La Biblioteca Fina Filipina y la editorial que (literalmente) se hundió

La reciente publicación del epistolario entre el tipógrafo y editor Anselm Mas Campalans (1890-1947) y su hermana Gertrudis (1898-1973) ha permitido, inesperadamente, conocer algunos aspectos acerca de una de las iniciativas editoriales más asombrosas del siglo xx, la suntuosa Biblioteca Fina Filipina, de la que hasta la fecha apenas se conocían algunos detalles dispersos e imprecisos (cuando no meras suposiciones e intuiciones).

Acaso la única fotografía existente de Anselm Mas Campalans adulto (si realmente es él).

Todo parece indicar que el primer contacto de Anselm Mas con el mundo de la imprenta se produjo a raíz de un escándalo que supuso también un descalabro familiar, cuando a los cuarenta y cuatro años (en 1934) Anselm perdió su condición de párroco en Sant Antoni de Calonge por motivos difíciles de dilucidar con la información disponible, pero que acaso tengan que ver, ni que sea remotamente, con la revolución de Asturias de aquel año. Al parecer, decidió entonces romper toda relación con su familia, profundamente conservadora (enriquecida con el negocio del corcho), y trasladarse de su Sant Antoni natal a Sant Feliu de Guíxols; a partir de ese momento sólo mantuvo relación epistolar con la menor de sus hermanas, si bien dada la escasa distancia entre estas dos poblaciones no es descartable que se vieran ocasionalmente.

En los años sucesivos, los sólidos conocimientos lingüísticos, artísticos y literarios de Anselm Mas le permitieron cuanto menos subsistir con colaboraciones y trabajos diversos en los periódicos y revistas de la comarca del Baix Empordà, y al parecer, aunque empleando algunos seudónimos, llegó incluso a publicar textos propios que aún están por identificar en publicaciones como Acción Social Obrera, semanario de Sant Feliu de Guíxols adherido a la CNT, Fulla sardanística, La Costa Brava y Programa también de Sant Feliu; Baix Empordà, de Palafrugell, e incluso Cap Aspre y Recull, de Calella, muy probablemente entre otros muchos; además, es posible que contribuyera a su sustento el puesto de primer clarinete en la Cobla Orquestra La Principal Calongina. Fue también en estos años (1934-1936) cuando empezó a destacar como uno de los correctores y tipógrafos más preparados y eficientes de la provincia de Girona, así como uno de los oradores más activos del sindicalismo de izquierdas de las artes gráficas en el Baix Empordà, si bien no hay constancia documental de su filiación ni militancia política.

En sus memorias sobre la guerra civil, el sindicalista Hipòlit Navarro menciona a Anselm Mas como uno de los compañeros del POUM (Partit Obrer d’Unificació Marxista) con los que durante las primeras semanas de la guerra compartió trinchera en el frente de Aragón, si bien siempre se ha puesto en duda que Mas militara en este partido, pues sus amistades conocidas se encuentran más bien en la órbita de algunos grupúsculos anarquistas.

De hecho, poco o nada se sabe de la actividad de Anselm Mas durante la guerra ni del azaroso trayecto que al fin de la misma le llevó a establecerse en Tuguegarao (Filipinas), si bien es probable que en 1937 colaborara como corrector en el periódico barcelonés Amic (dirigido por Josep Janés i Olivé) y, según menciona en su epistolario con su hermana, el tortuoso camino del exilio le llevó a recalar brevemente en Praga y Chisináu, antes de llegar a las islas Filipinas.

Según los archivos desclasificados de la CIA, la embajada estadounidense en la capital filipina sospechaba vagamente que Mas Campalans (que se había hecho relativamente conocido como traductor de diversas lenguas al español), llevaba a cabo labores de espionaje o bien de contrabando, pero el caso es que durante la guerra mundial vivía en Filipinas mucho más holgadamente que hasta entonces, si bien sin ostentaciones y sin apenas vida social.

Uno de los valores principales del mencionado epistolario es que permite fechar con cierta precisión el proyecto de la Biblioteca Fina, que coincide casi exactamente con el fin de la segunda guerra mundial, un momento que, según la profesora Rocío Ortuño:

marcó una nueva era en la historia de la publicación en Filipinas. Durante la ocupación japonesa (1942-1945) solo aparecieron siete nuevos títulos. La situación mejoró algo tras la Guerra para la publicación de libros en inglés y en tagalo —aunque el mercado del libro seguía dependiendo sobre todo de la importación de títulos extranjeros—, pero no así para la literatura en español que quedaría prácticamente desterrada del archipiélago asiático.

Aun así, escribe Anselm a su hermana: «Esta idea alocada [o irreflexiva: esbojarrada en el original] y fascinante empieza ya a tomar cuerpo, y aunque soy consciente de que no me reportará fama ni dinero por lo menos me está proporcionando grandes satisfacciones intelectuales». Cabe la posibilidad de que contara con la ayuda del sevillano Manuel López Flores, que en 1948 fundaría la Editorial Hispano-Filipina, pero en realidad nada se sabe de los colaboradores con que pudo contar Anselm Mas para poner en pie el proyecto, si bien en una carta fechada en marzo de 1946 menciona a «els meus camàlics», que tanto puede aludir a mozos de los recados o porteadores como, despectivamente, a cualquier tipo de empleado.

Tuguegarao City.

De esta lujosa y esmeradamente diseñada biblioteca eran conocidos ya los tres primeros títulos que acaso tradujo, imprimió y encuadernó personalmente Anselm Mas, aunque también es posible que encargara algunas de las fases del proceso a Celestino Miralles, que desde finales del siglo XIX regentaba en la calle de la Escolta de Cebú un taller e imprenta conocido como La Catalana. Se trata, ciertamente, de títulos en apariencia muy poco comerciales y escasamente conocidos, pero parece evidente que debieron de ser libros de precio muy alto porque, más allá de algún bibliógrafo de la zona, Mas Campalans era muy consciente de que sólo podría distribuirlos en España o en América, lo que implicaba, necesariamente, exportarlos por vía marítima.

El epistolario recientemente sacado a la luz permite además conocer algunos detalles de estos volúmenes y los títulos que debían dar continuidad a la colección y que no pudieron publicarse. En un espacio relativamente reducido de tiempo, salieron de imprenta unas tiradas de aproximadamente doscientos ejemplares de traducciones al español de los siguientes libros:

-la obra teatral cercana al surrealismo Los enemigos, del apenas conocido escritor checo Jaromir Hladík (1890-1939) de quien, sin embargo, años más tarde Jorge Luis Borges rescataría y analizaría con detenimiento los dos volúmenes de su Vindicación de la eternidad (a la luz de su contemporaneidad con Kafka) en «El milagro secreto». Es evidente que la detención de Hladík por parte de la Gestapo en marzo de 1939 truncó definitivamente la fama de su obra, y el intento de Anselm Mas por revindicar la dramaturgia de este autor tampoco pudo tener ningún efecto.

Max Aub.

-El texto escatológico de no ficción De modo carcandi, de Pierre Tartareus, discípulo de Jean Scot y conocido sobre todo por su polémica con Mandeston acerca del modo correcto de pronunciar la palabra mihi. No parece que desde la edición lionesa en octavo de 1621 se hubiera reeditado en francés este texto, que en español seguía inédito.

-Un breve poemario de Iván M. Ivanov (1852-1910), amigo de Oscar Wilde, según anota Max Aub al recoger parte de su obra en Antología traducida, de quien, de estar publicada, lo más probable es que su obra permaneciera dispersa hasta entonces en publicaciones periódicas. Resulta interesante anotar que la traducción que Max Aub hizo de Ivanov no fue en sentido estricto la primera en español, y aunque es difícil que Aub conociera la de Anselm Mas no es del todo imposible porque, en cualquier caso, Max Aub fue quien más datos recabó sobre Ivanov:

Iván M. Ivánov (1852-1910). Nació en Moscú, estudió medicina en Berlín y Londres. Luego se dedicó a la pintura. Famoso porque fue amigo de Oscar Wilde. Regresó luego a Rusia donde se dedicó a pintar banqueros y terratenientes. Pasados los cincuenta años, en contra de la mayoría de los de su calaña, se convirtió en adorador del sexo contrario, con el que dilapidó su no corta fortuna. Murió en Odesa, de peste.

Sin embargo, resulta extraño que, al biografiar al pintor Jusep Torres Campalans, Aub ni siquiera mencione un posible parentesco de Anselm Mas con el célebre pintor.

En cualquier caso, ahora sabemos que el hundimiento del proyecto editorial de Anselm Mas dejó en algún estado de edición difícil de establecer por lo menos dos obras más:

-La traducción del tratado nigromántico Cultes de Goules, firmado como Conde de Erlette por François Honoré Balfour, que se había publicado parcialmente y de forma clandestina a principios del siglo XVIII y del que, como en los casos anteriores, no existía todavía una traducción al español (probablemente por efecto de la censura eclesiástica y su enorme peso en la historia de la edición en lengua española). Al parecer, los trabajos preliminares de esta edición, caso de haberlos, desaparecieron con la muerte de Anselm Mas.

-Otro poemario, en este caso de Robert Van Moore Dupuit (1856-1911), que tiene cierta fama de plagiario y a quien, en la misma antología ya citada Max Aub describe como «cojo, pequeño, feo». La presencia de dos autores coincidentes entre la Biblioteca Fina Filipina y la Antología traducida de Max Aub es un argumento, aunque no concluyente, para suponer que el escritor español exiliado en México conociera de alguna manera el trabajo llevado a cabo por Mas Campalans en Tuguegarao, pero a falta de una deseable investigación más a fondo es imposible afirmarlo con rotundidad.

Como ya registró en su momento Álvaro López Ugarte, es incluso posible que no haya sobrevivido ningún ejemplar de estas ediciones, pues el carguero de bandera portuguesa Obra da Fe en el que se embarcó el grueso de la edición, con destino a México, se hundió en aguas internacionales y las pesquisas de López Ugarte para hallar algún ejemplar en Filipinas se vieron dificultadas por el suicidio poco tiempo después de Mas Campalans (que es aventurado atribuir exclusivamente a las pérdidas económicas de su proyecto editorial, pues sus cartas ponen de manifiesto que no esperaba ganar dinero con la Fina Filipina; sin atreverse a ser muy explícito, López Ugarte alude a una tormentosa relación sentimental non sancta como posible causa del suicidio).

En cualquier caso, el editor menciona en una carta a su hermana su intención de mandarle un poemario y una obra teatral de esta colección en cuanto salgan de imprenta «que tal vez te gustarán y te permitirán ver el fruto de mis años de trabajo por estos andurriales» (cabe deducir que se trataría del poemario de Ivanov y de Los enemigos). En caso de que hubiera llegado a producirse este envío —casi perdida por completo la esperanza de que se hallen ejemplares en Filipinas—, no es descartable que aparezca uno de los ejemplares de esta exquisita colección en alguna biblioteca holandesa, pues, según consigna Araceli Villalba, Gertrudis Mas Campalans residió hasta el fin de su vida en un pueblecito cercano a Ámsterdam desde el momento en que se casó con un empresario viudo que solía veranear en Calella de Palafrugell. Habrá, pues, que seguir investigando.

Fuentes:

Pilar Barrenechea Capdevila, «El sindicalisme i el sector de les arts gràfiques al Baix Empordà en els anys trenta», en Artur Masoliver i Balart, Mireia Cots Perarnau i Maria Aurèlia Sanllehí, eds., I Congrés d’Historia dels Moviments Socials a les Comarques Gironines durant la Segona República, Sant Esteve de La Fosca, Edicions de la Regiduria de Turisme, Cultura, Esports i Patafísica de l’Ajuntament d’Ultramorts, 1978, pp. 323-375.

Kenneth Day, ed., Book Typography, 1815-1965, Londres, Ernest Benn, 1966.

Freedom of Information Act. Electronic Reading Room (Central Inteligence Agency).

Fernando Larraz, Editores y editoriales del exilio republicano de 1939, Sevilla, Renacimiento-Gexel (Biblioteca del Exilio. Anejo 36), 2018.

Álvaro López Ugarte, La labor cultural de los exiliados republicanos españoles de 1939 diseminados por Samoa, Filipinas, Tahití y otras islas del océano Pacífico, Nagassaki, Publicaciones de la Legación Diplomática Española en Japón-Consejo Superior de Investigaciones Aisladas, 1987.

Àlex Milian, «La petjada catalana a les Filipines», El Temps, 29 de març de 2021.

Hipòlit Navarro, Els meus anys de glòria. Del contraband a la Costa Brava a l’estraperlo a Barcelona., Palamós, Edicions del Castellet, 1979.

Rocío Ortuño Casanova, «La edición en Filipinas», Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes – Portal Editores y Editoriales Iberoamericanos (siglos XIX-XXI) – EDI-RED.

Elien Van Gehuchten, «Semblanza de Editorial Hispano-Filipina (Manila, 1948-1957)»,  Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes – Portal Editores y Editoriales Iberoamericanos (siglos XIX-XXI) – EDI-RED.

Araceli Villalba Triquell, «L’epistolari d’un capellà de Sant Antoni a l’exili. Els germans Anselm i Gertrudis Mas Campalans», La Terrassa del Bel Air (Palamós), núm. 66 (septiembre de 2021), pp. 5-65.

Un pensamiento en “La Biblioteca Fina Filipina y la editorial que (literalmente) se hundió

  1. He llegit el seu article sobre Mas Campalans, molt interesant com atots els seus, i m’he trobat al clicar alguns enllaços que em dirigeixen a https://www.keepcalmandposters.com/poster/6030233_keep_calm_its_a_joke
    Que evidentment no es la seva intenció.
    Tot escrivint , ara me’n refaig que potser si que ho es, i potser tots es una broma com podria indicar la referència a Max Aub a Borgesi la quasi imprescindible en el blog a Josep Janes.

    En resum e picat com un babau, Felicitats
    Rafel Hernandez

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