Hernán del Solar y Francesc Trabal, editores en Chile

En el Arxiu Històric de Sabadell, que alberga fondos personales de los escritores, editores y principales integrantes del conocido como Grup se Sabadell Joan Oliver (1899-1986), Armand Obiols (Joan Prat i Esteve, 1901-1971) y Francesc Trabal (1899-1957), se conserva el acta fundacional de una peculiar iniciativa para publicar libros infantiles en la que figuran como accionistas, en primer lugar, Mario Olea Pizarro, subgerente de la editorial Zig Zag y que en aquel momento dirigía la Asociación Nacional de la Prensa (ANP) chilena, que contaba con treinta mil acciones. Junto a Olea, contribuyeron a la creación de esta editorial el por entonces senador por el Partido Liberal de Chile Gregorio Amunátegui Jordán (1901-1981), el ingeniero Pedro Poplekovic, el magnate de la prensa Agustín Edwards Budge (1899-1957), que en 1941 había heredado la flamante Empresa Periodística El Mercurio, el escritor, traductor y pujante editor de revistas Hernán del Solar (1901-1985) y un grupo de catalanes que habían recalado en Santiago de Chile como consecuencia del resultado de la guerra civil española: el empresario vinícola Pere Mir, Maria Trepat de Palou, Antoni Pi y Francesc Trabal, que se había formado como editor en su Sabadell natal en La Mirada y, ya en Chile, había puesto en pie con Oliver y Xavier Benguerel El Pi de les Tres Branques (de cuyo patronato formaba también parte Mir).

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Refugiados republicanos en el legendario “Winnipeg” a su llegada a Valparíso. Trabal llegó en el “Florida” en enero de 1940.

El 6 de agosto de 1946, pues, nace oficialmente Rapa Nui, editorial destinada sobre todo al público infantil cuyos impulsores fueron de hecho Hernán del Solar y Francesc Trabal, que además de amigos eran vecinos y eran los únicos con el interés, la disponibilidad y la experiencia necesarias para llevar adelante el proyecto. El propio escritor chileno ha contado cómo esta idea acabó por convertirlo en uno de los más prolíficos y reputados autores de relatos para niños: «El compromiso era que varios narradores nacionales escribieran textos especiales, adecuados a la colección [Cuentos Maravillosos]. Los plazos vencieron uno tras otro. No llegaban originales. Y, bueno, tuve que escribirlos para ir cumpliendo».

Francesc Trabal de joven,

Para evitar que pudiera parecer una empresa unipersonal o destinada a dar salida a la obra de un único autor, se creó toda una constelación de seudónimos: Peter Kim, Gastón Colina, Oliverio Baker, Abelardo Troy, Ricardo Chevalier, Clivis Kerr, Juan Camerón, Aldo Blu, Walter Grandson y Bat Palmer (que fue con el que estrenó la colección con Rip el bucanero). Hasta tal punto fue prolífico en esta materia y en la inventiva con los seudónimos que incluso en alguna ocasión –en la Historia de la literatura infantil chilena Manuel Peña Muñoz, sin ir más lejos– se tomó por uno de sus seudónimos Stephen Clissold, nombre con el que se publicó en 1950 El hijo de Maltíncampo (adaptación de la crónica El cautiverio feliz y la razón de las guerras dilatadas del Reino de Chile (1673) de Francisco Núñez de Pineda y Bascuñán, que en ocasiones se ha postulado como la primera novela chilena) y El alicanto (1950). Sin embargo, en estos casos era cierto que, como se informaba en los créditos, Hernán del Solar, cuyo poliglotismo era bien conocido (francés, inglés, alemán, italiano, portugués y catalán) se ocupó sólo de traducir las obras en cuestión.

Maltincampo

Porque Stephen Clissold existió, era un diplomático y escritor británico que había servido en los Balcanes en los años cuarenta y que vivió entre 1913 y 1982. Lo más probable es que entablara relación con Hernán del Solar y Francesc Trabal en el British Council, donde trabajaba, pues en otro documento rescatado por Julià Guillamon del archivo antes mencionado, que con el título «Proposición para la expansión del libro británico en Chile» firman Trabal y Del Solar ese mismo junio de 1946 se señala:

Referencias nuestras pueden ser facilitadas por representantes del British Council en Chile, por el Departamento Británico de informaciones en Santiago, por la embajada de S.M. en Chile y por el Instituto Chileno-Británico.

Está por investigar si en esta «propuesta» se encuentra el germen de lo que acabaría siendo la distribuidora American Playbook, que a mediados de los años cincuenta actuó también como editorial, bajo la gerencia de Francesc Trabal, y puso su sello al pie de unos cuantos títulos importantes, entre los que destaca en 1954 una coedición con la bonaerense Publicaciones Universales para editar una carpeta con veintidós páginas de texto de Carlos Selva Andrade y seis láminas del reputado artista Axel Amuchástegui, con el título Pájaros de Norte América. A este seguirían al año siguiente y ya en Santiago de Chile los libros del novelista valenciano Vicente Blasco Ibáñez La barraca, Sangre y arena, Los muertos mandan y La catedral o los de Jack London El llamado de la selva y Aurora espléndida, todos ellos encuadrados en la colección Ciencia y Literatura.

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Vicente Blasco Ibáñez, Sangre y arena, Santiago de Chile, American Playbook-Editora Interamericana, junio de 1955.

Por su parte, Rapa Nui, en los cinco años que van de 1946 a 1951 publicó alrededor de una cincuentena de títulos, y aparte de los escritos por Hernán del Solar, consiguió incorporar a la poetisa Chela Reyes (María Zulema Reyes Valledor, 1904-1988), que publicó en Rapa Nui la Historia de una negrita Blanca (1950) y La tía Eulalia (1951); al gran novelista de origen vasco Mariano Latorre (1886-1955), que hacía dos años que había sido galardonado con el Premio Nacional de Literatura cuando en 1946 aparece en Rapa Nui El choroy de oro; al distinguido escritor y periodista Luis Durand (1895-1954), amigo de Latorre, que publicó en esta editorial su única incursión en la literatura infantil, Guauguau y sus amigos (1947), mientras dirigía la Revista Atenea; a la poetisa feminista Matilde Ladrón de Guevara (1910-2009), con Pórtico de Iberia (1951); al premiadísimo narrador criollista Lautaro Yankas (Manuel Soto Morales, 1902-1990), con El último Toqui (1950); a la prestigiosa dramaturga Isidora Aguirre (1921-2011), que firma para Rapa Nui Wai Kii (1948), una obra acerca de la cual dejó dicho:

Mucho antes de empezar a escribir obras de teatro escribí una novela para niños. La mandé a un concurso en una editorial de nombre Rapa Nui. Me basé en un libro antiguo sobre Hawai, en el que habla de su gente y su mitología […] Hernán del Solar, jurado del concurso, me anunció: «Su novela para niños sugiere que usted da para muchísimo más».

 

Wai-Mención aparte merece Marcela Paz (Ester Huneeus Salas de Claro, 1902-1985), que inició su famosísima serie sobre Papelucho en esta editorial. Acaso para obtener textos para su colección y estimular la escritura de obras destinadas al público infantil, en 1947 se creó un premio Rapa Nui, que obtuvo Joaquín Gutiérrez con Cocorí, pero al que Marcela Paz, que ya era una autora relativamente conocida se presentó y obtuvo un premio de honor por la primera entrega de una serie considerada fundamental en la historia de la literatura infantil chilena, Papelucho (escrita en 1933 pero publicada en 1947), ilustrada por su hermana Yola (Yolanda Huneuss), de la que se hizo una segunda edición en 1954 de 25.000 ejemplares y fue traducida a varias lenguas (francés, ruso y japonés entre ellas). Fruto de este éxito resonante serían hasta bien entrados los años sesenta Papelucho casi huérfano, Papelucho historiador, Papelucho detective, Papelucho en la clínica, Mi hermana Ji, Papelucho perdido, Papelucho misionero, Papelucho en vacaciones, ¿Soy dix leso?, Papelucho y el Marciano y Papelucho: Mi hermano hippie. finalmente la autora obtuvo en 1982 el Premio Nacional de Literatura.

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Hernán del Solar.

Por su parte, gracias a la cuarentena larga que intensivamente –por necesidad o falta de originales para mantener un ritmo de publicación sostenido, según declaración propia– escribió para la editorial fundada con Trabal, Hernán del Solar, que hasta entonces apenas había publicado narrativa y fundamentaba su fama en la crítica literaria y sobre todo en la traducción literaria, se estableció también como un autor de literatura infantil de éxito, en unos años además considerados particularmente fructíferos en el género (con presencia de cuentos, poemas y canciones en periódicos y con la aparición de revistas especialmente destinadas a niños, como El Cabrito, El Colegial o Aladino); a la obra de Hernán del Solar ha dedicado la especialista en la materia Carmen Bravo Villasante encendidos elogios:

Las paradojas de Hernán del Solar son muy divertidas y atrayentes. El escritor conoce a la perfección la sicología de los niños y se dirige a su inteligencia e imaginación y con un dominio perfecto de la técnica novelesca [en la que advierte un sabor chestertoniano] mantiene el interés en todo momento. Hernán del Solar escribe maravillosamente bien y la alta calidad de sus libros hace que pueda ser considerado como un clásico de la literatura infantil chilena. Por otro lado, en todos sus cuentos hay un trasfondo poético, una añoranza de bellos ideales y mundos mejores por los que se mueven los personajes.

Por mencionar sólo algunos de sus títulos: Las aventuras de Totora (con ilustraciones Aníbal Alvial), 1946; Mac, el microbio desconocido (ilustraciones de Darío), 1946; El secreto de Bakal (con ilustraciones de Hedi Krasa), 1947; La niña de piedra (ilustraciones de Roser Bru), 1947; El hombre del sombrero de copa (1948); El Bufón. Tito Campana (1950); Pascual de la sierra (ilustraciones de Paolo di Girolamo), 1950; El centauro (ilustraciones de Nino), 1950; La vaca rabiosa (ilustración de Nino), 1950…

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Como se puede advertir, los principales y más habituales diseñadores de portadas (a color) e ilustradores de interior son a menudo artistas vinculados a las diversas ediciones de Zig-Zag, como es por ejemplo el caso del portadista Paolo di Girolamo. Aníbal Alvial (1892-¿?), hermano del también dibujante e ilustrador Lautaro Alvial, además de ser considerado el pionero del grabado al linóleo en Chile había colaborado con su hermano en la ya mencionada revista de Zig-Zag El Cabrito. Otro habitual, el periodista, cineasta, pintor, caricaturista y creador de la muy longeva revista Topaze Jorge Delano Frederick (1895-1980) había trabajado para el semanario ilustrado para niños El Peneca (1908-1960), en ocasiones firmando con su más habitual seudónimo, Coke. Acerca del trabajo de la artista Hedi Krasa (1923-1989), llegada a chile desde su Austria natal huyendo del nazismo, escribe Moisés Hasson «Los dibujos de Krasa demuestran claramente su calidad y su gran despliegue en los trajes, y con una orientación escenográfica en sus ilustraciones. En resumen, un trabajo que merece recuperarse». Roser Bru (n. 1923), barcelonesa llegada a Chile en el mítico Winnipeg al concluir la guerra civil española, en los años en que colaboró con Rapa Nui acababa de entrar a formar parte del Grupo de Estudiantes Plásticos (José Balmes, Gracia Barrios, Guillermo Núñez, Juan Egenau y Gustavo Poblete), antes de convertirse en una de las artistas más prestigiosas en su país de acogida.

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Y al margen de la colección destinada al público infantil, vale la pena mencionar también algún que otro título aparecido en Rapa Nui, como Del otro lado de la montaña (1949), del mencionado senador y accionista de Rapa Nui Gregorio Amunátegui Jordán, y autor de la novela Avenida San Juan, 128 (1945) y la recopilación de cuentos Páginas grises (Zig-Zag, 1945).

A la vista de todo ello, no hay duda de que, en apenas cinco años, el tándem formado por Hernán del Solar y Francesc Trabal llevaron a cabo una labor fructífera si bien, como suele suceder, tuvieron que abandonarla por insalvables problemas económicos.

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Fuentes:

«Hernán del Solar Apillaga (1901-1985)» en la web Memoria chilena.

Jerónimo Bedel, «Artistas Nuestros. Aníbal Alvial», Letras, año III, núm 21 (junio de 1930), pp. 3-4.

Julià Guillamon, El dia revolt, Barcelona, Editorial Empúries, 2008.

Moisés Hasson, «Dos ilustradores chilenos poco conocidos: Hedi Krasa y García Moreno», Biblioteca junto al mar, 24 de octubre de 2012.

Manuel Peña Muñoz, Historia de la literatura infantil chilena, Santiago de Chile, Editorial Andrés Bello, 1982.

Manuel Peña Muñoz, «Isidora Aguirre y la literatura infantil», Había una vez, 2 de febrero de 2014.

 

 

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4 pensamientos en “Hernán del Solar y Francesc Trabal, editores en Chile

  1. Excelente nota sobre una gran editorial chilena! Tengo varios ejemplares. Como aporte, señalar que en la Biblioteca Nacional de Chile se puede consultar una carta de Trabal al escritor chileno Joaquín Edwards Bello comentando el proyecto, y otra a Gabriela Mistral invitándola a escribir un cuento para niños. http://www.bncatalogo.cl

      • Claudio, muchas gracias, pescada en uno de tus tuits la carta. Me parece muy interesante esa declaración que hace Trabal al concluir su carta de integración y arraigo en Chile. Muchas gracias de todos modos.

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