Los orígenes (y lo que no se ve) de Páginas de Espuma

Cuando el proyecto apenas contaba tres años, Juan Casamayor, álma mater con Encarnación Molina de la editorial Páginas de Espuma, publicó un breve texto marcadamente cartesiano titulado «Tengo una impresión, luego edito» donde contaba con qué bagaje y con qué armas se lanzó a la aventura, y en el que queda claro que cuando se decidió a crear lo que empezó siendo una empresita muy hogareña había hecho ya todo un aprendizaje acerca del mundo en que aun así decidió meterse.

Partiendo de mis impresiones surgió la idea; partiendo del entorno con el que convivo, surgió la iniciativa, estimulante, preciosa y terrible, de re-inventar un sello editorial. Y mi experiencia en este sentido es similar a la de otros editores que conozco, que se embarcaron en el nacimiento y materialización de su idea editorial a partir de sus impresiones: algunos de ellos desde la prosperidad intelectual del medio, desde la creación literaria o desde la librera, como es el caso, para mí muy cercamos, de Cristina Vizcaíno desde la combativa Cultar a su participación en Editorial Fundamentos en los madrileños años sesenta, o de Delfín Seral, desde… siempre a su preciosa Clan Editorial. Es decir, uno fue lector, corrector, feriante en Madrid o en Fráncfurt… antes que editor independiente; conocedor del medio antes que partícipe con plenitud del mismo.

Encarnación Molina y Juan Casamayor.

No puede decirse que los referentes elegidos por entonces por Casamayor, ambos de estirpe aragonesa, carecieran de abolengo. En el caso de Cristina Vizcaíno Auger, en 1970 formó con su marido Juan Serraller Ibáñez y la madre de éste, Juana Ibáñez Ajuria, el trío fundador de la mencionada Editorial Fundamentos, y en ella se ocupó con Juan Serraller de trazar la línea editorial y del departamento de producción de una empresa que desde su aparición —con un catálogo en el que abundaban los textos de raigambre marxista y underground— tuvo a la censura franquista pisándole (o más bien pisoteándole) los talones. Poco se recuerda también que a un autor tan difícil de vender como Thomas Pynchon lo introdujo en España Fundamentos, a sugerencia del poeta Julián Ríos, en la colección Espiral que este último dirigía. Más tarde, Vizcaíno fundaría una agencia literaria, pero encontraría también tiempo traducir el ensayo de Philippe Sollers Sade. Sade en el Tiempo. Sade contra el Ser Supremo, que en España publicó Páginas de Espuma.

Por lo que se refiere a Serafín Seral Aranda, hijo del escritor, galerista y editor vanguardista Tomás Seral (1908-1975), se formó en la librería que en 1945 había establecido en Madrid su padre, Clan, que como sello editorial había publicado, entre muchos otros libros interesantes, Cuentos de fin de año (1947), de Ramón Gómez de la Serna (1888-1963), Las palmeras de cartón (1948), de Ángel Antonio Mingote (1919-2012), Julio Ramis. Pintura (1948), de Paul Bowles (1910-1999), Maruja Mallo. Arquitecturas (1948), de Jean Cassou (1897-1986), Violento idílico, de Miguel Labordeta (1921-1969) y Mundo a solas (1950) de Vicente Aleixandre (1898-1984), galardonado como el Libro Mejor Editado en ese año. Delfín Seral dio continuidad a la editorial Clan, y cualquier aficionado a los libros recordará sin duda sus ediciones de El Manual del dorado de libros (2000), de José Vicente Torrente Secorún o La encuadernación japonesa (2011), de Kojiro Ikegami, en traducción de Eduardo Giménez Burgos, o los preciosos libros ilustrados y con diseños de cubierta de Marina de Arespacochaba.

En una entrevista en 2017, además de señalar que de Delfín Seral –a quien describe como «un experto en la artesanía del libro»– aprendió «el mimo de los libros», Casamayor añadió algunos otros editores que en algún aspecto le sirvieron como modelos y que resultan quizá un poco menos sorprendentes para quien hubiera seguido la trayectoria de Páginas de Espuma en los quince años transcurridos desde la publicación de «Tengo una impresión, luego edito»: Lengua de Trapo, Jacobo Siruela, Jorge Herralde y Gustavo Guerrero.

Nacida en los prolegómenos de una oleada de pequeñas editoriales españolas, a la altura de 2017 Páginas de Espuma se había asentado sobradamente como la gran editorial independiente en el género del cuento, no ya solo en el ámbito hispano sino a nivel internacional, porque costaría encontrar otro ejemplo tan intensa y claramente comprometido con el género narrativo breve, e incluso hiperbreve, como este del que es la cara visible Juan Casamayor. Eso a veces relega a la sombra el hecho de que el primer libro que publicaron fuera Escritos, del cineasta aragonés Luis Buñuel (editados por Manuel López Villegas), en el que se ponía ya de manifiesto el peso invisible de Encarnación Molina, gran aficionada al cine.

Esa misma identificación entre Páginas de Espuma y el libro de cuentos resta visibilidad también a otra colección tan importante como la dedicada al ensayo, en la que se publicó la que probablemente será la biografía canónica del escritor aragonés Ramón J- Sender durante muchos años (obra de Jesús Vived Mayral), pero en la que destacan asimismo varios títulos de autores como Eugene Ionesco, Robert Louis Stevenson, Julian Marías o Eugène Ionesco y obras críticas de referencia como Tras los límites de lo real. Una definición de lo fantástico, de David Roas, Cuentos y cuentistas. El canon del cuento, de Harold Bloom, El arquero inmóvil. Nuevas poéticas del cuento, editado por Eduardo Becerra, o Soplando vidrio y otros ensayos sobre el microrrelato español, de Fernando Valls.

Desde luego que Páginas de Espuma es indiscutiblemente la gran editorial del cuento en el ámbito de la edición en lengua española. Pero no sólo eso, cosa que vieron antes en la mexicana Feria Internacional del Libro de Guadalajara (que la distinguió con el Homenaje al Mérito Editorial en 2017) que el Ministerio de Cultura y Deporte Español (que la galardonó con el Premio a la Mejor Labor Editorial Cultural en 2019).

Fuentes:

Je suis de la Martinique, «Thomas Pynchon: el novelista que sabe lo que está pasando», Los madrugones del MK, 16 de diciembre de 2017.

Juan Casamayor, «Tengo una impresión, luego edito», Quimera, núm. 223 (diciembre de 2002), pp. 14-17.

Sonia Fernández, «Aires nuevos en el sector editorial», La Vanguardia, 23 de febrero de 2001, pp. 8-9.

Daniel Gascón, «El editor debe estar comprometido con la literatura de su tiempo», Letras Libres, 14 de noviembre de 2017, pp. 58-59.

Fernando Palmero, «Los otros editores. Páginas de Espuma» (entrevista a Juan Casamayor y Encarnación Molina), Leer (abril de 2005), pp. 30-33.

Ramón Tena Fernández, «Reacciones de la Editorial Fundamentos ante la censura franquista: entrevista a Cristina Vizcaíno Auger», Revista Chilena de Literatura, núm. 98 (noviembre de 2018), pp. 383-394.

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