El periplo de Francisco Galán: ¿un Ruedo Ibérico en América?

El «Romance del 5 de noviembre» es uno de los muchos poemas sobre la guerra civil española escritos por Miguel Hernández (1910-1942) que se dieron a conocer muy tardíamente, en esta caso recuperado por Jesucristo Riquelme y publicado en 1986 en la revista Canelobre a partir de una copia conservada por Julián Aparicio Alonso, teniente en la compañía de aviación cuya gesta se canta en el poema de Miguel Hernández y que al acabar la contienda fue condenado a doce años y un día de prisión y ocho más de inhabilitación. Al parecer, el original de este romance, fechado en noviembre de 1936, fue remitido al comandante Francisco Galán (1902-1971), y sería raro que quien llegó a estar al frente de la Editorial Periplo y de la editora y distribuidora Oberón perdiera un manuscrito de semejante importancia.

Miguel Hernández.

Francisco Galán, afiliado al Partido Comunista ya antes del inicio de la guerra, procedía de una larga estirpe de militares: su padre había sido suboficial de la Armada, a su hermano mayor, Fermín (1899-1930), lo hizo famoso Rafael Alberti en una pieza teatral homónima de 1931: se había alzado contra la dictadura de Primo de Rivera en 1926 y contra la dictablanda de Ramón Berenguer en 1930 (por lo que fue condenado a muerte y fusilado), y el menor, José María (1904-1978), alcanzó el grado de teniente coronel en el Ejército Popular de la República durante la guerra civil, tras la cual se exilió primero a la URSS y posteriormente a Cuba. A Francisco el levantamiento contra la legalidad republicana le halló como teniente retirado de la Guardia Civil, pero enseguida se puso al frente de las milicias que combatieron en Somosierra defendiendo Madrid y a lo largo de la guerra tuvo una carrera destacada.

En los últimos días de la misma, el presidente Juan Negrín (1892-1956) le puso al frente de la Jefatura de la base naval de Cartagena, donde fue brevemente detenido por los «casadistas», y posteriormente llegó al protectorado francés de Túnez, donde fue internado por las tropas francesas en el nauseabundo campo de Meheri Zebbeus. Finalmente, gracias a la intervención de un diputado comunista francés, el 27 de abril de 1939 pudo salir con destino a Chile, Uruguay y luego a Argentina, donde años después desarrolló su labor editorial en compañía de su esposa, la pianista y traductora argentina de origen vasco Elvira Vázquez Gamboa.

Francisco Galán cuando, como teniente coronel, estaba al mando de la XXXIV División.

En 1951 crea Francisco Galán la Editorial Periplo, una de cuyas primeras publicaciones fue El sapo en el folklore y la medicina (septiembre de 1951), de Tobías Rosemberg (1911-1960), como primer volumen de los Cuadernos de la Asociación Tucumana de Folklore. Fue el libro que dio a conocer a un público más amplio la obra de un folklorista que había empezado como librero (en Cervantes y To Be) y que para entonces tenía ya a sus espaldas una notable bibliografía (Curiosos aspectos de la terapéutica calchaquí en 1939, La serpiente en la terapéutica aborigen y americana en 1943, La serpiente en la medicina y el folklores en 1946, etc.).

Sin embargo, más importancia cultural tuvo sin duda para Periplo la publicación en 1953 del extenso Panorama de la poesía moderna (500 pp.) preparado por Enrique Azcoaga (1912-1985), que sin atisbo de sectarismo incluye a casi doscientos cincuenta escritores, tanto exiliados como a otros que permanecían en la España franquista, así como algunas muestras de la poesía gallega y catalana reciente. Como explica en el prólogo:

Lo antológico entiende sólo lo maduro, y nuestro Panorama quiso abarcar en estas páginas desde lo granado a lo posible. […] Poeta incluido, claro está, no quiere decir en primera instancia otra cosa que poeta existente. Escasez informativa no supone más que dificultad. […] Tratamos de rendir un homenaje de solidaridad a todos los poetas españoles. Y mostrar un poco en forma de borrador, para el que quisiéramos la suerte de posibles, corregidas y ampliadas ediciones, este vasto conjunto poético donde no creemos haber exceptuado, por razones que en el terreno espiritual son siempre repugnantes, a ningún poeta «moderno» español maduro o posible que merezca atención.

El mismo Azcoaga, que tenía una hermana exiliada en la URSS, no salió de España hasta 1952, y se estableció en Buenos Aires, donde dirigió durante un tiempo la prestigiosa revista Atlántida. El nombre de Azcoaga, amigo de Miguel Hernández, aparece vinculado a algunas obras e iniciativas significativas de antes de la guerra, como por ejemplo entre los fundadores y directores de La Hoja Literaria (1933-1936), junto a los de Arturo Serrano Plaja (1909-1979) y Antonio Sánchez Barbudo (1910-1995) –es  decir, el núcleo de lo que sería la mítica revista Hora de España (1937-1939)–, o al pie del texto del catálogo de la exposición de Maruja Mallo en Amigos de las Artes Nuevas en 1936, además de como autor de un libro de ensayos inédito, Línea y Acento, que le valió el Premio Nacional de Literatura, entre otras obras. Víctor García Ruiz ha publicado fragmentariamente el epistolario entre Azcoaga y el dramaturgo Victor Ruiz Iriarte (1912-1982), y un pasaje del mismo permite adivinar que desde el primer momento Azcoaga hizo trabajos editoriales, no sabemos cuáles, para Galán: «Espero que dentro de pocos meses esté mi Panorama poético en la calle, y sigo haciendo cosas para el editor».

El año siguiente aparece en Periplo Culminación y crisis del imperialismo, de quien fuera jefe del Estado Mayor del Ejército Republicano español, Vicente Rojo (1894-196), y un poco posterior es El fin de la esperanza. Testimonio (1956), retrato del primer franquismo firmado como «Juan Hermanos» por Marcel Saporta (1923-2009), cuya primera edición había aparecido en la colección Les Temps Modernes de Julliard en 1950 con un prólogo de Jean-Paul Sartre (1905-1980) y de cuya edición argentina se ocupó Francisco Galán en su otra iniciativa editorial, Oberón, después de que la versión española hubiera aparecido ya en 1953 en la mexicana Espartacus (de 1963 es la edición cubana, con la adición de un epílogo de Ramón Monreal Almela: «La nueva esperanza. Dieciocho años después»).

De 1958 es el exitoso y escandaloso No me avergoncé del Evangelio (desde mi parroquia), obra de quien fuera cura ecónomo en Alsasua durante la guerra civil, Marino Ayerra Radin (1903-1988), que en este libro expone las atrocidades franquistas de que fue testigo y el vergonzoso papel que tuvo en ellas la Iglesia católica.

La estrecha vinculación de las iniciativas editoriales de Galán con el pasado reciente y la realidad española es muy evidente, y tiene continuidad en los años sesenta con los libros de relatos de los brigadistas argentinos Luis Alberto Quesada (1919-2015) (La Saca, con prólogo de Bernardo Canal Feijóo y una «canción final» de Rafael Alberti, Periplo, 1963) y Rafael María Zúñiga (1907-¿?) (Añoranzas bélicas, Oberón, 1966), así como las memorias de Víctor García de Frutos (¿?-1968), hispanoargentino que estuvo un tiempo exiliado en la URSS tras haber combatido parte de la guerra civil a las órdenes de Francisco Galán, Los que no perdieron la guerra (Oberón, 1967).

Arturo Cuadrado.

De esa misma época tienen interés particular la segunda edición de Manso (Oberón, 1968), del prolífico autor gallego bilingüe Manuel Lueiro Rey (1916-1990), la primera que no quedó desfigurada por la implacable tijera de la censura después de la aparecida en Oviedo en 1967 y para la que en Argentina contó en la cubierta con una ilustración de Luis Seoane (1910-1979), y, también de Lueiro Rey, Vicente y el otro (con prólogo de Xesús Alonso Montero y de nuevo cubierta de Seoane; Oberón, 1968). Ambos volúmenes estuvieron al cuidado de otro exiliado insigne, el escritor y editor gallego Arturo Cuadrado (1904-1998), y son testimonio de las vinculaciones de las editoriales de Francisco Galán con la Federación de Sociedades Gallegas.

Al argentino formado en Europa Enrique de Gandía (1906-2000) encargó Galán la dirección de la Serie Histórica de Investigación y Crítica, donde el mismo Gandía publicó en 1957 Bolívar y la libertad (núm. 2), un estudio sobre la imagen que de Bolívar daba en sus obras el escritor español Salvador de Madariaga (1886-1978), después de la aparición en esa misma serie de Claros orígenes de la democracia argentina: comprobación histórica (núm. 1, 1957), de Alberto Reyna Almandos y prologado por Alfredo L. Palacios, y antes de Espartero y la paz con España (núm. 3, 1957), de Armando Alonso Piñero.

El exitoso Jardines de infantes, de Elvira Vázquez Gamboa (esposa de Francisco Galán) e ilustrado por Gori Muñoz (1906-1978), publicado en Oberón, del que se hicieron diversas ediciones con ilustraciones de cubierta distintas.

Punto de confluencia entre comunistas y republicanos, entre la cultura gallega, la argentina y la española, a lo largo de los años que permaneció en activo como editor Francisco Galán desempeñó una función que acaso fuera más allá de la estrictamente profesional, y parece claro que, en la medida de sus posibilidades, fue un punto de apoyo para muchos intelectuales, por lo menos en el primer momento de su llegada a Argentina. Sin embargo, buena parte de su catálogo puede hacer pensar en el que en esos años estaba llevando a cabo José Martínez Guerricabeitia (1921-1986) en París a través de Ruedo Ibérico.

Fuentes:

Andrea Bresadola, «Manuel Lueiro Rey frente a la censura franquista: los avatares de Manso», Creneida, núm. 5 (2017), pp. 139-197.

Victoria Fernández Díaz, El exilio de los marinos republicanos, València, Universitat de València, 2011.

Víctor García Ruiz, «Ni vencedor ni vencido. El tardío ¿exilio? de Enrique Azcoaga (sus cartas a Victor Ruiz Iriarte)», en María Fernanda Mancebo, Marc Baldó i Lacomba y Cecilio Alonso, eds., L’exili cultural de 1939: seixanta anys després, València, Universitat de València-Gexel,  2001, vol. II, pp. 503-517.

Fernando Larraz, «Editorial Periplo» y «Editorial Oberón», en Manuel Aznar Soler, Diccionario biobibliográfico de los escritores, editoriales y revistas del exilio republicano de 1939, Sevilla, Renacimiento-Gexel, 2016, vol 4, pp. 21-22 y vol. 3, p 437, respectivamente.

Bárbara Ortuño Martínez, El exilio y la emigración española de posguerra en Buenos Aires, tesis doctoral presentada en el Departamento de Humanidades Contemporáneas, Universidad de Alicante, 2010.

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El editor Joan Merli y el exilio republicano gallego en Buenos Aires

Joan Merli

Joan Merli

Casi desde su misma llegada a Buenos Aires, como consecuencia del resultado de la guerra civil, Joan Merli (1901-1995), que había desarrollado una interesante labor como editor de revistas de arte Barcelona, entró en contacto con destacados miembros del exilio cultural gallego con los que impulsó diversas iniciativas.

Quizá el primero cronológicamente sea una revista muy atractiva y poco conocida –salvo para los expertos en Ramón Gómez de la Serna–, Saber Vivir, de la que existe una colección completa (116 números) en la Fundación Espigas de Buenos Aires.

En 1939, el diplomático y gourmet chileno José Eyzaguirre Herzl, casado con Juana del Carril, había ideado una lujosa revista de tema gastronómico en colaboración con el escultor Alberto Lagos. Pronto reclutaron para tal proyecto a una joven periodista y editora, Carmen Valdés, quien no veía del todo clara la idea. Con la entrada de Joan Merli en tal iniciativa, la idea derivó hacia una revista con un abanico más amplio de temas, y si el editor catalán se convirtió en director artístico, se reclutó a Celestino Rosas para que se ocupara de la publicidad y un personaje tan enigmático y fascinante como el gallego Álvaro de las Casas (1901-1950) en calidad de director literario.

Álvaro de las Casas/Alvaro das Casas.

Del dramaturgo y escritor bilingüe Álvaro de las Casas resulta particularmente curiosa su ambigua trayectoria política, que le llevó de militar en el Partido Galeguista y fundar los primeros grupos de Ultreya (organización similar a los boy scouts que tomaba como modelo la catalana Palestra de Josep Maria Batista i Roca), a crear en 1933 una efímera Vangarda Nazionalista (independentista de derechas) que tuvo como medio de expresión el único número de la revista Mais. Tanto el cierto sesgo paramilitar de Utreya como la elección del nombre asignado a la nueva formación dan ya idea de una cierta tendencia ideológica.

Sin embargo, Saber Vivir, que  no estaba marcado por una línea ideológica muy marcada, se ha considerado a veces como un equivalente de la revista Sur pero  más decantada a las artes plásticas que por la literatura. Quizá la tradición política diversa a la que pertenecían sus colaboradores ha creado cierta confusión. Patricia Antundo ha descrito ideológicamente esta vistosa y profusamente ilustrada publicación de 35 x 17 cm y 64 páginas en los siguientes términos:

Revista de cultura e interesse geral, de apresentaçao cuidadosa e elegante, buscaba pôr ao alcance de un publico educado notas que o mantivessen actualizado en diversas áreas –arte, literatura, arquitetura, história, estética, fotografia, moda, eventos sociais e receitas da boa cozina– mas sem realizar maiores esforços em leituras mais comprometidas ideológicamente, embora a maioria dos colaboradores atuasse proficcionalmente de forma mnais engajada em outros meios.

 

María Amalia García ha dividio la procedencia de los principales colaboradores de Saber Vivir en dos grandes categorías: los procedentes de la revista Sur y el periódico La Nación (Jorge Luis Borges, Nora Borges, Manuel Mújica Laínez, Amado Alonso) y los llegados a Buenos Aires como consecuencia de la guerra civil española, entre los que a su vez pueden distinguirse un relativamente nutrido grupo de catalanes (Xavier Benguerel, Joan Oliver, Domènec Guansé, Manuel Valldeperas, Cèsar August Jordana y Jaume Pahissa entre los escritores, y Andreu Dameson y Francesc Fábregas Pujadas entre los ilustradores) y otro de intelectuales gallegos muy notables (Luis Seoane, Arturo Cuadrado, Lorenzo Varela, Otero Espasandín, Rafael Dieste).

Página interior de Saber Vivir.

No duró mucho tiempo Merli al frente del departamento artístico de Saber Vivir, y a partir del número 29 (enero de 1942), coincidiendo con la fundación de su propia editorial (Poseidón), deja esa tarea en manos de otro catalán singular y poco conocido, el caricaturista Andreu (o Andrés) Dameson (1897-1968), que venía colaborando en la revista desde su primer número.

Dameson se había estrenado como dibujante profesional en la revista satírica comarcal El Xàfec. En 1923, embarcado como polizonte y dejando atrás una novia con expectativas de boda  y el servicio militar por cumplir, había hecho una primera estancia de un año en Buenos Aires, donde colaboró en La Acción, La Unión y el Diario del Plata. Sin embargo, fue a su regreso a Barcelona, y través de las revistas de López-Lausàs L´Esquella de la Torratxa y La campana de Gracia. como en los años veinte se haría un nombre en la profesión. En 1927 hizo un segundo viaje a la capital argentina, durante el cual publicó sus dibujos en La República, La Nación y El Hogar, además de ejercer de director artístico de la revista Atlántida, pero regresó a Barcelona poco después de proclamarse la República.

Una de las caricaturas más famosas de Dameson.

A su regreso a Buenos Aires al término de la guerra civil, se convirtió en uno de los pilares del Centre Català de Buenos Aires, así como en uno de los más notables colaboradores de las revistas del exilio catalán Ressorgiment y Catalunya (que en 1947 pasaría a dirigir Joan Merli), además de reemprender sus colaboraciones periodísticas y codirgir con Borges Los Anales de Buenos Aires, hasta que en 1951 se convirtió en jefe del Departamento de Publicaciones Técnicas del Ministerio de Educación.

Respecto al contingente de escritores y artistas plásticos gallegos que durante los primeros años de la segunda guerra mundial colaboraron en Saber Vivir, se trataba más o menos del mismo que por esas mismas fechas pondría en pie las excepcionales revistas De mar a mar (1942-1943), Correo Literario (noviembre de 1943- septiembre de 1945) y, en colaboración con Joan Merli, para quien muchos de ellos habían trabajado en Poseidón, Cabalgata (1946-1948). Y también de los que se ocupaban de la Editorial Nova, nacida precisamente en 1942.

Luis Seoane (1910-1979).

De Cabalgata (50 x 32 cm; 24 pp.), cuya sección “Mundo editorial” resulta muy útil, se ocupaban Varela como director, Luis Seoane como director artístico y Merli como editor (tarea que compagina con la de director de Poseidón), y en sus páginas se encuentran firmas del calibre de Guillermo de Torre, Francisco Ayala, Arturo Serrano-Plaja, Eduardo Mallea, Ernesto Sabato, José Herrera Petere o Rafael Alberti, junto a la del editor del Fondo de Cultura económica Arnaldo Orfila Reynal.

Del 1 de junio de 1946 es el número 0 de Cabalgata (no venal) con el subtítulo  “Quincenario popular, espectáculos, literatura, noticias, ciencias, artes”, y su trayectoria corre paralela a las colaboraciones de algunos de estos artistas gallegos en Poseidón. Seoane, por ejemplo, hizo los 35 dibujos del Renacimiento (1945)  de Arturo de Gobineau que Merli publicó la colección Laberinto e ilustró también una edición de Los sueños de Quevedo aparecida ese mismo 1945.

Enorme interés también tiene la presencia en Cabalgata de los diseñadores Adolfo Pastor y, sobre todo, de Atilio Rossi, estrechamente vinculado también a las iniciativas editoriales de los exiliados gallegos con los que había coincidido ya en De mar a mar como maquetista (o diagramador) y en Saber Vivir. Rossi debía su fama a la creación de la vanguardista Revista di estetica e tenica grafica (1933-1939), aunque en Argentina era más conocido como crítico de la sección de arte en la revista Sur y como excelente tipógrafo y diseñador gráfico, lo que le llevaría a convertirse, con Gonzalo Losada y Guillermo de Torre, en uno de los puntales de Losada.

Interior del célebre libro de Rossi (1909-1994) “Buenos Aires en tinta china”, con prólogo de Borges y poemas de Alberti (Losada, 1951).

Joan Merli creó Poseidón con un amplio bagaje en el ámbito de las publicaciones periódicas de temas artísticos y culturales que arrancaba ya en su Barcelona natal, pero no hay duda de que los contactos que estableció en esos primeros años en Buenos Aires, y en particular con los artistas gallegos, contribuyeron de un modo decisivo a que Poseidón se convirtiera en una de las editoriales argentinas que más influencia ejerció en el panorama artístico argentino en la segunda mitad del siglo XX.

Catálogo de Poseidón ilustrado por Fábregas Pujadas.

Catálogo de Poseidón ilustrado por Fábregas Pujadas.

 Fuentes

Xose Luis Axeitos, “Cabalgata, outra publicación do exilio galego”, en Rosario Álvarez y Dolores Vilavedra Fernández, eds., Cinguidos por unha arela común: homenaxe ó profesor Xesús Alonso Montero, Universidad de Santiago de Compostela, 1999, vol. 2, pp. 153-159.

Patricia Antundo, Mario de Andrade e a Argentina: um país e sua produçâo cultural como espaço de reflexâo, Editora da Universidade de Sào Paulo, 2004.

Teresa Férriz, “De mar a mar. La cultura española en la Argentina de los años cuarenta”, Scriptura (Lleida), núm. 8/9 (1992), pp. 341-357.

María Amalia García,   “El señor de las imágenes. Joan Merli y las publicaciones de artes plásticas en Argentina en los 40”, en Patricia Atundo, ed., Arte en Revista. Publicaciones Culturales en la Argentina, 1900-1950, Rosario, Beatriz Viterbo, 2008, pp. 167-195.

María Amalia García, “Poseidón y Nueva Visión o cómo leer las artes plásticas en la Argentina a través de los proyectos editoriales“, en XXVI Congreso del Comité Brasileiro de História del Arte, 206.

Jerónimo Ledesma, “Política en la sombra“, reelaboración de una ponencia leída el 19 de agosto de 2004 en el IV Congreso Internacional de Teoría y Crítica Literaria en la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad de Rosario.

José Ramón López García, “Amistad a largo plazo: el epistolario entre Arturo Serrano Plaka-Claude Broch y Rafael Dieste-Carmen Muñoz Manzano (1940-1951)”, en Manuel Aznar Soler. Ed., Escritores, editoriales y revistas del exilio republicano de 1939, Sevilla, Gexel-Renacimiento (Bibllioteca del Exilio Anejos IX), 2006, pp. 627-646.

Ana Martínez García, “El final de la impronta editorial española en Argentina a través de la revista Cabalgata (1946-1948)”, en Manuel Aznar Soler y José Ramón López García, El exilio republicano de 1939 y la segunda generación, Sevilla, Gexel-Renacimiento (Biblioteca del Exilio Anejos XV), 2011, p.. 967-974.

Lluis Solà i Dachs i Jaume Capdevila, Andreu Dameson. Geni de la caricatura, Barcelona, Fundació Josep Irla, 2011.

Emilia de Zulueta, Españoles en la Argentina: el exilio de 1936, Buenos Aires, Atril, 1999.

Nova, ejemplo de edición gallega en Buenos Aires

La Editorial Nova nace en Buenos Aires en 1942 por iniciativa de Arturo Cuadrado Moure (1904-1998) y Luis Seoane (1910-1979), dos amigos gallegos con una larga experiencia en el mundo del libro. Surge asociada a la Imprenta López (de la calle Perú, 666), que por aquellos años se ocupaba también del grueso de las ediciones de la editorial Emecé, de donde procedían ambos.

Arturo Cuadrado había entrado en el mundo de la letra impresa asociado con Xohán Xesús González (1895-1936) mediante la fundación en 1927 de la barraca-librería Niké (en la compostelana rúa Calderería), especializada en literatura marxista y caracterizada por el hecho de que los clientes pagaban por cada libro lo que considerasen que éste valía. Punto de reunión de escritores y artistas que con el tiempo cobrarían importancia en la cultura gallega (Feliciano Rolán, Anxel Fole, Eugenio Granell, etc.), allí se inició Cuadrado en la edición de libros, así como, con Anxel Fole (1903-1986) y Luis Seoane (1910-1979), en la  revista de poesía Resol. Hojilla volandera del Pueblo (primera etapa: mayo de 1932-1936), que se distribuía gratuitamente por Santiago de Compostela. Durante la guerra amplió su experiencia en el mundo de la letra impresa con colaboraciones en diversas cabeceras (la barcelonesa Nova Galizia, El combatiente del Este) y con la publicación de su poemario Aviones (Valencia, Edicones Resol, 1937; muy raro).

Arturo Cuadrado

Por su parte, Seoane se había iniciado como ilustrador de revistas y libros en compañía de Cuadrado y se había dado a conocer en la galería Amigos del Arte de Santiago de Compostela, antes de exiliarse, vía Francia, a su natal Buenos Aires.

Desde el momento del reencuentro de Cuadrado y Seoane en Buenos Aires, se suceden las empresas conjuntas de estos dos activistas culturales. Cuando Mariano Medina del Río y Carlos Menéndez Braun fundan Emecé (1939), cuentan con Seoane y Cuadrado como directores de algunas colecciones (Dorna y Hórreo), además de diseñar Seoane muchísimas cubiertas e interiores de libros. En las páginas de la revista fundada por de Artruro Serrano Plaja y Lorenzo Varela De mar a mar (diciembre de 1942-junio de 1943) aparecen tanto ilustraciones de Seoane como textos de crítica literaria y artística de Arturo Cuadrado, aunque esta revista es recordada sobre todo por haber publicado en su numero inicial “De cómo vino al mundo Félix Muriel”, germen de la obra maestra que escribiría Rafael Dieste (1899-1981) a instancias precisamente de Luis Seoane. Con Lorenzo Varela (1916-1978) forman el trío fundador y director de Correo Literario (15 de noviembre de 1943- 1 de septiembre de 1945), donde coinciden las firmas de Picasso, Rafael Alberti, León Felipe, Arturo Souto y Rafael Dieste con las de Ernesto Sábato, Jorge Luis Borges o Pablo Neruda, entre otros muchos, y en cuyo número del 15 de agosto de 1944 publicará Julio Cortázar uno de sus primeros relatos (“Bruja”). Posteriormente aún crearían otros interesantes proyectos, como la prestigiosísima revista Cabalgata (1946-1948), para la que cuentan con el apoyo del editor catalán Joan Merli (1901-1995) y en la que publican por ejemplo a Gómez de la Serna, Alfonso Reyes, Corpus Barga y Américo Castro, o las exquisitas Ediciones Botella al Mar (creada en 1946 y donde en 1948 apareció la primera obra literaria de Seoane, Tres hojas de ruda y un ajo verde o las narraciones de un vagabundo, con prólogo de Varela; aún hoy sigue en activo con Alejandrina Devéscovi al mando) y Ediciones Hombre al Agua.

La editorial Nova nace cuando Seoane y Cuadrado abandonan al unísomo la editorial Emecé, y se inscribe en un proyecto amplio y compartido de divulgación de la cultura gallega que ya había tenido su primera expresión importante en las colecciones creadas en el seno de Emecé, y que progresivamente va abriéndose a un amplio espectro de la literatura hispánica, y particularmente argentina. Sin embargo, lo que caracteriza esta empresa, como casi todo lo que toca Seoane, y lo que al mismo tiempo le da un valor añadido que la distingue, es el cuidado puesto en el libro como objeto, la búsqueda de la belleza más allá del texto (sobrecubiertas ilustradas, maquetas esmeradas, viñetas decorativas, grabados, láminas…), y tratándose de un artista como Seoane suele encontrarla. De hecho, Nova constituye en cierto modo un cruce de caminos entre españoles e hispanoamericamos, pero también entre escritores y todo tipo de valiosos artistas gráficos (pintores, diseñadores, grabadores, etc.).

De izquierda a derecha, Isaac Díaz Pardo, Luis Seoane y Eduardo Blanco Amor en Buenos Aires.

Por otra parte, Nova sale a la luz con una estructura de colecciones muy meditada, que poco a poco va ampliándose para abarcar desde la poesía hasta el ensayo (Vida del Espíritu, con Keirkegaard, Heidegger y Husserl entre otros autores insignes; El Árbol de la Ciencia, La Marcha del Progreso, Imaginación, Biblioteca Histórica, Grandes Vidas, donde en 1947 apareció el volumen que el periodista y escritor español Clemente Cimorra dedicó a Galdós…).

La primera de las colecciones en aparecer es Pomba (que luego españolizó su nombre, Paloma), dirigida por Cuadrado, que tenía unas características formales que la hacían clara heredera de Dorna (dedicada a la poesía y a la narrativa y con una maqueta muy sobria y elegante). Como su predecesora, solía incluir ilustraciones de Seoane. Allí aparecen Aprendizaje de la soledad  (1943), del escritor y cineasta argentino Ulyses Petit de Murat (1907-1983), Versos de guerra y paz, (1945), del exiliado español Arturo Serrano Plaja (quien en 1943 había traducido a Balzac para Nova), Los peces turbados (1945), que Arturo Cuadrado firma como Venancio Viera, La cabellera oscura (1945), de la escritora uruguaya Clara Silva (1902-1976), precedido de un prólogo del crítico y editor Guillermo de Torre,  Maretazos (1945), del poeta santanderino Jesús Cancio, por entonces en cárceles franquistas, prologado por Cipriano de Rivas Cherif y reproducciones de cuadros originales de José Gutiérrez Solana, El viento en la bandera (1945), del escritor y crítico de arte argentino Cayetano Córova Iturburu, Anillo de sal (1946), del poeta argentino Vicente Barbieri (1903-1956), Playa sola 1946), el primer poemario del argentino Alberto Girri (1919-1991), precedido de un estudio introductorio de Lorenzo Varela…

 

En la colección Mar Dulce, dedicada muy principalmente a temas americanos, destaca la edición de Luis M. Beudizzone de El libro de los Mayas. Popol Vuh o el libro del consejo (1944), y se publican en ella, por ejemplo, Las Calaveras y Otros grabados (1943), del artista mexicano José Guadaluope Posada (1852-1913), creador de la muy célebre Catrina, Amazonia. Leyendas Nángatú (1943), Leyendas de Tucumán (1944), profusamente ilustradas por Seoane, Juan Moreira (1886) (1944), de Gutiérrez Podestá, Los caudillos del años veinte (1944), compendio de biografías seleccionadas por Emma Felce y León Benarós, El alejaidinho Antonio Francisco Lisboa (1944), del escritor brasileño Newton Freitas, Mates burilados. Arte vernacular peruano (1945), de José Sabogal, Pancho Fierro. Estampas del pintor peruano (1945), también de Sabogal, Garibaldi en América (1946), de Newton Freitas (1909-1996) o Fausto. Impresiones del gaucho Anastasio el Pollo en la representación de esta ópera (1946), de Estanislao del Campo (1834-1888) y prologado por Jorge Luis Borges… Pese a tratarse de libros de ilustradores o profusamente ilustrados, la colección (en un formato de 20 x 12) mantenía una identidad muy firme gracias a la encuadernación y al diseño de las sobrecubiertas obra de Seoane, que se cuentan entre sus mejores y más eficaces diseños para Nova y que dotaba a la colección de una imagen muy reconocible.

Otra colección muy destacable es Camino de Santiago, dirigida al alimón por Cuadrado y Seoane, que estaba destinada a los grandes temas y autores de la cultura gallega, y en ella aparecieron obras de Concepción Arenal (Cuadros de la guerra, 1943), Rodríguez del Padrón (una antología con ilustraciones de Manuel Colmeiro en 1943), Martín Sarmiento (Estudio sobre el origen y la formación de la lengua gallega, 1943), Jesús Rodríguez López (Supresticiones de Galicia y preocupaciones vulgares, 1943),  Manuel Murguía (Don Diego Gelmírez, 1943)…

Sin embargo, la primera edición de Historias e invenciones de Félix Muriel bastaría para reservar un lugar de honor a la colección Camino de Santiago y a Nova en la historia editorial. En el mítico café Tortoni se reunía en tertulia una amalgama de escritores y artistas gallegos y argentinos, entre ellos Seoane, Varela, Colmeiro, Julio Cortázar, Ernesto Sábato,  y también los médicos Xosé Núñez Búa, Gumersindo Sánchez Guisande, así como Rafael Dieste, que por aquel entonces era director editorial de la Editorial Atlántida. Luis Soane, que como se ha mencionado ya acababa de publicar a Dieste en De mar a mar en diciembre de 1942 “De cómo vino al mundo Félix Muriel”, y que en el seno de Emecé le había publicado la reedición del poemario Rojo farol amante (1940) para la colección Dorna, le solicitó algún libro de relatos que pudiera entregar en el plazo de tan sólo dos meses. Así lo contó la esposa de Dieste, Carmen Muñoz: “Necesitamos un libro tuyo para una colección de narraciones que vamos a iniciar. El plazo de entrega es de dos meses”. Pese a las risas que despertó entre los contertulios esta disparatada premura, de ello saldría, aquel mismo mes de junio, uno de los mejores libros de cuentos de la literatura española como quinto número de la colección, con once dibujos a toda página de Luis Seoane.

 

El proceso de creación fue bastante singular, además, pues al término de su jornada laboral en Atlántida Dieste dictaba a su esposa el relato que leería el sábado en el Tortoni, y progresivamente el libro fue completándose. Acaso por la cercanía de la publicación en la revista, esta primera edición no incorporó el relato germinal (“De cómo vino al mundo Félix Muriel”), como tampoco lo hizo la de Alianza de 1974, sino que lo incorporó al libro por primera vez Estelle Irizarry en su edición para Cátedra.

Siempre de izquierda a derecha: de pie, el científico y escritor Xosé Otero Espasandín (1900-1987), Rafael Dieste, el doctor Antonio Baltar y Luis Seoane; sentadas, Mireya Dieste, Carmen Muñoz y Maruxa Fernández. Buenos Aires, 1943. Fotografía procedente de la publicación galleguista A Nosa Terra.

El profesor Juan Rodríguez escribió acerca de la rocambolesca historia de esa primera edición del libro:

Ilustrado por el propio Seoane, fue

Rafael Dieste.

generosamente reseñado por los compañeros de exilio republicano y prácticamente ignorado por la crítica argentina; tan solo a partir de su publicación en España fue ampliamente reconocido como una de las obras maestras de la literatura en lengua española del siglo XX.

 

Fuentes:

Daniel Domínguez, “Un maravillado mirar”, Escuela de los domingos, 18 de septiembre de 2011.

Daniel Domínguez, “Cuando fuimos Félix Muriel”, Escuela de los domingos, 15 de octubre de 2011.

Noemí de Haro García, Grabadores contra el franquismo, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2010.

Estelle Irizarry

Estelle Irizarry, Introducción a Rafael Dieste, Historias e invenciones de Félix Muriel, Madrid, Cátedra (Letras Hispánicas 233), 1985.

Antonio Lago Carvallo y Nicanor Gómez Villegas, eds., Un viaje de ida y vuelta. La edición española e iberoamericana. (1936-1975), Madrid, Siruela (El Ojo del Tiempo 9), 2006.

César Antonio Molina, Medio siglo de prensa literaria española (1900-1950), Madrid, Ediciones Endymion (Textos Universitarios), 1990.

Juan Rodríguez, “Historias e invenciones de Félix Muriel, de Rafael Dieste”, Quimera, 252 (enero de 2005), pp. 35-37.

Salvador Rodríguez, “Los gallegos del boom. Artistas e intelectuales de Galicia tuvieron un papel decisivo en la eclosión literaria latinoamericana“, Grupo Li Po, 21 de marzo de 2013.

Graciana Vázquez Villanueva, “Política de Lectura y política editorial como programa político de los republicanos españoles en Buenos Aires (1936-1950). El caso de Luis Seoane”.