblioteques al Front, cuyos fondos habían sido víctimas de los particularmente duros bombardeos de que había sido objetivo Barcelona en marzo de ese año.

Sin embargo, no sólo acerca de las cifras, sino incluso de los títulos más vendidos es difícil obtener datos fiables, pues muestran una inequívoca intencionalidad por parte de aquellos que los facilitan.

El día anterior a la Diada, casi toda la página 8 de La Vanguardia, que por entonces dirigía de facto Paulí Masip (1899-1963), la ocupaban tres enormes anuncios sobre novedades editoriales que son muy significativos: Uno de Ediciones Europa-América, con un prolijo listado de títulos, con sus correspondientes precios, clasificados temáticamente (Clásicos del Marxismo-Leninismo, El Movimiento Estajanovista, Colección Stalin, La Lucha contra el Trostkismo…); otro de Editorial Nuestro Pueblo con una forma similar y en cuyo catálogo destacaban obras de José Herrera Petere (1909-1977), Federico García Lorca (1898-1936) y Pedro Garfias (1901-1967), entre otros, y un tercer anuncio con las novedades de una singular Estrella, Editorial per a la Juventut, que encabezaban Dubrowski, el bandido, de Pushkin, y dos obras de Antoniorrobles (Antonio Joaquín Robles Soler, 1895-1983): Don Nubarrón en las colas y Don Nubarrón en su tinajón. No es ocioso señalar que estos tres sellos estaban vinculadas a la empresa Distribuidora de Publicaciones, cuya oficina central estaba en el número 260 de la calle Diputació (entresuelo) y con Librería Internacional, en el número 21 del Passeig Maragall (entrada por Diputación); en otras palabras, pertenecían a un mismo conglomerado de empresas vinculado al Partido Comunista, como describe bien Gonzalo Santonja  en Los signos de la noche.

Federico García Lorca.En la página 7 del mismo periódico, aparecían otros anuncios diversos, de las publicaciones del Comisariat de Propaganda de la Generalitat de Catalunya, de las Unitats de xoc de Calders ilustrado con grabados de Enric Cluselles y prologado por Carles Riba o, más sorprendente, de la edición de La Biblia que ponía a la venta por esas fechas la Casa de la Biblia, pero el espacio central lo ocupaba de nuevo un inmenso anuncio en el que se destaca otro libro de Nuestro Pueblo, Madrid es nuestro, que reúne sesenta crónicas firmadas por Jesús Izcaray, Clemente Cimorra, Mariano Perla y Eduardo Ontanón, prologadas por el general José Miaja (1878-1958).

Enric Cluselles.En la plaza Catalunya y sus aledaños, montaron esa jornada sus puestos las Milicias de la Cultura, Mujeres Libres, Mutilados de Guerra, la Asociación de Artistas Teatrales, la Asociación de Amigos de la URSS, Asistencia Infantil, entre otras organizaciones, mientras que en los locales del CADCI (Centre Autonomista de Dependents del Comerç i de la Indústria) pronunció una conferencia Josep Pujols, en el local social de Profesionales Liberales (CNT) se organizó una exposición de libro antiguo (con ejemplares de los siglos XV y XVI) o en la Biblioteca Apel·les Mestres una sobre libro infantil, entre infinidad de otras iniciativas parecidas en todos los barrios de la ciudad.

Si bien en el Dia del Libro de 1937 a la prensa le sorprendió la cuantiosa venta de libros de poesía catalana, al hacer balance de la jornada de 1938 un anómimo redactor de La Rambla aseguraba que «No encontraréis ningún dependiente que no os diga que nunca se habían vendido tantos libros». Sin embargo, el exfutbolista del Barça y el Catalonia, y entonces profesor y periodista, Isidro Corbinos (1894-1966) matizaba esas palabras en La Vanguardia recurriendo al testimonio de un librero con puesto en las Ramblas:

En realidad, esta de hoy es una media fiesta del libro. Porque no hay libros, no hay compradores. No hay, se entiende, el buen libro, agotado y ya inexistente en el mercado; el buen libro que se ha vendido siempre en todas las ferias, todos los años. No queda nada de Galdós, ni de Pereda, ni de Palacio Valdés, ni de Alarcón, ni de los grandes novelistas extranjeros. No queda el libro de calidad literaria. Ni libros de Arte. Ni siquiera libros técnicos… […] Además, el lector ha disminuido, se encuentran en el frente todos aquellos que más leían. [..] Pero no se crea […], se compraría infinitamente más si hubiera todos los libros que se piden.

El mismo Corbinos señala que los actos relacionados con el libro han ganado protagonismo en detrimento de la venta propiamente dicha, pero apunta también el éxito  de las biografías, así como del libro popular de bajo precio y destaca que «algunas ediciones económicas editadas por unas Ediciones para la Juventud se agotaron» y que en general los libros sobre la revolución y la guerra se han vendido «a cataratas». Aun así, incorpora también el testimonio del insigne librero especializado en teatro Àngel Millà i Navarro (1890-1975), que hasta cierto punto lo desmiente pues a media tarde aseguraba haber vendido ya más de mil ejemplares de la edición económica (50 céntimos) de La vida es sueño, de Calderón de la Barca. Téngase en cuenta que la recién aparecida edición de Unitats de xoc mencionada se puso a la venta a 10 pesetas, el mismo precio que el también reciente Infants, de Pere Creixems (1893-1965), una carpeta con trece láminas ilustradas y texto bilingüe (catalán y español). En parte, estas diferencias de precios, se explican por la propiedad del entonces ya escaso papel. Otro de los éxitos en catalán fue la tercera edición del clásico del pacifismo Res de nou a l´Oest, de Erich Maria Remarque (1898-1970), traducida por Joan Alavedra i Segurañas (1896-1981), que acababa de poner a la venta la editorial Proa.

Otra enumeración de títulos estelares la ofrece el periódico El Día Gráfico en un artículo titulado «La jornada de la Feria del Libro», que los clasifica entre clásicos extranjeros y españoles y los ordena de más a menos vendidos: Dostoievski, Zola, Dickens, Dumas y Hugo, por un lado, y Galdós, Valle-Inclán y Blasco Ibáñez, por el otro, pero destaca también el Contraataque de Sender, La España donde se juega el destino de Europa, de André Marty, Dubobski el bandido, de Pushkin, y varios títulos de Romain Rolland. Vale la pena señalar acerca de Valle-Inclán (186-1936) que ese año Nuestro Pueblo acababa de publicar una edición del Tirano Banderas prologada por Enrique Díez-Canedo (1879-1944) y orta de La corte de los milagros con una nota previa de Antonio Machado (1875-1939), con unas tiradas por lo menos cercanas a los 2.500 ejemplares.

Por su parte, El Noticiero Universal toma como fuente la mencionada Distribuidora de Publicaciones de la calle Diputación y le da el siguiente saldo: la lista la encabezan Contraataque, Madrid es nuestro, Acero de Madrid (de José Herrera Petere), Tirano Banderas y el romancero de la guerra civil. Pero más descarado todavía es artículo publicado en el periódico comunista Treball, en el que puede leerse que «Se ha celebrado con un enorme éxito de público y de ventas», «Los temas preferidos han sido los de la guerra y los referidos a la URSS» o que «Los autores favoritos: Lenin y Gorki».

Es evidente que toda feria del libro ha generado siempre unas listas de títulos más vendidos de una seriedad y fiabilidad más que limitada –aunque las intenciones e intereses no siempre han sido tan claros–, y de ahí el acierto de dejar de elaborarlas por parte de la organización de las mismas.

Recogida de libros destinados al frente durante el Día del Libro de 1938.

Fuentes:

La Vanguardia de los días 14, 15 y 16 de junio de 1938.

«La festa d´avui», La Rambla, 15 de junio de 1938.

«La jornada de la Feria del Libro», El Día Gráfico 16 de junio de 1938.

«El Día del Libro», El Noticiero Universal, 16 de junio de 1938.

Màrius Carol, Entre libros y rosas. Sesenta años de una fiesta ciudadana, Barcelona, Federación de Gremios de Editores de España-La Magrana, 1996.

Joan Crexell, El llibre a Catalunya durant la guerra civil, Barcelona, Publicacions de l´Abadia de Montserrat, 1990.

Gonzalo Santonja, Los signos de la noche. De la guerra civil al exilio. Historia peregrina del libro republicano entre España y México, Madrid, Castalia (Literatura y Sociedad 76), 2006.

 

Andreu Nin y la literatura rusa

Alexander Pushkin (1799-1837).

En los estudios sobre la difusión editorial de la literatura rusa en lengua española suelen señalarse como primeras traducciones las de Pushkin que datan de la década de 1840 (aparecidas en publicaciones como Revista Hispanoamericana, El Fénix, Revista Europea, etc., y siempre a partir de versiones previas del francés). Del mismo modo, es común subrayar el auge que vive en España la literatura rusa sobre todo a partir de la década de 1870. En este sentido, desempeñó un papel destacado Emilia Pardo Bazán (1851-1921), quien, además de espléndidas novelas, nos legó algunos textos teóricos o divulgativos muy valiosos, entre los que, para el caso, ocupa un lugar principal La novela y la revolución en Rusia (1887), que a su vez es en buena medida una paráfrasis de Le roman russe (1886), de Eugène-Melchior de Vogüé.

También en la misma época Benito Pérez Galdós (1843-1920), cuyas lecturas de los autores rusos dejaron huella en sus novelas, o el gran crítico literario Leopoldo Alas (1852-1901) contribuyeron de modo importante a subrayar la importancia de la narrativa de los autores rusos que hoy consideramos clásicos (Dostoyevski, Gógol, Turgueniev, Tolstoi, Pushkin….).

Antón Chéjov (1860-1904) y Tolstoi (1828-1910).

En este contexto, resulta curioso que la primera muestra de literatura realista rusa en la Península, antes incluso del famoso ensayo de Pardo Bazán, sea una traducción de 1884 (también indirecta) al catalán, Memòries d´un nihilista, de Isaak Pavlovski, llevada a cabo por el magnífico novelista Narcís Oller (1846-1930), quien mantuvo además una sólida amistad con el autor. Ya en el siglo XX, la cultura rusa en general vivió en España un creciente interés que se manifestó de modo muy notable a lo largo de los años treinta sobre todo por medio de la publicación de un conjunto muy amplio de literatura soviética, pero también de los principales clásicos decimonónicos.

De izquierda a derecha: Narcís Oller, Benito Pérez Galdós y Emilia Pardo Bazán.

Sin embargo, si Pardo Bazán, Galdós o Clarín, así como el grueso de los lectores españoles de su tiempo, leían a los autores rusos a través de las traducciones al francés, parciales y “occidentalizadas” llevadas a cabo por escritores como Turgueniev (quien abreviaba y adaptaba todo aquello que consideraba que no sería del agrado del lector europeo), mediados los años veinte, sin duda a rebufo de la Revolución de 1917 y de la divulgación de la literatura soviética, se empezó poco a poco a formar en España una pequeña cantera de traductores del ruso (Tatiana Enco de Valero, José Carbó, Piedad de Salas Lifchuz, Vicente San Medina, Braulio Reyno…), que todavía convivieron durante bastantes años con la costumbre muy arraigada de traducir indirectamente (por evidentes dificultades para los editores de contar con buenos traductores, pues ni siquiera se disponía por entonces de diccionarios bilingües), sobre todo a partir del francés y en menor medida del alemán.

Memòries d´un nihilista (Barcelona, La Ilustració Catalana, 18886).

Daniel Kowalsky puso de manifestó el importante papel que tuvo en el intencionado fomento del interés por la cultura rusa la VOSK (Sociedad para las Relaciones Culturales con el Exterior) creada en 1923 y adscrita al Comisariado del Pueblo para Asuntos Exteriores (Narkomindel) de la URSS, que fue muy activa en España en particular desde 1931 y se esmeró aún más a partir del triunfo del Frente Popular, cuando se empieza a privilegiar a la editorial Cenit como introductora de la literatura soviética. Sin embargo, no eran precisamente los clásicos de la literatura rusa lo que pretendía divulgar la VOSK, al margen de lo que interesara a los editores.

A comienzos de los años treinta –escribe Kowalsky– se había traducido al español muy poca literatura o propaganda soviética. La escasez de ciudadanos soviéticos con capacidad para hacer traducciones al español obligaba a la VOKS a pedir ayuda a sus correspondientes. Pero al mismo tiempo que necesitaba que los españoles filosoviéticos la ayudaran a traducir y difundir su propaganda, la agencia no estaba dispuesta a soltar el control que ejercía sobre sus servicios de información. A comienzos de 1931, la VOKS intentó supervisar las labores de traducción encargadas por el director de la Editorial Iberomaericana. […] La VOKS evitó eficazmente el envío de cualquier manifestación de la literatura no revolucionaria anterior a 1917 a sus correspondientes y traductores españoles. […] Al mismo tiempo que rechazaba la solicitud de ejemplares de las obras de Chéjov o Tolstoi que pudieran hacerle sus correspondientes, la agencia bombardeaba con la propaganda de la época a los niños españoles.

 

Del auge del interés por los grandes clásicos de la literatura rusa en general (no específicamente la soviética), ceñidos al ámbito de la edición en Cataluña valga como ejemplo el del editor Josep Janés, quien en sus ediciones Quaderns Literaris (1934-1938) se sirvió de las traducciones al catalán de Pushkin que R. J. Slaby había publicado en la Biblioteca Literaria de la Editorial Catalana (La filla del capità, La dama de pique, Dbrovski el bandoler), junto a las de varios otros destacados traductores cuya calidad como prosistas  estaba fuera de duda: Sebastià Juan Arbó (el Borís Gudónov, de Pushkin), Carles Riba (L´Inspector, de Gógol), Àngel Estivill (El primer amor, de Turgueniev), P. Montserrat Falsaveu (Les nits blanques de Dostoyevski), Josep Miracle (El somni de Makar, de Korolenko) e incluso el mismo Janés firmó la de El sagrament de l´amor (L¨amor de Mitia), de Iván Bunin. Y, destacando sobre todos ellos, Andreu Nin, de quien publicó la traducción de Prou compassió! de Zoichenko.

Sin duda entre todos los traductores del ruso al catalán, los casos más atractivos son los del longevo Francesc Payarols (1896-1998), que se inició en la editorial Proa y participó en 1935 en la creación de la efímera editorial Atena, y Andreu Nin (1892-1937), este último, y aunque la importancia de su labor es indiscutible, quizá por razones extraliterarias. Salvando las distancias, el caso de Andreu Nin tiene concomitancias con el de Federico García Lorca, a quien el modo y las circunstancias en que murió contribuyeron a mitificar. Si como traductor al español vertió algunos de los textos más divulgados de pensadores como Marx, Lenin, Trotski o Rosa Luxemburgo, además de algunos textos científicos, se trató sobre todo de trabajos alimenticios: El mayor reconocimiento lo tuvo en cambio como introductor de la gran literatura rusa en la cultura catalana, probablemente porque su prosa en catalán era más segura y dúctil. Según ha escrito Natàlia Kharitònova:

Los contemporáneos del traductor valoraron enormemente su labor. Las traducciones literarias de Nin se esperaban con impaciencia y, en cuanto se publicaban, tenían muy buena acogida por parte de los críticos del momento. No sólo se destacaba el hecho de que las traducciones de Nin eran directas e íntegras, sino que además solía considerarse que esos textos cumplían la misión de enriquecer la cultura catalana mediante la incorporación a ella de algunas de las obras más importantes de la literatura moderna.

La afición de Nin por la escritura tiene una primera manifestación muy temprana, pues en el número del 23 de mayo de 1905 (cuando tenía trece años) aparece en La Comarca del Vendrell su primer artículo periodístico, al que siguen otros en El Baix Penedès (entre ellos un alegato contra la tauromaquia) y poco después aparece ya como redactor de El Poble Català. La Justicia Social, La Patria, Los Miserables o Quaderns d´Estudi son algunas de las cabeceras que albergarán textos suyos antes de convertirse en 1917 en redactor de La Publicidad, sin por ello abandonar su incipiente carrera como maestro ni su creciente actividad política.

Nin con el también poumista Wilebaldo Solano (1916-2010).

Durante su estancia en la URSS (1921-1930), colabora en Correspondance Internationale y La Batalla, al tiempo que traduce, entre otras obras, Mis peripecias en España (Madrid, Editorial España, 1929), de Trotski, quien escribió un prólogo específico para esta edición, así como el grueso de traducciones que hizo para las Ediciones Europa-América que el epistolario entre Maurín y Nin permitió a Pelai Pagès identificar como obra del traductor catalán. A este mismo corresponsal (Maurín) le escribe Nin el 29 de marzo de 1929: “Las editoriales me bombardean con proposiciones hasta tal punto que me veo obligado a rechazar buena parte de ellas”, y asegura dedicar un mínimo de doce horas diarias. Para entonces, Nin había empezado también a publicar obra propia escrita en ruso (Faschims y Profsoynzi es de 1923), inglés (Struggle of the Trade Unions againts fascism se publica en Chicago ese mismo año 1923) y catalán (Les dictadures dels nostres dies, Llibreria Catalònia, 1930). Así como el proyecto nunca llevado a cabo de escribir un libro sobre Salvador Seguí, el Noi del Sucre (1887-1923).

Al igual que Payarols, de quien llegó a ser buen amigo, Nin forja su reputación como traductor literario en la editorial Proa, que dirigía Joan Puig i Ferrater (1882-1956) y que sobre todo mediante su colección A Tot Vent tuvo un papel muy destacado en la introducción de literatura rusa (en versiones íntegras y directas). En el seno de Proa, además, Nin se puso al frente de la colección El Camí, que respondía bien a sus intereses ideológicos, pues su objetivo era proporcionar documentación sólida acerca de temas económicos, políticos y sociales, mediante las obras fundamentales y las de actualidad. Pero ya antes de su regreso había aparecido en esa misma editorial su celebérrima y elogiadísima versión de Prestuplenie i nakaznie (Crim i càstig), que fue la primera versión íntegra de una obra de Dostoyevski que se publicaba en Occidente. Al profundo conocimiento de la lengua y la literatura rusa añadía Nin una preocupación por su prosa, trabajada a lo largo de los años que, dentro de las limitaciones de las traducciones de la época, le convertían en un traductor realmente excepcional.

En su faceta como crítico literario, siempre se ha señalado la influencia de la obra de Trotski Literatura y revolución,  que es evidente tanto en el ensayo “Grandesa i decadencia de la novel·la soviética” (Revista de Catalunya, núm. 78,  mayo de 1934), donde se muestra como el mayor conocedor de la literatura rusa de su tiempo, como en su estudio introductorio a L´Insurgent, de Jules Vallès, que el mismo tradujo para Proa (1935).

En cualquier caso, parece incontestable que en el siglo XX nadie como Andreu Nin hizo tanto por la introducción y el conocimiento de la literatura rusa, ni en la cultura catalana ni en la española.

Nota final: En el momento de escribir este texto, no me consta que haya culminado la investigación de Judit Figuerola i Peiró registrada como tesis doctoral con el título Andreu, Nin, intel·lectual traductor d´acció, dirigida por Montserrat Bacardí en la Universitat Autónoma de Barcelona, de la que se puede consultar en la Biblioteca d´Humanitats de esa universidad el trabajo previo “Andreu Nin, traductor“.

 

APÉNDICE: TRADUCCIONES DEL RUSO DE ANDREU NIN

Al español:

Rosa Luxemburgo, La Huelga en masa, el partido socialista y los sindicatos. La experiencia de la revolución rusa de 1905, Barcelona, Publicaciones de la Escuela Moderna, 1920.

Riazanov, ed., Karl Marx como hombre, pensador y revolucionario, Buenos Aires-París, Ediciones Europa-América, s.a.*

Pokrovski, Historia de la cultura rusa, Madrid, Editorial España, 1929.

Leon Trotski, Mis peripecias en España (con prólogo del autor, nota introductoria de Julio Álvarez del Vayo e ilustraciones de K. Rotova), Madrid, Editorial España, 1929.

Karl Marx, La revolución española (1808-1814, 1820-1823 y 1840-1843) (con notas de Jenaro Artiles), Madrid, Cénit, 1929.

Lenin, Páginas escogidas, París, Ediciones Europa-América, 1929.*

Lenin, El Estado y la revolución, París, Ediciones Europa-América, 1929.*

Plejánov, Anarquismo y socialismo, París, Ediciones Europa-América, 1929.*

Yaroslavski, Historia del Partido Bolchevique, París, Ediciones Europa-América, 1930.*

Krupskaia, Lenin (Recuerdos), París, Ediciones Europa-América, 1930.*

Lenin, El imperialismo como etapa superior del capitalismo, París, Ediciones Europa-América, 1930.*

Pokrovski, La revolución rusa (con nota introductoria de Andreu Nin), Madrid, Editorial España, 1931.

Trotski, La revolución permanente, Madrid, Cénit, 1931.

Trotski, Historia de la revolución rusa (La revolución de febrero), Madrid, Cénit, 1931.

Trotski, Historia de la revolución rusa (La revolución de octubre), Madrid, Cénit, 1932.

Lenin, Cartas íntimas, Madrid, Cénit, 1931.

Alexander Lozovski, Programa de acción de la Internacional Sindical Roja (prólogo de Andreu Nin), Barcelona, 1932.

Hellman, La vida sexual de la juventud contemporánea, Madrid, Aguilar, 1932.

Polonski, La literatura rusa de la época revolucionaria (con nota introductoria de Andreu Nin), Madrid, Editorial España, 1932.

Lazurski, Clasificación de las individualidades, Madrid, Aguilar, 1933.

Polonski, Bakunin, Barcelona, Atena, 1935.

Kornilov, Los problemas de la psicología moderna, Madrid, Aguilar, 1935.

* No aparece como traductor por cuestiones políticas, pero Pelai Pagès lo identifica como tal gracias a la correspondencia que en esos años Andreu Nin mantuvo con Joaquín Maurín.

Al catalán:

Fiodor Dostoyevski, Crim i càstig, Badalona, Proa (A Tot Vent 20 y 20ª), 1929.

Boris Pilniak, El Volga desemboca al mar Caspi, Badalona, Proa (A Tot Vent), 1931.

Fiodor Dostoyevski, Stepàntxikovo i els seus habitants, Badalona, Proa (A Tot Vent 55), 1933.

Tolstói, Anna Karènina, Badalona, Proa (A Tot Vent 64 a, 64 b, 64 c y 64 d), 1933.

Trotski, Què ha passat, Badalona, Proa, 1935.

Nikolai Bogdánov, La primera noia: historia romántica, Badalona, Proa (A Tot Vent 74), 1935.

Chejov, Una cacera dramática, Badalona, Proa (A Tot Vent 77), 1936.

Mijail Zoichenko, Prou compassió!, Barcelona, Quaderns Literaris, 1936.

Tolstói, Infància, adolescencia i juvenutt, Barcelona, Proa, 1974.

 

 Fuentes:

Sergi Doria, “Cuando Nin era traductor”, Abc, 28 de octubre de 2008.

Xènia Dyakonova, “La relació entre la literatura russa i la catalana”, Visat, núm 7 (2009).

Pilar Esterlich i Arce, “Francesc Payarols, traductor”, Quaderns. Revista de Traducció, 1 (1998), pp. 135-151.

Natàlia Kharitónova, “Andreu Nin, traductor del rus. Algunes qüestions”, Els Marges, núm 74 (otoño de 2004), pp. 5-70.

Daniel Kowalsky, “La política cultural soviética y la República española”, tercera parte de La Union Soviética y la Guerra Civil española. Una revisión crítica (traducción de Teófilo de Lozoya y Juan Rabasseda-Gascón), Barcelona, Crítica (Constrastes), 2004, pp. 133-190.

Yvan Lissorgues, “La novela rusa en España (1886-1910)“, en Enrique Rubio Cremades, Marisa Sotelo Vázquez, Virginia Trueba Mira y Blanca Ripoll Sintes, La literatura española del siglo XIX y las literaturas europeas, Quinto coloquio de la Sociedad de Literatura Española del Siglo XIX, 2011, pp. 287-310.

Irina Mychko-Megrin, Aproximación pragmática a la traducción de la ironia. Problemas traductológicos en la traslación al castellano de los relatos de M. Zóschenko y M. Bulgákov, tesis doctoral dirigida por Assumpta Camps Olivé e Iván García Sala, Universidad de Barcelona, 2011.

Pelai Pagès, Andreu Nin. Una vida al servei de la clase obrera, Barcelona, Laertes, 2008.

George O. Schanzer, “Las primeras traducciones de literatura rusa en España y en América”, en Actas del Tercer Congreso Internacional de Hispanistas, El Colegio de México, 1970, pp. 815-822.