Un momento álgido de la edición en Sabadell

A Xavi Junyent i Xavier Bernadí, amb qui em vaig patejar, de dia i de nit, els carrers que aquí es mencionen.

 

La ciudad de Sabadell, cocapital de la comarca del Vallès Occidental (con Terrassa) y situada a unos 25 kilómetros de Barcelona, atesora una tradición como centro editor poco desdeñable y, además de algunas gentes de letras  notables como Francesc Trabal (1899-1957), Pere Quart (Joan Oliver, 1899-1986), Armand Obiols (Joan Prat, 1904-1971), Feliu Formosa (n. 1934), el librero y editor Joan Sallarès i Castells (1893-1971) o el pintor y editor Andreu Castells (1918-1987), es cuna de nombres importantes y acaso menos conocidos en el mundo de la edición, como los de Joan Sallent (1879-1936) y Ricard Marlet (1896-1976).

Imagen de la Escola Industrial de Arts i Oficis de Sabadell en 1928.

Muestra de la importancia que Sabadell tuvo como centro impresor es el hecho de que Joan Sallent i Prat, hijo de pequeños agricultores, se formara como aprendiz en una de las mayores imprentas que a principios de siglo había en España, la de Joan Comas i Faura (creada en 1885 y que contaba con unos setenta operarios), que durante muchos años estuvo situada en el número 7 de la calle Lacy, desde donde distribuía sus trabajos a toda la península e incluso al extranjero. Otro sabadellense notable, el mencionado Joan Sallarès, también pasó por la Comas, después de iniciarse a los doce como aprendiz en el taller de Magí Ribera y pasar por la Tipografía Vives, al margen de ser autor de obra sobre la historia del oficio (D´impremtes i d´impressors de Sabadell, 1963).

Antigua ferreteria en la Rambla, esquina Lacy (Sabadell).

Sin embargo, en 1912 Joan Sallent aparece ya documentado con un taller propio, dotado con una Minerva, ubicado inicialmente en Horta Nova, y en 1913 en la calle Sant Quirze (muy cerca, por tanto, de la imprenta de Joan Comas). En muy poco tiempo, esta imprenta se convirtió en un punto de referencia de la edición noucentista y empezó a recibir encargos de editoriales barcelonesas importantes, entre las que destacan la Librería Verdaguer (fundada en 1835 por Joaquim Verdaguer Bollich en las Ramblas) y la Catalonia de Antoni López Llausàs (situada en la plaza Catalunya), a las que en los años veinte se añadieron la Barcino y los principales proyectos surgidos en Sabadell.

Fueron los veinte una década bastante movida en la ciudad en cuanto a actividad editorial. En septiembre de 1920 surgía Garba (35 números hasta diciembre de 1922), una revista de arte y literatura impresa en Sabadell por Noográfica y dirigida por Ramon Ribera i Llobet (1882-1957) que no debe confundirse con la homónima barcelonesa de Josep Baguñà; en julio de 1921 aparecía, bajo la dirección de Armand Obiols y Esteve Serra, un único número de la revista de aires renovadores y vanguardistas Vibracions. Primera fulla de gimnàstica espiritual; en 1924 se publica por primera vez el Almanac de les Arts, impreso por Sallent y con grabados de Ricard Marlet, quien a esas alturas ya se había establecido como uno de los principales recuperadores del grabado al boj que había impulsado el noucentisme, y se añadía de ese modo a la pléyade que estaban conformando Xavier Nogués (1873-1941), Enric-Cristòfol Ricart (1893-1960) y Josep Obiols (1894-1967).

Página del Almanac de 1925, que recoge un poema de Joan Oliver y una acuarela de Narcís Giralt (Impreso por Sallent).

A mediados de la década, nace, por el impulso de la Lliga Regionalista, la Biblioteca Sabadellenca, un proyecto formalmente ambicioso que desde el primer volumen, en 1925, imprimió siempre la Sallent. Hasta 1936 publicó treinta  cuatro volúmenes, bajo la dirección del periodista y director del Diari de Sabadell Joan Costa i Déu (1883-1938), quien contaba con la colaboración y el asesoramiento del ya mencionado Joan Sallarès. Se estrenó con una antología seleccionada por Costa y Sallarès, y a ella siguieron poemarios de la compositora y pianista Agnès Armengol (1852-1934), del escritor vanguardista Joaquim Folguera o de Joan Trias Fàbregas (este último prologado por Joan Oliver), entre otros.

Sin embargo, el gran acontecimiento en aquellos años fue la gestación del conocido como Grup o Colla de Sabadell, pues de allí surgió otro proyecto en el que se lució Sallent, La Mirada, una de las editoriales más influyentes en la modernización tanto de la literatura como de las artes gráficas catalanas, y cuya huella puede percibirse todavía en determinados aspectos de algunos proyectos en activo (y quizá particularmente en Quaderns Crema). Ese conjunto de ejemplares, cuyo diseño sigue asombrando por su modernidad, con sus cubiertas en tela en color plano (diferente en casa caso) y con un formato casi cuadrado, o bien los de la colección de teatro, en rústica y con elegantes cubiertas a dos tintas, ha acabado por convertirse en poco menos que una serie de culto.

Uno de los integrantes del grupo, Pere Quart (Joan Oliver), dejó en 1960 una intensa y elocuente evocación de la génesis de la editorial, que tuvo por escenario la entrada al Marquet de les Roques, un pequeño castillo «al fondo de la Vall d´Horta, bajo el Montcau».

Un anochecer, alrededor de esas mesas, nos reunimos Josep Carner, Jaume Bofill i Mates, Carles Riba, Francesc Trabal, Armand Obiols y yo. Los maestros hablaban y los jóvenes escuchábamos; se nos hizo de noche. Habíamos comido en el castillo; en aquel ágape quedó constituida una empresa editorial modesta, pero significativa: La Mirada. De los seis, hoy sólo quedamos tres, y dos de ellos están muy lejos.

Imagen actual del Marquet de les Roques.

Al parecer, inicialmente se pensó en una colección de libros de arte para los cuales se barajaron como los tres primeros protagonistas Pablo Picasso, Salvador Dalí y Joan Miró, pero esa idea pronto fue sustituida por una actividad próxima a la de una cooperativa en la que los escritores implicados darían a conocer una serie de textos destinados a provocar no poco escándalo y a unas ciertas tensiones con los sectores culturalmente más conservadores de la ciudad (y, por extensión, de Cataluña), mientras otros sectores más jóvenes, que podrían perfectamente ejemplificarse en la redacción del periódico Avui (Pere Calders, Tísner, Àngel Estivill, Sebastià Juan Arbó, Lluis Palazón, Ignasi Agustí), se entusiasmaban con esa bocanada de aire fresco.

Joan Oliver en 1932.

El logo de la editorial fue obra de Marlet, miembro de la Colla de Sabadell (conocida en su ciudad también como Coro de Santa Rita), y el primer libro en el que apareció fue en L´any que ve, un volumen que firmaba Francesc Trabal pero en el que participaron también otros miembros del grupo, tanto en los textos como en las ilustraciones (Antoni Vila Arrufat, Ricard Marlet, Lluis Parcerisa, Josep Maria Trabal, Joan Oliver, Armand Obiols y Miquel Carreras). Se trataba de un libro de chistes en los que, bajo una apariencia decorosa, elegante e incluso distinguida pero moderna, elitista al fin y al cabo, se ocultaba un tipo de humorismo de lo más explosivo, en un tipo de juego que ponía ya de manifiesto las poderosas raíces vanguardistas de la propuesta de La Mirada. Este aspecto de juego un poco provocativo (épater le bourgeois) se reforzaba además por ir encabezado por un prólogo del reputado poeta Josep Carner (1884-1970), que ya con quince años había ganado su primer premio en los Jocs Florals de Barcelona y a principios de siglo era conocido como el príncep dels poetes, pues le avalaba el hecho de ser uno de los pocos escritores profesionales.

Francesc Trabal.

En realidad –y esto lo descubría el comprador una vez retirado el celofán que protegía el volumen–, los dibujos no hacían ninguna justicia al prestigio de sus autores, sino que más bien se trataba de ilustraciones de trazo desgarbado, intencionadamente naïf en el peor sentido. En cuanto al texto, los chistes ponen en cuestión la validez del lenguaje como herramienta para entendernos (en algunos momentos puede recordar algunos diálogos del teatro del absurdo), desmontan los clichés lingüísticos inservibles ya para transmitir nuevas ideas, ponen en entredicho las frases hechas y las muletillas, para poner de este modo de manifiesto su carácter absurdo e irracional, en lo que puede interpretarse como un juego bastante más serio de lo que pudiera parecer a un lector descuidado (que fue lo que en realidad sucedió a buena parte de los lectores de su tiempo).

Durante la guerra civil, entre otras cosas Marlet diseñó los billetes de uso local que se imprimieron por entonces en Sabadell.

Con este primer perdigonazo (al que siguieron una serie de títulos también muy dignos de mención de autores como Carles Riba, Cèsar August Jordana o Josep Pla), se acentuaron las diferencias y rencillas con el sector editorial más asentado en Sabadell y más conservador, particularmente con la Biblioteca Sabadellenca (vinculada a la Lliga Regionalista), si bien en la segunda mitad de  la década de los veinte no se había iniciado aún el acercamiento de los principales miembros de esta generación al pensamiento ni a las organizaciones marxistas, como sí se pondría muy claramente de manifiesto a raíz de la sublevación de julio de 1936.

En cualquier caso, ajenos a todo ello, tanto Marlet como Salllent (a cuya muerte le sucederían su hijo Eugeni y Francesc de P. Custodio) continuaron trabajando con todos ellos, acrecentando su prestigio, bien conocido y reconocido no sólo en Barcelona, sino en toda España y allende sus fronteras.

Colofón a dos tintas de uno de los 188 ejemplares de El Poema de Montserrat, de Josep Maria de Sagarra, firmados por el autor, ilustrados por Ramon de Capmany i Muntaner, e impresos por Sucesores de Joan Sallent en 1950.

Fuentes:

Joan Alsina i Giralt, «Joan Sallarès i Castells, 1893-1971. Assaig de biografia», Arrahona, tercera época, núm. 6 (primavera de 1990), pp. 47-64.

Miquel Bach, L´indiscret encant de La Mirada, La Colla de Sabadell, entre el Noucentisme i l´avantguarda (catálogo de la exposición), Sabadell, Fundació La Mirada, 2002.

Lluis Bonada, «Industrial i lletraferida», El Temps, núm. 1471 (21 de agosto de 2012), pp. 50-52.

Josep Lluís Martín i Berbois, «La Biblioteca Sabadellenca Una editorial al servei d’un partit», El Marges, núm. 80 (2006), pp. 31-48.

Joan Oliver-Pere Calders, conversación transcrita por Xavier Febrés, con fotografías de Pilar Aymerich, Barcelona, Ayuntamiento de Barcelona-Laia (Diàlegs a Barcelona, 2), 1984.

Joan Oliver, Temps, records, ed. de Miquel Bach y prólogo de Pere Calders, Sabadell, Fundació La Mirada (Ragtime 3), 1991.

Joan Sallarès, A l´ombra del campanar, Sabadell, Comissió de Cultura de I’Ajuntament de Sabadell, 1970.

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2 pensamientos en “Un momento álgido de la edición en Sabadell

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