Primeros topetazos de la Editorial ZYX con la censura franquista (1963-1969)

Las relaciones en los años sesenta entre la censura franquista y la Editorial ZYX, nacida del entorno de la HOAC (Hermandad Obrera de Acción Católica, creada en 1946), guarda algunos puntos de contacto con las que tuvieron en esos mismos años las catalanas Nova Terra, Fontanella, Edima o en cierta medida Edicions 62, consistente sobre todo en estrangularlas económicamente sirviéndose de la conocida como ley Fraga, considerada a veces menos severa que la vigente hasta entonces (de 1938; es decir, durante la guerra civil) pero seguía cumpliendo el cometido de anular o atenuar el posible efecto de las editoriales progresistas.

Manuel Fraga (sin uniforme) y el dictador.

Como es bien sabido, la novedad más importante que introducía la ley Fraga fue la opcionalidad de presentar las obras a censura previa, salvo si la editorial que pretendía publicarlas carecía de número de registro (como fue el caso de 62, por ejemplo), y poderse arriesgar así a poner en circulación lo que quisieran y, una vez en la calle, sobre todo si se producía alguna denuncia, ver la edición secuestrada y, por lo general, la editorial multada.

La ZYX empieza a gestarse en el verano de 1963 en Segovia por iniciativa de algunos sacerdotes y obreros procedentes de la HOAC (Luis Capilla, Julián Gómez del Castillo, Tomás Malagón, etc., que reclutan enseguida a Guillermo Rovirosa como presidente) y se constituye como una cooperativa en la que participan casi trescientos socios, si bien no se inscribe en el Registro Mercantil hasta marzo de 1964. Mª del Mar Araus y Ana Sánchez resumieron con mucha claridad cómo se creó la empresa:

La editorial ZYX se constituye con algo menos de 300 personas, unas 180 de las cuales provenía de la HOAC. Sostiene la editorial la aportación de 1.000 pts. que hacía cada uno de los socios, a los que unía su suscripción al libro de la colección «Lee y discute», serie roja, que valía 20 pts. y se editaba mensualmente. Otros socios además se hacían voluntariamente paqueteros. Serían considerados como suscriptores los que lo eran de los «Cuadernos Copin» (Cooperativismo Integral). El capital inicial de la editorial ZYX fue de 300.000 pesetas, fruto de muchas pequeñas aportaciones.

Antes de marzo de 1964, sin embargo, ya habían puesto manos a la obra e incluso es posible que esa inscripción no se hiciese hasta que fue inevitable, pues en enero de ese año ZYX ya presentó a censura el libro Hijos d’algo e hijos d’hambre, del obrero asturiano Jacinto Martín Maestre (quien acababa de publicar en la editorial Euramérica La lucha obrera). El informe censorio fue negativo, calificaba la obra de «mitinera y panfletaria» y en febrero la obra fue denegada si no se hacían algunos cambios en el texto y, sobre todo, si no se le cambiaba el título. Así se hizo, con el consiguiente entorpecimiento de lo que hubiera sido el normal parto de la editorial, y el libro se publicó finalmente en junio de 1964 como Juventudes de hoy.

No obstante, parece evidente que, mientras tanto, estuvieron trabajando en el que resultó ser el primer libro publicado, ¿De quién es la empresa?, del mencionado militante obrero cristiano e inventor Guillermo Roviosa (1897-1964). Pero tampoco en esto tuvieron suerte, pues el autor murió sólo cuatro días después de la presentación del libro, del que por otra parte llegaron a venderse veinte mil ejemplares (en varias ediciones). Al margen de los ejemplares que se empaquetaban y remitían a los socios suscriptores (unos 4.500), las ventas se hacían directamente, a las puertas de los centros de trabajo, en la universidad, en puestos más o menos estables en la calle con motivo de cualquier mercado, festividad o similar.

Enseguida toma ZYX un muy notable ritmo de producción, que supera los cuarenta títulos anuales y se estructura en cuatro colecciones: Lee y Discute (con una serie roja y otra verde, y que fue quizá la más popular), Promoción del Pueblo, Se hace camino al Andar y Pueblo de Dios. En cuanto a su orientación, Pedro Rújula López ha escrito que:

intentó proponer lecturas que ponían en cuestión la ortodoxia cultural del Régimen. Lo hizo en una doble dirección: mirando a la historia y analizando el presente. Entre sus títulos aparecen los que analizan las revoluciones del pasado […], las Intenacionales obreras, el anarquismo o el socialismo, con especial atención a la dimensión española de este fenómeno […] En cuanto al análisis del presente, el panorama de temas tratados fue muy amplio, desde el mundo obrero y sindical […] hasta la economía […], la sociedad […] o la religión.

Valgan como ejemplo del ya previsible choque con la censura española de esos años algunos de los primeros títulos: Desarrollo sindicalista (1964), de José Luis Rubio; La Iglesia y la pobreza, de Alfredo Ancel; Historia del movimiento obrero (1965) de Édouard Dolléans, Las clases sociales. Qué son y qué significan (1965), de Eduardo Obregón; el colectivo Derecho de huelga (1965); Sistemas de educación [no «de ecuación», como transcribe Rújula] de los seminarios (1965), de José María de Lachaga; Pensamiento político de Mounier, de François Goguel y Jean-Marie Domenach, El marxismo, de Henri Harvon; Problemas fundamentales de la agricultura española (1966) y Los monopolios en España (1968), ambos de Ramón Tamames; Democracia. Exigencia y condición de la dignidad humana, de Eduardo Obregón y prologada por el miembro de la Real Academia de la Historia (y esposo de la escritora Elena Quiroga) Dalmiro de la Válgama; Historia del movimiento obrero español (1967), de Diego Abad de Santillán, Introducción a Cuba (1968), de Andrés Sorel…

A principios de los años sesenta, era imposible que una iniciativa semejante del cristianismo obrero pudiera eludir la presión censora, y menos habiendo creado una red de distribución tan heterodoxa y difícil de controlar por las autoridades.

La llegada de la conocida popularmente como Ley Fraga, que descargaba de trabajo a unos lectores de censura sobreexplotados, implicaba la necesidad de obtener de todas las editoriales un número de registro previo informe acerca de quién estaba detrás de la empresa y cuáles eran sus objetivos editoriales, y esa argucia sirvió no sólo para denegarlo, sino además en muchos casos para que se produjera un silencio administrativo que aumentaba considerablemente el riesgo para quienes, sin número de registro, se atrevieran a publicar. En el caso de ZYX, según explica Carmen Menchero de los Ríos, fue «[m]uy beligerante, siguió la táctica de eludir cualquier filtro previo, recibiendo en contrapartida continuas denegaciones que asfixiaban su viabilidad económica como empresa». Es decir, presentaban los libros directamente a depósito, sin haber presentado previamente los textos por lo que eufemísticamente se llamaba «consulta voluntaria». Eso supuso el secuestro de cuatro de sus títulos y el silencio administrativo a todas las obras que publicaban, que quedaban así expuestas a la denuncia de cualquier lector furibundo o simplemente discrepante con sus planteamientos.

Aun así, y estando ya vigente la ley Fraga, siguieron con su plan de publicaciones, hasta que en noviembre de 1968, alegando que carecían de número de registro, se obligó a la editorial a presentar todos los textos a consulta previa. El Estado de Excepción de 1969, decretado el 24 de enero para, según el propio Fraga, «luchar contra las acciones minoritarias sistemáticamente dirigidas a alterar la paz […] y a arrastrar a la juventud a una orgía de nihilismo y anarquía», sólo empeoró la situación, pues a partir de ese momento el Ministerio de Información y Turismo impidió sistemáticamente cualquier publicación de ZYX, lo que obliga a la editorial a mantenerse inactiva como editorial durante trece meses con toda su inversión paralizada, si bien se reconvierte en distribuidora de fondos de otras editoriales.

Según el muy completo estudio que Mª del Mar Araus y Ana Sánchez dedicaron a la trayectoria de ZYX, esto supone la «auténtica ruptura o desaparición de la editorial tal y como fue concebida y desarrollada en sus orígenes, fundamentalmente por la politización de la misma, entendida el sentido de la priorización de la tarea política (en la línea de los partidos políticos) sobre la labor apostólica con la que nació», si bien a finales de 1969  consiguió inscribirse de nuevo en el registro (con nuevos promotores, entre los que se encontraba , manteniendo las mismas colecciones y poco después se remozaría en la Editorial Zero-Zyx. En 1974 se produciría una primera escisión debida a disputas sobre el componente político de la editorial y, ya en 1980, por suspensión de pagos, la desaparición por completo del proyecto.

Fuentes:

Blog de Zero-ZYX, aquí.

Carmen Menchero de los Ríos, «Editoriales disidentes y el libro político», en Jesús A. Martínez Martín, dir., Historia de la edición en España 1939-1975, Madrid, Marcial Pons, 2015, pp.809-834.

José Miguel Oriol, 30 años de Encuentro. Memoria de una aventura editorial, Madrid, Ediciones Encuentro, 2008.

Francisco Rojas Claros, «Poder, disidencia editorial y cambio cultural en España durante los años 60» Pasado y Memoria. Revista de Historia Contemporánea, núm. 5 (2006), pp. 59-80

Francisco Rojas Clarós, Dirigismo cultural y disidencia editorial en España (1962-1973), San Vicent del Raspeig, Publicacions Universitat d’Alacant, 2013.

Pedro Rújula López, «El ensayo y los libros en ciencias sociales», en Jesús A. Martínez Martín, dir., Historia de la edición en España 1939-1975, Madrid, Marcial Pons, 2015, pp. 783-808.

Marta Simó, «Conciencia democrática e industria editorial en los primeros años de la Transición española: la Biblioteca de divulgación política», en Amnis. Revue de civilisation contemporaine Europes/Amériques, n.º 14 (2015).

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