“Los surcos”: José Janés apuesta por Ignacio Agustí (y pierde)

Ignacio Agustí (1913-1974)

Ignacio Agustí (1913-1974)

Ignacio Agustí es, quizás, el primer nuevo autor español por el que apuesta el editor José Janés cuando decide poner en marcha en 1942 la colección Gacela de Autores Españoles. Para entonces, ya se había consolidado la colección Gacela, que se presentaba en las solapas de los primeros números como la “Publicación periódica de novelas de los más grandes escritores contemporáneos. Volúmenes impresos a dos tintas, ilustrados profusamente por los mejores artistas y ricamente encuadernados”. Se trata de volúmenes en tapa dura con sobrecubierta a tres tintas, y entre sus estrellas se cuentan autores que, tras permanecer mucho tiempo en el olvido, a principios del siglo XXI han experimentado una cierta recuperación: Knut Hamsun, Alberto Moravia, Hans Carossa…

A la versión destinada a los autores españoles se le dedica el mismo esmero en la presentación y se propone reunir “las obras más interesantes de nuestros escritores nacionales de mayor prestigio”. El primer volumen, con ilustraciones intercaladas en el texto de Josep Maria Prim, es Aldeamediana, seguido de la historia de las esparragueras y de Dos notas

Sobrecubierta de Aldeamediana en la colección Gacela de Autores Españoles

sobre la civilización campesina, del ya por entoncces sobradamente establecido académico Eugenio d´Ors, y cuyo origen está en las “Glosas desangeladas” que se habían publicado diez años antes en el periódico madrileño El Debate (concretamente entre el 7 de agosto y el 5 de noviembre de 1932). No puede decirse en ningún sentido que publicar a D´Ors, y menos tratándose de una obra ya conocida, fuera asumir un gran riesgo, sino más bien un modo de dar lustre a los escritores que le acompañaran y a la colección.

Sin embargo, publicar a Ignacio Agustí, a quien antes de la guerra Janés había incorporado como colaborador del periódico Avui, suponía dar la alternativa como narrador en lengua española a un escritor sólo conocido hasta entonces, y muy relativamente, como autor en catalán de un poemario (El veler, 1932), de algunas obras teatrales de tono muy menor (Idil·li en un parc o el suïcidi de la lluna, La Coronela y Benaventurats els lladres) y de la novela Diagonal, que en el Premi Crexells de 1933 no fue eliminada hasta la cuarta votación (lo ganó Carles Soldevila con Valentina), además haber adquirido cierto relieve como uno de los artífices de la revista Destino.

Ignacio Agustí entra en la literatura española con una obra juzgada en general por la crítica como menor, pero en una presentación casi lujosa. Impresa en los Talleres Gráficos Rex en abril de 1942, su novela Los surcos se publica en un volumen de 18,5 x 12 cm y 190 páginas, más colofón, que acompaña una amplia serie de ilustraciones a tinta del hoy también revalorizado José Miguel Serrano (1912-1982), en su inmensa mayoría al inicio de capítulo o decorando el cierre de los mismos, y en las que alternan los detalles decorativos, los paisajes, los retratos de personajes y las escenas, eligiendo aquellas, muy escasas, con un mínimo de acción. Agustí y Serrano se conocían desde antes de la guerra, cuando los viernes coincidían en la tertulia del marchante y editor de la revista Art (1933-1936) Joan Merli en el barcelonés Café Euzkadi, donde se reunían con algunos de los ilustradores y artistas más prometedores del momento, como el mencionado Prim, Emili Grau Sala, Carme Cortés Lledó o  el escenógrafo y pintor Emili Bosch Roger.

Sobrecubierta de Los Surcos en la colección de José Janés Gacela de Autores Españoles.

Salvo las iniciales de capítulo, las páginas aparecen decoradas con cabeceras en las que, además del folio, se indica el nombre del autor en la página par y el de la obra en la impar. Todos los capítulos se inician en página impar y la primera palabra de todos ellos aparece en versalitas. Pero el cuidado y trabajado diseño no va acompañado de una calidad literaria acorde.

Tanto el ritmo asmático y la prosa relamida como el contenido del primer párrafo de esta novela, si acaso no justifican hoy en día el abandono de la lectura, sí explican los juicios displicentes o someros que se le han dedicado, cuando estos no se han limitado, sin más, a señalar Los surcos como el paso previo en la novelística mayor de Ignacio Agustí:

Vagaba todas las tardes por el cementerio. A la puesta de sol los cipreses se dejaban penetrar como piras por los rayos mordientes. Pedro ya era casi un hombre maduro; mas, salvo las cenizas de sus sienes, su aspecto era el de un hombre joven. Desde la muerte de su mujer el merodeo por el cementerio era, para él, una ocupación. Sentía en la piel, como una brisa, llegar, confidente y lingual, la vida perdida. Todo era entonces mucho más soportable.

Ruralismo trasnochado y de segunda mano, enredos sentimentales, cartas póstumas, romanticismo en el peor sentido, una trama de exacerbado sentimentalismo y “la decimonónica prosa” permiten hacer el chiste fácil de que Los surcos recurren a un camino ya muy trillado. Evoca en el mejor de los casos y en los lectores de manga más ancha la narrativa de autores como Pereda, Alarcón o Pardo Bazán.

Portada de la edición en Nauta de Los Surcos.

Portada de la edición en Nauta de Los Surcos.

Edición de Los surcos con El cubilete del diablo en la celebérrima Colección Austral de Espasa Calpe.

Sin embargo, cuesta olvidar la tosquedad en la descripción física de los personajes, la pobre caracterización psicológica de los mismos o la endeble recreación de ambientes. Aun así, y es de suponer que a rebufo del extraordinario éxito del ciclo narrativo La ceniza fue árbol, en 1969 esta novela de la que incluso el autor apenas hablaba, se reeditó en Nauta, usando como ilustración de cubierta una de las ilustraciones hechas por Serrano para la editorial de Janés. Y cinco años más tarde aparecía en la colección Austral de Espasa-Calpe, en un volumen doble en que la acompañaba El cubilete del diablo.

Cubierta del primer volumen de las obras completas editado por Sergi Doria para la Biblioteca Castro en 2007. Se publicó con los dos primeros volúmenes de La ceniza fue árbol (Mariona Rebull y El viudo Rius).

Cubierta del primer volumen de las obras completas editado por Sergi Doria para la Biblioteca Castro en 2007. Se publicó con los dos primeros volúmenes de La ceniza fue árbol (Mariona Rebull y El viudo Rius).

En una de las solapas de la sobrecubierta de Los surcos se anuncia como tercer número de esta colección la novela de otro autor de cierto relieve, La noche de San Juan, de Sebastián Juan Arbó (1902-1984), que no llegó a publicarse. Arbó, uno de los mejores amigos de Janés, quien le había elogiado y publicado profusamente ya en tiempos de la República, había tenido en catalán un éxito tal que Luis Miracle le había contratado Terres de l´Ebre (Premio Fastenrath 1932) para su traducción al castellano, pero su publicación quedó truncada por la guerra.

Literariamente, quiza tenga mucho mayor interés la novela con que se cierra la Gacela de Autores Españoles, Yo, pronombre, del injustísimanete olvidado José M. Camps, que sin embargo ya no recibe un tratamiento tan generoso en cuanto a ilustraciones. Éstas se limitan a un frontispicio a color, obra de uno de los colaboradores más habituales de Janés ya antes de la guerra, Joan Palet (1911-1996).

Imagen que permite ver la ilustración de Joan Palet (1911-1996) y la portada de Yo, pronombre, de José M. Camps (1916-1975)

No obstante, estos primeros intentos a favor de autores españoles llevados  cabo en la inmediata posguerra por Janés, a quien la prensa cultural del momento criticaba a veces durísimamente por publicar tanta literatura traducida, no llegaron a cuajar. La Mariona Rebull de Agustí apareció apenas dos años después y los 2.500 ejemplares de la primera edición se agotaron en apenas una semana, pero la publicó Destino. José Janés, pese a incorporar a sus catálogos en los años sucesivos a Mercedes Salisachs, a Álvaro de Laiglesia, a González Ledesma, a Ildefonso Manuel Gil o a Antonio Rabinad, tardaría bastante aún en dar con un autor español destinado a obtener un gran éxito: Francisco Candel. Y ni así se le ha reconocido esa labor, quizá porque, sobre todo mediante el Premio Nadal, Destino se había hecho suyo ese terreno.

Fuentes:

Ignacio Agustí, Los Surcos, Barcelona, Ediciones de la Gacela, 1942. Ilustraciones de J.M. Prim.

-, Ganas de hablar, Barcelona, Planeta (Espejo de España. Biografías y Memorias 3), 1974.

Jacqueline Hurtley, Josep Janés. El combat per la cultura, Barcelona, Curial (Biblioteca de Cultura Catalana 60), 1986.

Xavier Moret, Tiempo de editores. Historia de la edición en España, 1939-1975, Barcelona, Destino (Imago Mundi 19), 2002.

Helios Rubio, “La fragància inaprehensible de l´efímer“, en la web de Fernando Pinós, Galeria d´Art.

Any Espriu (y los otros)

Curiosamente en el año 2013 se cumple el centenario de unos cuantos escritores barceloneses (de nacimiento o adopción) muy aficionados a los libros, con una acusada predilección por los libros bellos, bien acabados, pulcramente impresos y encuadernados con esmero, y todos ellos tuvieron una cierta de importancia como editores en diferentes momentos. Por orden de desaparición de escena: Bartomeu Rosselló-Pòrcel (1913-1938), Josep Janés i Olivé (1913-1959), Ignasi Agustí (1913-1974), Salvador Espriu (1913-1985) y Joan Teixidor (1913-1992).

Josep Janés i Olivé

Josep Janés i Olivé

El primero en convertirse en editor, lo que en buena medida acabó por truncar su prometedora carrera como poeta, fue Josep Janés i Olivé, quien a Ignasi Agustí ya lo había acogido en las páginas del periódico que creó en 1933, Avui. Diari de Catalunya, y a Joan Teixidor le había publicado el año anterior en las páginas de cultura del Diari Mercantil, del que antes de cumplir los veinte años ya era director.

Es la época en que Agustí publica por suscripción los veinte poemas que componen El veler en la Editorial Branca (1932), al cuidado de Espriu, quien a su vez publica la primera edición de Laia en la Catalònia (1932), o Rosselló-Pòrcel una primera edición no venal en papel hilo de cien ejemplares de 44 páginas numerados (impresos en la Altés, que poseía una vieja Marioni para imprimir en plano) de Nou poemes (1933), dos de cuyos sonetos (“Brollador” y “Ocell en corba”) ya habían sido publicados por Joaquim Xirau en una reducidísima edición (25 ejemplares) conmemorativa de una lectura pública. En él se incluye, como octavo poema, el dedicado “A Ignasi Agustí, quan va publicar El veler”.

Los clubs de poesía y las ediciones mediante suscripción empezaron a tomar un cierto impulso entre los jóvenes escritores catalanes. Y ese es por ejemplo el método del que se sirve al año siguiente Rosselló-Pòrcel para publicar Quadern de sonets (1934), un breve libro de 28 páginas que recoge doce sonetos y del que se hace una tirada de cien ejemplares.

Quadern de sonets (1934), de Rosselló-Pòrcel, antes de cambiar el modo de escribir su apellido.

Quadern de sonets (1934), de Rosselló-Pòrcel, antes de cambiar el modo de escribir su apellido.

Ese mismo año 1934 Josep Janés se convierte en Cataluña en la gran figura literaria del momento al ser galardonado con la Flor Natural en los Jocs Florals y publicar en la Catalònia una primera edición de Tu. Poemes d´adolescència, a la que seguiría casi de inmediato una segunda de 300 ejemplares numerados en su propia editorial, Quaderns Literaris, sobre papel Bernat Metge de Torras Domènech, con un prólogo del poeta Agustí Esclasans e ilustraciones al boj de Enric Cluselles. En los mismos Quaderns Literaris de Janés aparece la segunda edición de Laia, de Espriu, con grabados de Fermí Altimir, que incorpora por primera vez el subtítulo, más tarde cambiado, de “Retaule de siluetes d´arran la mar”, y al año siguiente en la misma colección janesiana le publica Ariadna al laberint grotesc. Caben pocas dudas acerca de que, junto con Sebastià Joan Arbó, por aquellos años Salvador Espriu era uno de los escritores jóvenes en quien Janés más confiaba para crear un catálogo de grandes escritores catalanes.

Por entonces es cuando Salvador Espriu lleva a cabo la que quizá sea su más importante aportación como editor, la creación en 1935 de la colección Les Edicions d´Ara, en cuyas portadas campean con muy buen gusto las iniciales Leda, y que se estrena con la novela de Espriu Miratge a Citerea, magníficamente ilustrada por Emili Grau Sala y de la que se hace una tirada de quinientos ejemplares más 25 numerados en papel de hilo Guarro. Acerca de esta edición no conozco mejor  análisis que el de Galderich en Piscolabis Librorum.

Benaventurats els lladres, de Ignasi Agustí.

Benaventurats els lladres, de Ignasi Agustí.

El segundo número de Leda está dedicado al poemario de Joan Teixidor Joc partit, del que se tiran 225 ejemplares, y el tercero y muy probablemente último a la obra teatral de Agustí Benaventurats els lladres, de la que se tiraron 500 ejemplares, y que el 27 de diciembre se estrenaría comercialmente en el Novedades. Ese mismo año también se había estrenado en la más alternativa Sala Studium la traducción de Rosselló-Pòrcel de Histoire du soldat, de Charles-Ferdinand Ramuz y con música de Stravinski, en la que Ignacio Agustí intervino como actor. En la misma Sala Studium la Asociación de Estudiantes de Arquitectura preparó el 5 de febrero de 1936 una gala benéfica en la que, junto a Spinoza i els gentils, de Martí de Riquer, se puso en escena La Coronela de Agustí.

Antes aún del inicio de la guerra civil, Josep Janés había creado una excelente revista literaria, La Rosa dels Vents, en la que firmó una reseña muy elogiosa de la obra de Martí de Riquer y en cuyo primer número (de abril) se publicaba el texto de Agustí “Santa Maria del Vallès” y en el segundo (de mayo) el ensayo de Joan Teixidor “La poesia de Guerau de Liost”. A este último le publica además Janés en los Quaderns Literaris, para celebrar la llegada a los cien números de esta colección, la Antología general de poesía catalana que había preparado junto con Martí de Riquer y Josep M. Miquel i Vergés.

Después de una breve estancia en Madrid en la que estuvo en contacto con el grupo de la revista Cruz y Raya y aprendió el oficio de tipógrafo, Rosselló-Pòrcel, al frente del servicio de publicaciones de la Residencia de Estudiants de l´Instiutut d´Acció Social Universitària i Escolar de Catalunya edita en 1937, además de Primer desenllaç, de Joan Vinyoli, y Versions de l´anglès, de Marià Manent, L´aventura frágil, de Joan Teixidor. Póstumamente, bajo este mismo sello aparecería en 1938 Imitació del foc, del propio Rosselló-Pòrcel. Y en julio de ese mismo año aparecía en Quaderns Literaris un nuevo título de Salvador Espriu, Letizia i altres proses, siendo estas prosas Fedra y Petites proses blanques, mientras que a Rosselló-Pòrcel le publica Janés su traducción del libro de André Gide Le Prométhée mal enchaîné, traducción que los Quaderns Crema de Jaume Vallcorba recuperaron en 1982.

Joan Teixidor

Joan Teixidor

En los años cuarenta, Agustí y Teixidor al frente de Destino y Janés encabezando diversas iniciativas, estaban destinados a dejar una huella indeleble en la historia editorial española. En la inmediata posguerra, Janés es el primero en reemprender su labor como editor, inicialmente en compañía de Félix Ros, y no tarda en sumársele Joan Teixidor, quien en 1942 funda con José Vergés la editorial Destino, donde tendrá que vérselas nada menos que con las Obras completas de José Pla. Dos años más tarde, la novela de Ignacio Agustí Los Surcos (1944) será uno de los primeros intentos –no muy exitoso– de Janés por dar a conocer nuevas voces literarias. La publicación de esta novela coincide con la iniciativa que le ha valido también a Ignacio Agustí un puesto importante en esa misma historia editorial, la creación del Premio Nadal, en el seno de Destino, en la que le acompañó como miembro del primer jurado Joan Teixidor.

El año 1913, pues, hubo pues una buena cosecha de editores, y aparte de las relaciones editoriales señaladas, no sería difícil rastrear otras. Josep Palau i Fabre, por ejemplo, ha contado en sus memorias que, entre finales de 1935 y prinicipios de 1936, después de coincidir con algunos de ellos en una conferencia de Carles Riba sobre Goethe, conoció al grupo que formaban Ignasi Agustí, Tomàs Lamarca, Martí de Riquer, Salvador Espriu, Joan Teixidó y Josep Maria Boix i Selva. El motivo fue el entierro del padre de Josep Janés.

Fuentes

 Ignacio Agustí, Ganas de hablar, Barcelona, Planeta (Espejo de España 3), 1974.

Antoni Batista, Salvador Espriu: Itinerari personal, Barcelona, Empúries (Tros de paper 8), 1985.

Rosa M. Delor i Muns, La mort com a intercanvi simbòlic. Bartomeu Rosselló-Pòrcel i Salvador Espriu. Diàleg intertextual (1934-1984), Barcelona, Publicacions de l´Abadia de Montserrat (Biblioteca Serra d´Or), 1993.

Galderich, “Miratge a Citerea, una delicada obra de Salvador Espriu i Grau Sala”, entrada del 22 de febrero de 2010 en el blog & picolabis librorum.

Jacqueline Hurtley, Josep Janés. El combat per la cultura, Barcelona, Curial (Biblioteca de Cultura Catalana 60), 1986.

Roberto Mosquera, L´àngel adolescent. Vida i poesia de Bartomeu Rosselló-Pòrcel, Publicacions de l´Abadia de Montserrat (Biblioteca Miquel dels Sants Oliver 30), 2008.

Josep Palau i Fabre, Obra literaria completa II, Assaigs, articles i memòries, Barcelona, Galaxia Gutenberg-Cercle de Lectors, 2005.