Biblioteca Argentina de Arte (1942-1946)

En un interesante estudio sobre la creación del canon artístico en Argentina, centrado en las líneas editoriales de Poseidón y Nueva Visión, la profesora María Amalia García establece una sugerente comparación entre 33 pintors catalans (1937), el clásico libro escrito por el creador de Poseidón, Joan Merli (1901-1995), durante su etapa barcelonesa, y el que en 1944 publicó el crítico Julio E. Payró con el título 22 pintores. Facetas del arte argentino, aparecido precisamente bajo el sello de Poseidón. Una coincidencia que, pese al evidente paralelismo de títulos, estructura y planteamiento, no me consta que fuera advertido con anterioridad.

 

Cubierta, de Josep Obiols, de 33 pintors catalans.

Escribe la profesora de la Universidad de Buenos Aires:

 Merli estaba reactivando desde el exilio argentino la maquinaria utilizada en Cataluña aunque bajo otra clave estética. Allí, además de editar revistas y realizar exposiciones, en 1937 publicó 33 pintors catalans

recuperando un grupo de artistas noucentistas en línea con los gustos asentados en el público catalán. 22 pintores y 33 pintors catalans presentan estrechas similitudes en su planteo: la selección de un conjunto de artistas

vivos, un ensayo general y apreciaciones individuales sobre cada artista y un apartado con reproducciones de obras.

La enorme influencia que la obra editorial de Joan Merli tuvo en la configuración del gusto artístico en la Argentina de la segunda mitad del siglo XX –y más concretamente en los años cuarenta y cincuenta– es hoy muy raramente puesta en cuestión, pero no suele subrayarse esa continuidad entre la labor que Merli desarrolló en los años veinte y treinta en Barcelona (mediante revistas como La mà trencada, Les arts catalanes o ART)  y la llevada a cabo en la capital argentina, centrada en las diversas colecciones de Poseidón, además de en las revistas Saber Vivir, Cabalgata y Catalunya.

Cubierta de la primera edición en español de Vida secreta de Salvador Dalí (Poseidón, 1944).

Desde el primer momento, la editorial Poseidón nace con los temas artísticos como eje vertebrador, y más específicamente la pintura y la escultura, si bien con el tiempo se abrirá también con inusitado éxito a la arquitectura. Las colecciones iniciales Historia, Todo para Todos, Aristarco, Vidas y Obras, Tratados o Críticos e Historiadores de Arte son ya indicativas de esta orientación, y en todas ellas pueden encontrarse algunos títulos de primer orden, ya sea la primera traducción de la autobiografía de Salvador Dalí en Vidas y Obras o La teoría de los colores de Goethe (que también se publicaba en español por primera vez) en Tratados.

Aun así, una de las más influyentes colecciones de Poseídón, nacida también con la editorial, fue la Biblioteca Argentina de Arte (BAA), en cuyo nombre ya se insinúa esa voluntad de establecer un cierto canon del arte válido en esos momentos (los clásicos que seguían vigentes y los creadores vivos dignos de consideración y, sobre todo, de colección).

Sebastián de Amorrortu.

Se trata de una serie de libros encuadernados en tapa dura amarilla o verde (con solo la firma del artista en cuestión), con sobrecubierta o camisa, con un formato en octavo (23 x 18 cm), que solía rondar el centenar de páginas y alrededor de una cincuentena de ilustraciones en blanco y negro, además de una,  o a veces dos, en color. La impresión, en buen papel, corría a cargo de la veterana Imprenta de Sebastián de Amorrortu e Hijos, que por esos mismos años se ocupaba también de las ediciones en lengua vasca de Ekin y que por entonces gozaba ya de un prestigio más que asentado. Aun así, el precio de venta al público, tratándose de libros de estas características, era muy razonable: 7 dólares.

Ramón (1888-1963) con el escritor argentino Francisco Muñoz Azpiri (1915-1968).

La BAA nace en 1942 con el ensayo del escritor español Ramón Gómez de la Serna dedicado a Don Francisco de Goya y Lucientes, que desde luego no es un libro cualquiera. Al genial pintor aragonés había dedicado ya Gómez de la Serna un interesante biografía en 1928 en la que lo reivindica como un ”pintor humorista”. Su aparición original en Ediciones La Nave coincidía con el centenario de la muerte del pintor, pero su éxito hizo que se reeditara en la editorial chilena Ercilla en 1940 y en Madrid en Espasa Calpe en 1950, y posteriormente se incorporaría al volumen de Biografías completas publicada en la colección  Biblioteca de Autores Modernos de Aguilar.

Los vínculos entre las series de grabados goyescos “Los caprichos” y “Los disparates” con los microrrelatos y las greguerías de Gómez de la Serna no han pasado desapercibidos a la crítica literaria, con lo que este primer volumen de la BBA resulta preñado de interés y da continuidad a los trabajos de Gómez de la Serna sobre el gran pintor aragonés.

Simultáneamente al nacimiento de la colección, se publicaron los cuatro títulos de Ana María Berry (1887-1947) de la sección Biblioteca Argentina de Arte Religioso, todos ellos en 1942 y finalmente comercializados también en una caja (Infancia de Jesús a través del Arte, Vida pública de Jesús a través del arte, Pasión, muerte y resurrección de Jesús a través del arte y Leyendas de las vidas de los santos). A Ana María Berry ese mismo año le publicaba Losada el volumen de literatura infantil Las aventuras de Celendín y otros cuentos, ilustrado por Manuel Ángeles Ortiz (1895-1984), quien en los años veinte había formado parte de la conocida como Segunda Escuela de París (Emili Grau-Sala, Hernando Viñes, Francisco Bores, Orlando Pelayo…).

Cubierta del volumen dedicado a Vermeer.

En los dos primeros años alternan como protagonistas de la BAA artistas como Bruegel el Viejo (a cargo de Ana M. Berry), Aristide Maillol (por Julio E. Payró), Toulouse Lautrec, Monet y Auguste Rodin (los tres a cargo de Julio Rinaldini, que se convierte en el escritor más representado) con algunos de los más reconocidos españoles, caso del pintor barroco Juan de Valdés Leal (por Pedro Massa), además del ya mencionado de Goya.

Interior del Manuel Ángeles Ortiz.

Sin embargo, pronto se incorpora también a artistas argentinos vivos, y ya en en número 12 de la colección, Julio E. Payró –que junto a Rimaldini es el autor más habitual– publica un volumen dedicado a Alfredo Guttero (1943) y el propio Joan Merli escribe el dedicado a Juan del Prete (1946); el arco se ampliará a otros artistas americanos, como el uruguayo Joaquín Torres-García (a cargo de Claude Schaeffer, en 1945). Tal como lo resume  María Amalia García en otro artículo dedicado a la impronta de  Merli en el arte argentino:

Considerando los primeros cuarenta números editados de 1942 1 1946, observamos que el 30 % ha sido dedicado al arte latinoamericano en la recuperación de los siguientes artistas: Guttero, Fader [a cargo del galaico-argentino José González Carbalho, autor de Idioma y poesía gallega, publicado por el Centro Gallego de Buenos Aires en 1953], Figari [Carlos A. Herrera McLean], Lorenzo Domínguez [por Jorge Romero Brest], Torres-García, Emilio Pettoruti [por Julio E. Payró], Gómez Cornet [por Romualdo Brughetti], Larco [quien a su vez escribe para la colección el volumen dedicado a Piero de la Francesca y es estudiado por Geo Dorival], Juan del Prete y Lucio Fontana [por Juan Locchi].

Interior del Juan del Prete.

Muchos de los autores de estos estudios habían acompañado a Merli en aventuras anteriores, como Saber Vivir o Cabalgata, con los que en cierto sentido puede decirse que formaba grupo. Es notable,  junto a la prestigiosos críticos de arte argentinos, la presencia de escritores españoles exiliados a raíz del desenlace de la guerra civil, como es el caso, particularmente, de Luis Seoane (Jules Pascin, en 1945), Lorenzo Varela (Murillo, 1946) o Arturo Serrano Plaja, quien además de ocuparse del volumen dedicado a El Greco, es autor del Manuel Ángeles Ortiz (artista ya mencionado en relación al libro infantil de Ana Berry), que se cierra con un poema del poeta y pintor, por entonces aún afincado en Argentina, Rafael Alberti.

Cubierta del Juan del Prete.

Al igual que hiciera en Barcelona, pues, Merli encabezó un movimiento destinado a orientar el coleccionismo de arte en Buenos Aires, situando en primer plano, mediante colecciones alejadas del lujo y la exuberancia pero de presentación muy digna, a aquellos artistas que le parecían dignos de atención, pero no con un criterio excesivamente personal, sino dejándose asesorar por los mejores conocedores del ambiente cultural argentino. La irrupción del abstracto, sin embargo, añadido a la crisis del sector editorial argentino de finales de los años cuarenta, hizo que esta iniciativa no tuviera mayor continuidad.

Interior del Jules Pascin.

Fuentes:

Xose Luis Axeitos, “Cabalgata, outra publicación do exilio galego”, en Rosario Álvarez y Dolores Vilavedra Fernández, eds., Cinguidos por unha arela común: homenaxe ó profesor Xesús Alonso Montero, Universidad de Santiago de Compostela, 1999, vol. 2, pp. 153-159.

María Amalia García, “Poseidón y Nueva Visión o cómo leer las artes plásticas en la Argentina a través de los proyectos editoriales”, XXVI Coloquios CBHA, pp.166-175.

María Amalia García,   “El señor de las imágenes. Joan Merli y las publicaciones de artes plásticas en Argentina en los 40”, en Patricia Atundo, ed., Arte en Revista. Publicaciones Culturales en la Argentina, 1900-1950, Rosario, Beatriz Viterbo, 2008, pp. 167-195.

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