Cecilia G. de Guilarte: De reportera de la CNT a autora de novela rosa (y editora frustrada)

Cecilia G. de Guilarte.

La trayectoria biográfica de la polifacética Cecilia G[arcía]. de Guilarte (1915-1989) resulta bastante singular ya por su misma precocidad (tanto literaria como en cuanto a la militancia en las Juventudes Libertarias). Publicó en Barcelona un primer reportaje inspirado en el viaje transoceánico del Plus Ultra con tan solo once años, a los diecisiete vio en las páginas del periódico de la CNT tinerfeña En Marcha una serie de artículos sobre «La lucha de clases en Italia», hasta que finalmente abandonó su empleo en la Papelera Española de Tolosa, donde trabajaba también su padre, para marchar a Madrid. Allí empezó a trabajar en el periódico Ahora y en la prestigiosa  «Revista Gráfica y Literaria de la Actualidad Española y Mundial» Estampa, que contó entre sus colaboradores con nombres tan notables como los de los artistas gráficos Rafael de Penagos, Salvador Bartolozzi y K-Hito (Ricardo García López), los fotógrafos Antonio Calbache, Campúa (José Demaría Vázquez) y Agustí Centelles y los escritores Josefina Carabías, Andrés Caranque de Ríos, Matilde Muñoz o Eduardo de Ontañón.

Paralelamente, inicia una carrera como narradora sirviéndose de esquemas o modelos cercanos a los de la novela sentimental y folletinesca, con un lenguaje directo y claro creando unos argumentos breves, sencillos, mediante los cuales comunicar aspectos del pensamiento anarquista. Estos rasgos encajan perfectamente (quizás incluso los condicionaran) con los de la colección que desde 1925 estaban llevando adelante Federico Urales (Juan Montseny, 1864-1942), Soledad Gustavo (Teresa Mañé, 1865-1939) y Federica Montseny Mañé (1905-1994): La Novela Ideal, entre cuyas peculiaridades no menores respecto de otras colecciones anarquistas de la época estaba el retribuir tanto los textos como las ilustraciones de cubierta. Como resultado de esta ¿coincidencia?, no es raro que en enero de 1935 la novela Locos o vencidos, apareciera, como número 389, en esta colección, y firmado como Cecilia García. Y a esta seguiría en febrero del año siguiente, en las mismas condiciones, Mujeres (número 497) y, como número 13 de la colección La Novela Vasca, por esas mismas fechas aparecen los dos relatos «Rosa del rosal cortada» y «Los claros ojos de Ignacio», donde el componente ideológico y de crítica social es menos acusado, lo cual podría explicar el cambio de colección, pues en 1935 en La Novela Vasca habían aparecido como primeros números el relato semiautobiográfico del polifacético medico Victoriano Juaristi Sagarzazu (1880-1949) Caminos de Navarra, el relato de Antonio Arabolaza El boticario de Ibarrola, así como Ana Mari, de Bernabé Orogorzi, dirigente de Euzko Abertzale Ekintza (Acción Nacionalista Vasca) que poco después pasaría a dirigir el periódico Ereintza.

Germán Bleiberg.

Sin embargo, el gran salto a la fama de Cecilia G. de Guilarte se produce durante la guerra civil española, que la sorprende en Guipúzcoa y se incorpora al grupo anarquista Los Temerarios, al tiempo que empieza a forjarse fama como una de sus más destacadas corresponsales de la contienda a través de las páginas del donostiarra Frente Popular y de El Liberal. Caída Guipúzcoa, viaja a Vizcaya, donde escribe para CNT Norte (órgano oficial del comité regional del Norte), donde coincide por ejemplo con Germán Bleiberg (1915-1990), hasta que esta cabecera es temporalmente clausurada como consecuencia de sus tensiones con el Gobierno Vasco, y Cecilia empieza a escribir para La lucha de clases. En palabras de Karolina Almagia, (sospechosamente parecidas a las de la contracubierta  de Cecilia G. de Guilarte, reporter de la CNT):

Cecilia fue una mujer que no huyó del peligro y permaneció en medio de la batalla de Irun, en las calles de Bilbo durante los trágicos sucesos del 4 de enero de 1937 (cuando, tras un bombardeo que causó varios muertos, la muchedumbre penetró en las cárceles de la ciudad y causó una matanza entre los presos franquistas), en las posiciones del batallón Isaac Puente en Cimadevilla o en la ofensiva del general Mola.

Guilarte, en el centro de la imagen, al fondo, en una trinchera.

Al término de la guerra, la audaz corresponsal pudo pasar a Francia, donde colaboró en el periódico republicano de Bayona Le Sud-Ouest, hasta que finalmente pudo embarcarse con destino a México. Un puesto de redactora-jefe en la revista femenina El Hogar fue una de sus primeras ocupaciones en la capital mexicana (entre 1941 y 1949), pero en aquellos primeros años se dedicó también a la escritura de breves novelas rosas que le publicó en 1942 la editorial Delly, Camino del corazón, El milagro de la vida y Orgullo de casta, y que ella misma definió retrospectivamente como «Novelas para cambiarlas por pan, sentimentalonas y rosas». Declaró acerca de aquel trabajo:

Escribí tres novelas para ellos… Fíjate que les llevé una y me dijeron: «hay que quitarle cien páginas». Yo cogí cien páginas de cualquier sitio y las quité. Es que era una manera de ganar dinero, pero yo no tenía ilusión de dedicarme a la novela rosa…

En su libro Voces del exilio. Mujeres españolas en México, 1939-1950, Pilar Domínguez Prats rescata unas declaraciones acerca de esos primeros años de exilio en las que Guilarte revela la existencia de un proyecto de crear en la inmediata posguerra unan editorial en México en colaboración con quien en 1936 fuera secretario de la Agrupación de Periodistas de Madrid y uno de los pioneros de la radio en Unión Radio, Rafael Torres Endrina (1897-1945), asociados con quien fuera abogado fiscal del Tribunal Supermo y, durante la guerra, del Tribunal Popular de Murcia, José Gomis Soler (1900-1971), que era además un reputado arabista y había colaborado con diversas publicaciones periódicas ya en tiempos de la Segunda República (el semanario Tiempo, Crónica Ilustrada, Humanismo, Clarín, El Telegrama del Rif, El Sol…) y que en 1952 publicaría en la colección Ideas, Letras y Vida, de la Compañía General de Ediciones, una novela reportaje situada en la guerra civil, Cruces sin Cristo.

Del mismo modo que José Bergamín obtuvo financiación del Servicio de Evacuación de Refugiados Españoles (SERE) para poder poner en marcha su selecta editorial Séneca, que no hay duda de que con sus ediciones contribuyó a la dignificación de la cultura republicana española, según contaba Cecilia G. de Guilarte la intención de esta empresa editorial que ella lideraba era obtener una ayuda de 15.000 pesos de la Junta de Auxilio a los Republicanos Españoles (JARE) para dedicarse a:

La edición de una serie de publicaciones semanales (novelas cortas, teatro, episodios históricos, biografías) de precio barato y fácil divulgación y venta… Además, emplearíamos a muchos escritores y periodistas exiliados, a quienes sería posible ayudar encargándoles originales, traducciones…

Guilarte en México.

La idea parece bien orientada, y además coherente con la necesidad de proporcionar fuentes de ingreso a los refugiados republicanos, pero, por falta de financiación, no pudo hacerse realidad. Cecilia de Guilarte prosiguió su carrera como escritora todo terreno, con colaboraciones en radio, como editorialista y creadora del suplemento de cultura de la cadena de periódicos Healy de Sonora, como jefa del Departamento de Extensión Universitaria y directora de la revista Universidad de Sonora, dejando su amplia obra periodística en cabeceras del exilio vasco (Guernika, Euzko-Gogoa, el Boletín del Instituto Americano de Estudios Vascos, Euzko-Deya), así como una obra literaria no condicionada por la necesidad económica, en la que alternan la novela ─Nació en España (Míjares, 1944)─, el teatro ─La trampa (Costa-Amic, 1958)─, el ensayo biográfico ─Sor Juana Inés de la Cruz. Claro en la Selva (Ekin, 1958) y El Padre Hidalgo, libertador (Universidad de Sonora, 1958)─, antes de su regreso definitivo a su Tolosa natal en 1964, con el que se iniciaría una nueva etapa en la que las colaboraciones periodísticas se conjugarían con el éxito literario (Premio Ancla de Oro ese mismo año, mención de honor en el Premio Gabriel Miró del Ayuntamiento de Alicante en 1969, Premio Águilas por Cualquiera que os dé muerte en 1969…) y con la publicación de inéditos que ha proseguido hasta bien entrado el siglo XXI (Los nudos del quipu, por ejemplo, se publicó por primera vez en la Biblioteca del Exilio en 2015).

Se hace difícil pensar, ante una trayectoria semejante, que si se lo hubiera propuesto Cecilia G. de Guilarte no hubiera podido sacar adelante una colección como la que había proyectado y que probablemente hubiera constituido una ayuda para los intelectuales españoles.

Carnet de periodista expedido por Euzko Deya a nombre de Cecilia G. de Guilarte.

Fuentes:

Karolina Almagia, «Cecilia G. de Guilarte, anarquista y corresponsal de guerra», Gara, 30 de marzo de 2008.

Anónimo, «Cecilia G. de Guilarte. Profesora universitaria y reportera anarcosindicalista», CNT Puerto Real (Cádiz), s/f.

Manuel Aznar Soler, «Cecilia G. de Guiliarte», en Manuel Aznar Soler y José Ramón López García, eds., Diccionario biobibliográfico de los escritores, editoriales y revistas del exilio republicano de 1939, Sevilla, Biblioteca del Exilio, 2016, vol. 3, pp. 7-10.

Blanca Gimeno Escudero El discurso femenino en la obra literaria de Cecilia G. Guilarte, tesis doctoral presentada en la Universidad de Valladolid, 2013.

Cary Parker (dirección y edición) y Mónica Jato (guión y producción), Un barco cargado de… memoria, Independent, 2012. Film.

Mónica Jato, Holly Pike y Ana María Izaskun Ruiz García, Un barco cargado de… (blog).

Julen Lezamiz y Ana Urrutia, «Cecilia G. de Guilarte: de corresponsal en la guerra civil a escritora en el exilio», Revista Internacional de Ciencias Humanas 4 (1025), pp. 137-141.

Pilar Rodríguez Prats, Voces del exilio. Mujeres españolas en México, 1939-1950, Madrid, Universidad Complutense, 1994.

Guillermo Tabernilla y Julen Lezamiz, Cecilia G. de Guilarte, reporter de la CNT. Sus crónicas de guerra, Bilbao, Asociación Sancho de Beurko (Monografías de la guerra civil en Euzkadi 5), 2007.