Las muy tardías traducciones de un clásico indiscutible

Portada de la segunda edición.

Las andanadas que la crítica literaria destinó a la que sin duda es una de las obras más ricas, completas, intensas y vigentes de la literatura española del siglo XIX, La Regenta, situadas en una faja a saber si acaso no resultarían muy efectivas para estimular su lectura. El padre agustino fray Francisco Blanco García (1864-1903), por ejemplo, escribía en su libro de referencia La literatura española del siglo XIX (1892) acerca de la novela de Clarín: “Disforme relato que rebosa de porquerías, vulgaridades y cinismos. Una premiosidad violenta y cansada, digna de cualquier principiante cerril”, a lo que Ramón Martínez Vigil (1840-1904) añadía: “Un libro saturado de escarnio a las prácticas cristianas y de alusiones injuriosas a respetabilísimas personas”.

Con estos antecedentes, se explica perfectamente el escaso eco de la novela y el silencio internacional, aun cuando hay noticias dispersas, de puño y letra del propio Leopoldo Alas, acerca de unas posibles traducciones al francés para publicarla seriada en Gil Blas y La Justice de Clemenceau y una alusión aún más sospechosa a una traducción al inglés en Boston. En cualquier caso, las traducciones tardaron muchísimo en producirse, y es muy probable que mucho tuviera que ver en ello la censura franquista y su postura ante La Regenta.

Si bien la primera edición que se autorizó durante el franquismo, en un volumen lujoso y a un alto precio –que la apartaba del alcance del lector medio– es de 1946, lo cierto es que no es hasta su aparición en la muy popular colección Libro de Bolsillo de Alianza Editorial (1966) que la obra se convierte en una de las novelas más famosas del siglo XIX. Y aun así, la primera traducción importante no aparece hasta 1958, firmada y prologada por Falviarrosa Nicoletta Rossini, pero publicada en una empresa de difusión muy limitada, la Unione Tipografico Editore Torino.

Es evidente que traducir una obra tan extensa tiene unos costes elevados, pero no es descabellado pensar que una de las funciones de las muy diversas instituciones estatales encargadas de velar por la cultura española bien podrían haberse ofrecido para contribuir a sufragar la traducción de una obra tan señera de las letras españolas.

Joan Llimona.

Más todavía tardó en llegar la versión al alemán, de la mano de Egon Hartman, acompañada de un postfacio de F.R. Fries y publicada bajo el sello de Burchverlag der Morgen en 1971. Cuando finalmente se llevó a cabo la traducción al inglés se cumplía exactamente un siglo desde la barcelonesa empresa de Luis Cotezo y Compañía había publicado la primera edición en dos volúmenes, con una ilustraciones del pintor modernista Joan Llimona i Bruguera (1860-1926) y grabados del también pintor Simó Gómez Polo (1845-1880), ambos formados en La Llotja (la Escola d´Arts i Oficis i Belles Arts de Barcelona). La segunda edición de La Regenta, en la madrileña Fernando Fe y sin ilustraciones pero con el célebre prólogo de Benito Pérez Galdós, no se publicaría hasta el año 1900.

Acerca de esta traducción al inglés, publicada por Penguin en 1984, ha explicado su autor (que por entonces no tenía ninguna experiencia como tal):

Dio la casualidad de que en aquellos momentos la editorial Penguin estaba planteándose la necesidad de llevar al inglés una obra capital para la literatura como es La Regenta, que hasta entonces era prácticamente desconocida para el público británico porque no existía una edición en su idioma. Y como en aquella época yo estaba empezando a publicar artículos sobre la obra, se pusieron en contacto conmigo y me hablaron de la posibilidad de encargarme a mí la traducción de La Regenta. No tuve que pensarlo mucho: me parecía maravilloso tener la oportunidad de traducir una novela de esa categoría. Ahora creo que fue una decisión muy atrevida, casi temeraria.

Es posible, pero el caso es que el traductor y autor de las notas y el prólogo a esta edición de de La Regenta, John D. Rutherford (n. 1941), lo sería años después de una del Quijote (Penguin Classics, 2000, y corregida en 2003), si bien estas dos son las únicas traducciones que figuran el currículum de este profesor universitario.

Leopoldo Alas (1852-1901).

Un poco posterior al centenario de la primera edición española lo es la primera al francés, una obra colectiva dirigida y prologada por el prestigioso hispanista Yvan Lissorgues (n. 1931) y en la que participaron A. Belot, C. Bleton, Jean-François Botrel y R. Jammes. La publicó Fayard en 1987 en un solo volumen de 735 páginas.

Dos años después, en 1987, aparecía una versión italiana más famosa, la publicada en Einaudi precedida de un estudio introductorio del conocido hispanista Dario Puccini (1921-1997), que reproducía la traducción anterior y que fue reimpresa en numerosas ocasiones a en los años finales del siglo XX.

E. Hodousek.

Prueba de las dificultades que ha supuesto a veces la traducción de esta obra son los dos años que le tuvo que dedicar el hispanista checo Eduard Hodousek (1921-2004), que tardó además otros dos en poder verla publicada (en 2002). Pese a sus reputadas traducciones de La Celestina, Quevedo, Juan Rulfo, Alejo Carpentier, García Márquez o Carlos Fuentes, fue precisamente por esta versión de La Regenta al checo, la última que vio en forma de libro, que fue galardonado con el premio que en la República Checa consagra a los grandes traductores, el J. Jungmann. En el año 2001 Hodousek dictó una conferencia en un simposio sobre la obra literaria de Clarín en la Universidad Carolina de Praga con un título muy sugerente, “La edición de La Regenta en checo. Historia, problemas y características de la traducción del texto”, que no me consta que se haya publicado pero promete ser interesante.

Con posterioridad a esta, en Penguin Classics ha aparecido en 2005 una versión corregida de la traducción de Rutherford, pero este inmenso retraso en la difusión internacional de una obra como La Regenta, y dejando a un lado los evidentes costes de traducción que supone la obra magna de Clarín, es muy probable que no se hubieran producido si, por un lado, hubiera tenido en España una circulación normal ajena a la censura y, por otra, si hubiera recibido el apoyo que en justicia le corresponde por parte de las instituciones culturales, aun cuando ya se entiende que siempre es más rentable económicamente apoyar a un autor que sigue percibiendo regalías que a otro que no. Aunque la pregunta, en tal caso, es cuál de los dos hace más por el prestigio internacional de una literatura y de una cultura. O dicho en otras palabras, si la cultura española está mejor representada por los novelistas vivos que se han beneficiado de estas ayudas o por don Leopoldo Alas.

Fuentes:

Antonio Fernández Insuela, “Algunos datos sobre la fortuna editorial de Clarín entre 1947 y 1981”, en Jean François Botrel, Clarín y La regenta en su tiempo. Actas del Simposio Internacional, Universidad de Oviedo, 1987.

Bruguera, 1981, otra de las ediciones que más contribuyeron a divulgar La Regenta.

Carmen Servén Díez, “La Regenta frente a la censura franquista”,  en María del Pilar García Pinacho e Isabel Pérez Cuenca, eds., Clarín, espejo de una época. Actas del Congreso Internacional celebrado en 2001 en la Universidad San Pablo-CEU.

Juan Goytisolo, “La Regenta en Europa”, El País, 29 de enero de 1989.

Marta Rivera de la Cruz, “John Rutherford: De La regenta al Quijote”, Espéculo, núm 4 (noviembre de 1996-febrero de 1997).

María José Tintoré, La Regenta de Clarín y la crítica de su tiempo, prólogo de Antonio Vilanova, Barcelona, Lumen (Palabra Crítica 1), 1987.

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