El sindicalista Manuel Albar y la imprenta mexicana La Carpeta

Como es bien sabido, en sus orígenes el PSOE (Partido Socialista Obrero Español) estuvo muy vinculado a obreros de la imprenta y en particular a los tipógrafos; no en vano, el fundador del partido, Pablo Iglesias Posse (1850-1925), se formó como tipógrafo en el Real Hospicio General de Pobres del Ave María y Santo Rey don Fernando y se inició en el oficio en diversas pequeñas imprentas madrileñas.

Manuel Albar.

Es también este el caso de Manuel Albar Catalán (1900-1955), quien con apenas quince años entró a trabajar en la zaragozana Imprenta de Arte Berdejo Casañal (al parecer, Eduardo Berdejo Casañal estaba emparentado con la madre del entonces joven Manuel) y casi al mismo tiempo empieza a colaborar en Juventud. Revista Semanal Ilustrada, entre cuyos mayores éxitos se cuentan por esos años la publicación de dos fragmentos de La lámpara maravillosa, de Ramón María del Valle Inclán (18661-936), así como de textos de escritores de renombre como Luis Bello (1872-1935), Ramón Pérez de Ayala (1880-1962) y Enrique de Mesa (1878-1929) y de jóvenes ya pujantes como Guillermo de Torre (1900-1971) y Mauricio Bacarise (1895-1931).

También desde muy joven inició Albar una actividad sindicalista en el seno de la anarquista CNT (Confederación Nacional del Trabajo) que le llevó a partir de 1920 a dirigir el periódico libertario El Comunista, y también a ver publicados sus textos en la primera y al parecer breve etapa del sevillano Solidaridad Obrera. Periódico sindicalista y Órgano de la Confederación Andaluza y portavoz del proletariado internacional. A partir de 1924 y hasta otoño de 1927 figura como regente de la imprenta en la que se había formado, la Casañal, que en aquellos tiempos era una de las más prestigiosas de Zaragoza.

No obstante, Manuel Albar se pasó muy pocos años después a las filas del socialismo: en febrero 1926 había entrado en la Federación Gráfica de la UGT (Unión General de Trabajadores), y al año siguiente aparece ya como delegado de varias sociedades obreras de Zaragoza en el Congreso Extraordinario de este sindicato. Sin embargo, ese mismo año 1927 es sentenciado a destierro por un tribunal aragonés y recala entonces en Irún, donde entra en contacto con el también tipógrafo, periodista y político socialista Andrés Saborit (1889-1980).

De la mano de Saborit empieza a colaborar Albar, con el seudónimo Juan de Alzate, en el periódico del PSOE El Socialista, del que no tardaría en convertirse en redactor jefe. A finales de 1928 se traslada a Madrid ya como redactor en plantilla del periódico del partido, pero en la capital de España irá decantándose cada vez más por una actividad política que culminaría con su entrada en el Congreso de los Diputados por la circunscripción de Zaragoza: secretario general de la ejecutiva del PSOE (1931), secretario general y luego vicepresidente de la Agrupación Socialista, diputado a Cortes, miembro del comité revolucionario de Madrid en octubre de 1934 y vocal de la comisión ejecutiva del PSOE (1936-1946).

Durante la guerra civil española se pone al frente de El Socialista para sustituir a Julián Zugazagoitia (1899-1940), coincidiendo además con el momento en que entra por fin en funcionamiento una rotativa Winkler adquirida tres años antes, y cuando el avance de las tropas franquistas obliga a ello dirige también la versión barcelonesa de este mismo periódico, mientras coordina asimismo una serie de agencias de noticias bajo las órdenes de Indalecio Prieto (1883-1962). De esos mismos años es la publicación a cargo de la Gráfica Socialista del PSOE de Un afán cumplido, ¿de qué sirve si no engendra en nosotros un afán nuevo, una conferencia que previamente había pronunciado ante los micrófonos de Unión Radio el 4 de mayo de 1937.

Concluida la guerra, en julio de 1939 llegó a México a bordo del Ipanema, y ya al año siguiente abría una oficina de información para exiliados y en enero de 1940, en colaboración con el también aragonés Lucio Martínez Gil (1883-1956), ponía en circulación un Boletín, para posteriormente fundar el periódico mensual Adelante (que dirigió en dos etapas: 1942-1946 y 1952-1955), compaginándolo además durante un tiempo con la del semanario España (órgano de la Junta Española de Liberación). Estas actividades periodísticas y las políticas no le impidieron sin embargo retomar en el exilio su actividad como tipógrafo.

No es fácil precisar en qué fechas, pero colaboró con una de las imprentas más consolidadas de México. Cuenta en sus memorias el santanderino también exiliado en México Eulalio Ferrer (1920-2009) que, en un determinado momento, poco después de su llegada a México, por intercesión de su padre (que se había colocado como linotipista Talleres Gráficos de la Nación) intentaron encontrarle un empleo como comercial en la empresa de los también santanderinos hermanos Julio y Francisco Gilardi de la Torre, que eran amigos de la familia Ferrer.

Estos dos hermanos, conocidos en Santander como «los italianos», se habían puesto al frente de la delegación en la capital de una vetusta y muy prestigiosa empresa de impresión, Al Libro Mayor, cuando en 1932 la sucursal de Tampico de esta empresa se independizó y provocó una disolución del conglomerado (que contaba con delegaciones en varias ciudades mexicanas, e incluso en Estados Unidos).

Aun así, estos empresarios no pudieron ofrecerle ninguna ayuda al joven Eulalio Ferrer porque la Tipográfica y Litográfica La Carpeta estaba atravesando una situación financiera muy complicada, pues, según Gonzalo Santonja, «acababa de perder la exclusiva de los impresos del Banco Nacional de México, su mejor y en realidad casi exclusivo cliente».

No fue ese el caso de Manuel Albar, que sí empezó a colaborar poco tiempo después en La Carpeta, probablemente gracias a que se puso al frente de la misma el polifacético editor madrileño Rafael Giménez Siles (1900-1991), que intentó reflotar el negocio orientándolo hacia la impresión de libros. Es posible (no hay ninguna constancia de ello) que también tuviera mucho que ver en la colaboración de Albar el hecho de que la mano derecha de Giménez Siles en La Carpeta fuera José Rodríguez Vera, impresor que fuera presidente de la Asociación de Artes Gráficas de Madrid y del Grupo Sindical Socialista de Artes Gráficas (además de vicepresidente de la Unión de Grupos Sindicales Socialistas de Madrid).

Al término de la guerra civil, Rodríguez Vera había sido detenido en el puerto de Alicante, mientras esperaban la llegada de algún barco que les sacara del país, y tras pasar por el campo de Albatera y por diversas prisiones franquistas, en 1943 fue liberado por un error administrativo y logró llegar a México, donde trabajó para los Talleres Gráficos de La Nación, antes de incorporarse a La Carpeta y, con el tiempo, sustituir a Giménez Siles como director de la misma. De ser cierta esta aventurada suposición, quizá contribuiría a fechar los trabajos de Albar para La Carpeta.

Manuel Albar colaboró también como corrector de pruebas en el Diccionario Enciclopédico UTEHA, que venía gestándose desde 1939 y a cuyo frente se puso también casi en el momento de su lanzamiento en 1949 Rafael Giménez Siles, así que, en cualquier caso, quedan más o menos claros los contactos con que contaba para retomar la profesión en la que se había formado, y de la que no parece que se alejara nunca mucho pese a su intensísima actividad política y periodística.

Fuentes:

Aurora Cano Andaluz, «Cántabros de ayer y hoy. Una historia centenaria alrededor del papel», en Rafael Domínguez Martín y Mario Cerutti Pignat, eds., De la colonia a la globalización. Empresarios cántabros en México, Santander, Ediciones de la Universidad de Cantabria, 2021, pp. 179-198.

Eulalio Ferrer, México en el corazón, México, Océano, 2009.

Gonzalo Santonja, Los signos de la noche. De la guerra al exilio. Historia peregrina del libro republicano entre España y México, Madrid, Castalia (Literatura y Sociedad), 2003.

Sílvia Jofresa y Esther Barrachina, «Albar Catalán, Manuel» Manuel Aznar Soler y José-Ramón López García, eds., Diccionario biobliográfico de los escritores, editoriales y revistas del exilio republicano de 1939, Sevilla, Renacimiento (Biblioteca del Exilio), 2006, vol. I, pp. 44-46.

Los primeros pasos de Andrés Saborit en la imprenta

Desde por lo menos los últimos años del siglo XIX, las imprentas fueron en España un núcleo importante de los movimientos políticos y sociales de izquierda. Por ello no es de extrañar el modo en que el luego importante dirigente socialista Andrés Saborit Colomer (1889-1980) inició su carrera laboral, con tan sólo ocho años. No parece haber evidencia de en qué imprenta dio sus primeros pasos como aprendiz, y Francisco Luis de Martín cursó estudios nocturnos, en algún momento, en la Escuela de Aprendices Tipográficos de Madrid, pero sí se ha constatado que en 1900, a los once años, ya era cajista en Baena Hermanos, impresores con taller en el número 14 de la madrileña calle de la Colegiata.

Impreso en Baena Hermanos en 1907.

Baena Hermanos, inicialmente como Estudio Tipográfico Baena Hermanos, ya en el siglo recién concluido había publicado breves libros y opúsculos, como por ejemplo una segunda edición corregida y aumentada de un curioso y seductor título, Tesoro del especulador de bolsa y sistema seguro de ganar siempre (1895), o un par de años después, para la Librería Religiosa de E. Hernández, una Devoción de los Siete Domingos de San José (1897) o una cuarta edición corregida y aumentada, con bellos grabados, del Tratamiento de las hernias y consejos a los que las padecen, de Francisco Bervero Guerra. El mismo año en que entró en Baena Hermanos Ándrés Saborit, aparecieron, y quizá se podría especular si trabajó directamente en ellos, el libro un poco más voluminoso (446 páginas) de Ciria y Nasarre Santa Teresa y Felipe II, concepto cabal de justo y de piadoso Rey Prudente, leyendo las obras de Santa Teresa de Jesús (1900) e imprimía regularmente la Memoria reglamentaria de los trabajos realizados anualmente por la Real e Ilustre Congregación de la Purísima Concepción de Nuestra Señora (hasta 1904).

De izquierda a derecha, Daniel Aguiano, Largo Caballero, Julián Besteiro y Andrés Saborit.

Dos años después, Saborit ingresaba en la Asociación General del Arte de Imprimir y en la Federación Gráfica Española, y con quince años, en 1904, empezó a militar en el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), partido estrechamente vinculado desde sus inicios con el ámbito de las imprentas y los talleres tipográficos, recuérdese que su fundador, Pablo Iglesias Possé (1850-1925), se formó de niño como tipógrafo en el Real Hospicio General de Pobres del Ave María y Santo Rey Don Fernando y que al impulso socialista se debe la creación en 1871 de la Asociación del Arte de Imprimir. En 1906, Saborit trabajó con Tomás Meabe (1879-1915) por la extensión territorial de las Juventudes Socialistas.

Andrés Saborit.

Mientras tanto, en Baena Hermanos iban apareciendo tanto breves folletos y discursos de instituciones diversas como libros más voluminosos: una edición de Emilio Cotarelo (1857-1936) de la Epístola a Mateo Vázquez dirigida en 1577 desde Argel por Miguel de Cervantes (1905), el Cervantes en medicina. De la lectura del «Quijote», ¿se desprende que su autor tenía conocimientos médicos? (1905, 67 pp.), de Francisco de Velasco y Martínez o, del mismo autor, la extensa (492 páginas) Defensa de los cementerios católicos contra la secularización y reivindicación de los derechos parroquiales en el entierro y funerales (1907).

Por su parte, Saborit asumió en 1910 la dirección de la histórica revista de las Juventudes Socialistas Renovación, cuando ésta pasó a publicarse en Madrid, y consigue aumentar su tirada hasta los 9.000 ejemplares, pese a los periódicos secuestros de números por parte de la censura. En 1912 asumió la dirección de las Juventudes Socialistas y dirigiría la revista Acción Socialista (1914-1917).

Jenaro Felipe Peña Cruz.

En 1915, momento que coincide con su cargo de secretario adjunto del comité de dirección del partido, Saborit estaba en cambio trabajando como corrector de pruebas ya en una imprenta más conocida, la de Felipe Peña Cruz (1857-1926), a quien había cedido el negocio al retirarse en 1905 Inocente Calleja (muy buen amigo de Pablo Iglesias) y que desde 1900 era el tesorero del Comité Nacional del PSOE. Solo en el año 1912 había publicado ya para la Biblioteca Socialista de la Escuela Nueva a Leopoldo Alas (1852-1901) un folleto de 35 páginas con el título Proudhon, a Francisco Bernis Carrasco (1877-1933) Carlos Marx (82 pp.) a Julián Besteiro Luis Blanc y su tiempo y a Fernando de los Ríos Urruti (1879-1949) Los orígenes del socialismo moderno (42 pp.), entre otros títulos. Según explica Francisco Luis de Martín:

En su imprenta se confeccionaron la mayoría de los periódicos y boletinas de las organizaciones madrileñas [del PSOE y de la UGT] y los impresos de las entidades de la Casa del Pueblo. El Socialista se imprimió en el establecimiento de Peña Cruz hasta que se convirtió en diario, momento en que hubo que buscar otros talleres por no haber allí los elementos necesarios para seguir funcionando.

De hecho, ese mismo año 1915 salen de las prensas de Peña Cruz la edición del Reglamento de la Cooperativa Socialista Moderna (32 pp.) y de los años siguientes ¡Abusos del caciquismo! (1916), de Vicente Fernández y Hernández y la Psicología del pueblo español (1917), de Diego Abad de Santillán (Sinesio Baudilio García Fernández, 1897-1983). Ese mismo en 1917, la participación en el comité de la huelga general de ese año le valió a Saborit una condena a cadena perpetua (que compartió con otros dirigentes socialistas como Julián Besteiro y Francisco Largo Caballero), que cumplió en Cartagena hasta 1918, cuando salió elegido diputado por Oviedo.

Juan Ramón Jiménez.

Por entonces entró en la que quizá sea la más famosa y exquisita imprenta de la época, Fortanet, que, además de imprimir para la benemérita Librería de Fernando Fe, por aquellos años era la empresa de confianza del poeta y editor Juan Ramón Jiménez (1881-1958). Allí había publicado ya o publicaría en los años siguientes, con pie de la editorial Calleja,  Estío (1916), Poesías escojidas (1917), Platero y yo (1917), Diario de un poeta recién casado (1917), Piedra y cielo (1919) o la traducción de Zenobia Camprubí (1887-1956) de El jardinero, de Rabrindanath Tagore (1861-1941), que se publicó con un poema adicional de Juan Ramón.

Y en 1918, como indicio ya de un nuevo derrotero en su vida, Felipe Peña Cruz publicó a Saborit uno de sus discursos, junto con los de Indalecio Prieto, Largo Caballero y Marcelino Domingo, entre otros, en La huelga de agosto en el Parlamento. Su actividad política y la dedicación posterior al periodismo, sin embargo, no alejó demasiado a Saborit de las imprentas y mucho menos de las iniciativas para mejorar la formación de sus trabajadores. Además de pertenecer al Consejo de Dirección de la Cooperativa Socialista Madrileña, en 1926 fue con Peña Cruz uno de los fundadores y secretario de la Gráfica Socialista, y frecuentó también los talleres como subdirector y posteriormente director de El Socialista y como director de Democracia (1935) y  de la revista de estudios socialistas municipales Tiempos Nuevos (1934-1936). Incluso durante la breve etapa de su salida de la vicepresidencia de la UGT (enero de 1934) había vuelto a ejercer como corrector de pruebas, en este caso en el Heraldo de Madrid. Fue sobre a partir del momento en que tuvo que emprender el camino del exilio, pese a una segunda etapa como director de El Socialista, lo que a partir de entonces su relación con la imprenta se limitara a la de autor de diversas obras biográficas y de testimonio.

Fuentes:

Manuel Aznar Soler y José-Ramón López García, eds., Diccionario biobibliográfico de los escritores, editoriales y revistas del exilio republicano de 1939, vol. 4, Sevilla, Renacimiento (Biblioteca del Exilio, Anejo 30), 2016.

Web de la Biblioteca Nacional de España.

Francisco Luis de Martín, La cultura socialista en España, Salamanca, Universidad de Salamanca, 1993.

Raquel Sánchez García, «Juan Ramón Jiménez y el mercado editorial», Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica, núm. 21 (2003), pp. 301-319.