El cachondo caso de los Versos de una…

«Una editorial no debería ser una empresa comercial,

sino una especie de universidad popular»

Antonio Zamora

 

Antonio Zamora.

En 1926 la Cooperativa Editorial Claridad, fundada cuatro años antes en Buenos Aires por el periodista andaluz Antonio Zamora (1896-1976), el impresor anarquista gallego M. Lorenzo Rañó y el distribuidor Vicente Bellusci entre otros, era una editorial de izquierdas en rápido auge cuya ubicación (Boedo, 837) ha pasado a la historia de la literatura argentina por haber aglutinado a un grupo de jóvenes escritores y artistas entre los que se contaban el uruguayo Elías Castelnuovo (1893-1982), los argentinos Nicolás Olivari (1900-196), Álvaro Yunque (1889-1982), Leónidas Barletta (1902-1975), Raúl González Tuñón (1905-1974), Adolfo Bellocq (1899-1972), etc., y de los que no andaba lejos el intrépido prosista Roberto Arlt (1900-1942), si bien los especialistas parece que no están de acuerdo respecto a su pertenencia, en sentido estricto, al grupo.

Después de darse a conocer con la muy exitosa colección semanal de libro-revista Los Pensadores (un centenar de números, al precio de un desayuno completo cada uno: «café con leche con pan y manteca»), en 1924 Claridad se convierte en el portavoz del grupo mencionado sobre todo a través de la colección Los Nuevos: Versos de la calle (1924), de Yunque, la segunda edición de Tinieblas (1924) y la primera de Malditos (1924), ambos de Castelnuovo; Cuentos de la oficina (1925), de Roberto Mariani; Las bestias (1925), de Abel Rodríguez;  Tangarupá, (1925) del uruguayo Enrique A. Amorim,  Desventurados (1927), de Juan I. Cedoya; Miseria de Quinta Edición (¿1928?), de Alberto Pinetta y, el que aquí nos interesa, Versos de una… (1926), de Clara Beter.

Tangarupá, de Enrique Amorim, con cubierta ilustrada por Sirio.

Sin embargo, el director de la colección, Castelnuovo, seguramente es recordado en el ámbito editorial sobre todo por haberle rechazado para esta colección a un primerizo Roberto Arlt La vida puerca, que describió como «una mezcla de Máximo Gorki y Marcos Vila» y que le impulsó a escribir escribió que «[decir que Arlt] no sabía gramática significa un elogio. No sabía siquiera poner una coma para separar un párrafo de otro y difícilmente acertaba a colocar en su lugar una zeta o a sacar de su sitio una hache». Como es bien sabido, por intercesión de Roberto Güiraldes poco después la publicó la Editorial Latina de Adolfo Rosso con el título El juguete rabioso.

Cena de celebración del primer año de la imprenta que creó Claridad. Pueden verse, sentados y de izquierda a derecha, a Zamora (el primero) , a Roberto Arlt (el tercero) y a Castelnuovo (el séptimo).

Aun así, el espectacular éxito de la obra de Clara Beter, publicada con una portada de Manolo Mascarenhas, fue incontestable. Después de la publicación en la revista Claridad del poema “A Tatiana Paulova”, se solicitaron a Beter nuevos poemas y se emprendió la edición de las cuarenta y siete piezas que forman este libro firmado por quien dice ser una prostituta porteña judía, dato que hace más estremecedora aún la sensibilidad de la autora.

Me le entrego a todos, mas no soy de nadie;

Para ganarme el pan vendo mi cuerpo

¿qué he de vender para guardar intactos

mi corazón, mis penas y mis sueños.

Cuenta en el prólogo a la primera edición del volumen un tal Ronald Chaves –sin duda un seudónimo tras el que se ha identificado tanto con Castelnuovo como con el escritor de origen ucraniano César Tiempo (Israel Zeitlin, 1906-1980) – que «Clara Beter, hundida en el barro, no protesta: protesta el que la mira. Ella cayó y se levantó y ahora nos cuenta la historia de sus caídas. Cada composición señala una etapa recorrida en el infierno social de su vida pasada. Esta mujer se distingue completamente de las otras mujeres que hacen versos por su espantosa sinceridad», pero son pocos los datos que se ofrecen de su biografía. Menciona, por ejemplo en uno de sus poemas «los días felices de la infancia lejana / en el rincón humilde de la Ukrania natal» y evoca la amistad en aquella época con la actriz y luego directora teatral Tatiana Pavlova (1893-1975), pero poco más.

Tatiana Pavlova.

El conjunto de piezas van dejando aquí y allá retazos biográficos que permiten reconstruir el viaje de Clara Beter hasta las calles de Santa Fe y Buenos Aires, pasando antes por Hamburgo y Nueva York, lo cual traza una imagen del proceso de degradación moral en el que se ve arrastrada una hija de la migración que cuenta, sin embargo, con una formación y una sensibilidad como poeta muy poco común.

Se han cifrado en 100.000 los ejemplares que se vendieron rápidamente de esta obra, y la prensa cultural bonaerense inició enseguida una afanosa búsqueda de la autora, Alberto Zum Felde publicó en su sección de El Día de Montevideo una muy elogiosa reseña de estos poemas, e incluso se empezó a pensar en llevar su historia a la gran pantalla, que finalmente, pasados los años, quedó en una obra teatral, Clara Beter vive (1941), de César Tiempo, que posteriormente convertiría en Quiero vivir. En definitiva, fue un auténtico éxito que trascendió en mucho el ámbito de los lectores habituales de poesía, e incluso de literatura, y sin duda acrecentó la fama de los libros de Claridad.

No obstante, la conmoción duró poco, pues el escándalo que supuso la revelación de un hasta entonces inédito César Tiempo de que él era el auténtico creador de los versos eclipsó enseguida el revuelo provocado por la aparición de Clara Beter. Con esta compilación de poemas de una ficticia prostituta, César Tiempo se revelaba como un poeta bastante singular, que hasta entonces apenas había empezado a darse a conocer en las páginas de La Nación, y a partir de entonces encadenó una serie de poemarios, libros de cuentos, textos teatrales, guiones de cine, radio y televisión, etc-. además de particpar muy activamente en la vida cultural boanerense y ser uno de los fundadores de la editorial argentino-uruguaya Sociedad Amigos del Libro Rioplatense, que en los años treinta publicó unos ochenta títulos e instituyó un Premio de Poesía.

César Tiempo (Israel Zeitlin)

Durante años César Tiempo se negó a que este libro inicial que había firmado como Clara Beter se reeditara, pese al amplio acuerdo sobre su calidad, por considerarlo una “travesura de juventud”, si bien pasados los años acabó por contar en un texto autobiográfico su versión de este famoso episodio.

Según la juzga la profesora Estelle Irizarry:

La broma de César Tiempo viene a subrayar de un modo particularmente convincente el hecho fundamental reconocido por notables estudiosos del arte poético pero imperfectamente aceptado por muchos lectores, de que la poesía lírica sea en el fondo un género de ficción, y como tal, su éxito está determinado por la medida en que se toma por lo que no es: la verdad.

En cualquier caso, lo que no es ninguna ficción y no deja de tener su gracia es que Clara Beter fuese el nombre elegido por Gito Minore e Inés Martínez cuando en el año 2012 decidieron poner en pie en Buenos Aires una editorial independiente destinada a la poesía y la narrativa. Y que, tras el éxito del volumen de cuentos ilustrados por nuevos artistas Cuentos de amor, de locura y de muerte (2014), de Horacio Quiroga, con el que estrenaron la colección Fundadores, el título elegido para dar continuidad a  esta serie sea Los siete locos, de Roberto Arlt.

La Peña de Salta y Victoria: de izquierda a derecha: Pedro Juan Vignale, Salguera de la Hanty, Luis Emilio Soto, Alberto Hidalgo, Jorge Luis Borges, Alvaro Yunque, C. Delgado Fito, E. Orozco Zárate, Alfredo Chiabra Acosta, Martín Perea, Conrado Eggers-Lecour y César Tiempo.

Fuentes:

Juliana Cedro, «El negocio de la edición. Editorial Claridad 1922-1937», Primer Coloquio Argentino de Estudios sobre el Libro y la Edición, La Plata, 31 de octubre al 2 de noviembre de 2012.

Lidia Ferrari, «Clara Beter, ¿ente de ficción o fraude?», Revista Universitaria de Psicoanálisis (Universidad de Buenos Aires), vol. 4 (2004).

Lorenza Ferreira de Cassone, «Editorial Claridad, una revolución de los espíritus»,  Buenos Aires, Trapalanda, s/f.

Estelle Irizarry, La broma literaria en nuestros días, Nueva York, Eliseo Torres & Sons (Torres Library of Literary Studies), 1979.

César Tiempo, Clara Beter y otras fatamorganas, prólogo de José Barcia e ilustraciones de Julio Vanzo, Buenos Aires, A. Peña Lillo, 1974.

Néstor Tkaczek, «Clara Beter», Palimpsestos, 27 de junio de 2005.

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