Edición colaborativa, El Club de los Lectores

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Logo de El Club de los Lectores (1955-1959).

Los Libros de Enlace ha quedado en la historia de la edición española como un caso singular en el que una serie de editoriales con afinidades políticas y estéticas, y con vínculos personales más o menos estrechos entre sus responsables, consiguieron poner en pie una interesante colección de libros de bolsillo (en la que hay sin embargo algunas disonancias clamorosas). De la confluencia de las barcelonesas Barral, Lumen, Tusquets, Laia, Edicions 62, Fontanella, Anagrama y la madrileña Cuadernos para el Diálogo, a la que se sumó durante un breve tiempo la también barcelonesa Edhasa, surgió un catálogo con algunos de los libros más interesantes y rentables que habían publicado cada una de ellas.

Hacia el año 2001, parecía recoger el testigo Quinteto, que aglutinaba inicialmente a Anagrama, Edhasa, Salamandra, Tusquets y dos editoriales del Grup 62 (Península y Muchnik), entre cuyos objetivos declarados se contaba tanto la voluntad de tener presencia en los puntos de venta, en un momento en que proliferaban las ediciones de bolsillo (Punto de Lectura, Booket, Debolsillo…), como preservar la autonomía frente a los grandes grupos, pero en cuanto se puso la producción en manos de Planeta ya empezó a intuirse que no tendría un final brillante.

No son estos casos únicos, y aunque el caso de Enlace quizá haya sido un poco mitificado por sus vínculos con la gauche divine, contaba con un antecedente bastante notable y poco conocido en El Club de los Lectores (1955-1959), que se estrenó con el lema “Publica los mejores libros a mejores precios” y el siguiente texto programático:

Ha sido fundado por un grupo de editores convencidos de que sólo una mayor difusión del libro puede contribuir a su abaratamiento. Sin embargo, y para predicar con el ejemplo, ha invertido los términos de la premisa y ha empezado por abaratar el libro para ponerlo al alcance de todos los bolsillos. Libros mejores al mejor precio es, pues, el lema del Club de los Lectores, al que se atiene con todas sus consecuencias. Publica, mensualmente, dos volúmenes sencillos y uno extra, en edición en rústica y también encuadernados en tela. Ha establecido, además, un sistema de suscripciones, utilizando el cual resulta el volumen extra al mismo precio que el corriente

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LAs muy características portadas en tela de El Club de los Lectores con su logo grabado en dorado.

En una primera selección aparecieron (en rústica y en cartoné con sobrecubierta) Vinieron las lluvias, la más célebre novela del poco menos que olvidado escritor estadounidense Louis Bromnfield (1896-1956), El enamorado de la Osa Mayor, del espía y escritor polaco, por entonces exiliado en Italia, Sergius Piasecki (1901-1964) y Retrato de un matrimonio, de la maestra de las grandes ventas y premio Nobel en 1938 Pearl S. Buck (1892-1973). Como arranque, era prometedor, y a estos siguieron títulos de clásicos jamás discutidos (Kipling, Huxley, Hemingway,Saroyan, Dos Passos, Zweig,  Mann), junto a una serie de autores que, tras un muy largo olvido, en el siglo XXI parecen haber sido objeto de operaciones de rescate con suerte diversa por parte sobre todo de editoriales pequeñas y más o menos audaces (Sally Salminen, Jakob Wasserman, Lajos Zilahy, Dino Buzzati, Knut Hansum, Somerset Maughan, Franz Werfel…).

Vinieron las lluvias y El enamorado de la Osa Mayor los había publicado en 1944 y 1944 respectivamente Carlos F. Maristany en sus Ediciones del Zodíaco, mientras que Retrato de un matrimonio era de los escasos títulos de Buck que habían escapado a José Manuel Lara Hernández y había publicado, en traducción de Isabel Iglesias, la histórica Hispano-Americana de Ediciones (HAE), editorial derivada de las italianas ediciones De Vecchi, entre cuyos blasones está el haber publicado en España la primera viñeta de Supermán –en 1940, si bien por razones de presión lingüística como Ciclón el Superhombre–, desde su sede barcelonesa de la calle Londres (núm. 186-1889) y desde la calle Rocafort 225, en los años cuarenta publicó diversos títulos de Bartolomé Soler, Mihaly Földi, Ferenc Herczec, Lajos Zilahy, Liam O´Flaherty y varios clásicos de la novela de aventuras británica (Walter Scott, Stevenson, A.E.W. Manson, Defoe…).

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Sobrecubierta de “A pecho descubierto” (1955), de James Hilton.

El truco consistía, básicamente, en añadir una portadilla y unas guardas con el logo de la colección a obras ya previamente publicadas, encuadernarlas en tela y añadirles unas sobrecubiertas (en algunos casos muy modernas, con collages de fotografía e ilustración) que dotaban de identidad propia a los volúmenes procedentes de colecciones y editoriales diversas.

Germán Plaza

Germán Plaza.

Sin embargo, las mayores aportaciones a la espléndida colección El Club de los Lectores procedieron de las colecciones de dos de los grandes de la edición barcelonesa, Germán Plaza (1903-1977) y José Janés (1913-1959, que aportaron algunos de los títulos más interesantes (de las ediciones Cisne y G.P. sobre todo, en el caso de Plaza) y fueron desde el principio sus máximos impulsores, pues tanto las ideas que en esos años había ido desarrollando Janés como las que expuso en su conocida conferencia de 1956 Germán Plaza encontraron una vía idónea para hacerse realidad en esta operación conjunta. Y al parecer, tal fue el éxito que pudo ir un paso más allá, según declaración de los propios editores al presentar El Libro del Mes como una nueva selección de títulos de resonancia internacional presentados por el Club de los Lectores:

La fervorosa y amplia acogida dispensada por los lectores de habla española a las selecciones del club de los lectores ha sido interpretada por sus editores como demostración de confianza en la labor difusora del buen libro.

El carácter, ya deliberado, que se ha impreso a esta colección impide, sin embargo, incluir en ella títulos y autores inéditos que, por lo mismo, exigen del lector un doble crédito.

Pero basándose en el que se le concede, El Club de los Lectores se ha decidido a salvar esta laguna, ofreciendo, al margen de sus ediciones normales, y en ediciones de bella y aun suntuosa presentación, el libro del mes, que consistirá en un título seleccionado de entre los de mayor éxito internacional del momento.

Pretende, a la vez, romper así la resistencia de los editores españoles a dar a conocer nuevos valores, motivada, con seguridad, por cierta falta de curiosidad de un público justificadamente escarmentado. Y también ha querido corresponder al favor de sus adictos, poniendo al alcance de todas las economías obras que por su continente y su contenido les estaban vedadas hasta ahora.

 

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Guardas de una edición de El Libro del Mes (en que alternan los dos logos).

El Libro del Mes es en realidad una de las iniciativas más interesantes por divulgar las ediciones muy bien hechas, pues se trata de obras encuadernadas en tela, con estampados en oro en portada y lomo, cinta marcapáginas, con sobrecubierta ilustrada a todo color y plastificada, con guardas impresas, portada interior impresa a dos tintas y con la particularidad de ir estuchados en cartón.

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La elegante portada de “El atrevido muchacho del trapecio” (1956) en la colección El Libro del Mes.

En realición a El Libro del Mes y el cuidado y suntuosidad con que se editaban estos libros es gracioso que Antonio Rabinad cuente en sus memorias que cuando Janés le obsequió con un ejemplar, se encontró en las manos “un estuche regular color crema, decorado con flores, que yo miré indeciso por ambos lados, sin saber qué decir. Y volví a leer, en una esquina, la leyenda que campeaba en bella letra inglesa: Amor me dio la bienvenida”. Y añade que respondió a la pregunta de si le gustaba: “¿Pero esto es un libro? Creí que me regalaba usted una caja de bombones”.

En los años sucesivos aparecerían como Libro del Mes obras inéditas de Dino Buzzati, André Maurois, William Saroyan o Mika Waltari, así como de unos cuantos autores que hasta entonces no habían sido publicados en España, como Michel Deon, Christine Garnier o Nevil Shute, entre otros.

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Frontis de la caja a la que alude Rabinad en sus memorias.

Fuentes:

Isabel Obiols, «Cinco editoriales se unen en una nueva marca de bolsillo», El País, 19 de diciembre de 2001.

Plaza, Germán, “Los problemas del libro popular en España”, conferencia pronunciada en la Biblioteca Central de la Diputación de Barcelona con motivo de la Exposición de la Fiesta del Libro de 1955 y publicada como anexo al Catálogo de la producción editorial barcelonesa comprendida entre el 23 de abril de 1954 y el de 1955, Barcelona, Diputación de Barcelona, 1956.

Rabinad, Antonio, El hombre indigno. Una vida de posguerra, Barcelona, Alba Editorial (Colección Literaria), 2000.

Carlos F. Maristany y las Ediciones del Zodíaco

En la inmensa mayoría de libros de historia literaria que mencionan las Ediciones Zodíaco fundadas por Carlos F. Maristany (1813-1985) lo hacen en relación a las ediciones de los libros de Camilo José Cela Pisando la dudosa luz del día. Poemas de una adolescencia cruel (1945) y La vida de Pascual Duarte (1946), o en algunos casos de la nunca llevada a cabo en vida del autor de una versión de La colmena (para la que estuvo también en tratos con Josep Janés).

Sin embargo, cuando al final de la guerra civil Carlos F. Maristany (formado en la Editorial Cervantes en la que trabajaba su padre), crea esta editorial, la inicia ya con unos primeros libros bastante interesantes y salvando una serie de dificultades importantes (comunes, por otra parte, a casi todos los editores de su tiempo: escasez de profesionales preparados, carencia de papel, inestabilidad del suministro eléctrico, imprentas envejecidas, retrasos debidos a censura, etc.).

Si quizá no los primeros en sentido estricto, algunos de los primeros libros que aparecen con el sello de Ediciones del Zodíaco son las traducciones de Roberto Koch. La novela de su vida, del alemán Hellmuth Unger (1891-1953), con un apéndice del tisólogo Rafael Serra Goday, encuadernada en tapa dura y con sobrecubierta ilustrada; La guerra del petróleo, del periodista austríaco Anton Zischka (1904-1997), con la que estrena la colección De los Documentos Vivos. Serie Alemana 1, traducido por Francisco Torres y encuadernado también en tapa dura con sobrecubierta ilustrada; y Opio, del también austríaco Rudolf Brunngaber (1901-1960), con notas y un mapa del Imperio Chino en 1900, en traducción de H. Bergmann e incluido en la misma colección. No parecen tener ninguna relación, estos Documentos Vivos, con la colección homónima de la editorial Cénit (que en 1931 publicó las Cartas íntimas de Lenin, traducidas por Andreu Nin (1892-1937).

No obstante, los primeros en los que se indica el año de edición son Katrina (1942) de la escritora finlandesa en lengua sueca Sally Salminen (1906-1976) en traducción de Francisco Torres Ferrer y Luis Vegas López (aún viva en las muy católicas Ediciones Palabra), quienes también tradujeron de la misma autora y para la misma editorial Mariana (1945) y una muy notable colección Las Horas Solitarias, con una serie dedicada a los clásicos rusos titulada Joyas Literarias de la Rusia de Antaño.

Como anotación al margen: No son datos baladís que, de Unger, José Janés publicara luego, por ejemplo, Deber y conciencia (1945) en la colección La Aventura del Hombre, que a Camilo José Cela le publicara el libro de cuentos El bonito crimen del carabinero y otras invenciones (1947) en Lauro o que Katrina se publicara en 1955 en la colección El Club de los Lectores promovida por Janés en asociación con Germán Plaza. Aunque no sea de momento posible precisar de qué modo y en qué grado o medida, es evidente que se estableció una estrecha relación colaborativa entre Janés y Maristany.

Joyas Literarias de la Rusia de Antaño se estrena en 1942 con tres volúmenes dedicados a Pushkin: El zar Saltán y otras obras, Boris Godunov y otras obras y Eugenio Oneguín y otras obras, con notas explicativas de Alexis Marco, un resumen biográfico del autor e ilustraciones de Ignacio María Serra Goday (media docena de láminas en blanco y negro por título), encuadernados en rústica con unas sobrecubiertas muy elegantes a dos tintas, de los que ese mismo año se hace una edición conjunta.

Esta serie se interrumpe tras estos tres títulos de Pushkin y la colección, en la que podía preverse otras series dedicadas a las grandes literaturas nacionales desaparece, pero ese mismo año se publica en Ediciones del Zodíaco una obra monumental, más de mil seiscientas páginas, que bajo el título Breviario de la Novela de Amor. Dieciocho novelas amatorias desde la antigüedad hasta nuestros días incluye obras procedentes de Las mil y una noche, de Longo, de Apuleyo, de Chaucer, de Merimée, de Dumas o de Valle Inclán (Sonata de estío), entre otros.

Al buen conocedor de la obra editorial de José Janés, sin duda este título le hará pensar en los dos volúmenes publicados años más tarde en la suntuosa colección Orfeo, Tres mil años de amor en treinta y una novelas (1956) y Tres mil años de amor en veintiuna novelas (1957), ilustrados por artistas como Joan Palet, Narro, Josep Obiols, Pedro de Valencia, Opisso y Emili Grau Sala, entre otros. Acertará: se nutren en buena parte del volumen de Ediciones del Zodíaco. También la ambición por dar a conocer todas las grandes obras de la literatura universal de todos los tiempos al lector español parece algo compartido por Maristany y Janés, que casualmente habían nacido el mismo año.

De 1943 son Vinieron las lluvias. Novela de la India moderna, del hoy acaso demasiado olvidado Louis Bromfield (1896-1956), traducida al alimón por el ya mencionado Vegas López y uno de los traductores más habituales de Janés, Juan G. de Luaces, y Greta Garbo como mujer y como artista, de Richard Kuhn (1900-1967), a la que la edición española añade una nota preliminar del popular periodista Ángel Zúñiga (que con Janés publicaría en 1949 Barcelona y la noche, además de escribir varios prólogos para ediciones janesianas)

Sergiusz Piasecki.

De 1944 es la traducción de Bojan Marcoff y Ángel Montiel de Primer amor, de Turguéniev, y la introducción del novelista polaco Sergiusz Piasecki (1901-1964) en una edición que es ejemplar de la honestidad y el grado de exigencia de Maristany, la de El enamorado de la Osa Mayor, en traducción firmada por José Farran i Mayoral (colaborador ya en la preguerra de los Quaderns Literaris de Janés y que en la posguerra sería uno de sus traductores más fieles) y con la traducción del prólogo que escribió el periodista y escritor Melchior Wańkowicz a la edición italiana. Ilona Narębska ha reproducido en su excelente y documentadísimo libro Literatura polaca en España (1939-1975). Autores, editores, traductores lo esencial de la nota editorial de esta edición:

Las circunstancias de la guerra actual han hecho imposible a esta casa la obtención de un ejemplar del original polaco de El enamorado de la Osa Mayor. Por esta causa, y contándose con la versión italiana de Evelina Bocca Radomska y Gian Galeazzo Severi, publicada por la acreditada casa Mondadori, no se ha vacilado en tomarla como base para la traducción española y encomendar ésta a la prestigiosa pluma de D. José Farrán y Mayoral, en la seguridad de que la versión ha de ofrecer al público las máximas garantías de fidelidad, escrupulosidad y corrección. Se ha incluido así mismo el prólogo que figuraba en la edición polaca, debido al notable escritor M. Wancowicz [sic], así como la nota de los traductores italianos que le sirve de complemento.

En una época en que era tan usual dar al lector gato por liebre (obras abreviadas, incompleas, censuradas, en traducciones apresuradas e indirectas), resulta tan sorprende como gratificante comprobar la honestidad en este sentido de Maristany, si bien es cierto que, como era usual durante la segunda guerra mundial, no hizo liquidaciones por las cuantiosas ventas de esta obra a su autor (exiliado de su país y residente primero en Londres y posteriormente en Italia): Vale la pena añadir también  que, si bien esta traducción de Farran y Mayoral fue reiteradamente reeditada en diversas colecciones (Club de los Lectores, 1955 y 1969; Cisne, 1957 y 1964; Libros Reno, 1965, 1973 y 1974; Obras Perennes, 1971 y 1974 ), hasta 2006, en Acantilado, no apareció la primera edición de El enamorado de la Osa Mayor directamente traducido del polaco (por J. Slawomirski y A. Rubió).

Como se advertirá a la vista del apéndice (provisional y no exhaustivo), hay una etapa que se inicia más o menos en 1946 en que parece que Ediciones del Zodíaco cesa en su actividad de edición literaria, para reemprenderla a mediados de los cincuenta, pero antes tiene tiempo de dar algunas otras obras importantes, como es el caso del Cervantes de Sebastià Juan Arbó o el mencionado poemario de adolescencia de Cela.

Ese mismo año aparece Carlos F. Maristany acreditado como director de una edición de Erasmo, de Johan Huzinga, traducida del inglés por Farran y Mayoral a partir de la versión alemana ampliada por S. Olives Canals, impresa por Agustín Nuñez (otro de los habituales colaboradores de Janés) y encuadernada artesanalmente. Sin embargo, en esos años el sello parece centrarse sobre todo en la edición infantil, y en particular en los “libros animados” de Julian Wehr. Pero esa ya es toda otra historia.

Apéndice: Obras localizadas de Ediciones del Zodíaco:

Helmuth Unger, Roberto Koch. La novela de su vida, Con un apéndice de Rafael Serra Goday, s/f. ¿1940?

Rudolf Brunngraberaber, Opio, traducción de H. Bergmann, completada con notas y un mapa, s/f., c. 1940 y 1956.

Anton Zischka, La guerra por el petróleo, s/f, c. 1940.

Sally Salminen, Katrina, traducción de Francisco Torres Ferrer y Vegas López, 1942; 1955 en El Club de Los Lectores.

Puchkin, El zar Saltán y otras obras,  Las Horas Solitarias, Joyas Literarias de la Rusia de Antaño 1, 1942.

Puchkin, Eugenio Oneguín y otras obras, Las Horas Solitarias, Joyas Literarias de la Rusia de Antaño 2, Ilustraciones:Serra Goday,1942.

Puchkin, Boris Godunov y otras obras, Las Horas Solitarias, Joyas Literarias de la Rusia de Antaño 3, 1942

Obras de Puchkin, Tres tomos (El Zar Saltán y otras obras, Eugenio Onieguin y otras obras y Boris Godunov y otras obras), notas explicativas de Alexis Marco e ilustraciones de María Serra Goday, 1942.

Autores varios, Breviario de la Novela de Amor. Dieciocho novelas amatorias desde la antigüedad hasta nuestros días. Contiene: Nala y Damayanti [leyenda india], Dafnis y Cloe [Longo], Amor y Psique [Apuleyo], Aucasino y Nicoleta [chanteable medieval francesa anónima], Jazmín y Almendra [De Las mil y una noches], Gualter y Griselda  [de Chaucer], Romeo y Julieta [Shakespeare], La Gitanilla [Cervantes], La Princesa de Cleves [Madame de Lafayette], Manon Lescaut [Abate Prevost], Werther [Goethe], Pablo y Virginia[Jacques-Henri Bernardin de Saint-Pierre], Adolfo [Benjamin Constant], Atala [François Renée de Chateaubriand], Carmen [Prosper Mérimée], La Dama de las Camelias [Alejandro Dumas, hijo], Sonata de Estío [Valle Inclán], 1942. 1611 pp.

Louis Blomfield, Vinieron las lluvias. Novela de la India moderna, traducción de Juan G. de Luaces y L. Vegas López, octubre de 1943; 1955 y 1959 en Club de los Lectores.

Richard Kuhn, Greta Garbo como mujer y como artista, nota preliminar de Ángel Zúñiga, Barcelona, 1943.

Ivan Turgueniev, Primer amor, traducción de Boyan Marcoff y Angel Montiel, 1944.

Sergius Piasecki, El enamorado de la Osa Mayor, trad. José Farrán y Mayoral, 1944.

Leon Tolstoi, Infancia y adolescencia, traducción de Alexis Marcoff y L. Vegas López, 1944.

Sally Salminen, Mariana, traducción de Francisco Torres Ferrer y Vegas López, 1945.

Vicente de Artadi, Charles Peguy, lucha y pasión de un poeta, prólogo de José Ramón Amézola. Obra limitada y numerada de 540 ejemplares, s/f., 1948.

Felix Salten, La novela de un parque zoológico, traducción de Luis Vives, 1944; 1956 en El Club de los Lectores.

Roberto Luis Stevenson, Las aventuras de David Balfour, seguidas de Weir de Hermiston, Ilustrado,3 planos plegados con 6 mapas, 1944.

Caroline Miller, Colonos en Georgia, traducción de Juan G. de Luaces,1945.

Sebastián Juan Arbó, Cervantes, ilustrado con 40 fotografías inéditas de Gabriel Casas, en láminas fuera del texto, 1945.

J Huizinga, Erasmo, edición dirigida por Carlos F. Maristany, traducción del Inglés J. Farran y Mayoral ampliada sobre la versión alemana por Olives Canals, 1946.

Laurence Housman, Victoria Regina. Biografía dialogada, traducción de José Farran y Mayoral, ilustraciones de Ernest H. Shepard, 1946

G.R. Ranshaw, El libro de las maravillas científicas, traducción del inglés por Fernando Gutiérrez. Revisada por Darío Sagalés, con ilustraciones y fotografías b/n, 1946.

Trygue Gulbranssen, La voz de los bosques, traducción de Rosa S. de Naveira, Colección Gacela, 1955 y Los Escritores de Ahora, 1955.

Felix Salten, Historia de quince liebres, traducción de A. de Ocampo, con ocho ilustraciones al lápiz fuera de texto originales de Piedad Fornesa de Hons,1956.

Camilo José Cela, La familia de Pascual Duarte, prólogo de Gregorio Marañón, 1946.

Fuentes:
Daniel Domínguez, “Una novela de la frontera“, en La escuela del domingo, 21 de noviembre de 2011.

Manuel Llanas (con la colaboración de Montse Ayats), L´edició a Catalunya: el segle XX (fins a 1939), Barcelona, Gremi d´Editors de Catalunya, 2005.

Josep Mengual, A dos tintas. Josep Janés, poeta y editor, Barcelona, Debate, 2013.

Ilona Narębska, Literatura polaca en España (1939-1975). Autores, editores, traductores, prólogo de Francisco Torres Monreal, Wydawnictwo Wyższej Szkoły Filologicznej (Biblioteka Iberoromańska 1), 2015.

 

Ambidextrismo editorial: Clavel y Maristany, traductores metidos a editores (o viceversa).

A principios de los años veinte nacen en Barcelona algunas interesantes colecciones dedicadas a la traducción a partir de la confluencia del activista republicano Vicent Clavel i Andrés (1888-1967), Antonio Navarro-Sala y Fernando Maristany i Guash (1883-1924), proyecto al que posteriormente se incorporará el editor Carlos F[ernando] Maristany i Mathieu (1913-1985), creador a su vez de las Ediciones del Zodíaco, y que a finales de los cuarenta y en los cincuenta se convertirá en una de las impulsoras del auge de los “libros animados” de Julian Wehr en España.

Vicent Clavel i Andrés.

Clavel i Andrés, cuyo lugar en la historia de la edición española va asociado siempre a su papel determinante como impulsor de las asociaciones profesionales de editores, se inició de muy joven como colaborador en periódicos y revistas, y ya en 1906 publicaba en Pueblo y en 1914 en la colección valenciana El Cuento del Dumenche, que ese mismo año pasó a ser dirigida por Vicent Miguel Carceller (1890-1940), quien se haría célebre por sus problemas con la censura cuando estaba al frente de revistas sicalípticas y satíricas, particularmente La Traca, y por su triste final, torturado y fusilado, a manos de los franquistas.

Logo de la editorial valenciana Prometeo.

Sin embargo, el personaje fundamental en la formación de Clavel fue el exitoso novelista y editor Vicente Blasco Ibáñez (1867-1928), en cuya Editorial Prometeo aprendió lo esencial antes de poner en marcha su propia editorial, Cervantes, en 1916. Entre las primeras publicaciones de la Cervantes valenciana se cuentan varias traducciones del propio Clavel, en particular de libros de asunto político en inglés, como es el caso de La victoria en marcha (1916), de David Lloyd George, con un epílogo de Gabriel Hanotaux, o El deber de América ante la nueva etapa, de Theodore Roosevelt, al tiempo que traducía también para otros editores valencianos, como es el caso de la imprenta y editorial Hijos de F. Vives Mora (Europa en escombros, de Wilhelm Muehlon, por ejemplo, en 1919). Sin embargo, en el cambio de década abre la Cervantes barcelonesa (si bien durante algunos años imprime también en Valencia), en la que incorporará a algunos colaboradores muy importantes, como el historiador y crítico literario Manuel de Montoliu (1877-1961), el escritor y traductor Alfons Maseras (1884-1939) o el mencionado Maristany (padre), que darán un giro o ampliarán el punto de mira hacia libros más literarios. Luis Miguel Lázaro atribuye tanto el traslado de Valencia a Barcelona como la orientación literaria, entre otras cosas, a la conveniencia de no intentar competir comercialmente con la Prometeo de Blasco Ibáñez y Francesc Sempere (1859-1922). Sin embargo, las puertas que se le abrieron en Barcelona para establecer fructíferos contactos con las redes comerciales americanas y con la literatura uruguaya, chilena, argentina y sudamericana en general también se revelaron luego como muy importantes.

Fernando Maristany i Guash.

Fernando Maristany, por su parte, tras darse a conocer en 1913 como poeta con En el azul (edición que luego retiró para reeditarla corregida en Cervantes), obtuvo un enorme éxito con su selección y traducción de Poesías excelsas (breves) de los grandes poetas. Traducidas directamente en verso, del italiano, alemán, inglés y francés, publicadas en 1914 por Antoni López Benturas (1861-1931), a la que seguiría una serie de Las cien mejores poesías (líricas) de diversas lenguas en verso, que también obtuvo unas ventas más que notables (la francesa, publicada por la Cervantes en Valencia, llegó a los 16.000 ejemplares en tres ediciones, y la inglesa, prologada por el prestigioso crítico y poeta Enrique Díez Canedo [1879-1944] y con una edición paralela en Argentina, también se reimprimió).

Con estos mimbres nace un proyecto acerca del que escribe Luis Miguel Lázaro, quizá quien mejor lo ha analizado:

Sin duda, una singularidad definitoria del proyecto editorial de Clavel reside en la apuesta clara y decidida por la edición de poesía bajo la dirección inicial del poeta postmodernista catalán y traductor Fernando Maristany, obstinado según [Miguel] Gallego [Roca] en «verter al español un canon de la poesía “lírica” universal», cosa que creaba una cierta imagen de marca en el conjunto de la oferta editorial de esos años. Una parcela de especialización que, a nuestro entender, identificará la editorial de manera muy clara y que lo que busca es encontrar un sitio en el mercado con la edición de poesía.

Tanto Clavel como Maristany, además de prólogos, notas introductorias e incluso textos destinados a ser publicados en forma de volumen, llevaron a cabo una ingente cantidad de traducciones, o se ocuparon de poner en contacto a buenos conocedores de la lengua de partida con buenos escritores en la lengua de llegada para poder culminar a cuatro manos traducciones que luego resistieron muy bien el paso del tiempo. La importancia de la labor de Maristany como introductor de literatura inglesa, por ejemplo, ha sido a menudo destacada como pionera, pero quizá tan importante como ello sea la capacidad que tuvo este tándem que formaron Clavel y Maristany, y su excelente equipo de colaboradores, para conseguir encontrar al traductor idóneo en esos tiempos para poner a disposición de los lectores españoles algunas de las obras fundamentales, sobre todo de literaturas periféricas (la portuguesa o la sueca, por poner dos ejemplos), de la cultura universal.

De 1925 es el lanzamiento de otra colección literaria muy importante, la Colección Cervantes, en la que se publicarán por primera vez algunas traducciones de muy larga vida editorial, como es el caso de algunas novelas de la escritora sueca la premiada con el Nobel en 1929 Selma Lagerlöf (1858-1940), traducidas directamente del sueco por el lingüista y filólogo checo Rudolf Jan Slabý (1885-1957), al lado de Místico amor humano (1925), de Alfonso Nadal, con prólogo de Vicente Clavel e ilustración de portada de Arturo Ballester.

En la misma línea puede situarse la posterior colección Los Príncipes de la Literatura, que con cubiertas también del diseñador e ilustrador valenciano Arturo Ballester (1892-1981) y a menudo prologadas por Clavel, mediada la década de los veinte puso en circulación un impresionante catálogo en el que figuran traducciones y ediciones rigurosas de varias obras de Gogol, Tagore (en traducción directa del bengalí de Noto Soeroto y Guillermo Gossé), Eça de Queiroz, Jens Peter Jacobsen, Flaubert o Sherwoood Anderson. Muchas de estas traducciones serían recuperadas en la posguerra (en muchos casos a iniciativa de Josep Janés, yerno de Alfonso Nadal), y algunas de ellas se han estado reeditando hasta muy recientemente, y lo mismo puede decirse, por ejemplo, de las traducciones que el propio Clavel hizo de diversas novelas de Pierre Loti, que en la primera década del siglo XXI aún fueron reeditadas por la barcelonesa editorial Abraxas.

El escritor argentino Leopoldo Lugones (1874-1938).

Y a ello hay que añadir el muy notable impulso que dio la editorial Cervantes en la península a la obra de escritores americanos importantes tales como José Enrique Rodó (1871-1917), Alicia Lardé (1895-1983). Horacio Quiroga (1878-1937), Gabriela Mistral (1889-1957), Juana de Ibarborou (1892-1979), Benito Lynch (1885-1951), Alfonsina Storni (1892-1938) y tantísimos otros, la difusión los grandes nombres de la literatura portuguesa o la creación de algunas iniciativas no por efímeras menos interesantes, como es el caso de Prisma. Revista Internacional de Poesía (1922), dirigida desde París por el poeta y traductor mexicano Rafael Lozano (1899-¿?) y en cuyas páginas convivieron textos narrativos, poéticos y críticos de Shelley, Verlaine, Lugones, Hugo von Hofmannsthal, Joan Maragall, Ramón López Velarde, Alfonso Reyes, Juan Ramón Jiménez y Fernando Maristany entre otros muchos, así como las colecciones de libros ilustrados de grandes viajes  (Lamartine, Amundsen, Martínez Ferrando) o iniciativas singulares como la edición en lengua española de la ambiciosa y extensísima serie de La evolución de la humanidad, dirigida por Henri Berr.

A la muerte de Fernando Maristany, su hijo Carlos F. Maristany se convirtió en más que digno sucesor, y al margen de sus traducciones para la Cervantes, es digno de mención su papel como creador de otra colección muy singular, las Ediciones del Zodíaco, que es sobre todo recordada por haber publicado a Camilo José Cela, pero de la que también fueron muy populares sus innovadoras colecciones infantiles y tuvo un peso notable en una colección tan interesante como El Club de los Lectores, que se alimentó de obras preexistentes en los catálogos de Germán Plaza (1903-197), José Janés (1913-1959) y Ediciones del Zodíaco.

CatCERVANTES

Cubierta de un catálogo general de la Editorial Cervantes.

Fuentes:

Una muestra del catálogo de la Cervantes puede verse aquí, pero es más completo y útil el texto de Luis Miguel Lázaro que se menciona a continuación:

Luis Miguel Lázaro, «L’edició popular a Espanya. El cas de l’Editorial Cervantes», Educació i Història: Revista d’Història de l’Educació, núm 22 (julio-diciembre de 2013), pp. 33-63.

Manuel Llanas (con la colaboración de Montse Ayats), L´edició a Catalunya: el segle XX (fins a 1939), Barcelona, Gremi d´Editors de Catalunya, 2005.

Anthony Pym, «Translational and Non-Translational Regimes Informing Poetry Anthologies. Lessons on Authorship from Fernando Maristany and Enrique Díez-Canedo», en Harald Kittel, ed., International Anthologies of Literature in Translation, Berlín, Erich Schmidt, 1995, pp. 251-270.

Anthony Pym, «Humanizing Translation History», Hermes, 42 (2009), pp. 23-48.

Los libros buenos de Camilo José Cela

98448-foto_17508_casEstablecer cuándo se produce primera relación de Camilo José Cela (1916-2002) con lo que se conoce como “bellas ediciones” es realmente difícil, pues ya en sus colaboraciones en el periódico del Movimiento Arriba había escrito sobre la materia, pero la primera importante es muy probable que sea a raíz de su relación con el editor catalán Carlos F[rancisco] Maristany Mathieu (1913-1957), quien a mediados de la década de 1940 creó una editorial de azarosa vida destinada a obras muy cuidadas que se estrenó con una edición numerada de 450 ejemplares numerados (33 de ellos firmados) del poemario de Cela Pisando la dudosa luz del día (1945), encuadernado en rústica pero acompañado de una carpeta ilustrada, al que seguiría ese mismo año una del Cervantes de Sebastià Juan Arbó (1902-1984), con cuarenta fotografías de Gabriel Casas (1892-1973). A estas ediciones iniciales seguirían otras de Huizinga (Erasmo, 1946), la de La familia de Pascual Duarte (1946) y de varias obras del ilustrador y padre de los pop-ups Julian Wehr (La cenicienta, 1947; a la que seguirían otras versiones del mismo artista de cuentos infantiles con ilustraciones móviles), antes de tener que cerrar por insalvables problemas económicos, en cuya resolución Cela intentó echar un cable –sin éxito– poniendo a Maristany en contacto con quienes pensaba que pudieran ofrecerle apoyo financiero. La década de los cuarenta es una etapa de auge de las ediciones de bibliófilo en España, e incluso de las bellas ediciones destinadas al comercio regular, y Cela forma parte del numeroso grupo de escritores que, como José M. Pemán o Eugeni d´Ors, contribuyeron de modo importante a su divulgación de los conocimientos necesarios para evaluar, valorar y apreciar adecuadamente las ediciones.

La edición de Ediciones del Zodíaco del Pacual Duarte [sic] incluye en el frontis un retrato del autor.

Vale la pena citar lo que al respecto escribe Germán Masid Valiñas:

Hay un aspecto importante en el Cela editor, y es la renovación introducida en el lenguaje empleado en la descripción de sus ediciones. Liberó la terminología descriptiva de ciertos arcaísmos y estereotipos que venían utilizándose. Además, debió de estar muy bien asesorado por los técnicos, a juzgar por el rigor con que lleva a cabo sus descripciones en las justificaciones de la tirada, que son características de quien conocía los fundamentos de las técnicas de edición e impresión.

Antonio Rodríguez Moñino.

Tan satisfecho quedó Cela con la edición de sus “poemas de una adolescencia cruel”, que cuando se le ocurrió hacer una edición de bibliófilo, en tirada limitada y numerada de La Colmena para obtener de ese modo autorización de la censura para poder publicar esa obra, se puso en contacto con Maristany, y pese al fracaso de ese intento, volvió a recurrir a él para una edición del Pascual Duarte prologada por Gregorio Marañón y se puede conjeturar que, de no ser por la desaparición de Ediciones del Zodíaco, quizás hubiera publicado también Maristany El coleccionista de apodos, que se imprimió en las madrileñas Gráficas Uguina, antes de incorporar ese breve texto (28 pp.) a El Gallego y su cuadrilla.

De pocos años después son las primeras colaboraciones de Cela en la revista que sobre bibliofilia dirigía el erudito Antonio Rodríguez-Moñino (1910-1970) para la editorial Castalia (Bibliofilia, 1949-1957). A modo de sugerencia: acaso no sería mala idea, en algún momento, recopilar, editar debidamente y publicar esos textos dispersos de Cela sobre libros y bibliofilia, ¿o existe ya tal obra y pasó inadvertida?

De 1952 es la edición mínima (55 ejemplares) de Del Miño al Bidasoa con ilustraciones de Teodoro Miciano, de la que se ocupó la Editorial Noguer, que dos años después haría una tirada aún más reducida (15 ejemplares en papel Guarro, firmados por el autor), de Historias de Venezuela. La Cátira (Novela).

De izquierda a derecha: Cela, Tristan Tzara y Jaume Pla.

Sin embargo, es a partir del momento en que en 1954 se traslada a Mallorca cuando Cela impulsará, a menudo con la inestimable colaboración del editor y artista Jaume Pla, algunas ediciones importantes. Allí, ya en 1956 publica por ejemplo 400 ejemplares numerados y firmados por el autor (más otros 50 de I a L) de la traducción al catalán de Miquel M. Serra Pastor de La familia de Pasqual Duarte, con prólogo de Llorenç Villalonga, gracias a la buena labor de la Imprenta Atlante. Pero será sobre todo a través de las Ediciones de Papeles de Son Armadans (creadas a rebufo de la repercusión y éxito de la revista homónima) y de algunas colecciones de Alfaguara, y sobre todo ya en la década siguiente, cuando Cela se prodigará en el ámbito de las bellas ediciones.

Tal vez una de sus ediciones más famosas sea la que, coincidiendo con una corriente en la editorial Destino, llevaron a cabo en gran formato (38 x 26,5) Cela y Pla del Viaje a la Alcarria en la colección Las Botas de Siete Leguas (de las Ediciones de Papeles de Son Armadans) en 1958, que además de un mapa de la Acarria en el frontis contiene 12 puntas de Pla integradas en el texto y un buen número de xilografías. Se tiraron 126 ejemplares, todos ellos firmados por el autor y por el ilustrador, presentados en caja editorial en arpillera. En la Biblioteca de Catalunya se conservan hasta 89 documentos relacionados con el proyecto de encuadernación de esta obra realizados por el ilustre encuadernador Santiago Brugalla i Aurignac (n. 1929). Germán Masid describe este libro como “una de las mejores ediciones en que intervino Jaume Pla; desde el punto de vista técnico es una prolongación del estilo adoptado en todas las ediciones de la Rosa Vera”.

Emili y Santiago Brugalla.

Emili y Santiago Brugalla.

Por esas mismas fechas Pla intentó convencer a Cela para que creara una serie de textos para un proyecto sobre Castilla que finalmente culminó el otro gran prosista de la lengua española del momento, Miguel Delibes, y que se publicó en Edicions de la Rosa Vera con prólogo de Pedro Laín Entralgo. Pero por entonces el escritor gallego estaba a punto de poner en marcha un ambicioso proyecto muy bien estructurado para publicar bellas ediciones en el ámbito de las Ediciones de Papeles de Son Armadans.

Más suerte tuvo en cambio Pla con la propuesta a Cela de que escribiera un conjunto de textos narrativos breves para una serie de dibujos a la cera que había puesto a su disposición Pablo Ruiz Picasso (1881-1972). El texto se compuso a mano, con letras de monotipias fundidas especialmente para la ocasión, y se compuso con el esmero necesario para evitar tanto la partición de palabras a final de línea como las líneas viudas (la última de un párrafo a principio de página) o huérfanas (la primera de un párrafo a final de página), y con una esmerada reproducción de los colores que cabe atribuir al propio Jaume Pla.

De este cúmulo de experiencias surgirían una serie de colecciones, “las Juanes”, definidas sobre todo por géneros y estrechamente asociadas a la revista:

-Juan Ruiz (poesía), que arrancó con Paisaje con figuras (1956) por el que Gerardo Diego obtendría el Premio Nacional de Literatura,y publicó también Signos del Sur (1962), de Emilio Prados (coincidiendo con su muerte).

-Joan Roiç de Corella (poesía catalana), una colección frustrada por falta de suscriptores que debía estrenarse con Comèdia, de Blai Bonet, y en la que estaban proyectadas ediciones de Gàrgola, el vent, Tirèsies, de Salvador Espriu; Lletres d´un viatge y El cop a la terra, de Joan Perucho, y obras de Joan Vinyoli, J.V. Foix, Carles Riba, Jaume Fuster, Jordi Sarsanedas y Joan Teixidor.

-Juan Rodríguez (poesía gallega), al parecer, también nonata.

-Juan del Encina (teatro), que se estrena con Un hombre ejemplar (drama en dos actos, dividos en dos cuadros), de Fernando Lázaro Carreter.

-Joan Timoneda (relatos), que inicia su camino publicando a Manuel Blanco González Tu mundo propio (1962) y a continuación a María Josefa Canellada La verdadera historia de Montesín (1972)

-Juan Lanas (ilustraciones), donde aparecen los cien ejemplares de los grabados de Joan Todó con el título Los oficios del mesón (1961).

-Juan de Juanes (obra gráfica de pintores de primera fila como Picasso o Joan Miró).

-Príncipe don Juan Manuel (ediciones ilustradas de obras del propio Cela), como Los solitarios y los sueños de Quesada (1963), en formato apaisado (45 x 35) con textos de Cela y láminas del pintor Rafael Zabaleta (1907-1960), de la que se hizo una edición de 299 ejemplares en papel Guarro, o la Gavilla de fábulas sin amor (1962) ilustrada por Picasso y de la que se hizo una tirada más larga (2000 ejemplares).

Aun así, mayores ambiciones bibliográficas tendrían las colecciones celianas Museo Secreto y Puerto seguro, destinadas a divulgar el libro bellamente editado entre el los lectores no particularmente inclinados a él, y en especial las colecciones Amans Amens y El Gallo de la Torre, ya en la etapa madrileña y estrechamente vinculadas a Alfaguara.

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Camilo José Cela.

Fuentes:

Web de la revista Papeles de Son Armadans.

Fernando Huarte Morton, «Camilo José Cela, bibliófilo y editor», Actas de la VIII Escuela de Verano del CREPA, Madrid, Comunidad de Madrid, 2006, pp. 45-56.

Germán Masid Valiñas, La edición de bibliófilo en España (1940-1965), Madrid, Ollero & Ramos, 2008.

Adolfo Sotelo Vázquez, Camilo José Cela, perfiles de un escritor, Sevilla, Renacimiento, 2008.

Adolfo Sotelo Vázquez, «Primeras andanzas de los papeles mallorquines de Camilo José Cela», Cuadernos Hispanoamericanos, núm. 688 (febrero de 2005), pp. 70-86.