La Avispa, una librería y editorial al servicio del arte dramático

Como en tantos otros casos de editoriales pequeñas y caracterizadas por procesos de producción más o menos artesanales, la editorial La Avispa nace en el seno de una librería, así que se hace indispensable empezar su historia por ahí. Abierta en septiembre de 1979, la primera ubicación de esta iniciativa fue un pequeño local de apenas 9 metros cuadrados en la calle madrileña Gravina, cerca del Teatro Infanta Isabel. Es probable que el nombre procediera de una publicación homónima que se publicó entre 1888 y 1891, un semanario satírico ilustrado con dibujos litografiados que se ha definido como combativo con «el flamenquismo y la chulapería» y entre cuyos colaboradores se contaban el dramaturgo y poeta Gonzalo Cantó (1859-1931), el humorista Juan Pérez Zúñiga (1860-1938), el dramaturgo Celso Lucio (1865-1915) y el periodista y poeta Manuel Paso (1860-1901), entre otros.

Al frente del proyecto de La Avispa estaban la dramaturga de origen cordobés Julia García Verdugo como directora cultural y su marido Joaquín Solanas como director comercial, y si bien inicialmente fue una librería general, no tardó en decantarse hacia las publicaciones relacionadas con el teatro. Apenas dos años después de su apertura, se trasladó a un espacio mucho mayor en el número 30 de la calle San Mateo, que les permitió organizar actos, encuentros y debates públicos, y que según lo recuerda Phyllis Zatlin:

Uno de los peores sitios en lo que a humo se refiere era también uno de mis lugares madrileños favoritos, un auténtico hogar lejos del hogar: la librería de teatro La Avispa […],  un lugar de encuentro para autores, actores y demás gente de la farándula, así como para críticos y especialistas. […] Su colección de libros, revistas y guiones no publicados era excepcional, y Julia y Joaquín daban la impresión de haberlos leído todos.

Entre los rasgos que caracterizan a la librería, y antecedente quizás de su paso a editorial, está la distribución de copias mecanuscritas o incluso fotocopiadas de obras de autores principiantes que se dejaban caer por La Avispa, así como la posibilidad que ofrecían de fotocopiar algunas obras de difícil acceso a las que algunos clientes no podían acceder debido a su precio.

Como evolución lógica del proyecto, la editorial La Avispa nace en 1982, con Julia García Verdugo como editora, Joaquín Solanas como director y la incorporación de Charo Llanas (al cargo de nuevas colecciones) y María Rosa García como administrativa. Además de publicaciones destinadas a la docencia y el estudio de la historia teatral, con una enorme diversidad de colecciones, destaca sobre todo en La Avispa la Colección Teatro, que cuenta con un número 0 a cargo del autor (Sois como niños, de Alberto Miralles), pero cuyo primer número es una de las obras de mayor y más prolongado éxito de esos años, La estanquera de Vallecas (1982), de José Luis Alonso de Santos. El diseño gráfico de la colección se debe al dramaturgo, director y escenógrafo Jesús Campos García, ganador en 1974 del Premio Lope de Vega con 7000 gallinas y un camello, que fue la primera obra que se publicó en La Avispa-Teatro en 1983 (como número 2 de la colección).

La colección, en cuanto a números publicados, empezó con muy buen ritmo, con seis títulos a lo largo del primer año completo y entre ellos títulos de Luis Riaza (1925-2017), José Ricardo Morales (1915-2016) y Concha Romero (n. 1945), pero la producción se ralentizó mucho al año siguiente, con sólo dos títulos: como octavo número, El jardín de nuestra infancia, de Alberto Miralles (1940-2004), que ese año fue galardonada con el Premio Rojas Zorrilla, y, como noveno, el drama histórico Yo, Martín Lutero, de Ricardo López Aranda (1934-1996), que pese a haber sido escrito en 1963, su estreno había sido prohibido por la censura tanto en 1967 como en 1968, y hasta ese mismo año no pudo ser objeto de una lectura escenificada (en la Casa de Cantabria de Madrid).

No obstante, la colección parece reanimarse en 1985, cuando los volúmenes publicados ascienden a ocho, iniciándose el año con la obra con la que Domingo Miras (n. 1934) obtuvo el Premio Tirso de Molina, Las alumbradas de Encarnación Benita, y seguida del volumen Tiempos muertos, de Jerónimo López Mozo (n. 1942), que reúne «cinco obras fuera de formato»: Viernes, 29 de julio de 1983, La maleta de X, La viruela de la humanidad, Sociedad Limitada, S.A. y El adiós sin ceremonia y las ceremonias del adiós. Pueden llamar la atención, entre los títulos publicados ese año, la versión de Andrés Amorós del Don Juan Tenorio, de José Zorrilla (1817-1893), y la que se tiene por la primera obra de tema judío escrita en español después de quinientos años, Los conversos, del hispanoargentino Solly Wolodarsky, de cuyo estreno en el Ateneo de Madrid se ocuparon activamente, como hicieron en otros casos, los mismos editores.

Sin embargo, pese al enorme despliegue de actividad, la colección avanzaba a trompicones, y en los años siguientes la producción fue más irregular y careció de éxitos del calibre de La estanquera de Vallecas, entre otros motivos posibles porque, además de las publicaciones periódicas sobre teatro por entonces aún activas que pubilcaban textos dramáticos (como Pipirijaina o Primer Acto), el panorama de la edición de teatro en España era todavía bastante dinámico –pese a la desaparición de colecciones emblemáticas como El Mirlo Blanco de Taurus o Voz Imagen de Aymá– y los dramaturgos disponían de varias opciones a la hora de intentar publicar sus textos.

Otro de los problemas a los que, del mismo modo que otras iniciativas parecidas, se enfrentaba La Avispa fue el de la distribución de un tipo de libros de ventas raramente espectaculares y circunscritas al lector interesado y/o fiel, y en este sentido se fiaba en buena medida a los pedidos directos a la librería, si bien contaba también como distribuidores con librerías como la Abrante en Vigo o la barcelonesa Millá. Eso explica también que desde la librería, activísimo punto de encuentro de los profesionales del teatro, se crearan y distribuyeran periódicamente catálogos con las obras disponibles, tanto nacionales como extranjeras y tanto nuevas como antiguas y descatalogadas.

Por otra parte, a principio de los años noventa empezaron a diversificarse las propias series de textos teatrales en La Avispa, con colecciones como El Ojo de la Avispa y La Avispa Universal, por ejemplo, y el proyecto empezó a finales de la década a dar síntomas de agotamiento, hasta el punto que a inicios de la siguiente, pese a publicar aún algunos títulos, tanto la editorial como la librería (que había sido sede tanto de la Asociacion de Directores de Escena como de la Asociación Española de Dramaturgas) se vieron abocadas a tirar la toalla y poco tiempo después de jubilarse sus promotores iniciales.

En el otoño de 2004 los impulsores de La Avispa fueron objeto de un muy merecido y oportuno homenaje con motivo de la inauguración de lo que era su heredera natural, Ñaque, que se instaló en la misma sede y se desdoblaba también en editorial, además de en revista, blog, etc., siempre con el teatro y la literatura dramática como tema principal.

Los impresionantes fondos de libros de y sobre teatro tanto antiguo como moderno de La Avispa se dispersaron entonces, si bien el grueso de los mismos fueron a parar a la biblioteca del Teatro Principal de Burgos (unos seis mil cuatrocientos volúmenes) y sobre todo a la Biblioteca Regional de Murcia (más de ocho mil volúmenes).

Anexo. Las primeros veintinún títulos de la colección.

0. Alberto Miralles, Sois como niños

  1. Alonso de Santos, La estanquera de Vallecas (1982)
  2. Jesús Campos García, 7000 gallinas y un camello (1983)
  3. Miguel Medina Vicario, Claves de vacío, El camerino (1983)
  4. Luis Riaza, Antígona… ¡Cerda! Mazurka. Epílogo (1983)
  5. José Ricardo Morales, Teatro en Libertad (La Imagen. Este jefe no le tiene miedo al gato. Nuestro norte es el Sur) (1983)
  6. Concha Romero, Un olor a ámbar (1983)
  7. Fernando Martín Iniesta, Quemados sin arder, No hemos perdido aún este crepúsculo (1983)
  8. Alberto Miralles, El jardín de nuestra infancia (1984)
  9. Ricardo López Aranda, Yo, Martín Lutero (1984)
  10. Domingo Miras, Las alumbradas de la Encarnación Benita (1985)
  11. Jerónimo López Mozo, Tiempos muertos (1985)
  12. José Zorrilla, Don Juan Tenorio (versión de Andrés Amorós) (1985)
  13. Solly Wolodarsky, Los conversos (1985)
  14. Sebastián Junyent, Hay que deshacer la casa (1985)
  15. Manuel Rodríguez Díaz, Convidados a vivir (1985)
  16. Francisco Benítez, Melodrama verídico de Burri de Carga. Farsa inmortal del anís Machaquito (1985)
  17. Jesús Ríosalido, Función de límites. Movimiento uniformemente acelerado. Órbitas (1985)
  18. José María Bastús Márquez, El banquero y el teatro (1986)
  19. Francisco Benítez, Joaquín Muñoz en casa de las máscaras (1986)
  20. Sebastián Junyent, Señora de (1986)

 

Fuentes:

Julia García Verdugo, «El tearto en España a través de sus colecciones teatrales», Estreno, vol. XIX, núm. 2 (Otoño de 1993), pp. 2-3.

Manuel Gómez García, Diccionario Akal de Teatro, Madrid, Akal, 1998.

Adelardo Méndez, «La Avispa. El ecosistema mágico de una librería de artes escénicas» (vídeo), Retrologando, 20 de enero de 2020.

Mariano de Paco, «Las ediciones teatrales desde 1939», Las Puertas del Drama, núm. 41 (2017).

Mariano de Paco, «El teatro español en los años de la transición», Las Puertas del Drama, núm 51 (2018).

Phyllis Zatlin, Escritores en el recuerdo. Memorias de amistades en España y Francia, traducción de José Sánchez Compañy, Sitges, Editores del Desastre, 2018.

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