Anagrama y Tusquets ante un momento crítico

En el marco del foro Edita Barcelona, auspiciado por la Universitat Pompeu Fabra y celebrado entre los días 6 y 8 de julio de 2016, el editor de Debate Miguel Aguilar (n. 1976) recordó en su intervención un momento de súbita y profunda caída del interés de los lectores españoles por el ensayo a través de la experiencia de Tusquets Editores, donde en el verano de 1979 todos se marcharon la mar de contentos de vacaciones en julio, con una colocación estupenda de sus nuevos libros de no ficción, y a su regreso en septiembre se sumieron en la estupefacción al comprobar el enorme volumen de devoluciones. Cuando en el mismo foro intervino Jorge Herralde (n. 1935), de Anagrama, aun sin convenir por completo en la precisión cronológica, coincidió que por esos meses se produjo una caída importante en la lectura en España de obras de no ficción, quizá por agotamiento, tal vez porque en un espacio de tiempo bastante breve se había ido publicando lo esencial y pertinente, o vaya usted a saber por qué caprichos de los lectores en lengua española.

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En realidad, por edad y aun cuando en su etapa en Tusquets (1999-2004) fue editor de no ficción, Miguel Aguilar no pudo de ningún modo vivir de primera mano ese verano al parecer tan trascendental, sino que, como ávido lector de libros sobre el mundo editorial, los datos que aportó proceden posiblemente de unas declaraciones de Beatriz de Moura (n. 1939) publicadas en el libro preparado por Juan Cruz Ruiz:

Creo que fue en julio de 1979: los editores nos fuimos de vacaciones como siempre, con las programaciones de unos dos años ya previstas y encaminadas. Por entonces, los lectores españoles consumían sobre y ante todo libros de no ficción. La narrativa, salvo algunas escasas excepciones, era considerada, con el habitual retintín, «cosa de mujeres». Así pues, una amplísima mayoría de editores de la época dedicados mayoritariamente al libro de no ficción, se encontró, al regresar de vacaciones –como quien dice, de la noche a la mañana–, con un futuro inmediato que para algunos fue catastrófico.

Desde su posición privilegiada de espectador del milieu, Sergio Vila-Sanjuán lo resumió retrospectivamente del siguiente modo, aceptando 1979 pero matizándolo, como la fecha clave:

Hacia 1979 había comenzado a caer en picado el libro político que tan buenos dividendos había generado durante los primeros años de la Transición [1975-1978]. Bajo el gobierno de Adolfo Suárez, exiliados y teóricos prohibidos ya habían sido redescubiertos hasta la saciedad y parecía claro que en España no iba a estallar la Revolución. Fuera por el famoso desencanto o por simple saturación, los editores especializados en este género le estaban viendo las orejas al lobo. Había que cambiar de rumbo.

Lo curioso es que dos editoriales de trayectorias paralelas como Anagrama y Tusquets, afectadas además ambas por la crisis que había sufrido la Distribuidora de Enlace, llevaran a cabo ese cambio de rumbo con mediante colecciones con ciertos rasgos comunes, en un momento en que Tusquets hacía poco tiempo que se había constituido en sociedad anónima con la implicación más intensa de Antonio López Lamadrid (1938-2009).

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Beatriz de Moura y Jorge Herralde.

Tusquets no tardó en detener el primer golpe y salvar la papeleta con la hasta hoy más prestigiosa y conocida colección española de literatura erótica, la Sonrisa Vertical, entre cuyos méritos no menores está haber dado a conocer a Almudena Grandes (n. 1960) con Las edades de Lulú, además de publicar a Georges Bataille, Frank Harris, Marguerite Duras y Mauricio Wácquez, entre otros cultivadores ocasionales o no del género. Sin embargo, en el mismo libro ya mencionado explica De Moura que, si bien había salido en otoño de 1976 (con El cipote de Archidona, de Cela), el proyecto de esta colección llevaba años gestándose: «La Sonrisa Vertical fue un proyecto que se había planteado ya en 1970, cuando presentamos en Madrid la novela de Cargenio Trías (Carlos y Eugenio Trías), Santa Ava de Abis Abeba» y atribuye la idea al director cinematográfico Luis García Berlanga (1921-2010).

A sugerencia de Antonio López Lamadrid, en cambio, se atribuye la decisión de iniciar la colección de narrativa que resituaría a Tusquets Editores, Andanzas, que arrancó con El valle del Issa (1981), de Czeslaw Milosz, que el año anterior había sido galardonado con el Nobel de Literatura, Sangre inocente, de la cultivadora del género policíaco P.D. James, Una princesa en Berlín, de Arthur R.G. Solmssen, célebre como el más claro antecedente del estilo John Grisham de combinar intriga y tramas judiciales, y Jardín de cemento, del muy británico  Ian McEwan, a quien Anagrama había dado a conocer en 1980 en la colección Contraseñas con el libro de relatos Primer amor, últimos ritos (Premio Sommerset Maugham 1976).

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Diversos ejemplares de la colección Andanzas de Tusquets.

La Anagrama de Jorge Herralde, por su parte, salió del bache también con velocidad de crucero gracias a la colección de ficción sobre todo traducida Panorama de narrativas, que en 1981, además de obras de Mircea Eliade, Thomas Bernhard, Joseph Roth y Jorge Rodolfo Wilcock ya publica dos títulos de Patricia Highsmith (A pleno sol y La máscara de Ripley) y al año siguiente publicará la explosiva novela de John Kennedy Toole (1937-1969) La conjura de los necios.

En 1980, tras su paso por Barral y Tusquets, la agente Mercedes Casanova, que acababa de montar empresa propia asociada a la también exBarral Michi Straufeld, andaba buscando algún editor español que se aviniera a dotar de coherencia a la publicación de las obras de Patricia Highsmith. Según contó a Vila-Sanjuán López Lamadrid, en Tusquets tuvieron que rechazar la propuesta inicial, consistente en contratar ocho títulos de golpe, y ofrecieron a cambio adquirir tres, pero fue Herralde quien, aceptando contratar cuatro de una tacada, consiguió incorporar a su catálogo la célebre serie del celebérrimo Tom Ripley y las diversas novelas de Highsmith que andaban dispersas en varias editoriales, con lo que la autora británica, que obtuvo enseguida una reacción inesperadamente buena de los lectores de entonces, se convirtió en uno de los puntales de aquella época anagramática. En 1983, es decir, en apenas dos años, se habían hecho ya cinco ediciones de A pleno sol (lo que sumaba 20.000 ejemplares) y de La máscara de Ripley, tres (13.000 ejemplares).

André Schiffrin con Jorge Herralde en el programa televisivo de Emili Manzano L´hora del lector

André Schiffrin con Jorge Herralde en el programa televisivo de Emili Manzano L´hora del lector

Más azarosa todavía fue la contratación de otro de esos puntales, el libro póstumo de Toole, que despertó la atención de Herralde cuando se topó con él en uno de los lugares menos esperables, un catálogo de la Louisiana University Press (por lo general, poblado de títulos sobre ragtime, jazz e historia del Sur), donde el escritor Walker Percy (1916-1990) contaba cómo la madre del por entonces ya suicidado autor novel insistió una y otra vez en que leyera la copia en papel carbón de la obra de su hijo que le había dejado (texto, el de Percy, que luego se publicó como prólogo de la novela de Toole). No resultará extraño que el libro de Toole destacara en un catálogo semejante, pero es evidente también que una primera novela de un completo desconocido, que además llevaba ya un buen tiempo muerto (de hecho, su muerte se produjo el mismo año que la fundación de Anagrama), no tenía trazas de convertirse en un gran éxito.

Rafael Conte.

Aun cuando otra editorial española había solicitado opción sobre la obra, por aproximadamente mil dólares de la época, según recuerda el editor, Herralde se hizo con los derechos de esta novela, a la que en cuanto se publicó, en la primavera de 1982, con una tirada de 4.000 ejemplares, saludó el por entonces influyente crítico Rafael Conte (1935-2009) con un entusiasmo directamente heredero del de Percy, como ponen de manifiesto sus alusiones a santo Tomás de Aquino, Thomas Hardy y don Quijote como referentes, pero el caso es que dio un espaldarazo definitivo a una novela que ya se estaba convirtiendo en fenómeno gracias al boca a oreja, y que además en 1981 recibió el Premio Pulitzer.

Es evidente, pues, que el golpe de timón que ante el súbito y profundo declive del ensayo de tema político que dieron ambas editoriales, conocidas hasta entonces sobre todo por colecciones que apostaban sin fisuras por el género, salieron paradójicamente muy reforzadas, y en la década a punto de abrirse se convirtieron en referencia obligada en cuanto a novedades en el ámbito de la narrativa, tanto traducida como en español, hasta tal punto que tuvieron un papel fundamental en colecciones de quiosco de RBA muy populares en su momento, como es el caso de Narrativa Actual (con Alfaguara, Destino, Lumen, Planeta y Seix Barral, en 1992). De nuevo es Vila-Sanjuán quien arroja luz sobre la trascendencia de estas iniciativas en un periodo, el que va de 1975 1 1982, en que el panorama editorial español dio un vuelco (del cual algunas editoriales ya no se levantarían):

Los rebeldes de anteayer pasaban a formar parte, ¡más que eso!, pasaban a marcar las reglas del juego del espacio central, lo que los norteamericanos llaman el mainstream, de la cultura española de la era socialista.

Fuentes:

Virginia Bautista, «Una guerra individual contra el mundo de John Kennedy Toole», Excélsior, 7 de octubre de 2012.

MouraGustoLeerRafael Conte, «John Kennedy Toole, la víctima que triunfó», Babelia, 5 de septiembre de 1982.

Juan Cruz Ruiz, Por el gusto de leer. Beatriz de Moura, editora por vocación, Barcelona, Tusquets (Tiempo de Memoria 104), 2014.

Alberto Gordo, «Cómo se publicó La conjura de los necios», El Cultural, 12 de julio de 2012.

Manuel Rodríguez Rivero, «Sillón de orejas – Codeándome con mis topos», Letras y Letanías, 3 de marzo de 2012.

Sergio Vila-Sanjuán, Pasando página. Autores y editores en la España democrática, Barcelona, Destino (Imago Mundi 26), 2003.

Editores, Tusquets Editores

Si alguna cosa deja muy clara Por el gusto de leer, el libro de entrevistas de Juan Cruz Ruiz a Beatriz de Moura, es el instinto o el talento natural del alma máter de Tusquets Editores para atraer a su proyecto a colaboradores con talento y con un claro compromiso con la literatura, la edición y la lectura como tres de las bellas artes. Al repasar su trayectoria, Beatriz de Moura no se presenta al lector como una superwoman ni como una mujer orquesta, más allá de lo que va con el cargo, sino que queda claro que ha contado siempre con muy buenos editores, y en particular con buenísimos editores de textos. Y, además, que la “edición con editores” sigue resistiendo, aunque la vinculación de Tusquets Editores con el Grupo Planeta pueda generar (y de hecho, genera) dudas razonables acerca de la continuidad de ello.

Es cierto que el deleznable asunto de cómo Javier Cercas abandonó la editorial es uno de los episodios más jugosos para el chafardeo, y que el hecho de que –que yo sepa– no se haya dado a conocer la visión del propio escritor –y mucho menos la de su agente, Carmen Balcells– llevan a pensar que se trata del conflicto más sucio de la industria editorial española en lo que llevamos de siglo. Resulta muy atractivo conocer, por ejemplo, que  en algún lugar, quizá en entre esa “montaña de cartas y papeles que aún están hasta nueva orden en un guardamuebles” (p. 102), existe una carpeta con el título “La lamentable historia de Cercas y Carmen Balcells” (p.150) que contiene toda la documentación al respecto. Pero parece una historia, además de muy lamentable, ruin, sórdida y triste. Seguiremos, pues, esperando las memorias de Beatriz de Moura

Sin embargo, el grueso de lo que Cruz Ruiz consigue sonsacar a la editora europeocatalana de origen brasileño es, para quienes la han seguido de cerca y con interés, poco novedoso y quizá en sentido estricto haya pocas sorpresas en Por el gusto de leer para ese tipo de lector. Mucho de lo que cuenta la editora ya se ha hecho público, si bien en algunos casos se ha dado a conocer en publicaciones no fácilmente accesibles o no venales, y sin duda recopilar en un volumen esas historias, opiniones, referentes y juicios hasta ahora dispersos en catálogos, conferencias y artículos diversos es un acierto, pues ofrece una visión de conjunto bastante completa, salvo quizá en lo que hace referencia a la filosofía de Beatriz de Moura en el momento de llevar a cabo trabajos de edición de los textos, pero acaso, como a Cruz Ruiz parece no interesarle mucho el tema (ahí están sus propias memorias Egos revueltos), presuponga que a sus lectores tampoco. Vaya por delante una confesión: me resulta un poco irritante la deriva hacia lo anecdótico, mitómano o fetichista de muchas de las preguntas de Cruz Ruiz, y es un alivio que la editora rehuya ese terreno para contar cosas realmente interesantes acerca de la profesión y de la trayectoria de Tusquets Editores. Es impagable, además, que se hayan añadido como apéndice las conferencias “Cómo se hace una editorial” (2001) y “Desde aquí y ahora, hacia delante y hacia atrás” (2013), ambas magníficas, realmente iluminadoras y en cuyo elogio es difícil excederse.

Beatriz de Moura con Jorge Herralde.

Al repasar la trayectoria de la editorial Tusquets van surgiendo continuamente, no sólo como autores de la casa nombres muy conocidos y prestigiosos de la literatura y el pensamiento de nuestro tiempo –cosa por casi todos sabida a estas alturas–, sino sobre todo, y eso es más singular, nombres de profesionales de la cultura con trayectorias más que notables. La simple mención de algunos de los que han sido directores de colección en Tusquets Editores en diferentes etapas de su historia es más que elocuente, abrumadora; en más o menos estricto orden alfabético y sin exhaustividad: el hoy editor de Debate Miguel Aguilar (Kriterios), el cineasta Luis García Berlanga (La Sonrisa Vertical), el arquitecto Lluis Clotet (Tiempo de Memoria y Marginales, ambas con Ramón Úbeda), la fotógrafa Colita (la Serie Negra de Ediciones de Bolsillo), el escritor y gastrónomo Xavier Domingo (Los 5 Sentidos), el editor y crítico literario Ignacio Echeverría (Afueras), el poeta y editor Antoni Marí (la serie de Nuevos Textos Sagrados, en Marginales, y L´Ull de Vidre), el cineasta Ricardo Muñoz Suay (la serie Cotidiana de Cuadermos Ínfimos), el escritor Sergio Pitol (la serie de Heterodoxos de Cuadernos Ínfimos), los filósofos Josep Ramoneda (Ensayo) y Fernando Savater (A Mejor Vida), el combativo escritor Carlos Semprún-Maura (Acracia), el arquitecto Oscar Tusquets (Marginales), el científico y divulgador de la ciencia Jorge Wagensberger (Metatemas)… En definitiva, un equipo de lujo.

Lluiís Clotet (n. 1941).

Poco menos sucede al repasar la lista de diseñadores, grafistas y fotógrafos  que van apareciendo aquí y allá como colaboradores más o menos intermitentes, con lugar destacado para Lluís Clotet pero con Oscar Tusquets y Colita entre los nombres más conocidos, y aun podría hacerse otra impresionante lista con los traductores que han publicado en la que sin duda es la obra maestra de Beatriz de Moura (Carlos Manzano, Juan José del Solar, Félix de Azúa, Aurora Bernárdez, Clara Janés,, etc), pero mayor influencia ha tenido sin duda la pléyade de colaboradores más asiduos, en cuyo reclutamiento, al parecer, tuvo un papel destacado el profesor Alberto Blecua (a quien, entre otras cosas, caracteriza el haber tenido muy buenos alumnos que hoy pululan por el mundillo editorial).

Alberto Blecua (n. 1941).

Por el departamento de derechos de autor de Tusquets, por ejemplo, pasó la hoy agente literaria Mercedes Casanovas, tras foguearse nada menos que en Barral Editores, y en el mismo departamento inició su carrera Miriam Tey, antes de pasar a Círculo de Lectores, Columna y posteriormente crear Ediciones del Bronce y El Cobre (aunque no fuera eso lo que la hiciera saltar a las páginas de la prensa).

Y la plantilla que deja Beatriz de Moura al dar por cerrada su etapa al frente de Tusquets Editores es poco menos que un all stars, con Josep Maria Ventosa, por ejemplo, al frente de la “no ficción”, y capitaneando pues la que acaso sea la mejor colección española dedicada a biografías y memorias (Tiempo de Memoria). Es muy significativo que en las numerosas fotografías que ilustran Por el gusto de leer, en casi todas en las que aparece Ana Estevan (una de las estrellas cuyo fichaje responde a recomendación del ojeador Alberto Blecua) aparece siempre, fiel a su fama, con unas galeradas o un original enfrente  y un bolígrafo sin duda rojo en la mano, sin dejarse distraer por un glamuroso flash fotográfico cuando se trata de editar. De otro gran descubrimiento de Blecua, Juan Cerezo, se ha hecho muy conocida su insistencia para que, en contra de la opinión inicial de sus superiores jerárquicos, Tusquets Editores hiciera una tirada mayor de la prevista en el caso de Soldados de Salamina, debido a su excepcional calidad, pero mucho más admirable, circunscribiéndonos más o menos a la misma época, es su coraje para emprender y llevar a buen puerto una empresa tan arriesgada y encomiable como fue el rescate para los lectores de un autor de la importancia de Ramiro Pinilla (la impresionante trilogía Verdes valles, colinas rojas, Antonio B. el Ruso, ciudadano de tercera, la tan oportuna como conveniente recuperación de Las ciegas hormigas…). Por no mencionar siquiera los muy eficientes equipos creados por Tusquets en Buenos Aires y en México.

Ramiro Pinilla (1923-2014), a quien Fernando Aramburu recomendó a Juan Cerezo que leyera.

Beatriz de Moura ofrece en Por el gusto de leer una imagen de la edición como un deporte de riesgo, pero también como un deporte de equipo, y es evidente que, aunque fuera ella quien diera la cara, quien actuara como ariete, siempre supo contar en un equipo capaz de jugar en las grandes ligas, y de hacerlo además con elegancia y jogo bonito. No hay duda de que, con Antonio López Lamadrid (1938-2009) en un lugar destacadísimo, Beatriz de Moura ha sabido rodearse de colaboradores de primer orden, y quizá atender, escuchar y confiar en el talento de semejantes profesionales sea sobre todo cuestión de sentido común. Pero es sabido que ese es el menos común de los sentidos; en particular en el sector editorial.

Antonio López Lamadrid y Beatriz de Moura flanqueando a John Irving.

Juan Cruz Ruiz, Por el gusto de leer. Beatriz de Moura, editora por vocación, Barcelona, Tusquets Editores (Tiempo de Memoria 104), 2014.

Fuentes adicionales:

Beatriz de Moura.

Catálogo de Tusquets Editores, 1969-2009, (incluye textos de Beatriz de Moura y de Antonio López Lamadrid), edicón no venal.

Beatriz de Moura: Como antes, como siempre, web Tusquets (vídeo)

Beatriz de Moura y Sergio Dahbar, El oficio del editor, conversación en el marco del encuentro en la Biblioteca Luis Ángel de Arango (Colombia), en septiembre de 2012 (vídeo).

AA.VV., Conversaciones con editores en primera persona, Fundación Germán Sánchez Ruipérez, 2006, pp. 173-206.

Yanet Aguilar Sosa, “Tusquets, entre la expansión y la independencia”, El Universal, 5 de junio de 2012.

Ricardo Baduell, “Encuentro con Ramiro Pinilla“, en Refinería Literaria, 24 de octubre de 2014.

Luis Bonilla, “La vida de los libros. Entrevista con Beatriz de Moura“, Letras Libres, enero de 2010.

José Ignacio Fernández, “Beatriz de Moura, la chica de los leotardos negros”, Círculo Cultural Faroni, 24 octubre 1212.

Ángel S. Hardinguey, “El placer de vivir entre libros (entrevista a Beatriz de Moura)“, El País, 1 de ocutubre de 2006.

Gonzalo Pontón y Eugenia Fosalba, eds., La escondida senda. Homenaje a Alberto Blecua, Barcelona, Castalia, 2012.

José Ruiz Mantilla, “Beatriz de Moura: Editar es jugar a la ruleta”, El País, 25 de marzo de 2012.

Fernando Valls, “La fiesta de Tusquets”, La nave de los locos, 18 de junio de 2009.