Las primeras ediciones de la generación beat

A la librería On the Road,

celebrando sus primeros cuatro años.

Un debate recurrente acerca de la conocida como generación beat ha sido casi tradicionalmente establecer quiénes forman parte de ella y quiénes no, pues siempre se le añaden antecedentes, mentores, epígonos y gente de todo tipo y pelaje que simplemente pasaba por allí y luego escribieron algún texto autobiográfico, hasta bastante más allá de su etapa más creativa e incluso allende las fronteras de la literatura. Sin embargo, hay tres nombres nucleares que nadie discute: Allen Ginsberg (1926-1997), Jack Kerouac (1922-1969) y William Burroughs (1914-1997). Y por buenos motivos.

De izquierda a derecha: Lucien Carr (1925-205), Kerouac, Ginsberg y Burroughs.

Si bien Ginsberg se había estrenado publicando en revistas literarias de difusión restringida, como la Columbia Review o Jester (ambas de la Universidad de Columbia) ya en 1945 —el mismo año en que Kerouac y Burroughs escribían a cuatro manos Y los hipopótamos se cocieron en sus tanques, inédita hasta 2008—, los dos primeros libros que lograron publicar los miembros nucleares y primigenios de la generación beat, La ciudad y el campo (1950), de Kerouac, y Yonqui (1953), de Burroughs, lo fueron por unos caminos y en unas condiciones hoy quizás un poco sorprendentes, y en ambos casos Ginsberg tuvo una importancia enorme en el proceso, gracias en buena medida a las amistades que había trabado en la Universidad de Columbia.

Maxwell Perkins.

Debido a la admiración que Kerouac sentía por el gran editor Maxwell Perkins (1884-1947) y en particular por su trabajo en la obra de Thomas Wolf (1900-1938), sin saber que ya había fallecido mandó su novela a Charles Scribners’ Son confiando en que Perkins sintonizaría con el estilo y la ambición de su primera novela. Una vez se la hubieron rechazado por primera vez, Ginsberg intentó a través de su profesor en Columbia Mark van Doren (1894-1972) ponerlo en contacto (sin suerte) con el escritor y crítico literario Alfred Kazin (1915-1998), por entonces muy vinculado a Harcourt Brace y que se convirtió en uno de los principales defensores del texto, así como con editores en Viking, Houghton Mifflin, Knopf, Little Brown y Random House (todos ellos rechazaron el mastodóntico manuscrito). Scribner incluso rechazó una segunda versión de la novela, en diciembre de 1948, casi al mismo tiempo en que Robert Giroux (exestudiante en Columbia y por entonces editor en Harcourt Brace) aceptaba hacerse cargo de la edición del manuscrito si Kerouac estaba dispuesto, por un lado, a emplear nombres ficticios para los personajes —aparecían como tales, entre otros, tanto Ginsberg (Leon Levinsky) y Burroughs (Will Dennison) como Lucien Carr (Kenneth Wood)—, y por otra a reducir considerablemente su extensión porque, para una primera novela, la consideraba excesiva (1.100 páginas, nada menos); lo que le pedía, en definitiva, es que la dejara en quinientas y le evitara posibles problemas legales.

La sede de Scribner.

Eso llevó su tiempo, pero finalmente Kerouac cobró un anticipo de 1.000 dólares (que Harcourt Brace nunca recuperó) y en febrero de 1950 apareció una tirada de 15.000 ejemplares, todos ellos con una dedicatoria «To Robert Giroux, friend and editor» y firmados como John Kerouac. La crítica literaria de la época que se ocupó de la novela se mostró dividida, pero no así los lectores (unánimemente desdeñosos) y, como es bien sabido, Giroux cometió luego la imprudencia de rechazar la segunda novela de Kerouac, En el camino (que no se publicó hasta 1957 y en Viking). Según registra Dennis McNally en su biografía de Kerouac, Ginsberg escribió en sus diarios al respecto:

Pienso que Jack es el más grande escritor vivo de la Norteamérica de nuestra época […], pero Harcourt (Giroux) rechazó su primera versión [de En el camino] por demasiado personal y subjetiva… y ahora esta segunda versión les parece una mezcla de sobras pertenecientes a asociaciones libres sin ninguna relación. Creo que seguiré fiel a Jack.

Cubierta de la edición de Luis de Caralt (1971).

Mayor intervención tuvo Ginsberg incluso en el proceso que culminó con la aparición de Yonqui, de William Burroughs, en cuyas primeras versiones se incluía mucho material que posteriormente pasaría a Queer. Al parecer, existió incluso un vago proyecto de crear una trilogía sobre la multifacética experiencia droga-homosexualidad-exilio (Yonqui, Queer, Las cartas del yagé), pero a Burroughs, pese a que Kerouac y Ginsberg le animaran a ello, le costaba encontrar estímulos para llevar adelante semejante empresa, a tenor de lo que declaró en el número de otoño de 1967 de Paris Review:

En apariencia no hubo ningún motivo poderoso [para escribir Yonqui]. Trataba simplemente de contar más o menos en estilo periodístico directo mis experiencias de intoxicación y con drogados […] no tenía nada mejor que hacer. Escribir me supuso una ocupación para mis días.

Ginsberg y Kerouac.

Ginsberg no sólo alentó a Burroughs a culminar la obra, sino que le apoyó de un modo decisivo para que no abandonara el proyecto cuando su novela empezó a ser rechazada por los editores que la recibían o cuando le pedían enmiendas. En esta ocasión, Ginsberg le encontró editor a través de Carl Solomon (1928-1993), con quien había coincidido en 1949 como paciente del Greystoke Park Psychiatric Hospital y a quien más adelante dedicaría su poema fundacional Aullido. Un tío de Solomon, A.A. Wyn (1898-1967), era propietario y director general desde 1929 de la editorial Ace Magazines y, por sugerencia de Donald A. Wollheim (1914-1990), deseoso de abandonar su empleo en Avon Books, en 1952 acababa de fundar Ace Books, un catálogo inesperado —o acaso no tanto— en el que gestar lo que sería la beat generation.

Tanto las revistas como los libros en rústica de Ace iban destinados a la lectura rápida y fácilmente olvidable y se centraron en la narrativa detectivesca, del Oeste y deportiva, pero descollaron sobre todo, gracias en particular a Wollheim, en el descubrimiento de los grandes autores estadounidenses de la ciencia ficción y la fantasía (Robert Silverberg, Philip K. Dick, Ursula K. Le Guin…), aunque entre los autores que publicaron se encuentran también nombres sorprendentes como el de P. G. Wodehouse.

Ginsberg y Burroughs.

Casi desde el primer momento los Ace Books llamaron la atención por un experimento que ponía de manifiesto su vinculación inicial con las revistas, lo que se dio en llamar encuadernación dos-à-dos, consistente en encuadernar los libros de tal modo que contenga dos textos, con sus correspondientes dos portadas, de manera que puede empezar a leerse por dos lados distintos, y las páginas centrales solían aprovecharse para incluir publicidad. En uno de este tipo de libros se incluyó Yonqui (y en compañía bastante curiosa, por cierto), bajo el seudónimo William Lee, con lo que puede decirse que los dos libros fundacionales de la beat generation ocultaron los nombres de sus autores. De hecho, se frustraba así la posibilidad de publicar Yonqui en compañía de Queer, que al parecer asustó un poco a los editores de Ace Books, pero quizá no fue tan mala decisión. En agosto de 1952, Burroughs estaba redactando el prólogo para Yonqui en un intento por satisfacer la exigencia de Wyn (que ya le había mandado el contrato) de alargar el texto en por lo menos unas cuarenta páginas más, para lo que se sirvió, además, según contó Oliver Harris, de algunos pasajes que ya tenía escritos de Queer:

En total, quitó más de seis mil palabras [de Queer], más de un tercio del manuscrito del 14 de mayo y alrededor de una quinta parte del total, para llevar Yonqui al tamaño exigido por Ace Books. En resumen, apenas Burroughs había terminado su segunda novela, los imperativos económicos de la publicación lo obligaron a abandonarla, canibalizando el manuscrito para terminar la primera.

Al parecer, no fueron pocas las intervenciones editoriales a las que Ace Books sometió el texto que Burroughs les mandó como definitivo, empezando por el título (que pasó de Junk a Junkie) o con el añadido de un subtítulo («Confessions o an unreedemed Drug Addict»), y posteriormente Burroughs se quejó por carta a su editor de las muy numerosas e injustificadas enmiendas, que en más de una ocasión alteraban el sentido (hasta el punto de hacerlo incomprensible incluso para su autor).

Yonqui apareció con nada menos que una novela del exagente Maurice Helbrant, del que vale la pena decir alguna cosa. Nacido en Rumanía y residente desde niño en Brooklin, había tenido una experiencia como espía para los servicios secretos británicos en Palestina durante la primera guerra mundial, al término de la cual regresó a su país de acogida, donde desarrollo el grueso de una carrera poco honrosa. En la novela que acompaña a Yonqui (Narcotic Agent), que comparte con ella su carácter autobiográfico, Hellbrant recrea su experiencia como agente en la división de narcóticos del FBI, persiguiendo y acosando al mismo tipo de personajes que transitan por Yonqui, con lo cual se convierte en un perfecto contrapunto a la novela de Burroughs (y ya es raro que no a ningún editor se le haya ocurrido volver a publicar los dos textos juntos). Se dan además curiosas y jugosas coincidencias, pues tanto Burroughs como Helbrant relatan el modo en que los perversos agentes del FBI se servían de billetes marcados para comprar droga y luego los empleaban como prueba incriminatoria contra los pequeños traficantes.

Cubierta de la edición de Anagrama de 2019.

Los libros de Ace Books muy raramente se encontraban en librerías, y mucho menos en bibliotecas, y su venta se concentraba en quioscos y en particular en los puestos de venta en estaciones de transporte público, lo que en buena medida explica los desorbitantes precios que han alcanzado los ejemplares de esa primera edición; paradójicamente, hasta 1992 la Library of Congress no consiguió comprar un ejemplar (que se conserva en la sala de libros raros y colecciones especiales). Aun así, Ginsberg, que por entonces era ya el agente literario no oficial de la beat generation, pidió a Kerouac unas palabras de elogio a Yonqui para la columna de David Dempsey en el New York Times Book Review («Sofisticado, desinhibido, erudito y perverso en el más puro estilo Goering; supone el primer relato moderno e inteligente sobre las drogas […] Es a la vez una obra independiente y un clásico»), pero ni eso sirvió para que las ventas de la novela de Burroughs se salieran de lo habitual en Ace Books. También en su caso, hubo que esperar algunos años hasta que, en las parisinas Olympia Press de Maurice Girodias, consiguiera publicar la siguiente novela y alcanzar el éxito con ella, El almuerzo desnudo (1959).

Cubierta de la edición de Olympia Press (1959).

Fuentes:

Emanuele Bevilacqua, Guía de la generación beat, traducción de Edgardo Dobry, Barcelona, Península (Ficciones 7), 1996.

William S. Burroughs, Queer (edición definitiva del 25 aniversario), Introducción de Oliver Haris y traducción de  Marcel Souto, Barcelona, Anagrama, 2013.

Bruce Cook, La generación  Beat, traducción de Esdrás Parra, Barcelona, Seix Barral, 1974.

Sam Jordison, «William Burroughs’ opposite number: William Helbrant», The Guardian, 18 de febrero de 2014.

Jack Kerouac, La ciudad y el campo, traducción de Lluis Margalef Llambrich, Barcelona, Luis de Caralt, 1971.

Jack Kerouac, Los subterráneos, Anagrama (Contraseñas), 1986. Con el prólogo de Henry Miller escrito para la edición de Grove Press (1959), traducido, al igual que la novela, por J. Rodolfo Wilcock, y una introducción adicional de Fernanda Pivano traducida por Ignacio Martínez de Pisón.

William Mikriammos, William S. Burroughs. La vida y la obra, traducción de F. P. E. González, Madrid-Gijón, Júcar (La Vela Latina 45), 1981.

Dennis McNally, Jack Kerouac. América y la generación beat. Una biografía, traducción de Jorge Piatigorsky, Barcelona, Paidós (Testimonios), 1992.

David Saunders, «A. A. Wyn», en Field Guide to Wild American Pulp Artists, 2014.

Douglas Valentine, The Strength of the Wolf. The Secret History of America’s War on Drugs, Londres, Valentine, 2004.

La City Lights Books

Quizá no exista en el mundo guía de librerías que no reserve un lugar destacado para la City Lights de San Francisco –abierta al público en 1953 por el poeta, traductor de poesía, dramaturgo, pintor, librero, editor y activista social Lawrence Ferlinghetti (n. 1919)–, de la que Javier Aparicio Maydeu ha dejado escrito:

Fundada por el poeta Lawrence Ferlinghetti en el 261 de Columbus Avenue se convirtió en la sede central de la Generación Beat, aglutinando a Jack Kerouac, Allen Ginsberg y otros escritores alternativos hasta Charles Bukowski, líderes de una contracultura por la que la librería ha sido siempre conocida. No miente el rótulo de la puerta, la librería es a Meetingplace since 1953, además de una ventana abierta al pensamiento libre y la literatura con mayúsculas.

Anteriormente ese mismo local había albergado una librería frecuentada por italoamericanos, la Cavalli, y el primer socio de Ferlinghetti fue  Peter D. Martin, hijo del anarquista italiano Carlo Tresca (asesinado en 1943). Martin había sido el editor de la primera traducción poética del francés llevada a cabo por Ferlinghetti (de Jacques Prévert) en una revista cultural llamada City Lights. A la librería se la conoce,  entre otras cosas, por haber sido la primera en Estados Unidos especializada en libro de bolsillo, algo que el propio Ferlinghetti ha explicado como consecuente con la voluntad de poner la mejor literatura posible a disposición de los menos favorecidos, si bien es cierto que con el tiempo acabó por dar entrada también a otros formatos en rústica. Nada más lógico por tanto que, cuando en 1955 se crea la editorial homónima –y pasa a convertirse en City Lights Bookstore & Publishers–, su primera colección se llame Pocket Poets Series, y sus cinco primeros títulos contribuyeran ya a forjar la imagen de editorial por antonomasia de los beats (pese a que la City Lights ha publicado a autores tan diversos como Brecht, García Lorca, Bataille o Goethe):

1) Lawrence Ferlinghetti, Pictures of a Gone World, 1955 (reeditado ampliado en 1995).

2) AA. VV., Thirty Spanish Poems of Love and Exile, 1956 (traducción de Kenneth Rexroth de poemas de Neruda, Serrano Plaja, Nicolás Guillén, Mariano Brull, Alberti, Lorca y Machado)

3) Kenneth Patchen, Poems of Humor and Protest, 1956.

4) Allen Ginsberg,  Howl and Other Poems, 1956.

5) Marie Ponsot, True Minds, 1956.

Portada actual del libro de Cristina Peri Rossi State of Exile (número 58 de la Pocket Poets Series), en la que se mantiene la impresión a dos tintas.

De Ferlinghetti siempre se ha vendido muy bien, dentro de los parámetros de las ventas de poesía, Un Coney Island de la mente (1958), traducido a una docena larga de lenguas y del que en español son muy conocidas la versión prologada y traducida por  Carlos Bauer y Julián Marcos (Hiperión, 1981) y la de Rodrigo Olavarría publicada primero en la revista en red Cyber Humanitatis (2003), posteriormente en Anagrama (2006) y en versión ilustrada en Sexto Piso (2011). También es muy conocida la participación de Ferlinghetti en el film de Martin Scorsese El último vals (1978), junto a Eric Clapton, Ringo Starr y Bob Dylan entre otros muchos, pero la colección Pocket Poets Series se hizo ya famosa en 1956 debido al escándalo suscitado por la edición del Howl de Ginsberg (con introducción de William Carlos Williams), que en la interesante película que en 2010 dirigió Rob Epstein y Jeffrey Friedman (y en la que intervienen Jeff Daniels, Mary Louise-Parker y James Franco) titulada Howl, se introducen a modo de collage algunos fragmentos del proceso judicial.

De la aparición pública de Howl, que supuso el nacimiento del conocido como Renacimiento de San Francisco, disponemos de algunos testimonios de excepción, como el de Michael Schumacher (en Dharma Lion) y sobre todo el de Jack Kerouac (en Los vagabundos del Dharma). El 7 de octubre de 1955, en la Six Gallery, fueron subiendo sucesivamente a escena el precoz  Phillip Lamantia (1927-2005), Michael McClure (n. 1932), Gary Snyder (n. 1930) y Philip Whalen (1923-2002) para leer sus poemas en un “ambiente desde el principio festivo” (Schumacher), mientras Kerouac andaba de un lado para otro recabando donativos para más vino. Después de una pausa, y tras ser presentado a la audiencia por Kenneth Rexroth (1905-1982), quien había comparado el clima cultural reinante en la Costa Oeste con el de la Barcelona anarquista, cuando la cultura luchaba por sobrevivir en un entorno hostil, un joven Allen Ginsberg (1927-1997) –según sus propias palabras, completamente borracho– subía al escenario para iniciar la que posiblemente sea una de las más célebres, legendarias e importantes lecturas públicas de poesía de todos los tiempos: la presentación en sociedad del extenso poema Howl (Aullido). La audiencia, azuzada tanto por la prolongada y generosa ingesta de alcohol como por los entusiastas gritos de Kerouac, no tardó en corear cada uno de los extensos versos (Go!) de un poema de poderosa imaginería e hipnótico ritmo que ha marcado un hito en la historia de la poesía estadounidense. En el libro mencionado, Schumacher hace un vívido relato del titubeante inicio de la lectura de Ginsberg, calmo, en un ritmo tranquilo, para progresivamente verse arrebatado por el tempo de su propio poema y arrastrado por la fuerza de su escritura a una declamación brillante, enfática y poderosa. Al final no hubo aplausos: un coro de eructos saludó el nacimiento de un nuevo modo de entender la literatura.

Lawrence Ferlinghetti

Lawrence Ferlinghetti fue de los primeros en solicitar al autor el manuscrito de Howl, y en un pacto entre colegas (no se firmó contrato hasta treinta años después, y sólo con el propósito de legalizar su cesión a la editorial Harper & Row), se hizo con los derechos de edición de lo que acabaría siendo en otoño de 1956 Howl and other poems. El muy oportuno juicio por obscenidad disparó las ventas (10.000 copias vendidas al finalizar, con una sentencia absolutoria, el proceso), Ginsberg recibió solicitudes para realizar lecturas en cada rincón del país, el libro se convirtió en uno de los poemarios más vendidos en la historia de Estados Unidos, y aunque a Ginsberg le llovieron las ofertas, se mantuvo fiel al editor que le catapultó a la fama. La City Lights Books sigue en pie en buena medida gracias a long-sellers como ese.

La primera edición contiene 27 poemas; la edición conmemorativa de 1995 (22ª ed.), 45 poemas.

El diseño de las portadas de la serie de poesía se ha convertido en toda una marca identificativa de la City Lights, y son ya tan legendarias como la propia librería o como la aparición pública de Howl. Ferlinghetti quedó impresionado por la portada diseñada en 1945 por Kemper Nomland Jr.  (1919-2009) para An Astonished Eye Looks Out of the Air (1945) de Kenneth Patchen (1911-1972), en el que la sobrecubierta de papel blanco cubre la encuadernación en el lomo y da a los modestos volúmenes un aspecto general de sencillez, modernidad y comodidad. Así, pues, diez años después Ferlinghetti lo convirtió en un modo estupendo de abaratar costes (impreso a dos tintas) y lograr que su colección tuviera una imagen claramente reconocible.

Portada diseñada por Kemper Nomland Jr, evidentemente modelo de la City Light Pocket Poets.

Por fortuna para ella, situada en North Beach, desde que en 1988 el ayuntamiento de San Francisco decidió dedicar doce calles y plazas a los escritores insignes que vivieron en la ciudad, la City Lights no queda lejos de las plazas Mark Twain y William Saroyan y de las calles Jack Kerouac, Bob Kaufman y Ambrose Bierce. Un reguero de tinta que, afortunadamente, no deja de fluir.

Fuentes:

Web de City Lights Books.

The Beat Museum: 
http://www.kerouac.com/

No he visto el libro, que parece muy interesante, de Bill Morgan y Nancy J. Peters, eds., Howl on Trial. The battle for free expression (introducción de Lawrence Ferlinghetti), San Francisco, City Light Books, 2007.

Javier Aparicio Maydeu, El desguace de la tradición. En el taller de la narrativa del siglo xx, Madrid, Cátedra (Crítica y Estudios Literarios), 2011.

Emanuele Bevilacqua, Guía de la generación beat, Barcelona, Península (Ficciones 7), 1996. Traducción de Edgardo Dobry.

Bruce Cook, La generación  Beat, Barcelona, Seix Barral, 1974.

Christopher Felver, dir., Ferlinghetti: A Rebirth of Wonder (documental cinematográfico de 2013 con filmaciones en la librería en los años cincuenta y entrevistas a Allen Ginsberg, Dennis Hopper, Michael McClure, Lorenzo Ferlinghetti, Gregory Corso, Sylvia Whitman, Giada Diano, Kenneth Rexroth…). Puede verse un tráiler, aquí.

Jorge Herralde, “City Lights”, en La Vanguardia en agosto de 1990 y recogido en Opiniones mohicanas, Barcelona, El Acantilado, 2001.

Jack Kerouac, Los vagabundos del Dharma, trad. de Mariano Antolín Rato, Barcelona, Anagrama, 1996.

Dennis McNally, Jack Kerouac. América y la generación beat. Una biografía, Barcelona, Paidós (Testimonios), 1992. Traducción de Jorge Piatigorsky.

Josep Mengual Català, “Un eructo por Aullido”, Quimera, 262 (octubre de 2005), pp. 6-7.

Michael Schumacher, Drama Lion: A Critical Biography of Allen Ginsberg, Nueva York, St. Martin´s Press, 1994.

Versiones y subversiones de Jack Kerouac

“Kerouac y otros como él serán probablemente los que tengan la última palabra”.

Henry Miller

On the road (En el camino), refleja narrativamente la etapa comprendida entre 1947 y 1950 en la vida de Jack Kerouac (1922-1969) y Neal Cassady (1926-1968), en que recorrieron de punta a cabo los Estados Unidos y posteriormente viajaron hasta México. Desde por lo menos 1948, si no antes, Kerouac estaba tomando apuntes y escribiendo páginas acerca de estas correrías, pero a juzgar por La ciudad y el campo (escrita entre 1946 y 1949), lo más probable es que estos borradores iniciales se ajustaran a un cierto convencionalismo que nada tiene que ver con la prosa de ritmo acelerado y vigoroso que caracteriza las versiones publicadas de On the road. Incluso se ha hablado a veces de tres “protoversiones” que son más bien resúmenes: “Ray Smith, novel of Fall 1948”, “Red Moultrie/Vern” y “Gone on the Road”.

Neal & Jack

Tras leer la primera novela de Kerouac, La ciudad y el campo, un entusiasmado Allen Ginsberg (1926-1997), que se convertiría en el agente literario no oficial de la generación beat, la recomendó encarecidamente a Lionel Trilling y a Mark van Doren con la esperanza de que pudieran hacer algo por su publicación. La primera editorial en recibirla (y rechazarla) fue Charles Scribner´s Sons, pero a finales de marzo de 1949 Robert Giroux (por entonces editor de Harcourt, Brace & Co.) se puso en contacto con Kerouac para comunicarle que pensaba publicarla y acordar con él un anticipo de mil dólares. Antes de su aparición el primero de marzo de 1950, Kerouac tuvo tiempo de añadir una dedicatoria a su primer editor, Robert Giroux (1914-2008), quien años después sumaría su nombre a los de John C. Farrar (1896-1974) y Roger W. Straus Jr. (1917-2004) para crear una editorial hoy mítica y con un catálogo espectacular (Mauriac, Juan Ramon Jiménez, Golding, Neruda, Cela, Philip Roth,Vargas Llosa, Bolaño, Malamud, Fuentes…). Sin embargo, el catálogo de Harcourt, Brace tampoco estaba nada mal, y en el período de entreguerras había publicado a Eliot y a diversos escritores del grupo de Bloomsbury. Esto tiene su importancia, porque Giroux hace su oferta a Kerouac en una época en que, como ha escrito el gran Jason Epstein:

Incluso los editores más fuertes dependían de los fondos de sus catálogos y consideraban los best-sellers golpes de suerte […] Los cimientos sólidos –el capital acumulado– en que se apoyaban los editores eran los libros de sus catálogos que se vendían año tras año. Eran estos títulos los que proclamaban la fortaleza económica de un sello y su prestigio cultural: una fuente de orgullo que compensaba de sobra a los propietarios y a sus empleados por los beneficios mínimos y los sueldos bajos característicos del sector.  Para los autores representaba un honor figurar en los deslumbrantes catálogos de firmas como Random House, Knopf o Viking, o de editoriales más pequeñas pero no menos prestigiosas como Farrar, Straus & Giroux y W.W. Norton.

Kerouac y el papel en cuestión

Forma ya parte de la leyenda el rollo escrito sobre papel contínuo entre el 2 y el 22 de abril de 1951 por Kerouac con el título On the Road, al que a lo largo de 1951 y 1952 se sumarían diversas correcciones a mano y se añadirían una serie de interpolaciones que luego serían de nuevo desgajadas para formar el núcleo de Visiones de Cody (1960). En mayo de 1951, sin embargo, recibe una embarazosa carta que le escribe Giroux rechazando la versión que le ha mandado (copia mecanografiada del rollo) de la luego mítica novela On the road. Giroux se escudó entonces –qué original– en que el departamento de ventas no lo veía nada claro, que se oponía a su publicación, pero posteriormente explicó que el manuscrito que le llegó no coincidía con el texto que más tarde convertiría a Kerouac en una estrella mediática y a su novela en un descomunal long seller, y que además era un texto deslavazado, de difícil comprensión y un tanto caótico. En el documental de la BBC On the road to desolation Giroux contó años después una escena en que Kerouac le visitó en sus oficinas bebido y lanzó al aire el rollo, para a continuación negarse a que se abreviara o editara aduciendo que “se lo había dictado el Espíritu Santo”. Todo parece apuntar a que Giroux se veía incapaz de llevar a cabo un editing de ese relato enloquecido y bebopero que lo convirtiera en una novela digerible para los lectores de Harcourt, Brace. Y quizás era una misión imposible.

Ni la labor del por entonces agente de Kerouac, Rae Everitt (agente también de Holmes), ni la intervención en 1952 de Carl Solomon (1928-1993), excompañero de Allen Ginsberg en el hospital psiquiátrico de Columbia y por entonces asesor literario de la neoyorkina A.A. Wynn/Ace Book, dieron sus frutos, si bien Kerouac mandó a esa editorial no On the Road sino lo que hoy conocemos como Visiones de Cody, y mientras tanto Gilbert Millstein, a partir de una frase de la novela Go (1952) de John Clellon Holmes (1926-1988), le pidió a su autor un artículo legendario que apareció en el New York Times Magazine en diciembre de 1952: “This is the Beat Generation”, sobre el que Dennis McNally ha escrito:

“This is the Neat Generation” tocó un nervio sensible; la revista recibió una cantidad extraordinaria de cartas (cuatrocientas) sobre el texto, y las fue publicando durante tres semanas. Algunas personas de la América culta estaban interesándose por ciertas subculturas marginales y semiclandestinas.

Como consecuencia de ello, la novela más famosa de Kerouac llevó hasta el otoño de 1955 por título The Beat Generation, pero ni siquiera esta estratagema convenció a Seymour Lawrence (1927-1994), asistente editorial de Atlantic Monthly Press (un sello de de Little, Brown), quien la rechaza por carecer de una estructura comprensible. Más tarde el nombre de Sam Lawrence se haría conocido como el del editor de J.P. Donleavy, Kurt Vonegut o Pablo Neruda. Las buenas noticias para Kerouac se gestan en mayo de 1954, cuando Sterling Lord, convertido en el primer

Imagen de las memorias de Sterling Lord, en Open Road E-riginal (2013)

agente literario serio de Kerouac, se la da a leer a otro grande de la edición estadounidense de la época, Malcolm Cowley, quien en los años veinte y treinta se había ganado una reputación a prueba de bomba como editor de Hemingway, Dos Passos, Scott Fitgerald, Ezra Pound. E.E. Cummings, Erskine Caldwell o Edmund Wilson, entre otros, y que en los cincuenta engrosaría esta lista con nombres del calibre de Ken Kesey o Larry McMurtry.  Existen muchas pruebas de que a Cowley le entusiasmó la novela, y su intervención resulta decisiva: envía una copia a Arabelle Porter, de New World Writing, y ésta compra un pasaje que se publica al año siguiente con el título “Jazz of the Beat Generation”. Tanto Cowley como Keith Jennison, ambos scouts y asesores en Viking, exponen en diversas ocasiones, ante Lord y ante Kerouac, su intención de publicar su novela, y el 24 de agosto de ese año Cowley menciona a Kerouac en su más famoso que leído artículo sobre la generación nacida después de 1920, “Invitation to innovators”, publicado en la Saturday Review, donde, pese a equivocar su nombre de pila, escribe:

Last year they talked about being “underground” and called themselves “the beat generation”; it was John [sic] Kerouac who invented the phrase, and his unpublished long narrative On the Road is the best record of their lives.

Malcolm Cowley

Casi exactamente un año después, en una carta fechada el 19 de julio de 1955, Cowley sigue confirmando a Kerouac su intención de publicarle la obra, e incluso se ofrece a escribir un prólogo para la edición al que alude como “The Beat Generation”, y que probablemente no sería muy distinto a lo publicado en la Saturday Review. Más que irritado ya con las dilaciones, el escritor amaga con abandonar por completo una carrera literaria que sólo había cuajado hasta entonces en la publicación de La ciudad y el campo, hacía ya cinco años, si no consigue firmar un contrato por On the Road. Finalmente, en diciembre Viking acepta formalmente publicarlo el septiembre siguiente y en enero de 1957 se firma el contrato y arranca la leyenda.

¿Qué es lo que se publicó en la primera edición? Desde luego, no el rollo original, ni el rollo con el material que luego formaría Visiones de Cody. Del epistolario entre Cowley y Kerouac se desprende que el escritor llevó a cabo diversas revisiones de la primera versión a partir de algunas sugerencias del prestigioso crítico y editor. En este fecundo epistolario conservado en la The Newberry Library de Chicago se encuentra desde un capítulo analizando muy pormenorizadamente por Cowley hasta una extensa lista de aspectos que son susceptibles de provocar una demanda por difamación (y que probablemente esté en el origen de la decisión de cambiar todos los nombres de personajes reales por otros de ficticios). Igualmente, se pulieron ciertos pasajes y se eliminaron algunos otros todavía excesivamente picantes para los lectores estadounidenses de 1957, algo de lo que en 1972 se quejaba Allen Ginsberg en su introducción a Visiones de Cody:

Finalmente, revelada, está la memoria de Jack cuando Neal, conduciendo el coche hacia el Este se folló al marica que con ellos viajaba –Esta referencia, Dios santo, fue expurgada de En el camino, quitando por tanto una dimensión del Héroe Americano y confundiendo a miles de colegiales durante décadas.

A grandes rasgos, la primera edición, pues, se preparó a partir del manuscrito de 1951, pero tras un respetuoso, entusiasta y minucioso editing de Malcolm Cowley, cuyo trabajo se elimina de nuevo en la célebre edición conmemorativa de Howard Cunnell publicada por Penguin en 2007, que recupera “el rollo” (en palabras de James Campbell, “una de las más veneradas y enigmáticas reliquias de la literatura moderna”). Sin embargo, del rollo se había extraviado ya antes parte del final que, según nota manuscrita del propio Kerouac “se había comido el perro”; final que Cunnell rehace a partir de los borradores de Kerouac posteriores a abril de 1951 y de la novela tal como vio la luz. Sin duda, todo es discutible y se podrá debatir sin fin cuál es mejor versión, pero quizá sin la labor llevada a cabo por Cowley, Kerouac sería hoy un don nadie. Y sería una lástima, porque probablemente acierta de pleno Norman Mailer al decir que Kerouac “es pretencioso como una puta rica y sentimental como un chupete. Y sin embargo, tiene mucho talento. Su energía literaria es enorme”.

El famoso y polémico rollo de nuevo

Fuentes:

The Beat Museum: http://www.kerouac.com/

Emanuele Bevilacqua, Guía de la generación beat, Barcelona, Península (Ficciones 7), 1996. Traducción de Edgardo Dobry.

James Campbell, “The Wow! Factor”, Times Literary Supplement, 7 de septiembre de 2007 (reseña de Jack Kerouac, On the road. The original scroll)

Bruce Cook, La generación  Beat, Barcelona, Seix Barral, 1974.

El epistolario de Malcolm Cowley se encuentra en The Newberry Library: Roger and Julie Baskes Department of Special Collections (60 West Walton Street, Chicago): http://www.newberry.org

Malcolm Cowley y Thomas Daniel Young, Conversations with Malcolm Cowley, University Press of Mississippi, 1986.

Jason Epstein, La industria del libro. Pasado, presente y futuro de la edición, traducción de Jaime Zulaika, Barcelona, Anagrama (Argumentos 277), 2002.

Sterling Lord, Meet Sterling Lord (vídeo promocional de sus memorias en que se muestra parte de su archivo y cartas manuscritas de Kerouac con su peculiar firma).

Jack Kerouac, Lucien Carr, Allen Ginsberg y compañía en Nueva York en una filmación casera muda grabada probablemente por Robert Frank en el verano de 1959 en el hoy desaparecido bar restaurante Harmony y sus alrededores (calle Nueve-Este conTercera avenida).

Jack Kerouac, La ciudad y el campo, Barcelona, Luis de Caralt, 1971. Traducción de Lluis Margalef Llambrich.

Jack Kerouac, En la carretera. El rollo mecanografiado original, Barcelona, Anagrama (Panorama de Narrativas 726), 2009. Nota sobre el texto y Apéndice de Howard Cornwell, traducción de Jesús Zulaika.

Jack Kerouac, Los subterráneos, Anagrama (Contraseñas), 1986. Con el prólogo de Henry Miller escrito para la edición de Grove Press (1959), traducido, al igual que la novela, por J. Rodolfo Wilcock, y una introducción adicional de Fernanda Pivano traducida por Ignacio Martínez de Pisón.

Jack Kerouac, Visiones de Cody, Barcelona, Grijalbo (El espejo de tinta), 1975. Introducción de Allen Ginsberg, “El hombre de los grandes recuerdos”, y traducción de Marcelo Covain,

Dennis McNally, Jack Kerouac. América y la generación beat. Una biografía, Barcelona, Paidós (Testimonios), 1992. Traducción de Jorge Piatigorsky.

David Steward, director, On the Road to Desolation (documental cinematográfico), BBC, 1997. La versión enlaza está un poco deteriorada, pero es un film interesante porque aparecen en él fragmentos de viejas filmaciones de Kerouac y el testimonio de personajes como Lawrence Ferlinghetti o Ann Douglas, así como las importantes declaraciones de Giroux mencionadas en el texto o grabaciones de Kerouac leyendo su propia obra.