Los inicios de la Librería Editorial Argos

Ignacio Agustí (1913-1974).

Ignacio Agustí.

La librería y posteriormente editorial Argos, situada inicialmente en el número 30 del barcelonés Passeig de Gràcia, ha quedado estrechamente vinculada al nombre del periodista y escritor Ignacio Agustí (1913-1974), quien asociado al waterpolista olímpico Ángel Sabata (1911-1990) dio un enorme impulso tanto a la librería como a la edición en cuanto en 1958 hubo abandonado la editorial Destino.

Sin embargo, tanto la apertura de la librería como sus primeras ediciones se remontan a la inmediata posguerra, y, pese a la existencia de un catálogo de 1948 en la Biblioteca de Catalunya, no es fácil encontrar información sobre su actividad en esos años. Aun así, sus colecciones, no excesivamente nutridas, son un excelente modo de introducirse en el coleccionismos, porque se trata de textos literariamente muy dignos y de libros de notable belleza editados con esmero (y no muy difíciles de localizar).

ColecciónCalesa

Si bien existen unos volúmenes que bajo el título Argos. La literatura universal en la mano compilan diversos textos fechables en los años cuarenta sin mayor precisión (probablemente 1943), los primeros títulos en los que se especifica el año son de 1941, y se trata ya de títulos de fuste: Diario de un artista, del premio Nobel de 1905 Henry Sienkiewicz (en traducción de Pedro de Palma e ilustraciones de Josep Granyer), con la que se abre la colección Calesa, y Tierra nueva, del también premiado con el Nobel Knut Hamsun (en traducción firmada por J. Pérez Bances) que es el primer número de la colección Carabela.

Sin embargo, al año siguiente ya muestra una producción más viva y estrena la colección Vita Vitae con la autobiografía Cuento de mi vida, de Hans Chistian Andersen, de la que ese mismo año la editorial Nausica publicaba una edición en rústica cuya versión española firma el insigne escritor y traductor Jaume Bofill i Ferro (1891-1968). La edición de Argos, encuadernada en tapa dura y con sobrecubierta, lleva la firma de Asís de Rodas (seudónimo quizá de Augusto Riera Sol) e incorpora un grabado a la madera del célebre artista vilanovino y compañero de taller de Joan Miró  E[nric].C[ristòfor]. Ricart (1893-1960). Esta traducción había aparecido ya en la Biblioteca Inquietud de las barcelonesas Publicaciones Mundiales en 1930.

EnricCluselles

Enric Cluselles.

El diseño de las cubiertas tanto de la colección Calesa como de Carabela, así como sus logos, son obra del grafista Enric Cluselles (1914-2014), quien ese mismo año 1942 participa también en el segundo número de Vita Vitae con un retrato litografiado de Letizia Bonaparte para la edición de la obra de R. McNair Wilson, Letizia Bonaparte, madre de Napoleón, que se publica en traducción de Alfonso Nadal e ilustrada con grabados a la madera intercalados en el texto firmados por J. Fors (¿acaso el alcalde republicano de Canet de Mar Joaquim Fors Vidal [1889-1956]?). Entre las obras anunciadas para esta colección, de las que no hay constancia de que se publicaran, se contaban La vida privada de Helena de Troya, de John Erskine (1879-1951), Mi padre Knut Hamsun, de Tore Hamsun (1912-1995), Beatrice Cenci, del arqueólogo e historiador del arte Corrado Ricci (1858-1934) y Yo, Claudio, del célebre novelista y poeta británico Robert Graves (1895-1985).

Portada StormEn cuanto a Calesa, en 1942 ofrece a los lectores una edición de El jinete del caballo blanco, del escritor alemán Theodor Storm (1817-1888), en traducción de Kathe von Blankentsein e ilustraciones de Joan Commeleran (1902-1992), que hasta 1979 no recuperaría La Gaya Ciencia (en traducción de Julio Pintado); la traducción de Pedro de Palma de Vida de hidalgo, de Ivan Turgueniev, acompañada de ilustraciones firmadas por E. Albert, 1942, y Tres cruces, de Federigo Tozzi (1883-1920), traducida por Josep M. Camps (1915-1975) e ilustrada por J. Morató.

De Carabela aparecen también ese año 1942 La hostería volante de Chesterton, traducida por Mario Pineda, y el clásico del escritor húngaro Frigyes Karinthy, Viaje en torno a mi cráneo, traducido y con prólogo de Férenc Oliver Brachfeld (1908-1967).

Aún ese mismo año aparece el primer número de una nueva colección, Los Artistas Contemporáneos, que estrena con un libro dedicado a Juan Serra, pintor, de Juan Cortés, de la que se hace una tirada de dos mil ejemplares numerados. Se trata de un volumen en formato 19,5 x 13,5 e impreso en rústica con retrato del artista y cuarenta láminas impresas en papel couché con reproducciones fotográficas de obras de Serra.

Joan Teixidor (1913-1992)

Joan Teixidor.

Enorme interés tiene una de las obras que quedó como anunciada e inédita en esta colección, el libro dedicado a Domingo Carles por el escritor y editor Joan Teixidor (1913-1992), que se refirió en diversas ocasiones a este artista en sus textos en la revista Destino, entre ellos uno en su sección “En el Taller de los Artistas” (núm. 142, 6 de abril de 1940, p. 6) y varios en la sección Las Exposiciones y los Artistas (“La Exposición Nacional de Bellas Artes de Barcelona” [núm. 256, 13 de junio de 1942, p. 11], “De París a Roma” [núm. 305, 22 de mayo de 1943, p. 11], “Diez artistas en la Sala Pares” [núm 310, 26 de junio de 1943, p. 11], “María Llimona y Domingo Carles” [núm 334, 11 de diciembre de 1943, p. 11], etc.) y en el número 347 (11 de marzo de 1947) anunciará en la misma publicación, en la sección Formas y Colores, las memorias que el pintor estaba preparando y que, con prólogo de Josep Pla, se publicarían en la Editorial Barna con el título Memorias de un pintor (1912-1930).

De ese mismo 1942 es una edición de 300 ejemplares de El escultor Manolo Hugué, de Rafael Benet, con iniciales y viñetas al boj de E. C. Ricart, así como un par de libros en gran folio y encuadernados en tapa dura con solapa que, sin nombre de colección, quedan unificados por el diseño de Clusellas: Un siglo de Barcelona, 1830-1930, de Carlos Soldevila (con fotografías a color impresas al huecograbado y cuatricomías) y Las ciudades del mar, de Josep Pla (también ampliamente ilustrado).

ClusellesARGOS

Diseño inequívocamente de Cluselles.

Sin embargo, este impresionante arranque de la Librería Editorial Argos se desploma enseguida, y lo cierto es que hasta la entrada de Agustí, que puede inyectar una buena dosis de dinero procedente de la venta de sus acciones de Destino, la actividad editorial languidece con obras en cierto sentido menores, como el catálogo de la exposición celebrada por E. Casanovas el 12 de marzo de 1943, por ejemplo, Las subastas de libros (1945), un volumen con dibujos del célebre Opisso (1880-1966) que contiene la obra de Mirbeau Don José y del que se hizo una tirada de quinientos ejemplares numerados e impresos sobre papel de Holanda con filigrana de Argos, En la llama (1945), del poeta Juan Eduardo Cirlot (que dos años después entraría como empleado en la librería), de la que se hizo una tirada de 100 ejemplares en papel de hilo verjurado y otra de cien en papel de hilo, así como las ediciones más modestas (en rústica con solapas) de Jaume Fuster La corona valenciana (1945) y Calígula, biografía humorística (según la cubierta) o Las memorias de Calígula (según la portada), firmadas por un Fidelio Trimalción que no es otro que el escritor cántabro Cecilio Benítez de Castro (1917-1975), quien el año anterior había usado ya ese mismo seudónimo en el primer número de la revista ¡Hola! (2 de septiembre de 1944).

StormInterior

Interior de El jinete del caballo blanco, de Storm, con una ilustración de Joan Commeleran.

En 1946 destacan dos hechos en relación a Argos: por un lado, la edición del texto de Apuleyo Amor y Psiche, según la versión hecha en el siglo XV por Diego López de Cortegana, con prólogo del polígrafo catalán Carlos Soldevila, y por otro la petición a Censura, fechada el 21 de octubre de 1946, para importar 500 ejemplares de La isla de las almas perdidas de H.G. Wells que E.M. Antonioni había traducido y Acmé Agency había publicado en Buenos Aires.

Dado el estado letárgico en que entran las publicaciones de la Librería Editorial Argos a partir de ese momento –si bien en 1949 publica a Sebastià Gasch Títeres y marionetas, y al año siguiente inicia una colección Esto es España con el libro de Alberto del Castillo y Carlos Pellicer, Jose Maria Sert, su vida y su obra–, tal vez, pueda plantearse como hipótesis que en ello tenga poco o mucho que ver la fundación ese mismo año en Buenos Aires de una Editorial Argos dirigida por Luis Miguel Baudizzone (abogado y empresario, 1909-1979), José Luis Romero (historiador, 1909-1977) y Jorge Romero Brest (ensayista y crítico de arte, 1905-1989). No tengo de momento ninguna constancia de ello.

Véase también, en los comentarios, la información adicional de Enric Blanco y los enlaces que adjunta,

La colección que mimaba a los traductores (Isard, 1962-1971)

A Roser Vilagrassa, traductora de Pessoa, Wells y Kipling,

entre otras perlas, y buena amiga.

Josep M. Boix i Selva (1914-1996).

Josep Maria Boix i Selva (1914-1996), de quien en 2014 se cumple el centenario, no es quizás uno de los poetas catalanes más conocidos pese a la importancia de sus valedores y de la entusiasta atención, aunque exigua, que le ha dedicado la crítica literaria.

Proporcionalmente, ha recibido más atención su elogiada labor como traductor, y muy en particular su versión en verso de El paradís perdut de John Milton, que publicó en dos volúmenes en edición de bibliófilo en Alpha (1950 y 1951) y posteriormente en Clàssics de Tots els Temps (1953). Dadas las difícilísimas circunstancias de la época para dar a conocer obra literaria en catalán, no son desdeñables tampoco las lecturas de fragmentos de la traducción de Milton que Boix i Selva llevó a cabo en la Secció del Foment de les Arts Decoratives (en mayo de 1944) y en las conocidas como Bombolles Poètiques de Joan Colomines y Anton Sala-Conradó (en la que añade Samsó agoniste), en 1959.

Menos frecuentada ha sido por los historiadores su labor como director literario de la colección Isard, de la editorial Vergara, pese a su vocación de dar a conocer algunas de las obras más importantes de la literatura del siglo xx (entre ellos una buena cantidad de premios Nobel) y contar con una auténtica pléyade de espléndidos escritores como responsables de las versiones catalanas. Entre los primeros, valgan los nombres de Joyce, Faulkner, Orwell, Graham Greene, Rimbaud, Daudet, Saint-Exupery, Camus, Mauriac, Solzhenitzyn…; entre los traductores, algunos de los mejores y más renombrados de su tiempo: Carles Soldevila, Pere Calders, Joan Oliver, Joan Sales, Joan Vinyes, Miquel Arimany, Ramon Folch i Camarasa, Núria Folch, etc. Quizás sólo Laura Vilardell se ha atrevido a hacer “Una aproximació a la col·lecció Isard”, de innegable valor, pero existen en la Biblioteca de Catalunya los materiales necesarios para que alguien se anime a acercarse un poco más y a profundizar en esta insólita colección y en su principal promotor (sugerencia para investigadores intrépidos).

Graham Greene (1904-1991).

Josep Maria Boix i Selva pertenece al grupo de jóvenes que aún en edad escolar  convirtieron en legible –y, en retrospectiva, en interesantísima publicación– la revista Juventus, órgano de la Federación Catalana de Congregaciones Marianas y que entre 1931 y 1932 acogió en sus páginas los primeros textos literarios de escritores de la categoría de Tomás Lamarca, Martí de Riquer, Joan Vinyoli, Ignasi Agustí o Josep M. Camps. Posteriormente colaboraría en la exquisita revista Quaderns de Poesia (marzo de 1935-junio de 1936) y en el periódico El Matí.

Ignacio Agustí (1913-1974).

Ignacio Agustí (1913-1974).

Boix i Selva publicó en Juventus varios poemas, como  “Hivernal” (número de enero de 1931, p. 47) o “Planys de l´exiliat (mayo de 1931, p. 272), una prosa poética, “Visió nocturna” (febrero de 1931, p. 99), algunos textos de crítica literaria, como por ejemplo el dedicado a su admirado “Josep M. López Picó” (octubre de 1931, pp. 624-625) e incluso alguna pieza de reflexión política inesperada en una revista de estas características como “Catòlic i socialista?” (abril de 1931, pp. 221-222), ninguno de los cuales aparece, por lo menos con estos títulos, en el minucioso inventario del Fons Josep Maria Boix i Selva que se conserva en la Biblioteca de Catalunya (otra sugerencia para investigadores interesados en la obra del escritor).

A medida que avanza la década, su círculo de amistades literarias lo constituye sobre todo el grupo formado por Salvador Espriu, Bartomeu Rosselló-Pòrcel, Tomás Lamarca, Oscar Samsó y Joan Teixidor. Ya antes de la guerra aparece su primer libro de poesía, Angle (Altés, 1935), que fue objeto de uno de los textos críticos más atinados y trabados de Josep Janés en la preciosa revista Rosa dels Vents (1936), y durante la guerra publicó un segundo volumen, Soledat abrupta (Altés, 1937), además de preparar para la colección de Janés Oreig de la Rosa dels Vents el volumen de Poesia dedicado a Josep M. López-Picó. Sin embargo, como tantos otros poetas en lengua catalana, el resultado de la guerra puso Boix i Selva las cosas muy difíciles a partir de 1939. Aun así, durante el franquismo su obra poética se enriquece con los poemarios en ediciones clandestinas Felicitat (Amics de la Poesia, 1944) y Copaltes i mirinyacs (Altés, 1946), a los que hay que añadir El suplicant, la deu i l´esma (Premio Carles Riba 1971 y publicado en Proa al año siguiente).

En un momento en que la edición en lengua catalana empieza a intentar normalizarse, Isard nace dentro del seno de la Edittorial Argos, de la que en 1958 se había hecho cargo Ignacio Agustí al dejar la dirección de Destino y que en esos años publicó Más brillante que mil soles, de Asimov junto a Ciudades de España, de Eugenio Nadal o reediciones de la exitosa Mariona Rebull del propio Agustí.

Aunque las disonancias en la colección Isard no fueron tan clamorosas, sí recibió críticas la inclusión en el catálogo de lo que se consideró una nota discordante, y en particular las traducciones que clásicos añejos como Longo o Platón.

Pere Calders (1912-1994).

La descripción de Isard como Biblioteca Universal en Llengua Catalana era lo suficientemente ambigua para permitirlo, y, divida en diversas series (Novela, Ensayo, Religión, Historia), manifestaba la intención de publicar “obras representativas de todos los géneros literarios y de diversas épocas y culturas”. Pere Calders, quien en carta a Joan Triadú (14 de enero de 1964) define Isard como “una colección modélica en cuanto a corrección”, explica en un ilustrativo artículo (recogido por Montserrat Bacardí en La traducció catalana sota el franquisme) que en la selección de títulos intervienen activamente los propios traductores con sugerencias y propuestas y da razón de esa aparente heterogeneidad:

 Títulos que, considerados aisladamente, pueden parecer –y ni siquiera a todo el mundo!– poco necesarios, en el conjunto de la colección tendrán un objetivo bien definido. Así se explica que compartan una misma lista Albert Camus, Cecil Roberts, Aldous Huxley y A.J. Cronin, Vintilia Horia y Kathryn Hulme. O bien que les hagan compañía las gestas del reverendo padre Dominique Pire y las de Tartarí. E inlcuso tiene un enorme interés que un mismo traductor, un helenista eminente de la categoría de Jaume Berenguer i Amenós, nos ofrezca a Platón y Longo.

El catálogo que fue conformando Isard puede interpretarse como un antecedente de lo que luego sería la añorada colección Clàssics Moderns que Francesc Parcerisas dirigió para Edhasa, es decir, procuró un canon de los clásicos del siglo XIX y XX que en la mayoría de casos nunca se habían traducido al catalán y que seguían manteniendo una enorme vigencia. Entre las excepciones curiosas se cuenta Teresa Desqueyroux, del premio Nobel francés François Mauriac, que poco después de iniciada la guerra había aparecido como número 127 de los Quaderns Literaris de Josep Janés, en traducción de Jeroni Moragues, y de la que en 1963 Isard ofrece una nueva versión firmada por el escritor y editor Joan Sales.

Cubierta y portada de 1984, de Georges Orwell.

El catálogo completo de Isard (39 títulos) puede verse en el magnífico artículo ya mencionado de Laura Vilardell, que lo acompaña además de un interesantísimo anexo con las obras programadas que no llegaron a publicarse en el que figuran Ilya Erenburg, Nikos Kazantzakis o Maquiavelo entre otras perlas, pero a modo de panorámica, baste mencionar las obras del también premio Nobel Albert Camus La pesta (traducción y prólogo de Joan Fuster, en 1962) y La caiguda (traducción de Vallespinosa, en 1964), 1984, de George Orwell (traducida por Joan Vinyes, en 1964) y La revolta dels animals (traducida por E Cardona y J. Ferrer Mallol) , las novelas de Graham Greene Un americà pacífic (traducción de Eulalia Presas i Plana, en 1965) y Rocs de Brighton (traducida por Maria Teresa Vernet, el mismo año) o Una temporada a l´infern. Il·luminacions, de Arthur Rimbaud (versión, estudio preliminar y notas de Josep Palau i Fabre, en 1966). Y, entre las obras en catalán, los dos volúmenes de L´aperitiu, de Josep Maria de Sagarra (1964) y Proses bàrbares. Els herois, de Prudenci Bertrana, acompañados de “Una vida”, de Aurora Bertrana, en 1965.

Vol de nit, de Saint-Exupéry.

Uno de los placeres –o motivo de envidia– que la colección Isard reserva a los traductores es la importancia que se les concedía, y que no se limitaba a propugnarla, sino que se ponía de manifiesto en los textos de contraportada, que sistemáticamente constaban de la biografía del autor de la obra, una breve y elogiosa reseña del texto que se publicaba y una resumen biográfico del autor de la traducción. Además, el traductor tenía la oportunidad de incluir un texto en el que justificar sus decisiones (cuestión particularmente importante en el caso de la literatura catalana, por no estar entonces bien asentado el lenguaje literario), y, según explica Calders, en la ya mencionada carta: “Paga [a los traductores) los precios más elevados de Bareclona, y me consta –porque lo he vivido en primera persona– que los propósitos de calidad y de servicio desinteresado son sinceros y que el grupo intenta salvar la colección.”

No me viene a la memoria ninguna editorial o colección que reconozca de semejante modo la importancia de los traductores. (Véanse, sin embargo, los comentarios a la entrada para información adicional).

Fuentes:

Josep M. Boix i Selva.

Montserrat Bacardí, La traducció catalana sota el franquisme, Lleida, Punctum (Quaderns 5), 2012.

Pere Calders-Joan Triadú, Estimat amic. Cartes. Textos (edición de Susanna Álvarez y Montserrat Bacardí), Publicacions de l Abadia de Montserrat, 2009.

Sergi Doria, Ignacio Agustí, el árbol y la cebniza, Barcelona, Destino (Imago Mundi 244), 2013.

Laura Vilardell, “Una aproximació a la col·lecció Isard”, en Sílvia Coll-Vinent, Cornèlia Eisner i enric Gallén, eds., La traducció i el món editorial de la postguerra, Barcelona, Punctum &Trilcat, 2011, p. 253-272.

Una perla con resonancias

I.A.Árbol+ceniza

Ignacio Agustí, el árbol y la ceniza (2013), de Sergi Doria, publicado por Destino, acaba con muchos tópicos y debiera hacernos replantear algunas ideas heredadas.

Hasta ahora, la fuente principal y casi única para conocer un poco a fondo la biografía de Ignacio Agustí (1913-1974) eran sus propias memorias, Ganas de hablar, e incluso en los estudios introductorios a lo que supuestamente eran ediciones críticas de sus obras se tomaba a menudo este libro como única fuente. Por fortuna, coincidiendo con el centenario de Agustí, Sergi Doria ha escrito una pequeña perla que sin duda tendrá resonancias en los futuros estudios sobre la vida y la obra de un hombre de letras que se nos revela como bastante enigmático y singular.

La vocación temprana de Ignasi Agustí se manifestó inicialmente en las páginas de la revista de la Congreación Mariana Juventus, donde su firma coincide con las de unos jovencísimos Josep M. Camps, Martí de Riquer o Josep M. Boix Selva, y aún antes de la guerra civil hace incursiones en diversos géneros, siempre en catalán: la poesía (financia por suscripción El veler en 1932), la novela (Diagonal, que presenta al Premi Crexells de 1933) y sobre todo escribe para la escena (Idil·li en un parc o el suicidi de la lluna y La Coronela, que siguen inéditas, El Nostre Teatre le publica L´esfondrada en 1934 y al año siguiente Espriu le publica Benaventurats els lladres en Leda). Y poemas posteriores de Ignasi Agustí pueden leerse por ejemplo en la revista comandada por Marià Manent y Tomàs Garcés Amics de la Poesia, en el periódico dirigido por Josep Janés Avui (1933), quien acogerá también el texto de Agustí “Santa María del Vallès” en el primer número de su revista Rosa dels Vents (abril de 1936, pp. 20-22). Es difícil no recordar en relación a estos inicios como escritor de Ignacio Agustí el extenso e influyente artículo de Joan Lluís Marfany “Notes sobre la novel·la espanyola de postguerra”, en que señala que la obra de narradores como Sebastià Juan Arbó o Ignacio Agustí en la postguerra “sólo son explicables dentro de la tradición literaria catalana”, aun cuando se expresaran en lengua española. Y posiblemente ahí esté uno de los orígenes de lo que más adelante sería el “barcelonismo”.

Diagonal (1934), presentado el año anterior al Premi Crexells (modelo luego del Nadal), que ganaría Carles Soldevila (con la obra Valentina).

Diagonal (1934), presentado el año anterior al Premi Crexells (modelo luego del Nadal), que ganaría Carles Soldevila (con la obra Valentina).

Sin embargo, toda esta etapa en la trayectoria de Agustí, durante la que participa activamente en la vida cultural que generan los grupos de jóvenes barceloneses al calor de tertulias como la del Euzkadi (Juan Arbó, Janés, Riquer, Teixidor, Espriu), El Lyon d´Or (con Luys Santa Marina, Martí de Riquer, Xavier de Salas, Félix Ros) o en instituciones como el Ateneu Barcelonès, padece un general olvido, como si, a lo sumo, Ignacio Agustí fuera sólo el autor de Mariona Rebull (1943) y de la exitosa saga La ceniza y el árbol.

El detenido análisis de las obras que construyen la trayectoria literaria de Ignacio Agustí que lleva a cabo Sergi Doria pone en entredicho muchos de los tópicos críticos heredados; su narración de los avatares y las guerras subterráneas en el seno de la revista Destino y la editorial homónima pone los puntos sobre las íes acerca de cuestiones nunca hasta ahora explicitadas (desde sus conflictos familiares hasta sus problemas de salud), y su estudio del pensamiento y la acción política del biografiado nos ofrece una imagen mucho más rica y completa de la que es capaz de transmitir Ganas de hablar.

Ganas de Hablar, memorias de Agustí publicadas postumamente (en 1974).

Ganas de Hablar, memorias de Agustí publicadas postumamente (en 1974).

Doria consigna, sobre todo a partir de mediados de los años cincuenta, una soterrada lucha de poder entre los dos socios más implicados en Destino, cuyos ámbitos de actuación parecen difusamente definidos: Agustí era el director de la revista Destino, mientras que Vergés (1910-2001), como cofundador con Joan Teixidor (1913-1992) de la editorial, se ocupaba de la misma y sobre todo de cuestiones empresariales.

Antonio Vilanova, que desde 1947 colaboraba en Destino y en 1959 se incorporó como miembro del jurado del Nadal, ha explicado que “la Editorial Destino la llevaba, de manera muy personal, Josep Vergés […] Su socio, Joan Teixidor, tenía buen gusto literario y era de gran ayuda para él, pero Teixidor era un lletraferit, un hombre de letras, y Vergés era un hombre de empresa”. Y el propio Teixidor ha confirmado esta apreciación: “Evidentemente, a mí siempre me ha gustado más escribir que ser editor. Nunca he tenido ningún afán de figurar como editor. Es cierto, sin embargo, que me he divertido mucho. Es un oficio que me gusta y me he pasado horas muy agradables ejerciéndolo. Aun así, antes que editor me siento escritor”. Con ello basta para hacerse una idea de cómo funcionaba por dentro la editorial: Agustí a menudo fuera de Barcelona, inmerso en la escritura o en la actividad política, Teixidor concentrado en la parte más creativa y Vergés comandando el cotarro, con el conde de Godó como socio capitalista que se inmiscuía más bien poco o nada.

Una de las imágenes más conocidas de Ignacio Agustí.

Una de las imágenes más cono-cidas de Ignacio Agustí.

No es grano de anís que, como desvela Doria, fuera Ignacio Agustí quien firmó el contrato de edición de los cuatro volúmenes de Historia de la Segunda República de Josep Pla, pero eran muchos y delicadísimos los asuntos que acapararon la atención de Agustí en las décadas de los cuarenta y cincuenta, lo que facilitó a Vergés no sólo hacerse con el mando de la nave, sino, además, imponer a la posteridad su versión de los acontecimientos y desarrollo de la empresa. Por añadidura, Teixidor, amigo desde la adolescencia de Agustí, se nos muestra como un profesional dúctil capaz de navegar en cualesquiera condiciones.

No obstante, si Ignacio Agustí ocupa un lugar especialmente relevante en el ámbito de la edición de libros en España es sobre todo por haber creado un galardón literario trascendental que tuvo un efecto regenerador de las letras españolas, el Premio Nadal, cuyas circunstancias y origen contó antes en una conferencia de 1960 que en sus memorias (públicadas póstumamente en 1974). En esta conferencia explicitaba una idea de continuidad con la cultura catalana en que se inició que también es reiteradamente subrayada por Doria. Decía Agustí:

El Premio Nadal no fue ninguna invención. Fue, simplemente, una adecuación a nuestra época y a sus circunstancias del espíritu de justa literaria que ha constituido una de las tradiciones de este país, desde la restauración de los Juegos Florales hasta el conjunto de premios convocados por la Generalidad de Cataluña en tiempos de la República. Lo que pasa es que acertó a reinventar la novela española cuando más falta le estaba haciendo.

Ignacio Agustí (1913-1974).

Ignacio Agustí (1913-1974).

No ha bastado eso para que Vergés reivindicara su propio papel en toda esta historia minimizando incluso la importancia de Agustí en la creación del premio. Así, como ejemplo más palmario, en un texto de Jaume Vidal construido sobre todo a partir de declaraciones de Vergés y sus más allegados (y por si fuera poco editado por el Gremi d´Editors de Catalunya), pueden leerse cosas como las siguientes:

 La revista Destino, escuela de periodistas y escritores; la editorial del mismo nombre, que revitalizó las letras españolas con la creación del premio Nadal; el poderoso impulso a la literatura catalana, con la publicación de la obra completa de Josep Pla, y la creación del premio literario en catalán Josep Pla, son el esquema básico de la simbiosis que representó la vida y el trabajo en la existencia de Josep Vergés [p. 81, la traducción, como las siguientes, es mía].

Poco a poco Vergés convierte un paraje inhóspito, el de las letras en España, en una tierra donde empieza a recuperarse la esperanza. Sánchez Ferlosio, Carmen Martín Gaite, Torrente Ballester serán algunos de los escritores que impulsarán (de la mano de Vergés y con la incidencia que tuvo el premio Nadal) un lenguaje y una temática nuevos en un país en el que las letras estaban atoradas. La renovación también facilitará un puente con el pasado intelectual anterior a la Guerra Civil. (p. 96)

El objetivo de este galardón [el Premio Nadal], creado por Teixidor, Juan Ramón Masoliver y el mismo Vergés, entre otros jóvenes catalanes, era contribuir al reconocimiento de la literatura española. (p. 98)

 

Juan Serra, pintor (febrero de 1942), una de las primeras ediciones de la Librería Editorial Argos, de la que Agustí se haría cargo a finales de los cincuenta.

Tras su salida de Destino, Agustí podría haber dejado su huella como editor de libros en Argos, pero el proyecto nacía ya con plomo en las alas. En 1942, la Librería Editorial Argos había abierto cinco colecciones todas ellas de interés, ambiciosas y con un cierto potencial comercial: Carabela (iniciada con Knut Hamsun, Chesterton y Karinthy y Las ciudades del mar, de Josep Pla), la cuidada colección Calesa (Sienkiewicz, Theodor Storm, Turgueniev,l Tozzi traducido por José M. Camps), Los Artistas Contemporáneos (Juan Serra, por Juan Cortés, y Domingo Carles, por Joan Teixidor), La Vida y las Vidas (Andersen, McNair Wilson, John Erskine, Tore Hamsun, Corrador Ricci, el Yo, Claudio de Robert Graves) y la colección Miguel Ángel (Manolo Hugué, por Rafael Benet, de la que se hizo una edición con grabados de Ricart). Cuando Agustí se hace cargo de la editorial y librería, muchos de estos títulos y autores habían pasado a engrosar los catálogos de Josep Janés. Aun así, en palabras de Doria:

Cartel de la exposición "Ignasi Agustí i la ciutat convulsa", programada en la Biblioteca de Catlunya entre el 11 de abril y el 7 de mayo de 2013.

Cartel de la exposición “Ignasi Agustí i la ciutat convulsa”, programada en la Biblioteca de Catlunya entre el 11 de abril y el 7 de mayo de 2013.

Desde la editorial Argos, Agustí lanzó libros que funcionaron bien, como Más brillante que mil soles, de Isaac Asimov; reeditó Mariona Rebull y publicó las enciclopedias Focus, y el libro Ciudades de España del malogrado Eugenio Nadal que había inspirado el premio homónimo.

Y además describe Doria con bastante detenimiento un interesante proyecto, La Csa de Alba, del que se conserva un índice muy prometedor (Antonio Marichalar, Luis Santamaría, Luis Monreal…), así como las fotografías que para este libro había dejado ya hechas José Compte.

En el ámbito de la historia de la edición en España, como en tantos otros aspectos (periodismo y política en particular), la biografía que ha escrito Sergi Doria viene a ser un acto de justicia poética, y sería de desear que el brillo de esta perla  no pasara desapercibido, porque ilumina de Ignacio Agustí aspectos importantes que hasta ahora permanecían en la sombra. Sin duda, su destino es convertirse en obra de referencia sobre el personaje y su obra.

Cubierta del primer volumen de las obras completas editado por Sergi Doria para la Biblioteca Castro en 2007. Se publicó con los dos primeros volúmenes de La ceniza fue árbol (Mariona Rebull y El viudo Rius).

Cubierta del primer volumen de las obras completas editado por Sergi Doria para la Biblioteca Castro en 2007. Se publicó con los dos primeros volúmenes de La ceniza fue árbol (Mariona Rebull y El viudo Rius).

Fuentes:

Ignacio Agustí, “El negocio editorial y los premios literarios”, conferencia pronunciada en la Biblioteca Central de la Diputación de Barcelona con motivo de la Exposición de la Fiesta del Libro de 1960 y publicada como anexo al Catálogo de la producción editorial barcelonesa comprendida entre el 23 de abril de 1959 y el de 1960, Barcelona, Diputación de Barcelona, 1961.

Ganas1Ignacio Agustí, Ganas de hablar, Barcelona, Planeta (Espejo de España. Biografías y Memorias 3), 1974.

Sergi Doria, Ignacio Agustí, el árbol y la ceniza. La polémica vida del creador de “La saga de los Rius”, con un prólogo de Carlos Ruiz Zafón, Barcelona, Destino (Imago Mundi 244), 2013.

Carles Llorens, “Viure intensament la cultura del xx. Entrevista a Joan Teixidor”, Lletra de canvi (Barcelona), núm. 11 (noviembre de 1988), pp. 12-16

Joan Lluis Marfany, “Notes sobre la novel·la espanyola de postguerra”, Els Marges, núm. 6 (1976), pp. 29-57.

Xavier Moret, Tiempo de editores. Historia de la edición en España, 1939-1975, Barcelona, Destino (Imago Mundi 19), 2002.

Jaume Vidal, “Josep Vergés”, en AA.VV., Noms per a una Història de l´Edició a Catalunya, Barcelona, Gremi d´Editors de Catalunya, 2001.