Ada Martí, una barcelonesa entre los boquinistas parisinos (II)

Los avatares de la periodista, narradora y pedagoga anarquista Ada Martí desde que al término de la guerra civil española cruzó la frontera hasta que se estableció como librera de lance en París son más difíciles de seguir que los años anteriores porque llevó una vida nómada y semiclandestina que en buena medida estuvo marcada por su compleja e intensa vida sentimental.

Al parecer, pasó una breve primera etapa en Francia en el campo de refugiados de Argelés, pero en cuanto pudo salir, si no colaboró con la Resistencia fue acaso por considerarla una organización marcada excesivamente por un sentimiento nacionalista francés con el que de ninguna manera podía congeniar, pero dedicó sus esfuerzos a ayudar a los exiliados republicanos mediante la colaboración con diversas organizaciones creadas para este fin, y en particular con el SIA (Solidaridad Internacional Antifascista), así como con sus contactos entre las organizaciones estudiantiles en diversos países americanos. Como explicó Abel Paz en el periódico de la CNT en el exilio Solidaridad Obrera:

Ada desde Orleans fue tejiendo un rosario de correspondencia entre ella y los antiguos afiliados a la Federación Ibérica de Estudiantes Revolucionarios. Confortó a todos con su correspondencia optimista, ayudó cuanto pudo haciendo gestiones en uno y otro lado para dulcificar la vida de los que no tenían otro horizonte que el mar y más lecho que la arena.

También es Abel Paz quien relata un encuentro con una de las mejores amigas de Ada Martí, Eva Cascante, en 1941, en este caso en Burdeos, quien le proporcionó su dirección en el París ocupado, donde inicialmente vivió con un enigmático Frédéric Sylveire, baron de Osten Laken (¿profesor danés?). No parece haber muchas trazas de cómo se ganó la vida Ada Martí durante la segunda guerra mundial, pero una vez concluida esta intentó reingresar en la CNT (Confederación Nacional del Trabajo), contando para ello con el aval de dos amigos y personajes de peso, Antonio García Birlán (1891-1984) y Gaston Leval (Pierre Robert Pillier, 1895-1978). El periodista y traductor García Birlán, que a menudo firmaba como Dionisios, había sido un miembro destacado de Tierra y Libertad y posteriormente había dirigido la revista valenciana Estudio, en la que había colaborado Ada, y en 1939 había entrado a formar parte del consejo general del Movimiento Libertario Español, antes de empezar dirigir y colaborar en cabeceras anarquistas y a trabajar como corrector de la Enciclopedia Larousse. Por su parte, el historiador Gastón Leval, a quien es muy posible que Martí conociera también a través de las publicaciones periódicas en que ambos habían colaborado durante la guerra (Estudios, Ruta, Tierra y Libertad), desde que en agosto de 1940 había logrado evadirse de la prisión de Clairvaux (Aube) vivía clandestinamente con nombres falsos (entre ellos, Nicasio Casanova); el hecho de haber trabajado episódicamente en los restaurantes comunitarios creados por el Socorro Nacional del gobierno Petain propició que en 1945 fuera apartado de la Federación Anarquista, pero como Nicasio Casanova representó a la CNT en el mitin que esta organización celebró en París el 14 de octubre de 1944 bajo la presidencia de Albert Cané (de la CGT).

Ada Martí Vall.

Poco después de la muerte de su padre en Barcelona (1947), Ada se casa con Sylveire y en febrero de 1948 nace su hijo Fréderic, y a los seis meses aproximadamente se divorcian y el niño queda a cargo de ella. Una década después del fin de la guerra civil española, aislada de la mayor parte de quienes habían sido sus compañeros de militancia en el antifascimo, vinculada a muchas de sus amistades solo epistolarmente y alejada de su familia y de su entorno cultural natural, en septiembre de 1949 escribe una estremecedora carta a Adora Sánchez, que Manel Aisa reproduce en su biografía:

Acaso una de las razones de mi dificultad para expresarme sea banal, estúpida, he perdido la costumbre de hablar español. Tanto más de escribir en castellano. Más todavía, en catalán, mi lengua materna.

[…]

He dejado de escribir –en absoluto– a no ser para pedir trabajo, etc. Ni teatro, ni conciertos. Vendí la TSF [el radio transistor]. Juan se llevó el fonógrafo, con los mejores discos (Bach, Vivaldi, etc.). El cine me interesa poco, así que tampoco voy, ni siquiera invitada. Y –eso es lo peor– llevo unos meses alejada de mi chuiquitín, que voy a ver cada quince días, pues el precio del viaje no me permite hacerlo más a menudo. El médico exigió esa separación, momentánea, para que pueda reposarme un poco, mejorar mi salud, harto quebrantada, buscar trabajo, arreglar ciertos asuntos…

Georges Orwell.

Es difícil leyendo la biografía de Ada Martí en París no evocar el libro de Georges Orwell (1903-1950) que en España se tradujo como Sin blanca en París y Londres o algunos de los relatos de Henry Miller (1891-1980) del tipo Días tranquilos en Clichy. La carencia de otros datos acerca de las fuentes de ingresos de Asa (que busco empleo en el periodismo y en la docencia) llevan a suponer al lector que en esos años dependió de su relación con otros hombres, si bien en la misma carta a Adora Sánchez recién citada escribe:

A menudo he pensado prostituirme, hacerme entretener, por lo menos, hasta que mi salud se rehaga y pueda trabajar normalmente. Me es imposible, hasta la fecha, por lo menos. Repugnancia física, por un lado. […] Pero más todavía por la mentira permanente que implica la prostitución. […] De ahí que hacerme entretener me sea todavía más difícil que conseguir trabajo. Sin embargo, eso sería una solución para tener al chiquillo junto a mí, para que nada le falte y mi salud se rehaga.

En 1950 vendió las pocas posesiones que todavía le quedaban, entre ellas los últimos restos de su biblioteca de libros en catalán y español, y tres años después nació su hija Claudia, cuyo padre, un librero al que sólo se ha identificado por el nombre de Boris, le proporcionó un medio para cuanto menos subsistir, un puesto en el quoi des Grandes Augustins, junto al Pont Neuf, con su correspondiente caja para vender libros. En contrapartida, en cuanto el padre de su hija se marchó tuvo que dejar a  su hija en un pensionado de monjas.

Hacia 1956 vivió, por lo menos episódicamente, con un contable de cierto nivel cultural llamado Roland, y poco tiempo después con Georges Vila, a quien había conocido a través de unos músicos húngaros de paso por París, y que a partir de 1956, con el fracaso de la revolución en Hungría, a todos los efectos se había convertido también en un exiliado.

Como es fácil suponer, el puesto de Ada Martí, que ocupaba normalmente de diez de la mañana a nueve de la noche y a la que sus compañeros conocían como «la librera española», se caracterizó por la amplia presencia de libros en lengua española (en mucha menor medida en catalán), que obtenía tanto a través de ocasionales subastas como, en algunos casos, a través de los medios libertarios que en la década de los cincuenta desarrollaron una notable labor editorial en el sur de Francia. Según Agustí Guillamón, uno de esos viajes a Toulouse sirvió para que se reencontrara con el anarcosindicalista Ginés Alonso (1911-1988), creador en 1931 del Ateneo Racionalista de La Torrassa (L’Hospitalet) y que por entonces se había establecido como carpintero en L’Avelhanet (departamento de Arieja), que entre 1957 y 1960 sería secretario del subcomité nacional de la CNT en el exilio y en calidad de tal entraba clandestinamente en España.

No es casual sino más bien bastante significativo que el encuentro fortuito con Ada a orillas del Sena en el mes de diciembre de 1958 que Abel Paz narró lo propiciara una edición de Siete domingos rojos (muy probablemente la edición barcelonesa de 1932 de Balagué), la novela en que Sender narra una huelga anarquista en Madrid y cuyo título se ha interpretado en ocasiones como una resurrección de la lucha obrera.

A finales de la década de 1950, por lo menos ocasionalmente, la firma de Ada Martí vuelva a aparecer en la prensa anarquista, y Manel Aisa consigna la aparición de artículos suyos en los números de la Solidaridad Obrera del 30 de enero de 1958 y el 2 de febrero de 1960, aunque es probable que haya otros por descubrir. En el excelente número especial de la edición mexicana de Tierra y Libertad de julio de 1970 (formato revista) se recuperaron algunos textos suyos (firmados como Nina), que apareceron en compañía de otros de figuras señeras del antifascismo, como Diego Abad de Santillán (1897-1983), Sebastian Faure (1852-1942), León Felipe (1884-1968), Emma Goldman (1869-1940), Federica Montseny (1905-1994), José Peirats (1908-1989), Ángel Samblancat (1885-1963)…

Como escribe Georges Paul Vila en las páginas finales de la biografía que Aisa ha dedicado a Ada Martí:

Vender libros en los muelles de París le pareció una solución posible, pero resultó un fiasco o fracaso. Su vocación era escribir pero no era verdaderamente un oficio, la rutina de la vida cotidiana le mataba poco a poco las fuentes de inspiración, sin ingresos económicos regulares, sin hogar, los hijos se convertían en una pesada carga, bajo la cual corría el riesgo de hundirse todos los días.

Georges Vila, que ya lo había logrado en dos ocasiones, no pudo evitar el tercer intento de suicidio, con somníferos, que acabó con la vida de Ada Martí la madrugada del 1 de diciembre de 1960.

Manel Aisa Pàmpols, Ada Martí Vall. El sueño de la conciencia libre, Barcelona, El Lokal (Col·lecció Històries del Raval 9), 2019.

Fuentes adicionales:

AA. VV., La Barcelona rebelde. Guía de la ciudad silenciada, Barcelona, Octaedro (Límites), 2003.

Ariane y Joël, «Abel Paz à Lausanne» (entrevista), L´Affranchi. Periodique des Amis de l´Association Internationale des Travailleurs, núm. 6 (julio-agosto de 1993), pp. 18-21.

Txema Bofill i Okupem les Ones, «La revolució que vam viure no cal somiar-la» (entrevista a Conxa Pérez), Revista Catalunya. Òrgan d´expressió de les CGT de Catalunya i Balears, núm. 125 (febrero de 2011), pp. 16-17. También en versión videográfica en  TV Sants.

Espai de Llibertat, «Abel Paz, escriptor», Espai de Llibertat, septiembre de 1997.

Ada Martí.

Agustí Guillamón, «Martí, Ada (1915-1960)», Revista Catalunya. Òrgan d´expressió de les CGT de Catalunya i Balears, núm. 154 (octubre de 2013), p. 30 y reproducido en diversas webs.

Alejandro Lora Medina, «El poder de la lectura como herramienta revolucionaria. El caso del anarquismo español de los años treinta», Pasado y Memoria. Revista de Historia Contemporánea, núm. 17 (2018), pp. 335-360.

Puyol, «La hija de Ada Martí», Solidaridad Obrera (Portavoz de la CNT Española en el Exilio), año XVII, núm 836 (30 de marzo de 1961), pp. 4 y 2.

Milan Rátkovic, La légende des bouquinistes de Paris, París, L’Age d’Homme, 2000.

Ada Martí, una barcelonesa entre los bouquinistas parisinos (I)

«Bouquinista, no está mal, sin patrón, sin alquiler, sin horarios… sin clientes… ¡una bicoca!»

(Chiste popular entre los libreros de viejo parisinos)

 

No son muchos los vendedores de libro usado que a lo largo de las décadas han abierto sus bouquins verdes a orilla del Sena y que han cobrado suficiente notoriedad para pasar a los libros de historia, pero más de uno de ellos se ha convertido él mismo en escritor de cierto recorrido y fama. Es el caso, por ejemplo, de Louis Lanoizelée (1895-1990), quien después de trabajar como granjero, minero, maitre de hotel, carretero y desde 1931 periodista ocasional, en 1935 se estableció como bouquinista y siguió en su puesto (en diferentes localizaciones), hasta 1977. Su libro Les bouquinistes des quais de París (1956), del que se financió él mismo una primera edición ilustrada por Jean Lébédeff (1884-1972) y prologada por Daniel Halévy (1872-1962), ha sido varias veces reeditado y le abrió las puertas de las editoriales para otros ensayos similares. Más famoso es el caso del conocido libertario autor de novela negra Leo Malet (1909-1996), que después de darse a conocer como cantante de cabaret y relacionarse con los surrealistas André Breton, Yves Tanguy y René Magritte, se estableció a orillas del Sena a principios de los años sesenta y desde allí pudo observar las oscilaciones en cuanto a fama de su serie sobre el detective André Bruma, así como los avatares de las numerosas obras que escribió bajo seudónimo. Por aquel entonces, desde 1963, y después de haber sido secretario, era presidente del sindicato de bouquinistas el poeta, pianista y compositor Maurice Korb (1914-1992), que tuvo su puesto abierto desde 1958 y hasta 1992. A ellos pueden añadirse el autor de novela histórica, a menudo con el seudónimo Aimé Sarrus, Pierre Hubac (1894-1964), el periodista y escritor Ferdinand Teulé (1909-1975), que en ocasiones firmaba como Ferlé, y el escritor, crítico e historiador del anarquismo y de la literatura proletaria Michel Ragon (n. 1924), que estuvo al frente de un puesto entre 1954 y 1964.

En el otoño de 1957, el escritor e historiador anarquista Abel Paz (Diego Camacho Escámez, 1921-2009) se encontró a orillas del Sena trabajando como bouquinista a una activista barcelonesa a quien había perdido la pista poco después de la guerra civil española (en Burdeos, en 1941), y que sin duda merecía mejor suerte, Concepción Juana Ana Martí Vall, más conocida como Ada Martí.

Ada Martí.

Nacida en la barcelonesa calle de la Cendra (en el barrio del Raval) en julio de 1915 en el seno de una familia nacionalista de clase media baja, durante los conocidos como Fets d´Octubre de 1934 resultó herida en el brutal asalto artillero del ejército español a las dependencias del CADCI (Centre Autonomista dels Dependents del Comerç i de la Indústria) en la Rambla Santa Mònica, en que murieron los dirigentes del Partit Català Proletari Jaume Compte i Canelles (1897-1934) y Manuel González Alba (1896-1934) y el militante del Partit Comunista de Catalunya Amadeu Bardina i Prats (1908-1934), pero muchos de los allí atrincherados pudieron huir por las azoteas, cuyos muretes, de escasa altura, apenas supusieron dificultad alguna ni siquiera para los heridos.

Ada Martí era alumna del célebre médico especializado en psicosexología Félix Martí Ibáñez (1911-1972) en la Escola d´Idealistes Pràctics que este había fundado en la calle Bonavista. Por entonces Martí Ibáñez era conocido sobre todo por su ensayo sobre la psicopatología sexual de Teresa de Ávila (1515-1582), pero no tardaría en serlo también como director general de Sanitat i Assistència Social de la Generalitat de Catalunya en representación de la CNT y, como tal, autor de la primera ley de interrupción voluntaria del embarazo (aprobada en diciembre de 1936).

Por su parte, Ada Martí contribuía a la creación en 1935 de la Federación Estudiantil de Conciencias Libres (FECL),que originalmente se nutrió sobre todo de estudiantes de la Escola del Treball de Barcelona (el esperantista Eduardo Vivancos, entre ellos), pero no tardó en convertirse en la organización estudiantil anarquista dominante en Catalunya, Alicante y Málaga. Opuesta al desdén administrativo hacia la enseñanza, a la burocracia universitaria y a la limitada y envarada formación del profesorado, y en ocasiones colaborando con la Federació Nacional d´Estudiants de Catalunya (FNEC; cercana ideológicamente a Estat Català y Esquerra Republicana de Catalunya), las primeras actividades de la FECL consistieron en la organización de charlas, conferencias, debates, etc., y ya iniciada la guerra civil crearían una publicación periódica propia, Evolución, de la que Ada Martí fue una de las colaboradoras. Según lo describió Abel Paz:

Creamos la Federació d’Estudiants de Consciències Lliures (FECL) que tenía su sede en el local del Colegio Libre de Estudios Contemporáneos. Este local aún existe -la primera calle que hace esquina con Portaferrisa, a la izquierda, delante de un centro de Falange. […] Tenían relación con  el Ateneu Enciclopèdic Popular (hoy en la Biblioteca Arús) donde había gente del Bloc Obrer Camperol y de Idealistas Pràcticos que animaban Alfonso Martínez Rizo, Fèlix Martí Ibàñez y Ada Martí. Eran un grupito de intelectuales -gente con carrera- pero que no se habían desvinculado de la clase obrera.

En abril de 1936 se publica su primer libro, Un drama que no es de amor, como número 507 de la colección La Novela Ideal que publicaba La Revista Blanca de los editores anarquistas Federico Urales (Joan Montseny Carret, 1864-1942) y Soledad Gustavo (Teresa Mañé Miravet, 1865-1939), y a este sigue enseguida Memorias de un colegial, como número 531 de la misma colección. Se le ha atribuido tambíén  Memorias de un soldado, publicada como número 541, y se han planteado algunas dudas, pues apareció firmada como A. Martí y en ocasiones se ha atribuido a Alberto Martín, seudónimo empleado por Francisco López García (1885-1967), un anarquista que emigró siendo muy joven a Estados Unidos y escribió en la neoyorquina Cultura Obrera y posteriormente fundaría Cultura Proletaria, antes de dar a la imprenta una Breve historia del anarquismo en Estados Unidos de América del Norte, escrita en colaboración con Federica Montseny (1905-1994) y Vladimiro Muñoz (1920-2004) y publicada en Toulouse por Cultura Obrera. La similitud del título no es en absoluto significativa para identificar a Ada Martí como autora de las Memorias de un soldado, pues en la misma colección Novela Ideal habían aparecido ya en 1934 las Memorias de un médico (núm. 45), del doctor Javier Serrano Coello (1897-1974), y, como número 445, aparecerían luego las Memorias de un seminarista, del periodista anarquista Jacinto Toryho (Jacinto Torío Rodríguez,1911-1989), por ejemplo. Aun así, tampoco parece atribuible a López García.

Pese a la afirmación de Abel Paz, no hay constancia de que se matriculara en la universidad, pero en aquellos tiempos tenía ya fama de buenísima estudiante, voraz lectora (de Baroja, Kierkegaard, Unamuno, Gide) y con un magnetismo como oradora que la hacía particularmente dotada para la docencia. Así la recordaba el historiador anarquista Antonio Pérez González (1923-2009), quien a los trece años fue uno de los jóvenes que la tuvo como profesora particular:

La amplitud de miras intelectual, su apertura cultural. Con Ada Martí aprendí a leer, sí, a Bakunin, Kropotkin, Max Steiner, pero también a Dostoyevski, Nietzsche, Ortega y Gasset, Thomas Mann, Stefan Zweig. Y recuerdo todo esto para mostrar hasta qué punto no había en las ideas ni en la actitud de Ada ni una gota de sectarismo. Sus ideas, ─que las tenía y defendía con ardor─ no la encerraban en sí misma, sino todo lo contrario: hacían de ella una mujer abierta a todo lo que la vida le ponía ante los ojos.

Ateneu Llibertari Faros.

También impartió enseñanzas en el Ateneu Llibertari Faros (en la avenida Mistral, en el barrio de Sant Antoni), del que contaba Conxa Pérez:

En el ateneu Faros comentábamos libros, hacíamos lecturas, aprendíamos a escribir, a hacer cuentas. Había cursos de esperanto, psicología, sexualidad, naturismo. […] García Oliver, que era camarero en Sants, nos enseñaba a usar armas. Manuel Escorza, jefe de los grupos especiales de la FAI dedicados a contrainforación y persecución de fascistas, nos daban charlas sobre sexualidad y cultura. Era un maestro nato, que vivía en [el barrio de] Les Corts. A Mauricio, quien fuera mi compañero definitivo, lo llevaba a cuestas, porque era inválido, al ateneo Faros a dar charlas.

En 1936 Ada Martí se convierte también en redactora y editora de la emisora de ECN1 Radio CNT-FAI y lo cierto es que los años de la guerra civil y la revolución fueron tiempos de una actividad frenética en los que su firma aparece en publicaciones como la valenciana Estudios (conocida por sus portadas de Monleón, Bou o Renau), el periódico mural en formato de cartel Esfuerzo, Ruta (órgano de las Juventudes Libertarias Catalanas), El Amigo del Pueblo (portavoz de Los Amigos de Durruti, en la que firmaba como Artemisa), Solidaridad Obrera (de la que fue corresponsal en el frente de Aragón) Libre Estudio, Mi Revista (donde publica un reportaje ilustrado por el fotógrafo Agustí Centelles), Tierra y Libertad (de la Federación Anarquista Ibérica), Nosotros, la feminista Mujeres Libres de Lucía Sánchez Saornil, Amparo Poch y Mercedes Comaposada, Acracia, e incluso dirige sin apenas colaboradores el único número de la revista Fuego (junio de 1938), nacida como órgano de expresión de la Federación Ibérica de Estudiantes Revolucionarios, surgida en Valencia en 1937 como resultado de la fusión de la mencionada FECL con la Asociación de Estudiantes de la CNT (y que tenía como publicación regional Evolución, en la que también colaboró Martí); en esta última publicación aparece su entrevista al hispanista estadounidense  Waldo Frank (18891967). Su nombre aparece incluso en el muy perseguido y censurado semanario humorístico Criterion, aparecido en mayo de 1973, dirigido por Alejandro Gilabert y donde confluyeron textos de Ángel Samblancat, Juanonus, León Felipe o Mingo con ilustraciones de Opisso, Prats, Passarell y Bagaría, entre otros, y donde Martí publica el relato «La tragedia de Don Casto».

Simón Radowitzki.

Se la sitúa también como una habitual en una tertulia vespertina muy singular organizada por el dramaturgo y editor argentino Rodolfo González Pacheco (1883-1949) que se reunía por las tardes en la cuarta planta de lo que era conocido como la «Casa CNT» (en lo que habían sido unos astilleros propiedad de Francesc Cambó). Al frente de esta peculiar tertulia de marcado acento argentino se encontraba el muy célebre libertario de origen ucraniano Simón Radowitzki (1891-1956), quien cuando logró salir de Ushuaia, la cárcel más austral del mundo (tras un intento de fuga fallido) y unos años en Montevideo, viajó a España para combatir primero en la 28ª División de Gregorio Jover, luego en propaganda exterior y finalmente como responsable del traslado de los archivos de la CNT a Ámsterdam (murió en México oculto bajo el nombre Raúl Gómez Saavedra como empleado en una fábrica de juguetes). Compartía allí mesa con el bonaerense Vicente Tomé Martín, el editor y traductor Antonio Casanova Prado (1898-1966), que también combatió en la 28ª de Jover, Dolores (Eva) Cascante o el pedagogo argentino José Maria Lunazzi (1904-1995), entre otros.

Si las exigencias de la guerra y la revolución le impidieron desarrollar una más amplia obra pedagógica y literaria, es lógico que el resultado de las mismas la obligara a un exilio que, en 1939, hacía difícil prever qué caminos tomaría. Cuando, con dos libros a sus espaldas y una enorme cantidad de artículos dispersos por la prensa anarquista, Ada Martí cruzó la frontera española en los últimos días de la guerra civil, estaba lejos de suponer que acabaría sus días vendiendo libros de segunda mano a orillas del Sena.

Manel Aisa Pàmpols, Ada Martí Vall. El sueño de la conciencia libre, Barcelona, El Lokal (Col·lecció Històries del Raval 9), 2019.

Fuentes adicionales:

AA. VV., La Barcelona rebelde. Guía de la ciudad silenciada, Barcelona, Octaedro (Límites), 2003.

Ariane y Joël, «Abel Paz à Lausanne» (entrevista), L´Affranchi. Periodique des Amis de l´Association Internationale des Travailleurs, núm. 6 (julio-agosto de 1993), pp. 18-21.

Txema Bofill i Okupem les Ones, «La revolució que vam viure no cal somiar-la» (entrevista a Conxa Pérez), Revista Catalunya. Òrgan d´expressió de les CGT de Catalunya i Balears, núm. 125 (febrero de 2011), pp. 16-17. También en versión videográfica en  TV Sants.

Espai de Llibertat, «Abel Paz, escriptor», Espai de Llibertat, septiembre de 1997.

Ada Martí.

Agustí Guillamón, «Martí, Ada (1915-1960)», Revista Catalunya. Òrgan d´expressió de les CGT de Catalunya i Balears, núm. 154 (octubre de 2013), p. 30 y reproducido en diversas webs.

Alejandro Lora Medina, «El poder de la lectura como herramienta revolucionaria. El caso del anarquismo español de los años treinta», Pasado y Memoria. Revista de Historia Contemporánea, núm. 17 (2018), pp. 335-360.

Puyol, «La hija de Ada Martí», Solidaridad Obrera (Portavoz de la CNT Española en el Exilio), año XVII, núm 836 (30 de marzo de 1961), pp. 4 y 2.

Milan Rátkovic, La légende des bouquinistes de Paris, París, L’Age d’Homme, 2000.

Ignacio C. Soriano Jiménez, «Semblanza de La Novela Ideal (1925- 1938)». En Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes – Portal Editores y Editoriales Iberoamericanos (siglos XIX-XXI) – EDI-RED, 2016.