Benito, Leonardo y Ulises Milla y la Editorial Alfa.

Jorge Carrión recuerda en su deslumbrante Librerías (Anagrama, 2013) la insigne estirpe de libreros y editores Milla, y la inscribe en el ámbito de las migraciones que “construyeron una cultura cuyo mapa arterial [Roberto] Bolaño dibujó con trazos desgarrados”.

Benito Milla Navarro (1918-1987).

Resulta muy impresionante comprobar la cantidad de publicaciones periódicas (de títulos inequívocos) en que puede encontrarse la firma del iniciador de esa dinastía, el alicantino Benito Milla (1918-1987): Ruta, Acción Directa, Cenit, Hora de Poesía, Nueva Senda, Solidaridad Obrera, Tierra y Libertad, Umbral, Cuadernos Internacionales, Deslinde, Temas, Marcha, Acción

El primer chute de tinta se lo inoculó Benito Milla probablemente en 1938, cuando en plena guerra civil española se convirtió con veinte años en director de Ruta, el semanario de las Juventudes Libertarias, en las que militaba desde los años treinta (tras establecerse en Barcelona) y de las que fue secretario. Durante los primeros compases de la guerra había luchado en el frente de Aragón, encuadrado en la mítica columna Durruti, y como tal ya había colaborado en el efímero periódico El Frente, y a partir de ese momento su arma de combate fue sobre todo el papel impreso.

Al término de la guerra española se exilió en Francia (que no tardaría en verse inmersa en la segunda guerra mundial), donde a lo largo de la década de 1940, sin abandonar la dirección de Ruta en sus sucesivos traslados, se mantuvo firme en la actividad política (intervino en los intentos de reconstrucción de la Federación Ibérica de Juventudes Libertarias y en su congreso fundacional, en abril de 1945, fue elegido secretario general, cargo que abandonó en el segundo congreso, en marzo de 1946, para hacerse cargo de la Secretaría de Relaciones).

 

Juntacadáveres (Alfa, 1964)

Al poco tiempo de establecerse en Montevideo (1951) empieza a vender libros en una modesta parada en la Plaza Libertad, pero este intelectual de formación autodidacta no tarda en convertirse en un activista editorial de primer orden como colaborador del semanario Marcha y del periódico Acción, como promotor de las publicaciones de la Unesco, como divulgador de libros españoles mediante la creación de la Distribuidora Dilae (1954) y, sobre todo, como fundador y director de las revistas Cuadernos Internacionales, Deslindes y Temas, en cuyas páginas aparecen firmas tan ilustres como las de Herbert Read, René Char, Albert Camus, Jean Bloch, Mario Benedetti, Ernesto Sabato, Emir Rodríguez Monegal, Octavio Paz, Juan Goytisolo, Carlos Barral, Ángel Valente, Nicolás Sánchez-Albornoz, Guillermo de Torre, Ramón J. Sender…

Contra los puentes levadizos (Montevideo, Alfa, 1966).

Aun así, la gran obra de Benito Milla fue sin duda la creación de la benemérita Editorial Alfa, que cuenta entre sus logros más brillantes el descubrimiento a lo grande de Mario Benedetti (1920-2009), a quien debió de conocer en la redacción de Marcha y a quien ya en 1959 publicó los cuentos de Montevideanos y en los años sucesivos la novela La tregua (1960), Poemas del hoyporhoy (1961), Literatura uruguaya. Siglo XX (1963), Gracias por el fuego (1965), Contra los puentes levadizos (1966), Sobre artes y oficios (1968), etc. A ellos deben añadirse la publicación de  La cara de la desgracia (1960) y Juntacadáveres (1965), de Juan Carlos Onetti, La casa inundada (1960), de Felisberto Hernández, y obras de Eduardo Galeano, Cristina Peri Rossi, Carlos Martínez Moreno y los exiliados españoles José Carmona Blanco, Eduardo Contreras, así como ensayos de quien fuera referente del anarquismo español José Peirats.

Benito Milla y José Peirats en Francia en 1965.

Si hasta ese momento en Montevideo abundaban las revistas más o menos literarias pero escaseaban en cambio las editoriales de libros, en esos años (entre mediada la década de 1950 y el fin de la siguiente), el panorama editorial uruguayo estaba experimentando una etapa de florecimiento, alentado en buena medida por la línea de créditos a empresas de este sector que por iniciativa de Carlos Maggi había puesto en marcha el Banco República en 1955 y que, además de propiciar la creación de sellos históricos de vida azarosa como Asir, Arca o Banda Oriental, apuntaló el proyecto más ambicioso que hasta entonces había puesto en pie Benito Milla.

Leonardo Milla (1941-2008).

Cuando Milla se trasladó a Caracas para, en colaboración con Simón Alberto Consalvi y a instancias del Instituto Nacional de Cultura y Bellas Artes de Venezuela, crear la importantísima Monte Ávila Editores, la Editorial Alfa quedó en manos de su por entonces ya experimentado hijo Leonardo (nacido en Marsella en 1941 y fallecido en 2008), a quien, como a su padre, la coyuntura política llevó fugazmente en 1974 a Buenos Aires y posteriormente (en 1977) a establecerse en Caracas. Fue Leonardo Milla quien en los años ochenta convirtió la Editorial Alfa en el Grupo Alfa, con una extensa red de librerías con dos sedes de Ludens y tres de Alejandría 332 a.C.

Mientras tanto, su padre hacía crecer Monte Ávila para, ya en los años ochenta, regresar a España y participar en una de las empresas culturales más curiosas e interesantes de la Transición española, la barcelonesa Editorial Laia, que reunió a una pléyade extraordinaria de colaboradores y cuyo rocambolesca desaparición merece un estudio pormenorizado que no me consta que se haya llevado a cabo.

Homenaje Benito Milla (en el centro) en Montevideo en 1962. Puede reconocerse, no sin dificultad, a los escritores Ángel Rama, Carlos Martínez Moreno, Ricardo Latchman, Felisberto Hernández, Emir Rodríguez Monegal, Clara Silva y Saúl Ibargoyen.

Tras la prematura muerte de Leonardo Milla, fue su hijo Ulises (n. 1963)  quien, tras quince años desempeñándose como diseñador gráfico, decidió ponerse al frente del Grupo Alfa y, además de incorporar a su prima Carolina Saravia como directora editorial adjunta, impulsó, entre otras iniciativas, Puntocero, un sello de ensayo y narrativa que desde Venezuela se extendió rápidamente a Colombia, Argentina, Ecuador, Uruguay…

 

Ulises Milla Lacurcua (n. 1963).

Hay un dicho malicioso según el cual la primera generación de una familia crea la empresa, la segunda la hace crecer y la tercera despilfarra los beneficios y la arruina, pero la estirpe de los Milla, zarandeada por las convulsiones políticas de signo autoritario de todo el siglo XX , no parece en absoluto responder a ese tópico, y la explicación de ello en buena medida la dio Ulises Milla: “si tienes una familia donde prevalece el respeto, y trasladas esa filosofía de vida al ámbito de tu empresa, logras equipos de trabajo sólidos, comprometidos y con un sano sentido de la convivencia”.

Los anarquistas en la crisis política española (Buenos Aires, Alfa, 1964).

Si en el mencionado Librerías Jorge Carrión recoge la anécdota según la cual Ulises Milla no desayunaba hasta que se vendía el primer libro del día, su padre Leonardo a su vez dejó un testimonio igualmente significativo sobre el ejemplo que había recibido de Benito Milla:

Mientras yo vendía libros, él hacía una revista donde colaboraban firmas de la talla de Albert Camus y Octavio Paz […] Nunca tuve una bicicleta gracias a que él utilizaba todos los fondos para fines editoriales, donde el retorno del dinero es a largo plazo. Pero su visión de la cultura, de la sociedad y de la política me dejó marcado de por vida.

Días tranquilos en Clichy, de Henry Miller (Montevideo, Alfa, 1971).

Parece evidente que esa visión fue transmitiéndose por vía paterna y, afortunadamente, sigue vigente. Y si Benito Milla destacó sobre todo por su sostenido apoyo tanto a la poesía (en 1963 fue miembro del jurado que otorgó el Grand Prix International de Poésie a Octavio Paz) como a la literatura de ideas, Leonardo Milla subrayó la importancia social y cultural que ambos concedían al ensayo, un género con fama de venta difícil:

El país [se refiere a Venezuela] ha empezado a revisarse política, intelectual y artísticamente. En esa zona de la creación los libros tiene preeminencia, son el vehículo perfecto para la transmisión de las ideas; por supuesto, existen los periódicos y las revistas, pero el volumen del libro permite al autor, mediante el ensayo, establecer un análisis más depurado.

Valga como colofón una acertada observación de Benito Milla en una Ponencia presentada en el Coloquio del Libro celebrado en Caracas en julio 1972 y reproducida en el número 14 de la revista Zona Franca, correspondiente a agosto de ese mismo año y que, si bien alude sin duda al llamado “boom” de la literatura hispanoamericana, añade un matiz importante sobre esa “visión”:

 No se puede pagar la publicidad para un producto que no es de circulación masiva […] cuando un libro se conoce más allá del ámbito normal de los lectores es, casi siempre, por razones extraliterarias.

 

Viviendo, de Cristina Peri Rossi (Montevideo, Alfa, 1963).

Fuentes:

Web de Editorial Alfa.

AMHG, “Se cerró el último libro para el editor  Leonardo Milla”, El Universal, 23 de febrero de 2008.

Anónimo, “Benito Milla”, El País, 9 de marzo de 1977.

Jorge Carrión, Librerías, Barcelona, Anagrama, 2013.

José Gabriel Lagos, “El alfa y el omega”, La diaria, 17 de junio de 2010.

Ángel Rama, La crítica de la cultura en América Latina (selección y prólogos de Saúl Sosnowski y Tomás Eloy Martínez), Biblioteca Ayacucho 119, Caracas, 1972.

Alida Vergara Jurado, “Editorial Alfa. La familia que hace libros”, Gerente, 28 de octubre de 2013.

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